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El fin de los días grises

En los brazos de la fiebre

Tres días me vengo a Madrid, tres y medio acaso, y de ellos dos enteros con fiebre.
Y encima ni al Atleti fuimos capaces de ganar.

Por suerte siempre supe valorar las cosas que sacaba para bien (aunque pocas personas me crean), y en este caso me quedo con esa cena del viernes con C., A. y S., llena de risas y buena charla, gran comida y mucha felicidad por los reencuentros, ya que S., desde la semana pasada, también se ha marchado de Madrid (ella por motivos de trabajo).

Además de la cena me quedo con el hecho de que ayer ví durante un ratito al loco de mi amigo-hermano A. y su novia. Risas, sencillez y miradas cómplices, y siempre acordándonos "del de la Biblia" y Bersuit.

Y por último, y más importante, pasar el tiempo con mi madre y mi hermano. Y la tortilla de patatas, jaja. Decidme, merece o no merece la pena el fin de semana? Bueno, a mí me lo merece.

Mañana autobús de vuelta a Málaga, espero que D. esté en la estación para recibirme, ahora que aúna en una sola persona la responsabilidad de ser novio, amigo y familia. Y mira que está cumpliendo con creces. Si es que algunos no confiais en la juventud...

3 comentarios

Rut -

Aún con fiebre veo que has pasado un fin de semana bastante ajetreado, que bien! siempre es bueno estar rodeados de buenos amigos. Espero que ya estés recuperada.
Un beso

Helena -

Con tortilla de patatas, lo que quieras, y sí es con los que quieres mejor todavía.
Yo a la juventud sólo la envidio.
Besos.Adiós.