Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2005.
Resumen
- 01/04/2005 18:05 - Conocer tus limitaciones
- 08/04/2005 11:21 - Para ti, para vosotros, para ellos
- 17/04/2005 16:10 - Pasaba por aquí
- 21/04/2005 10:45 - Y aquella tarde tan gris se llenó de color...
- 21/04/2005 10:46 - Y aquella tarde tan gris se llenó de color...
- 21/04/2005 11:07 - Lo que fue para siempre que no caiga al olvido
- 22/04/2005 19:11 - Perdida en mi habitación
- 23/04/2005 23:32 - La épica de la victoria
- 25/04/2005 18:31 - Quizás nadie me vea correr…
Conocer tus limitaciones
¿Hay algo más difícil y a la vez más simple que ser consciente de tus propias limitaciones?No se puede ir de lo que no se es, no se debe presumir de lo que no se tiene, no se tiene que jugar a un juego del que no sabes las reglas.
Me conecto poco desde que estoy en Málaga, no tengo mucho tiempo, y si lo tengo prefiero emplearlo en otras cosas.
Ayer por ejemplo, lo pasé jugando al baloncesto, paseando por la playa y charlando con un montón de personas a las que había leído cientos de veces y nunca había visto. Junto a un té pakistaní, D. y el sol de mi ciudad, el que me quemó :S.
A lo que iba. Como me conecto tan poco leo todos los blogs de golpe, y me sorprendo viendo cómo proliferan los blogs que pretenden ir de algo. Blogs que pretenden ser una página informativa (para eso están los periódicos), que quieren ser un compendio de críticas musicales y cinematográficas...
Vale, es cierto que cada uno es libre de hacer lo que quiera, sí, sí, asumo esa premisa, pero ¿y si encima no lo hacen tan bien como piensan? Es decir, hay quien se piensa el rey/la reina de la narrativa, presume de ello y pretende tener un "blog maestro".
Bah, yo qué sé. Que cada uno haga lo que quiera, simplemente me hace gracia: no conocemos nuestras limitaciones.
(Ahora llega el momento de que me caigan palos, bienvenidos serán. No soy mejor que nadie, lo sé, vivo con ello, pero no pretendo hacer el mejor blog del siglo, simplemente un sitio en el que volcar mis pensamientos... y hoy pensaba esto).
Para ti, para vosotros, para ellos
Pasa en ocasiones. Sí, pierdes el rumbo, la noción del tiempo, olvidas que eras alguien antes de él, y que debes seguir regando diariamente la planta de la amistad. No creo que la distancia física haya acrecentado la distancia real, ni mucho menos, pero sí es cierto que he dejado de preocuparme por quien no merece la pena.
No lo he pasado bien, lo reconozco, no es bonito decir adiós sin ni siquiera despedirte, pero es necesario hacerlo cuando dejas de tener ganas de ver a alguien.
Hay casos muy distintos. Está el de una amiga a quien yo creía mejor de lo que ha resultado, que desde que me marché a Málaga no he vuelto a saber de ella... duele, pero menos de lo que pensaba. Una ya tiene el corazón endurecido ante ciertas cosas, y esta es una de ellas.
Luego está el caso de R., con la que el otro día tuve una charla que me abrió mucho los ojos. He podido cometer errores, pero como siempre ahí ha estado ella en el momento oportuno para llamar a mi puerta y advertirme: "Di, te estás perdiendo".
Así que me intento buscar, rebuscar, encontrarme, y veo que la perfección no existe, pero que yo estoy cerca de lograrla... jaja, bueno, no es para tanto.
Ah! Traigo el mal tiempo a todos lados, hoy en Madrid llueve, en Málaga brilla un sol de justicia... por qué siempre estoy en el lugar menos adecuado?
Pasaba por aquí
Gran canción esa de Aute, que en voz de Pedro Guerra es aún más tierna, dulce, inolvidable... pasaba por aquí.
Siento mi desaparición, o más bien mis cada vez más largas desapariciones. El fin de semana pasado estuve en Madrid y esta semana he estado en Málaga con mi madre. Ahora debe estar a punto de llegar a casa, después de un eterno viaje en autobús, y de haberme dejado con lágrimas en los ojos.
Me ha gustado mucho que haya venido aquí, que me haya hecho compañía y se haya tumbado conmigo cada noche. Una madre es algo especial, insustituible, y tener a la mía tan cerca me ha hecho de nuevo sentirme como una niña.
Volver a ser un niño... esta vez cantan Los Secretos.
Siento mi desaparición, o más bien mis cada vez más largas desapariciones. El fin de semana pasado estuve en Madrid y esta semana he estado en Málaga con mi madre. Ahora debe estar a punto de llegar a casa, después de un eterno viaje en autobús, y de haberme dejado con lágrimas en los ojos.
Me ha gustado mucho que haya venido aquí, que me haya hecho compañía y se haya tumbado conmigo cada noche. Una madre es algo especial, insustituible, y tener a la mía tan cerca me ha hecho de nuevo sentirme como una niña.
Volver a ser un niño... esta vez cantan Los Secretos.
Y aquella tarde tan gris se llenó de color...
“Desde aquí, desde mi casa veo la playa vacía.
Ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia”.
Iván Ferreiro –ya lo dije hace un tiempo- ha hecho una maravilla de trabajo. Un disco lleno de joyas incomparables las unas con las otras. Regalos para los oídos, y en general para los sentidos, porque así es la música, algo que vivir con todos los sentidos.
La música se oye, se siente, se palpa, se huele, se ve, la música es parte de mi cuerpo.
Nunca me gustó bailar, es algo que no va conmigo. No sé si es mi falta de coordinación, de ritmo, o mi insuperable miedo a hacer el ridículo, lo que me ha llevado a no haber bailado en mi vida quizás más de 20 segundos seguidos. No, ni siquiera bailaba en casa, a escondidas y enfrente de un espejo como muchos otros adolescentes. Lo máximo que he hecho ha sido saltar como una loca en un par de conciertos, pero saltar, saltar, nada de mover las caderas. No, no bailo, ni me gusta ni me interesa. Me parece algo completamente prescindible, aunque tenga una madre artista que baila como los ángeles.
De lo que no podría prescindir jamás es de la música. Sin ella pierdo parte de mi esencia.
Quizás vuelva en este blog a la costumbre que tenía siempre de escribir cartas empezándolas con la letra de una canción. Una canción puede decir mucho, da igual el idioma, da igual todo, sólo hay que leer, dejarse llevar y pensar que cada una de las canciones (aunque nos lo nieguen) han sido compuestas para nosotros.
Como todas las canciones de Iván Ferreiro, hechas para mí, para ti también, deberías escucharlas, no crees?
P.D.: H., anímate, que me gusta leerte feliz, irónica, brillante. Un abrazo, como el que te mandé el otro día por SMS, me alegro que sirviera para algo.
Ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia”.
Iván Ferreiro –ya lo dije hace un tiempo- ha hecho una maravilla de trabajo. Un disco lleno de joyas incomparables las unas con las otras. Regalos para los oídos, y en general para los sentidos, porque así es la música, algo que vivir con todos los sentidos.
La música se oye, se siente, se palpa, se huele, se ve, la música es parte de mi cuerpo.
Nunca me gustó bailar, es algo que no va conmigo. No sé si es mi falta de coordinación, de ritmo, o mi insuperable miedo a hacer el ridículo, lo que me ha llevado a no haber bailado en mi vida quizás más de 20 segundos seguidos. No, ni siquiera bailaba en casa, a escondidas y enfrente de un espejo como muchos otros adolescentes. Lo máximo que he hecho ha sido saltar como una loca en un par de conciertos, pero saltar, saltar, nada de mover las caderas. No, no bailo, ni me gusta ni me interesa. Me parece algo completamente prescindible, aunque tenga una madre artista que baila como los ángeles.
De lo que no podría prescindir jamás es de la música. Sin ella pierdo parte de mi esencia.
Quizás vuelva en este blog a la costumbre que tenía siempre de escribir cartas empezándolas con la letra de una canción. Una canción puede decir mucho, da igual el idioma, da igual todo, sólo hay que leer, dejarse llevar y pensar que cada una de las canciones (aunque nos lo nieguen) han sido compuestas para nosotros.
Como todas las canciones de Iván Ferreiro, hechas para mí, para ti también, deberías escucharlas, no crees?
P.D.: H., anímate, que me gusta leerte feliz, irónica, brillante. Un abrazo, como el que te mandé el otro día por SMS, me alegro que sirviera para algo.
Y aquella tarde tan gris se llenó de color...
“Desde aquí, desde mi casa veo la playa vacía.
Ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia”.
Iván Ferreiro –ya lo dije hace un tiempo- ha hecho una maravilla de trabajo. Un disco lleno de joyas incomparables las unas con las otras. Regalos para los oídos, y en general para los sentidos, porque así es la música, algo que vivir con todos los sentidos.
La música se oye, se siente, se palpa, se huele, se ve, la música es parte de mi cuerpo.
Nunca me gustó bailar, es algo que no va conmigo. No sé si es mi falta de coordinación, de ritmo, o mi insuperable miedo a hacer el ridículo, lo que me ha llevado a no haber bailado en mi vida quizás más de 20 segundos seguidos. No, ni siquiera bailaba en casa, a escondidas y enfrente de un espejo como muchos otros adolescentes. Lo máximo que he hecho ha sido saltar como una loca en un par de conciertos, pero saltar, saltar, nada de mover las caderas. No, no bailo, ni me gusta ni me interesa. Me parece algo completamente prescindible, aunque tenga una madre artista que baila como los ángeles.
De lo que no podría prescindir jamás es de la música. Sin ella pierdo parte de mi esencia.
Quizás vuelva en este blog a la costumbre que tenía siempre de escribir cartas empezándolas con la letra de una canción. Una canción puede decir mucho, da igual el idioma, da igual todo, sólo hay que leer, dejarse llevar y pensar que cada una de las canciones (aunque nos lo nieguen) han sido compuestas para nosotros.
Como todas las canciones de Iván Ferreiro, hechas para mí, para ti también, deberías escucharlas, no crees?
P.D.: H., anímate, que me gusta leerte feliz, irónica, brillante. Un abrazo, como el que te mandé el otro día por SMS, me alegro que sirviera para algo.
Ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia”.
Iván Ferreiro –ya lo dije hace un tiempo- ha hecho una maravilla de trabajo. Un disco lleno de joyas incomparables las unas con las otras. Regalos para los oídos, y en general para los sentidos, porque así es la música, algo que vivir con todos los sentidos.
La música se oye, se siente, se palpa, se huele, se ve, la música es parte de mi cuerpo.
Nunca me gustó bailar, es algo que no va conmigo. No sé si es mi falta de coordinación, de ritmo, o mi insuperable miedo a hacer el ridículo, lo que me ha llevado a no haber bailado en mi vida quizás más de 20 segundos seguidos. No, ni siquiera bailaba en casa, a escondidas y enfrente de un espejo como muchos otros adolescentes. Lo máximo que he hecho ha sido saltar como una loca en un par de conciertos, pero saltar, saltar, nada de mover las caderas. No, no bailo, ni me gusta ni me interesa. Me parece algo completamente prescindible, aunque tenga una madre artista que baila como los ángeles.
De lo que no podría prescindir jamás es de la música. Sin ella pierdo parte de mi esencia.
Quizás vuelva en este blog a la costumbre que tenía siempre de escribir cartas empezándolas con la letra de una canción. Una canción puede decir mucho, da igual el idioma, da igual todo, sólo hay que leer, dejarse llevar y pensar que cada una de las canciones (aunque nos lo nieguen) han sido compuestas para nosotros.
Como todas las canciones de Iván Ferreiro, hechas para mí, para ti también, deberías escucharlas, no crees?
P.D.: H., anímate, que me gusta leerte feliz, irónica, brillante. Un abrazo, como el que te mandé el otro día por SMS, me alegro que sirviera para algo.
Lo que fue para siempre que no caiga al olvido
La melancolía está siempre a la vuelta de la esquina.
Puede que no añores a las personas, pero los recuerdos de momentos bellos vuelven, sin duda, en algún u otro momento.
"Mejor buenos recuerdos que un pasado perdido".
Estos días, será la primavera, me siento más melancólica que nunca. También coincide con que he recibido noticias de mucha gente que andaba perdida, y que M. está en Málaga y puedo compartir con él esas charlas tan irreales, fantásticas, oníricas.
Echo de menos a R., muchísimo más de lo que ella sabe. Necesito como el comer un abrazo tímido suyo (porque R. siempre fue muy tímida en las distancias cortas), su mirada excrutando mis palabras, sus palabras analizando mis gestos, sus silencios valorando mis ideas.
Echo de menos a P. Y a E. Echo de menos las tardes de colegio sentada en las escaleras, echo de menos los paseos por el Retiro, ver la tele con mi padre, ir a casa de mi yaya a comer un sucedáneo de chocolate malísimo y salchichas ahumadas, jaja.
Se extrañan cosas livianas, quizás demasiado livianas, pero no son esas las que a fin de cuentas nos dan vida a diario?
Puede que no añores a las personas, pero los recuerdos de momentos bellos vuelven, sin duda, en algún u otro momento.
"Mejor buenos recuerdos que un pasado perdido".
Estos días, será la primavera, me siento más melancólica que nunca. También coincide con que he recibido noticias de mucha gente que andaba perdida, y que M. está en Málaga y puedo compartir con él esas charlas tan irreales, fantásticas, oníricas.
Echo de menos a R., muchísimo más de lo que ella sabe. Necesito como el comer un abrazo tímido suyo (porque R. siempre fue muy tímida en las distancias cortas), su mirada excrutando mis palabras, sus palabras analizando mis gestos, sus silencios valorando mis ideas.
Echo de menos a P. Y a E. Echo de menos las tardes de colegio sentada en las escaleras, echo de menos los paseos por el Retiro, ver la tele con mi padre, ir a casa de mi yaya a comer un sucedáneo de chocolate malísimo y salchichas ahumadas, jaja.
Se extrañan cosas livianas, quizás demasiado livianas, pero no son esas las que a fin de cuentas nos dan vida a diario?
Perdida en mi habitación
"Perdido en mi habitaciónsin saber qué hacer
se me pasa el tiempo
Perdido en mi habitación
entre un montón
de discos revueltos"
Mi habitación es un lugar especial. Hablo de la de Madrid, y pronto lo haré de la de Málaga, pero de momento me quedo con la habitación en que más horas he pasado en los últimos 25 años.
Mi habitación fue en sus inicios la habitación de mi hermano, pero un día, no sé porqué, pasó a ser la mía. La cama cambiaba, cada semana en un lugar distinto, hasta que por fin hace unos años tomó un sitio y ahí se quedó.
Entra el sol durante todo el día, algo que me ha marcado y me ha hecho necesitar un espacio luminoso para vivir, para ser yo misma. Soy Leo, y dicen que el Sol es el astro que nos rige, supongo que este es un caso más.
La primera noche que dormí en mi habitación lo hice con la luz encendida. Serían miedos infantiles supongo, o el hecho de que por primera vez dormía sola. Hasta entonces (tendría 4 ó 5 años) dormía en la cama de al lado de mi hermano. Cuando no podía dormir me daba la mano y me decía que cerrara los ojos, pensara en algo bonito y me relajara. Así aprendí a dormirme sin temor a nada. Nunca lo he hablado con él, pero me enseñó a tener -hasta el día de hoy- una facilidad pasmosa para dormir (quizás no rápidamente, pero sí profundamente).
Mi habitación ha sido mi refugio, el sitio de mi recreo, el lugar donde he soñado, he vivido, he compartido. Gran parte de mis mejores momentos han sucedido en este pequeño cubículo, escasos metros cuadrados cuyas paredes están adornadas de fotos de quienes fueron, son y pudieron ser grandes episodios de mi vida: mis amigos.
La épica de la victoria
00:41. Sábado noche. He llegado hace poco a casa. El día ha sido muy bueno, y el final mejor aún.Es la épica del fútbol, en este caso la épica de la victoria, del deporte.
El ambiente lo hace todo, y esta noche las gargantas y los corazones se han unido para colorear una noche que siempre recordaré.
Qué tonta es la vida, qué tontos los corazones y los sentimientos, qué tonto quizás abrazar esta noche la felicidad por 90 minutos de épica.
El fútbol es así, que dijo el sabio. La épica es así, que digo yo.
Yo me bajo en Santiago Bernabéu...
Quizás nadie me vea correr…
Corro desde Madrid a Málaga para que allí no vean mis lágrimas.
Llego a Málaga y me oculto entre las sombras para que nadie distinga que lloro.
Hoy mi padre habría cumplido 62 años. Pero no los ha hecho. El destino o lo que sea decidió que no llegaría a cumplirlos, ni tampoco los 61.
Así es la vida, también así es la muerte. Y creo que por eso precisamente hoy tengo derecho a derrumbarme, a exigir un abrazo, a buscar tu voz, tu ánimo, tu mirada, la de todas y cada una de las personas que de un modo u otro comparte conmigo esta batalla diaria.
"Dime, si tú te vas...
¿Qué hago con mi vida?
Dime, si tú te vas,
cómo recompongo los pedazos
esparcidos por el suelo de mi amor.
Dime ahora qué hago yo.
Es que si tú te vas...
todo queda en nada.
Es que si tu te vas,
sola mi mirada despistada,
caminando en línea recta hacia...
no sé...
Quizás deba volver corriendo a mi niñez,
donde nada era tan importante
como importante me es ahora tu querer.
Volverme a refugiar cerca de mi mama,
que si tú te me marchas,
¿quién me cuida? ¿quién me abraza?
¿y quién me mima si te vas?
Porque si tú te vas...
mi mundo se hiela.
Porque si tú te vas...
mi alma se congela
y por mis venas
corre el frío viento
que hace enmudecer
a este pobre ser.
Es que si tú te vas...
Quizás deba volver corriendo a mi niñez,
donde nada era tan importante
como importante me es ahora tu querer.
Volverme a refugiar cerca de mi mamá,
que si tú te me marchas,
¿quién me cuida? ¿quién me abraza?
¿y quién me mima si te vas?"
Elefantes
Llego a Málaga y me oculto entre las sombras para que nadie distinga que lloro.
Hoy mi padre habría cumplido 62 años. Pero no los ha hecho. El destino o lo que sea decidió que no llegaría a cumplirlos, ni tampoco los 61.
Así es la vida, también así es la muerte. Y creo que por eso precisamente hoy tengo derecho a derrumbarme, a exigir un abrazo, a buscar tu voz, tu ánimo, tu mirada, la de todas y cada una de las personas que de un modo u otro comparte conmigo esta batalla diaria.
"Dime, si tú te vas...
¿Qué hago con mi vida?
Dime, si tú te vas,
cómo recompongo los pedazos
esparcidos por el suelo de mi amor.
Dime ahora qué hago yo.
Es que si tú te vas...
todo queda en nada.
Es que si tu te vas,
sola mi mirada despistada,
caminando en línea recta hacia...
no sé...
Quizás deba volver corriendo a mi niñez,
donde nada era tan importante
como importante me es ahora tu querer.
Volverme a refugiar cerca de mi mama,
que si tú te me marchas,
¿quién me cuida? ¿quién me abraza?
¿y quién me mima si te vas?
Porque si tú te vas...
mi mundo se hiela.
Porque si tú te vas...
mi alma se congela
y por mis venas
corre el frío viento
que hace enmudecer
a este pobre ser.
Es que si tú te vas...
Quizás deba volver corriendo a mi niñez,
donde nada era tan importante
como importante me es ahora tu querer.
Volverme a refugiar cerca de mi mamá,
que si tú te me marchas,
¿quién me cuida? ¿quién me abraza?
¿y quién me mima si te vas?"
Elefantes

