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El fin de los días grises

Ayer y hoy...

Ayer y hoy... No está siendo fácil este final de las fiestas. Nada fácil. Quizás porque estaba descubriendo caminos nuevos que de repente han quedado bloqueados por la nieve, quizás porque he regresado a lugares oscuros que nunca traen nada bueno, quizás porque la mezcla de ambos elementos tenía que traer esto como resultado.
No logro sacar el lado positivo de las cosas. Me cuesta comprender las ausencias, por más que intento evitar pensar en ellas. Me duele pensar en las distancias, las mismas que te hacen añorar a alguien y a la vez crean una barrera invisible entre personas que podrían llegar a ser más de lo que son.
Siento una enorme tristeza, y sin embargo vuelvo a poner la sonrisa en mi boca, porque si no no sería yo, porque el día que dejo de sonreir es el día en el que todo está roto por dentro, y no es el caso, no estoy feliz pero mantengo una fortaleza que me sirve para sacar aún algo bueno a todo... porque lo hay, pese a todo, hay algo bueno. ¿El qué? Que de vez en cuando se acaban los días grises, por un breve instante, por una buena etapa. Mis días grises habían estado desaparecidos unos meses, y han llegado hoy de nuevo, hoy, ayer, antes de ayer... pero se irán pronto, son sólo una breve visita, un familiar que viene por Navidades y que enseguida volverá a su vida, y yo podré volver a meter en un cajón todas esas cosas que me provocan que la sonrisa no sea tan real como debiera y quisiera.
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