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El fin de los días grises

Shanghai, una semana y un día

Ocho días, el número de la buena suerte para los chinos.

Ocho días llevamos en Shanghai. Y nosotros seguimos a lo nuestro, entre nihao! xie xie y tsai chien, que son las únicas palabras que controlamos. Y es que el chino es demasiado complejo. Dicen los que llevan un tiempo aquí que no es difícil comenzar a comprenderlo, incluso a hablarlo, pero vamos, que le vayan con ese cuento a Mao, que yo no me lo creo.

Tengo la tele china de fondo. No hay nada peor que esto. Son 65 canales, pues no hay nada, nada, que merezca la pena. Es horrible. Lo mejor por tanto es apagar la tele y leer, en esos pequeños momentos de asueto que nos debemos permitir si no queremos acabar con las piernas amputadas.

Y es que con la tontería llevamos un ritmo de 5 a 6 horas diarias caminando, con esas temperaturas de las que os hablaba, con lo cual no es de extrañar que empiece a notar que he perdido algo de peso. Bien! Adiós a esa barriguita incómoda, jaja.

Si algo tiene Shanghai es que es gigante. Entonces para cualquier cosa que vayas a hacer necesitas unas horas. Y luego está lo de ducharte (siempre con agua fría, porque el cuerpo te lo pide, de verdad), salir a la calle y en cinco minutos tener de nuevo la ropa completamente empapada. Ya vamos por la calle con una toallita en la mochila, para cuando nos detenemos ir secándonos el sudor (que yo no he sudado en mi vida!).

Ayer hicimos otro de nuestros gigantescos paseos. Nos fuimos a Pudong, a una estación de metro donde tienen otro mercado del fake, para pelearnos con los chinitos regateando, muy divertido. Y desde ahí la gran caminata del día hasta la Torre Jinmao y la Perla de Oriente. Es impresionante caminar entre esos rascacielos (el cuarto más grande del mundo es la torre Jinmao, que alberga en ella el Hotel Hilton). Pero claro, el paseíto fue como de 4 kilómetros o así, bajo el sol abrasador. Terminal.

Con lo que cuando cogimos el metro paramos en la que es nuestra calle favorita en Shanghai, una callejuela preciosa, peatonal, Wujiang Road, donde tienen un sitio excepcional, que estamos pensando en exportar a España. Nuestros granizados con trocitos de gelatina, mmm, deliciosos.

Desde allí fuimos a casita, a cenar más comida china (es de otro nivel, os lo aseguro) y a descansar. Sí, quizás nos llaméis matados, pero aquí os querría ver yo, a ver si soportáis esto, jaja.

Y ahora nos iremos a conocer una parte que nos queda de Shanghai, el templo de Longhua, al sur de la ciudad. Ya son destinos algo más apartados del centro, y que ir a visitar requiere justo lo que nosotros tenemos: tiempo en Shanghai.

Lo cierto es que ya tenemos una visión bastante global de la ciudad, como si de determinada forma, algo la conociéramos. Las calles ya no nos son extrañas, las palabras no impresionan, ya sólo aspiramos Shanghai, la absorbemos como los niños pequeños. Estamos disfrutando muchísimo de esta pequeña luna de miel, que en breve pasa a ser un viaje turístico, jaja, porque ya llega el padre de Dani. Antes de eso nos queda el viaje romántico por el Bund, por la noche, que ya os contaré en otro momento (básicamente, cuando lo haya hecho).

Ah, ni siquiera encuentro postales! Es increible, yo que quería llevar postales para todo el mundo, y que así la gente dejara de pedir regalos, y no hay forma. En ocho días no he visto ni una postal de Shanghai...
Seguiré con la búsqueda por el resto de China.

Os echo de menos mucho. Más aún a los que me dejáis comentarios, porque tengo la sensación de que sólo escribo para vosotros cuatro: Becquer, Lissi, Raquel y Miguelito. Debe ser que a nadie más le interesa esto. Me da igual, es más que suficiente. Me alegra que nos sigais, siempre que podamos intentaremos dejar una pequeña pincelada de todo esto.

Ya por último. Lo he dejado caer, pero quiero profundizar un poco más: la comida china es excepcional. Nada que ver con lo que solemos comer en España. Es algo sublime, un pollo picante con cacahuetes, un pato, mmm, maravilloso. Se me hace la boca agua.

Besitos, tsai chien!

4 comentarios

Raquel -

Al final va a resultar que voy a tener que creer las exageraciones de Maromo con eso de la humedad y el calor ¿¿¿¡¡¡¡90%????!!!! Si yo en Madrid sudo allí me quedaría como una verdadera pasita, toda arrugada, aunque la verdad, si con eso pierdo unos cuantos kilos yo encantada de la vida, jajajjaja.

Por cierto, me ha encantado eso de la luna de miel, me he puesto tiernona y todo, aissssss, que potito es eso del apor!!!!!!!.

Y bueno, que leerte siempre es un placer, y más cuando tienes tantas historias emocionantes que contar, tantas experiencias vividas y tantos lugares por descibrir. Disfrutad mucho, que os lo merecéis ambos, y a seguir escribiendo todo ¿eh? que a parte de conocer un poquito más de ese rincón asiático podemos saber que todo os va bien.

Kisses miles, almas cándidas!!!!!!!

lissi -

Pues aqui sigue una de las fieles comentando vuestra odisea por el mundo tao.Me encantaria estar alli con vosotros y rasgarme los ojillos(como dice Paco) mirando en los mercados y paseando por las calles, pero no puede ser y me contento, que no es poco, con la maravillosa vision que nos dais ... que repito me tiene enganchá.Asi k cuando volvais os vais a otro sitio k se me va a hacer raro no tener este post a modo de "tio viajero de los Fraguel" contanto sus viajes.
Un beso pareja y seguid disfrutando...aqui os esperamos vuestros humildes lectores y amigos.

Carmina -

Po yo también te leo, y ahora desde Málaga. Aquí os espero con ganas de daros un abrazo y exprimiros, que vuelvo a irme pronto (ya sé, no puedo estarme quieta). Yo ya seré feliz con el chino de al lao de tu casa, que los de México son un fraude. Seguid disfrutando del viaje!!!
Mil besos

becquer99 -

¿Que os vamos a llamar matados? Con ese ritmo que lleváis, veremos a ver cuántas veces hay que pasar para veros cuando volváis... Por cierto, ¿coméis con palillos?

Pero eso está muy lejos aún. Seguid rasgando vuestros ojillos, compañeros.

Abrazos.