Blogia
El fin de los días grises

Mi post ególatra

Mi post ególatra

Con las fotos pasando ante mis ojos es inevitable que también pasen mil recuerdos.

Vuelven poco a poco, como todas las cosas importantes, a pequeños sorbos, saboreando cada instante, rememorando su sabor, su olor, sus voces.

Entre Málaga y Madrid se pasean mis fotos, mis pensamientos, mis nostalgias, mis añoranzas, mis ausencias y presencias, mi vida.

Recupero en un simple mensaje unos años en la radio. Y en un email sentimientos olvidados.

Veo en otros el futuro que me espera, y en las fotos mi pasado. Y esa es mi vida.

Siempre he adorado las fotografías. Viene muy a cuento el último post que en su blog escribió mi Niña C. acerca de esas imágenes artificiales. Porque no son nuestros ojos, no son nuestra mirada, pero son la mejor forma de mantener el recuerdo sobre cada cosa y persona que ha estado en nuestra existencia.

Somos luz, somos agua, somos simples. Somos un elemento compuesto de miles de partículas, un cuerpo con sentimientos y un corazón lleno. Y por eso a veces rebosamos, como aquellos pantanos de entonces, cuando la sequía no nos asolaba. Y al rebosar las lágrimas no son capaces de salir, irónicamente, porque forman un inmenso tapón de melancolía.

Y aflora la música, y se mezcla con las sintonías de hoy. Y se conforma una melodía hermosa, pero diferente.

Porque yo he cambiado, y mis ideas, y mis compañías, y mis calles. Pero supongo que en el fondo sigo siendo aquella niña que sonreía de pequeña y cogía un bolígrafo a modo de micrófono para cantar canciones sin letra y hacer las delicias de mis padres. También soy esa adolescente retraída que se sentía una incomprendia. Y esa rebelde sin causa en permanente lucha consigo misma. Soy todas ellas, y alguien más maduro, menos histriónica y más paranoica. Mäs feliz, o eso creo. Y más independiente también (aunque sobre ello ya he escrito y nunca sabré si soy una dependiente crónica, o una independiente que necesita depender de los míos). Soy Diana, soy Dini, soy Di, soy incluso Diniwini para ese "simpulso" que ha vuelto a mi vida y me ha hecho reir con fuerza. Soy D., soy yo, y los que me habéis ido leyendo me vais conociendo. Los que me habéis conocido me seguís reconociendo. Y los que me aguantáis es porque sois un poco como yo, supongo.

No somos tan distintos. Sigo siendo Diana, la que ponía detrás de las fotos los nombres, la fecha y el lugar. La que ponía la música a todo trapo. La que adora el fútbol y su ciudad. La que necesita escribir para desahogarse y encontrarse. La que encuentra en sus amigos el motivo para seguir mejorando.

Soy yo, sigo siéndolo, y no intento convencerme Simplemente lo repito mil y una veces porque quiero que nadie lo ponga en duda.

Sigo sin tomar ensaladas, y mueriéndome por una pizza o una tortilla de patatas, sigo siendo adicta a la coca-cola, y sigo soñando cada día con seguir buscando el camino de la felicidad.

Creo que estoy en el camino.

Yo sigo siendo como era, en esencia, y este post es mi post ególatra. ¡Cómo lo necesitaba!

3 comentarios

simpulso -

No sé qué hora es, pero estoy pensando en ti, y me acuerdo de mil millones de anécdotas

Raquel -

Te leo y lo flipo.
Vaya forma de escribir, no he podido evitar emocionarme con tus palabras.
Este domingo, me encantó compartir contigo una pizza, unas risas y una buena conversación.
Nos vemos pronto y por favor, no cambies

Helena -

Sigue siendo tú.

Un beso.