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El fin de los días grises

Sin sentido

Domingo para mí al 100%. Y eso en parte es necesario, aunque eso no quiere decir que sea bueno. Yo me entiendo.

D. se levanta pronto y se marcha a Granada, a sufrir una nueva decepción de su equipo, y van varias ya , con lo poco que llevamos de temporada. Su voz me acompaña todo el día, y es que la soledad es sólo física, porque me ha dado tiempo a hablar con él, con mi madre, con mi prima L., y con mi hermano. Dichoso y maravilloso invento el teléfono.

Me encanta mi casa, mis espacios, mi propia compañía. Y sin embargo hay algo que falla, y no sé qué es. O sí, pero me cuesta reconocerlo. Quiero estar aquí y allí, con él y con todos, sola y acompañada.

Son dualidades, contradicciones, distancia y dolor.

Crearía una ciudad en el medio de la nada, en el medio de todo. Donde pudiéramos estar todos juntos, donde confluyera lo mejor de cada mundo. Pero esa es una utopía que a diario sueñan los sabios... y que nadie aún ha logrado para sí.

Supongo que en cierto modo es la infelicidad propiciada por la felicidad. Cuando todo va bien hay que buscar algo con lo que mostrarnos descontentos. O al menos así soy yo, rebelde sin causa. Soy feliz y no quiero creérmelo del todo. Y me angustio en ocasiones pensando en posibles fallos del mañana, cuando el hoy sólo me ofrece bondades.

Ni yo me entiendo.

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