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El fin de los días grises

Y si la lluvia viene

Y si la lluvia viene Acabó un fin de semana insulso, en el que lo único que mereció la pena fue el partido de ayer, trabajando un poquito en lo que me gusta, sintiéndome bien conmigo misma.
Por lo demás, he leído mucho, he visto la tele, he estado relajada, intentando apaciguar la calma con mi madre, y creo que lo he logrado.
Y empieza una semana nueva, con el día gris, amenaza lluvia, creo que no me equivoco si digo que le pega que empiece a llover enseguida.
Y mi jefe llega con nuevos bríos, con ganas de seguir amargándome, pero hoy ha provocado en mí el efecto contrario. Cuando alguien te persigue y en la caza utiliza argumentos falsos, ¿qué te queda? Reirte de él y de su inutilidad, y eso es lo que hago hoy.
Que no, que no voy a derrumbarme porque una persona acomplejada quiera sentirse mejor. No, tengo motivos más que de sobra para seguir feliz. Para empezar por cosas nímias, estoy sentada delante de un ordenador con internet a 600 (cosas de que te doblen la velocidad), con la calefacción haciéndome olvidar el incipiente frío de la calle, con la comida a punto de aparecer en la mesa, con Pastora sonando alto, y con cosas, con personas, mucho más importantes que todo eso. El día puede ser grande si tú pones los medios, los medios en este caso están a mi alcance, ¿voy a resignarme a la mediocridad pudiendo quedarme con la felicidad? Apuesto a que vosotros no lo haríais.
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