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El fin de los días grises

Con mil ideas por banda

He pasado de no tolerar a Mecano a escuchar sus canciones versionadas por una tal Fey, mexicana para más señas, si no me equivoco… que todo puede ser.

No tengo hijos, y a día de hoy tenerlos o no se me antoja como una decisión demasiado importante, el egoísmo me puede.

Sí tengo primos pequeños, amigos con hijos, primos con hijos, y amigos profesores.
A esto le uno el torrente de informaciones acerca de los niños que llegan cada día a mis oídos y mis ojos.

Mi amiga S., profesora luchadora como pocas, me cuenta sus batallitas cada vez que nos vemos. ¡¡¡Y cómo disfruto!!! Bueno, disfruto escuchándola, y porque luego surgen debates interesantísimos, pero no disfruto en sí con lo que me cuenta. De hecho es bastante triste. Niños completamente indisciplinados, maleducados, sin interés por nada, sin ganas de aprender y muchas menos ganas aun por escuchar.
No respetan al profesor, al director, ni mucho menos a sus compañeros, quizás porque desde pequeños no les enseñaron a respetar a sus padres.

Es posible, claro, que algunos casos se deban a la propia hiperactividad del niño, pero me cuesta creer que no sean los padres los primeros y principales culpables de su desidia y desprecio hacia el resto.

Yo jamás insulté a mis padres. Nunca se me ocurrió irme cuando me estaban echando una charla. Ni siquiera era capaz de mentir en cosas realmente importantes. Más de una bronca me he llevado por levantarme en restaurantes al querer irme a jugar con otros niños que por ahí pululaban. Mis padres me enseñaron que mientras se comía no debías levantarte, y mucho menos molestar a personas ajenas a nosotros, personas que pretendían comer tranquilamente. Ahora es ciertamente raro, muy raro, ver a un niño sentado en la mesa con sus padres. En cuanto el niño pone una mala cara los padres prefieren “librarse” del tormento que será oír sus llantos, así que mejor que se vayan a joder al de la mesa de al lado.

Bueno, como veis soy muy intolerante con ciertas cosas. Me encantan los niños, tengo muy buena mano con ellos. Los que me sacan de quicio son los padres, no soporto que no sean capaces de educar a sus hijos, repito: SUS hijos, no los míos.

Cuando llegue mi momento seguro que me equivocaré, y no sabré educarles como debería, pero hasta entonces creo que tengo derecho a quejarme de esos padres que piensan que tener un hijo es como comprarse un coche: un capricho que pagas año tras año. Si cuidas el coche, si prohibes fumar en él, ¿cómo dejas que tu hijo haga de todo?
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1 comentario

Helena -

Te encantarían mis niñas...no se levantan hasta que nos vamos o se van fuera...jaja...
Eso sí, me han amargado más de una comida e imagino que a los de al lado también...;)
Besos.Adiós.
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