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El fin de los días grises

La voz de la alegría

Es la voz, sin duda, una de las cosas que más felicidad irradia.

Al menos es la voz de mi madre estos días el termómetro perfecto para valorar que su felicidad alcanza unos límites que parecían olvidados.

No escuchaba su voz tan feliz, tan plena, tan radiante, tan llena de cariño y emoción desde hace muchos años.

La vida truncó las esperanzas de esa mujer vital y alegre, y la convirtió en una persona que alguna vez me reconoció no tener ganas de vivir, con lo duro que para un hijo es escuchar eso de tu madre.

No quiero decir que ahora de golpe todo haya cambiado y de nuevo vea la vida de color de rosa. No es eso; es saber que tiene la posibilidad de llenarse el alma con pequeños frasquitos, poco a poco, sin plenitud, pero con realidad.

Sonríe, y lo hace desde dentro, como cuando nosotros éramos pequeños y sonreíamos ante algo sin pensar en nada más. Como aún hoy D. sonríe si sus artículos gustan, o M. lo hace cuando tiene una idea brillante, o como cuando R. ve despertar al pequeño Álex, o como H. sonríe con sus enanas, preciosas enanas, o como lo hará la Niña C. cuando dé en los morros a ese bicho malo que la ha convertido en una luchadora nata.

Sonríe así, con los pulmones hinchados, repletos de aire, soplando suavemente para que me alcance a mí también, para que esa fuerza en forma de soplido me roce y me provoque un sentimiento similar.

Yo también sonrío, con un incongruente nudo en mi garganta, porque sé que nos faltan más momentos así, y no es culpa de él, sino de su ausencia. Y le extraño, y cada día le lloro, y le recuerdo, y le siento cerca. Pero querría sentirle aún más cerca, y abrazarle, y que ese apoyo que me da desde sabe Dios donde me lo diera a unos centímetros de mí. Querría darle un beso y decirle que le quiero, y me frustro y pataleo. Y no es justo, no lo es, no es nada justo teñir mi alegría inicial de esta añoranza que me nubla la vista en forma de lágrimas.

Pero, ¿alguien habló de que la vida es justa?

2 comentarios

Helena -

Siéntele cerca, pero no le llores, al contrario, cuando le sientas ahí, sonríe con él. Cierra los ojos y recuerda su sonrisa, ábrelos y mira la de tu madre...

Un beso.

C. -

No me extraña que sonría, tiene motivos para hacerlo, la suerte de ver feliz a su niña, de sumar a su vida otra D que se deja querer y que quiere tanto.
Un beso a Mamá