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El fin de los días grises

Madrid me mata, adoro Madrid...

Lo bonito de caer es levantarse por una misma... y porque te das cuenta de que en realidad eres una afortunada.

Afronto mis últimas horas en Madrid. De nuevo empieza a surgir en mí esa sensación irrefrenable e incontrolable: nostalgia tanguera diría alguno. Ganas de no separarme nunca de los míos, pero enorme necesidad de abrazarle.

Cuanto más tiempo paso en Madrid más me siento de Málaga. Y cuanto más estoy en la ciudad de la Costa del Sol más añoro la capital. Cosas que da el clima supongo. Cosas de convertirse en una madrileña con acento de Vallecas y deje malagueño.

De todos modos, tengo la sensación de haber aprovechado muy bien los días en casita. Para empezar el gasto ha sido mínimo, y eso en momentos de angustia financiera se agradece; he visto a aquellos que han hecho por verme; he tenido buenas conversaciones; y he visto de nuevo a T., la gran T., ya más de Bruselas que el Parlamento Europeo. Mi madre y mi hermano han sido mis grandes acompañantes y ahora quiero consumir cada segundo sabiendo que siempre van a estar a mi lado.

Qué largos han sido los días, y qué pronto en cambio llega el amanecer.

Voy y volveré. Madrid me mata, adoro Madrid...

1 comentario

Helena -

¿Son los lugares o son sus gentes?...

La verdad es que aún con mi gente, lejos de aquí echaría de menos mi tierra...

Un beso.