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El fin de los días grises

La mala vida

Que las rachas, buenas o malas, son ley de vida es algo que cada vez menos se puede discutir.

Lo bueno, lo necesario para seguir viviendo, es que se combinan con acontecimientos del bando opuesto.

Sin embargo, la tristeza me embarga, y mi prima L. pierde a D., ya sin remisión, ya sin solución, sin marcha atrás pero con cuenta atrás.

Y mirar hacia delante parece un milagro, porque cuando sueñas toda la vida con la felicidad y la consigues, la acaricias, la abrazas, la tomas como tuya, cuesta entender que deben robártela. Ni cinco meses y ahora toda una vida destrozada. O dos, o tres, o más. Porque el dolor de mi prima L. es mi dolor, y mi pena se extiende entonces a más gente.

No puedo sonreir cuando ella va a llorar ríos por D. Se nos va D., sin dejar de respirar, pero nos lo quitan. La vida no ha sido justa con L., ni mucho menos. Y yo me siento tan triste...

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