El día 7

Corriendo (o en coche) me fui a mi casa, donde había quedado con T., recién llegada de Bruselas en una de sus visitas efímeras. Suficiente para ponernos al día y tomarnos nuestros vinitos en el Bacchus, con E&E. De nuevo 'risoterapia', aunque esta vez nos faltaba A., y ganas de repetir, más bien en ese momento ganas de continuar. Pero la noche nos atrapó, y T. tenía que ir corriendo hasta Moncloa para no perder su último bus. Así que me puse el traje de piloto de Fórmula 1, el casco de Fernando Alonso y en tiempo récord atravesamos un Madrid nocturno, mi paseo favorito por mi ciudad. De Moratalaz a Moncloa, pasando por Colón y Argüelles y volviendo por Gran Vía, Cibeles y la Puerta de Alcalá. Un maravilloso recorrido por las calles de mi vida.
El último reencuentro, aunque cronológicamente fue el primero, fue con mi madre. Nos costó entrar en situación y hablar con calma, fruto de mi incomunicación y mi breve independencia. Pero entre anoche, tarde, muy tarde, y esta mañana vamos recuperando el pulso de nuestra siempre tempestuosa relación 'madre-hija'.
Lo que pasa es que D. me dijo algo anoche, en plena crisis, que me despertó un poco: "Sólo existen doce días 7 al año, y tenemos que disfrutarlos". No se equivocaba. Desde hace 3 meses el día 7 es el día más especial que existe. Y él es la persona que más feliz me hace. Por eso y por mil razones más que tardaría siglos en contar y que deben además quedar para nosotros, es por lo que le quiero tanto, es por lo que no pienso desaprovechar el tercer día 7 de mi vida, yo sé lo que me digo.
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