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El fin de los días grises

Dedicados

8 años

8 años

8 años, dos mundiales de fútbol, ocho años de ausencia, de rabia, de pesar, de preguntas sin respuesta.

 Y toda la vida para seguir recordándote.

 Nunca faltas, aunque ya nunca estás.

 Te quiero papá

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Troppo vero... un episodio de mi vida

Andrés Trapiello es, aparte de un elegante y magnífico escritor, un buen amigo. Sobre todo de mi hermano. Lleva años publicando una serie de diarios bajo el título común de "Salón de los pasos perdidos". En el tomo dieciséis, el correspondiente al año 2002, "Troppo Vero", hay un episodio dedicado a mi hermano, y por ende a mi padre. Es totalmente verídico lo que cuenta, y por primera vez doy detalles de la triste muerte de mi padre. Qué mejor que la magnífica pluma de Andrés para ello. Gracias.

"Le llamaba al móvil porque surgió un problema con el correo del ordenador. Las averías en domingo adquieren una proporción colosal. Si los días de diario le agobian a uno los percances domésticos, qué decir cuando ocurren en domingo.
Se atosigaba uno por no poder enviar el artículo al periódico y el tósigo le parecía verdadero atracón. Nuestro joven informático raramente se molesta en coger el teléfono y ha de perseguirle uno como a un fontanero. Las posibilidades de encontrarlo era inexistentes, porque suele dedicar esa mañana a alguno de los deportes arriesgados que le gusta practicar, colgarse de un parapente, subirse a una bicicleta de montaña o meterse en una piragua monóxila en busca de su petroglifo. Así que la primera sorpresa fue oírle al otro lado del móvil.
Estamos en el hospital, me informó. Su voz rota hablaba de la gravedad de la situación. Mi padre se muere, declaró consternado. Sí, es, dijo, un hombre joven. La víspera habían avisado del hospital a su padre, en lista desde hacía meses a la espera de un hígado idóneo, para hacerle el transplante. Había acudido al hospital toda la familia con enorme ilusión, el paciente incluido la tenía, porque así se la habían transmitido los médicos. Había llevado hasta entonces la vida de esa clase de enfermos, con todas sus limitaciones físicas, pero plenamente conscientes, integrados, más o menos, a las rutinas domésticas y familiares. Pero las cosas no habían salido como esperaban. Había rechazado el primer hígado, y en el momento de mi llamada esperaban el milagro de que apareciera otro donante, sabiendo que el primero había tardado ocho meses en aparecer. De no producirse en las cinco horas siguientes, moriría. Veinticuatro horas antes estaban todos ellos convencidos de que todo saldría bien. Tiene cincuenta y nueve años, sólo diez más que yo. Me parecieron tan pocos esos diez años, que me embargó la tristeza y la angustia. La sensación de intromisión fue completa y puso de inmediato en verdadera nimiedad y ridiculez mi tonta contrariedad. Le pedí excusas como pude. Él, sin embargo, se demoraba en explicarme los detalles de la enfermedad, me dijo, como se le hablaría a un niño, no te preocupes, esto me distrae algo. Se pensaría que contándolo pormenorizadamente estaba engañando al tiempo, al plazo inexcusable de esas cinco horas, que trataba con cotidianidad banal que transcurrieran mucho más despacio. Tenía una hepatitis desde hacía dieciséis años. Cuando mi amigo quiso saber qué le ocurría a mi ordenador, si era grave la avería, no quise ni siquiera describírsela.
Hace un rato me telefoneó A., por quien nos conocimos, para decirme que el padre había muerto.
Cuando telefoneé a su hijo, me confirmó que a las cinco horas le desconectaron. En ese “desconectaron” está lo más terrible, como si su padre fuese uno de esos astronautas a los que se les rompe el cordón que les mantiene unidos a la nave y a la vida, y le ven alejarse lentamente, como un muñeco hinchado, con los brazos y las piernas en aspa, condenado a dar vueltas eternamente por el espacio. Luego pensé que lo que creemos satélites en las noches de verano, brillando intensamente durante unos minutos, acaso no sean más que algunos cosmonautas, y me hizo sentir por esa breve luz una piedad que jamás había sentido.
Hoy me contó que su padre tenía cáncer de hígado y que le habían dado un plazo máximo de tres meses de vida. Pero quizás porque ese plazo era tan corto, su esperanza se vio reforzada. No sé si tenía dolores. Entró por su propio pie en el hospital, bromeando, animando a su mujer y a sus hijos. Tampoco sé si se despidió de ellos en la habitación antes de entrar en el quirófano o si aún pudieron hablar algo después de la operación. Es decir, si se quedó dormido antes, si hizo el tránsito hacia la muerte por la puerta del sueño y de los sueños, puesto que pensaba que saldría del quirófano con vida para unos cuantos años, o si tuvo tiempo de entristecerse aún más, de saber aún más.
Apenas conocía a su familia. Algo a su hermana y a su madre, que tenía una fotomecánica en la calle Barquillo. Trabajaban todos en aquel negociejo. Nuestro amigo dejó los estudios creo que con catorce o quince años, porque desde los once se dedicaba a destripar ordenadores, fascinado por esas cirugías. Ahora se siente uno parte de ese dolor, y el dolor viene a ser como una sangre común que nos hace a todos de la misma familia. El revés, la fatalidad, es un vínculo más fuerte que otros. Nos hace iguales a todos los hombres, mucho más que la muerte. La maldición evidente, más que la probable o improbable salvación.
Después de hablar con A., salí a dar un paseo yo solo, sin rumbo fijo, por ahí, mirando sin ver, oyendo sin oír, sintiendo sin camino, como si fuese por un páramo campo a través".

Homenaje a Fernando Martín

Homenaje a Fernando Martín Hoy no quiero ni puedo escribir mucho. Simplemente dejo el enlace a un artículo buenísimo sobre Fernando Martín, un mito. Uno de los primeros deportistas que empecé a seguir y el que, sin duda, despertó en mí la pasión por el baloncesto.
Se fue una fría y lluviosa tarde de diciembre hace ya veinte años y ahora sólo nos quedan los homenajes y sus recuerdos.

http://www.acb.com/redaccion.php?id=63093

El zumo de naranja

El zumo de naranja Se despertó para ir a trabajar.

La familia dormía. La madre, el hijo mayor y la hija.

"Papá, mañana antes de irte hazme un zumo de naranja y me lo das, aunque esté dormida".

Se duchó, se preparó su desayuno, y antes de comerlo le hizo a su hija el zumo de naranja.

Natural, con cariño, con todo el amor que un padre puede sentir por una hija. Ese amor incondicional que lucha contra todos los desplantes y malas palabras.

"Diana, cariño, tómate el zumo y sigue durmiendo".

Diana se lo tomó, con los ojos cerrados, elevando levemente la cabeza.

"Gracias papi". Y siguió durmiendo.

Él se quedó mirándola, le dio un beso y le deseó un buen día.

Siete años sin tomar el zumo de naranja natural que preparaba mi padre, con ese cariño y ese amor incondicional. Siete años sin el beso de buenos días.

Las cosas más leves son las más profundas. Las que marcan, las que se graban, las que extrañas y a la vez las que te hacen recordar con mayor adoración.

Nunca un zumo de naranja sabrá tan bien como aquellos. Gracias papá, te echo de menos.

Mario Benedetti, hasta mañana

Mario Benedetti ha cerrado hoy los ojos. Para mí se va un emblema de mis años adolescentes, cuando crecía y creía en todo lo que él escribía.

Se va Benedetti, un genio, un artista de lo cotidiano. Un maestro de la vida.

Con sus cosas buenas y sus cosas malas, se va y nos deja un legado para seguir leyendo toda la vida. Hasta mañana, Mario.

Hasta mañana

"Voy a cerrar los ojos en voz baja
voy a meterme a tientas en el sueño.
En este instante el odio no trabaja
para la muerte que es su pobre dueño
la voluntad suspende su latido
y yo me siento lejos, tan pequeño

que a Dios invoco, pero no le pido
nada, con tal de compartir apenas
este universo que hemos conseguido

por las malas y a veces por las buenas.
¿Por qué el mundo soñado no es el mismo
que este mundo de muerte a manos llenas?

Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte,
pero el futuro aguarda. Es un abismo.

No me lo digan cuando me despierte".

D.E.P. Antonio Vega

Se apagan las luces del Penta. Suenan los primeros acordes, que también serán los últimos. La noche se acaba y cantamos a voz en grito "La chica de ayer"



"Luego por la noche al Penta a escuchar
canciones que consiguen que te pueda amar".

Demasiadas canciones, todos los recuerdos, todas las palabras, tantos sentimientos.

Gracias Antonio por tu música, por tu sensibilidad y por tu particular forma de hacer música.

Hoy el mundo es un lugar más triste, aunque se haya marchado uno de los guardianes de esa tristeza.

Innumerables canciones nos acompañarán siempre, para recordarnos a los que las compartimos en su momento que hoy aún somos amigos.

Y el tiempo no para

Y los días dieron paso a meses, y luego llegaron años. Y la distancia se acortó y sin embargo los años siguieron pasando.

Y el 7 de abril fue ya hace cinco años.

Y un lustro es una vida entera, y contigo es una vida plena. Y a tu lado la felicidad es una constante.

Cinco años, un 7 de abril, 2004.

Y Bersuit siempre de fondo, con "Un pacto para vivir". Y cada una de las personas que han llenado nuestros huecos. Y cada una de las personas que se han ido, sin dejar ningún vacío, o dejando uno inmenso.

Y cada ciudad, visitada, recorrida, avistada como con un microscopio.

Y las risas, las lágrimas, las despedidas, los reencuentros, despertarnos juntos, tomarnos un Nesquick, nos enfadamos, nos desenfadamos.

Y cada beso, y cada caricia, y cada silencio, y cada palabra.

Y tus miradas, y las mías, y tus ojos entrecerrados, y tus sueños, y mi sensatez.

Y mis miedos, y tus manías, y las mías, y las nuestras.

Y somos dos, somos uno, somos cada uno, somos pareja, somos nosotros, somos tú y somos yo.

Y te quiero, y te amo, y te necesito, y te echo de menos... y tú ya sabes.

Y el tiempo no para... el tiempo no para.

11M, 5 años

5 años en los que muy pocos habrán olvidado el dolor, la desesperación, el miedo, la incertidumbre.

Mi corazón se quedó congelado. El silencio se apoderó de la ciudad. El miedo nos contagió como un virus.

11 de marzo de 2002. Fecha trágica donde las haya. Que nos sirve para recordar que hay errores que jamás deben repetirse, y que hubo gente que murió por nada, pero no para nada.

Al menos creo que muchos ese día cambiamos la forma de entender la vida. La vida es un segundo, un instante, la felicidad, la tristeza, intercaladas, la vida y la muerte, entrelazadas.

Descansen en paz esas víctimas mortales, y que nadie olvide nunca a las víctima morales: los heridos, los supervivientes, los familiares, los amigos... y los que pasaban por allí.

Nunca hubo un instante peor para pasar por allí.

Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.

17 de diciembre

17 de diciembre El tiempo es algo tan relativo...

Antes, al principio, pasaba lento. Como una agonía, como si cada segundo tuviera que recordarte lo que estabas pasando, lo que estabas añorando, lo que faltaba.

De repente, el tiempo vuela. Y hoy miro al calendario y veo la fecha: 17 de diciembre.

6 años y 6 meses desde que me ví obligada a despedirme de mi padre. Sin saberlo, sin pensarlo, sin quererlo. Adiós, ¿hasta cuando?, ¿hasta siempre?

El comentario que recibí en mi blog el otro día, ese de "era un amigo", remueve un pasado que quizás he tenido que hacer por olvidar. Una huída hacia adelante.

Hace 6 años y 6 meses todo era diametralmente distinto. Yo iba a irme a Moratalaz a celebrar las fiestas, a ver un concierto con mis amigas de siempre.

Hace 6 años y 6 meses hablaba a diario con una persona de la que hoy no recuerdo ni su cumpleaños, y apenas menciono porque era de esas personas pasajeras.

Hace 6 años y 6 meses estaba "colgada" en la distancia, unida a otro continente por un sentimiento que no existía de forma mútua.

Y mis amigos eran más. Y estaban siempre. Y yo creía que podía tener todo lo que quisiera. Trabajaba en lo que siempre había soñado, la radio.

Tenía una familia al completo. Y sin embargo aún no había conocido a quien hoy marca mis pasos.

Hace 6 años y 6 meses yo estaba despreocupada. No era una hipocondriaca enfermiza, ni me preocupaba por pagar ningún tipo de factura. Tenía dinero en el banco para mis caprichos. Viajaba cada vez que me daba la gana, y no tenía coche propio. Ni mucho menos casa (aunque ya le había dicho a mi padre que quería meterme en un piso).

Hace 6 años y 6 meses España jugaba un Mundial de fútbol en el que volvería a caer estrepitosamente, contra Corea... aunque a mí eso ya no me importó.

Porque hace 6 años y 6 meses le dí un abrazo entre lágrimas. Y nunca más le he vuelto a ver. Y se me parte el corazón cuando pienso en su soledad en esos momentos previos a la operación. En su miedo, en todo lo que pasó por su cabeza, siempre tan reflexivo.

Cuando ha pasado tanto tiempo ya aprendes a no arrepentirte de nada, porque sabes que eso sólo sirve para dañar. Si no le dije "te quiero" debo pensar que él ya lo sabía, no me queda más remedio. Si le hablé mal, debo creer que me ha perdonado, porque sabía cómo era mi carácter.

Mi padre me enseñó muchas cosas durante su vida. A veces sólo con hechos, casi nunca diciéndome qué debería hacer. Me enseñó ese "ver, oír y callar" al que yo me resisto a hacer caso. Me enseñó a ser honrado en lo que uno trabaja, aunque sea odioso. Me enseñó que tu familia cercana es la que siempre va a estar a tu lado, y que los buenos amigos se cuentan de memoria, ni siquiera hace falta la mano.

Pero me enseñó sobre todo muchas cosas después de la muerte: que nada merece más la pena que vivir, y hacerlo como quieres, con quien quieres. Que el trabajo sólo es dinero, el modo de conseguir lo necesario para hacer tu vida más fácil. Me enseñó que debo dar todo por mi madre y mi hermano (y ahora mi pareja). Me ha enseñado a valorar a mis verdaderos amigos, a saber que debo hacer lo que quiero, no lo que tengo...

Soy muy distinta a quien era hace 6 años y 6 meses. Tengo a una persona que me cuida, pero ya no es mayor que yo. Tengo planes de futuro compartidos, de hecho tengo un presente compartido. Vivo en otra ciudad, y mis amigos son los mismos... los que siguen. Porque otros no quisieron luchar conmigo en la distancia. Ser amigo para algunas personas es más fácil si no hay más de 50 kms de distancia, sí. Tengo primos nuevos, y he despedido a más personas de las que querría. Tengo un trabajo que jamás estuvo entre mis ideas, y un coche que ya va casi también por 6 años y medio.

La vida cambia, el tiempo pasa, y por mucho que lo intentaras, que no es el caso, hay gente a la que jamás podrías olvidar porque son tu "as de guía".

Mi padre fue importante en su vida, y también en su muerte. En su ausencia he aprendido mucho de él, y he cambiado -supongo que para bien-. Sé que estaría orgulloso de mí, y que a todo el mundo le hablaría de su hija, y que vendría a verme a Málaga cada poco tiempo, se reiría como él hacía (con ese gesto que yo he copiado), y nos pelearíamos viendo jugar a nuestro Madrid. Se habría convertido en un malaguista más, y viviría entre Madrid y Denia. Sería feliz porque por fin estaría jubilado. Y me diría que no me preocupara de nada, que él estaría siempre cuidándome, y que mientras él viviera no me faltaría nada.

Pero la vida tenía otros planes, y mi as de guía se marchó antes de tiempo. Es duro pelearse a solas con el mundo. Pero al final una aprende el papel y se enfrenta, de la mejor manera posible. Gracias de nuevo papá, gracias por todo lo que me has enseñado, y aún hoy me sigues enseñando. Te digo lo de siempre: espero que estés orgulloso de nosotros. Te quiero.

Noviembre

Noviembre Noviembre es uno de los meses por excelencia para los cumpleaños y las fechas marcadas en rojo en el calendario, quizás para mí junto con abril y julio.

Pero en noviembre, aparte de cumplir años mi admirado amigo P., aquel que se esconde bajo el nick de Becquer99, lo hace también mi niño, mi todo, el que le pone la sonrisa a la vida: Daniel.

Sí. Hoy, o ya ayer, 10 de noviembre, el gran artífice de mi felicidad ha cumplido 24 añitos. Y hemos pasado un gran día, pero ya hace tiempo que las palabras no tienen la fuerza suficiente para convenceros de estos sentimientos.

Sólo sé, y es más que suficiente, que él quita las penas a los días tristes, y que me tiñe de azul cada día gris.

Que su risa es mi bálsamo ante cualquier dolor, y sus besos y sus abrazos abrigan del mayor frío.

Que merece lo mejor en la vida, porque no hay maldad en ninguno de sus gestos (aunque sí un inusitado despiste).

Que si está en mis manos muevo el mundo por conseguir que nunca borre esa sonrisa pícara que le adorna.

Y que ha cumplido 24, diciendo adiós al año Beckham, al año Jordan (para un baloncestero de pro como es él), cumpliendo en 365 días más sueños de los imaginables. ¿Nos casamos o lo dejamos para otro año?

Feliz cumpleaños D., te quiero.

Toco y me voy

No quiero entristecerme más de lo necesario, pero sí quiero recordarla desde este humilde "atril".

Hoy mi compañera L. hubiera cumplido 23 años. El destino, la mala suerte o lo que sea lo impidieron.

Yo nunca te olvidaré. No podría hacerlo. Me prometí a mí misma muchas cosas cuando te fuiste, y quiero seguir cumpliéndolas, por ti, por nosotras, por todos nosotros que formamos esa pequeña familia, a ratos mal avenida.

Toco y me voy, como decía la Bersuit.
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Feliz cumpleaños, Alberto

Feliz cumpleaños, Alberto Hoy cumple 33 años, una edad impactante, intrigante, mítica en la muerte para algunos.

Le conozco hace 30 años, casi nada. Sin duda mi amigo más antiguo, aunque más bien es como mi hermano.

Hemos peleado, hemos reído, hemos llorado, hemos cantado, hemos celebrado. Hemos hecho muchas cosas juntos, muchas, hasta la comunión, celebrada como una boda, con muñequitos vestidos de tal encima de la tarta incluso. Hemos ido juntos al colegio -en el mismo coche cada día y cada tarde-, hemos ido juntos al fútbol cada fin de semana que jugaba el Madrid, hemos ido juntos a conciertos de Héroes, hemos hecho trastadas a todo el que se cruzaba por nuestro camino, e incluso hemos buscado fantasmas en los portales de nuestra urbanización. Estaba el día en que conocí a D., en el concierto de Bersuit en Gruta77, y estuvo en el concierto de Bersuit en la Sala Arena que acabó de unirnos.

Y es por todas y cada una de esas cosas, por ser una de las mayores fuentes de recuerdos de mi vida, por lo que quería "traerle" a mi blog, para felicitarle.

Puedo decir con orgullo que somos amigos desde pequeños, y que lo seremos siempre, aunque a veces nos olvidemos totalmente el uno del otro. Pero es Alberto, y soy Diana, y juntos siempre somos felices, hasta en los peores momentos.

Hoy cuando le he llamado y me ha contado su última peripecia se me ha volcado el corazón. El pasado lunes tuve un accidente en La Vera, en Cáceres, una caída por un barranco de más de 15 metros. Y milagrosamente no le pasó nada. Un golpe fuerte, un susto tremendo y un espectacular rescate por parte de los bomberos.

El niño de los golpes, el mayor pupas que nunca he conocido. Y en el golpe más grande se levanta sin un rasguño apenas.

Supongo que por eso, porque no le ha pasado nada, tengo que estar inmensamente feliz, porque hoy puede celebrar su 33 cumpleaños.

Felicidades Alberto, feliz cumpleaños, hermanito.

Con el futuro en tus manos

Puede ser que todos admiréis tremendamente a la Campos y por eso no haya tenido ni un solo comentario. Sí, debe ser eso.

Aunque he de decir que las audiencias me dan la razón, y los telespectadores deben pensar lo mismo que yo.

Desde aquí fundo, sin oficialismos, el blog "pro-regreso" de Vicente Vallés a La Mirada Crítica, para que cada mañana podamos sentir que tenemos opinión en la actualidad, y no que toda la opinión la pone la Campos.

En fin, vale, paro ya con esta mujer.

Es sábado. En Málaga sigue habiendo sol, aunque en el resto de España la lluvia haya hecho acto de presencia (y mira que la necesitamos, más que el comer, más bien como el beber).

Bueno, me dejo los rodeos aparte: enhorabuena Dani, por conseguir tocar tu sueño con los dedos. Ahora está en ti que lo agarres y no lo sueltes. Es sólo el comienzo, y nadie dice que será fácil, pero tu talento y la suerte deben hacer el resto. Estoy orgullosa de ti, porque has tenido la misma oportunidad que yo tuve en su día (y la aproveché a base de bien), pero encima de momento no has sufrido lo feo de esta profesión: que te rechacen, no por tu ausencia de valía sino por la falta de enchufe o de lo que sea.

Confío en ti, como siempre lo he hecho. Y sabes que siempre, vaya bien o vaya mal, estaré a tu lado. Somos dos, pero tenemos los corazones unidos por un hilo invisible. Imposible de cortar, imposible de romper. Felicidades mi vida, felicidades porque te lo mereces. TQMG

De luto

Las lágrimas se escapan, y ni una presa podría dar abasto. No es justo que estas cosas pasen.

153 víctimas. 153 historias. 153 ilusiones.

Rotas, partidas por la mitad, carbonizadas.

Con sus consiguientes familias y amigos, destrozados, intentando aferrarse a la mínima esperanza.

Es precisamente la esperanza, lo que dicen que a veces nos mueve. Pero en ocasiones no existe ni eso...

He cogido demasiados aviones en el último mes para saber que es cuestión de suerte.

Consiste en estar en el lugar adecuado, o más bien en el inapropiado, en el momento más inoportuno.

La maldita mala suerte. La que tiñe de negro tantas vidas, la que nos rompe el corazón demasiadas veces.

Hoy estamos de luto por estas 153 víctimas, con nombre y apellido, con una historia, con una vida, con un pasado y sin ese futuro que un avión les ha robado. Descansen en paz.

1 de julio

1 de julio Tengo una pantalla nueva. Y eso es como si tuviera un ordenador nuevo.

Es curioso, hasta me parece que va más rápido, y porque no es una lavadora, sino también diría que limpia más y mejor.

A lo que iba: que hoy también tengo un cumpleaños pendiente. Y es de los más importantes.

Ni más ni menos que mi hermano, el chache, cumple hoy la friolera de 37 añazos! Toma ya! Y lo hace sin que lo parezca, que es lo mejor.

¡Feliz cumpleaños!

Y no te preocupes, que aunque sé que hoy piensas que no tienes mucho qué celebrar, que estás algo decaído y eso, pues nada, el fin de semana y la próxima semana entera (ya por tierras malagueñas), haremos todo lo que podamos para que la sonrisa se te quede fija en la cara.

Eres grande, y tengo la enorme suerte de tener en mi vida a los dos Danis más perfectos. Gracias por todo lo que me das, y por lo que no sabes. Me haces caminar cada día, con otra esperanza, porque sé que tengo que seguir haciendo que mi hermano se sienta orgulloso de mí. Cómo me llena de ilusión eso.

Felicidades, Dani.

¡Feliz cumpleaños Raquel!

Antes que nada, y haciendo un "intro-post" de los comentarios: Miguelito, eres genial. No me extraña que Becquer se quede tan prendado de tu sentido del humor. Será que yo desde que te ví aparecer por Jávea con ese increible gorro de Unicaja me espero cualquier cosa de ti (por cierto, del 4 al 6 de julio la doble D se desplaza a Denia, nos vemos?).

Y ahora a lo que voy, después de este breve inciso chatero...

Quiero aprovechar mi blog, que para eso es mío, para felicitar con todo mi corazón a Raquel (así, sin iniciales, que se vea). Una grande, una persona que me muestra su amistad siempre que puede, aunque yo no responda como debiera a sus halagos y abrazos. Pero una es más fría, R., lo siento.

Esta maravillosa persona cumple hoy 33 añitos, una cifra preciosa. Y le llega en un momento importante, en el cual vislumbro su felicidad.

No sabéis la rabia que me da no poder poner aquí su blog, no poder tenerlo en los enlaces, para que disfrutéis con él lo mismo que hago yo. Sé que os haríais fieles adeptos de sus escritos. Pero ella lo ha decidido así. De todos modos, si no sois de su entorno podéis mandarme un email y os doy la dirección, sé que no os arrepentiréis.

Raquel es alguien especial. Siempre con la palabra adecuada, los ánimos preparados y los abrazos entregados. Con los brazos abiertos a cualquier propuesta, con una fuerza inusitada, un carácter intenso. Me gustan las personas así. Con arrebatos, para bien y para mal.

Y a mí me ha dado mucho. Mala suerte la mía que empecé a conocerla bien y abandoné Madrid. Pero no descarto que cuando vuelva (que sigo sin saber cuando será) nuestra amistad crezca como merece.

Además, es amiga de mi adorada S., de una de las personas que más (por tiempo) y mejor (por calidad) me conoce. Y tiene al lado a un genio loco, como R. Impagable.

En fin, que quiero dejarte aquí esta maravilla de canción de tu Manolo García. No sabía si ponerte a Manolo o una canción de El Último. Supongo que eres más del grupo, pero me apetecía esta musiquita. Va por ti, va por nosotras...



6 años

6 años Hoy mi corazón está en Las Rotas, contigo... y con ellos, que irán a verte esta tarde.

Te echo de menos.

Una semana sin ti

Han pasado ocho días (hoy es el octavo), y las charlas vuelven al trabajo.

Y aparentamos normalidad para ocultar que ésta se fue el viernes pasado.

Hablamos del tiempo, de la tele, de la mierda de empresa en que trabajamos.

Pero no podemos hablar de ti.

No dudo que en cada uno de nosotros hay una imagen rondando. La última vez que hablamos, o te vimos, o reímos, o nos enfadamos.

Pero todos callamos, y no hablamos de ti.

Tu adiós es un tema tabú. Nadie se pregunta ya por qué sucedió, cual fue la causa que lo motivó, si esa meningitis o cualquier otra cosa.

Es insustancial. Tu vacío se llena con tus recuerdos. Y sin embargo no hablamos de ti. Esos recuerdos afloran para cada uno, y sí, en ocasiones algunos intentamos nombrarte para mitigar el dolor interior que sentimos.

Una semana sin ti. Luchando por la rutina, pero incapaces de mostrarnos.

Nunca te vamos a olvidar, tenlo claro. Pero comprende que, al menos de momento, no seamos capaces de hablar con naturalidad de ti.

Nos has dejado solitos. Sin abrazos que darnos.

Una semana sin ti y no podemos sonreir...
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Hasta siempre, Loli

Vacío, pena, incomprensión, tristeza, dolor.

Loli se ha ido, y nosotros nos quedamos hundidos. Intentando asimilar lo imposible: que una niña de 22 años, toda alegría y sonrisa, ha perdido la vida.

Loli se va y nosotros nos refugiamos en los abrazos cálidos y reconfortantes, en palabras, en los recuerdos de los momentos que cada uno compartimos con ella. Y nos quedamos con todos sus sueños, sus ilusiones y sus planes de futuro.

Nuestra “mascotita” del departamento se va y nos deja su sonrisa grabada a fuego en los corazones.

Loli, no sé donde estarás, no sé nada, no entiendo nada, pero quiero agradecerte que me escucharas siempre, y que me hicieras reír tanto.

Vivimos ese mágico concierto de Héroes del Silencio en Sevilla, en lugares distintos pero en ese mismo estadio de La Cartuja. Y nunca jamás te olvidaré.

Da igual que sigamos en esta empresa o no, que cojamos llamadas o demos puntos. Lo que sé es que el 4408 se ha quedado cojo, manco, vacío. Tu silla se ocupará, pero tu recuerdo deja un hueco imborrable.

Injusta vida esta que no mira las edades ni los sentimientos, que no sabe de cariño ni amistad, que no distingue entre buenos y malos. ¿Qué hacemos ahora nosotros sin ti?

Siguen cayendo lágrimas por nuestras caras, nos despedimos de ti, pero ya nunca nos soltaremos la mano. Gracias a ti.

Hasta siempre, Loli.

Diana

La vida

Existen cosas importantes, pocas, y otras increiblemente banales a las que damos aspecto de importantes.

Hoy sé que lo importante ha vuelto a cruzarse en nuestro camino. Y sé que L. va a salir de esta.

Porque se debate entre la vida y... la vida. Y yo no dudo de que todos nuestros ánimos servirán para que ella sea más fuerte aún.

Espero que pronto leas esto y nos tomemos algo, que nos debemos muchas charlas, que las hemos dejado atrás con tonterías últimamente.

Ahora a luchar, a confiar, a creer, a comernos el mundo.

La vida, L, la vida
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