Nada por nada
No hay nada que contar.
Por eso mismo, no cuento nada.
No hay nada que contar.
Por eso mismo, no cuento nada.
Ha empezado bien septiembre, pero va a ser un mes muy largo.
No me gusta mucho. Supongo que nunca me ha gustado, o al menos mientras estudiaba nunca podía gustarme, porque era el regreso a la rutina, a las obligaciones, a todo lo que no nos entusiasmaba: el colegio.
Con el tiempo aprendí a querer un poco mes a este mes insustancial, pero ahora... ahora de nuevo no lo soporto.
No es en septiembre donde tengo mis mejores días. No es temporada de viajes ni de reencuentros.
Es un mes de transición, de parón, de falta hasta de reflexión.
No me gusta septiembre. Pero por suerte ya quedan sólo 21 días para que se acabe y llegue octubre. Porque ¡cómo me gusta octubre!
Puede ser que todos admiréis tremendamente a la Campos y por eso no haya tenido ni un solo comentario. Sí, debe ser eso.
Aunque he de decir que las audiencias me dan la razón, y los telespectadores deben pensar lo mismo que yo.
Desde aquí fundo, sin oficialismos, el blog "pro-regreso" de Vicente Vallés a La Mirada Crítica, para que cada mañana podamos sentir que tenemos opinión en la actualidad, y no que toda la opinión la pone la Campos.
En fin, vale, paro ya con esta mujer.
Es sábado. En Málaga sigue habiendo sol, aunque en el resto de España la lluvia haya hecho acto de presencia (y mira que la necesitamos, más que el comer, más bien como el beber).
Bueno, me dejo los rodeos aparte: enhorabuena Dani, por conseguir tocar tu sueño con los dedos. Ahora está en ti que lo agarres y no lo sueltes. Es sólo el comienzo, y nadie dice que será fácil, pero tu talento y la suerte deben hacer el resto. Estoy orgullosa de ti, porque has tenido la misma oportunidad que yo tuve en su día (y la aproveché a base de bien), pero encima de momento no has sufrido lo feo de esta profesión: que te rechacen, no por tu ausencia de valía sino por la falta de enchufe o de lo que sea.
Confío en ti, como siempre lo he hecho. Y sabes que siempre, vaya bien o vaya mal, estaré a tu lado. Somos dos, pero tenemos los corazones unidos por un hilo invisible. Imposible de cortar, imposible de romper. Felicidades mi vida, felicidades porque te lo mereces. TQMG
Robo este magnífico artículo a P.Roberto J., de Vaya Tele (y se lo agradezco además), porque cuenta perfectamente lo que yo opino de la "pseudo-periodista" Maria Teresa Campos.
Creo que es una de mis grandes fobias televisivas. Por mi parte, se acabó ver por la mañana Telecinco. Y qué pena que se haya desperdiciado el saber estar y el talento de Vicente Vallés.
http://www.vayatele.com/2008/09/03-maria-teresa-campos-lo-de-siempre-y-sin-disfrazar#more
Quien no tenga reparos en escuchar música en otro de los "idiomas del estado", no debería dejar pasar la opción de oír seriamente a los baleares Antònia Font. Y es que además, tienen razón, y Shanghai no es Pekín. Yo me quedo con la primera de las ciudades, y me pongo un poco nostálgica si pienso en sus calles, en nuestros paseos, en lo que hemos vivido allí. En el vídeo sólo tenéis unos segunditos de esta canción. Espero que os guste.
Tokio m'és igual - Antònia Font (Batiscafo Katiuscas)
"Sé que es molt difícil aguantar-me sa ressaca i que és dilluns.
de gelocatil i cafeïna arrancarem al monco avui
senyoreta, m'estimi amb molta força i primavera
a certa circumstància i perfil, Shanghai no és Pekín
i és només quan som una piltrafa que m'escric i me dibuix
sé que per tu i jo una línia recta mos separa sempre junts
senyoreta, m'estimi amb molta froça i primavera
a certa circumstància i perfil, Shanghai no és Pekín
senyoreta, ca meva s'abandona i no ho supera
su asiento en posici´´on vertical, Pekín no és Shanghai
senyoreta, m'estimi com s'estima en es cinema
a certa circumstància i perfil, Shanghai no és Pekín
senyoreta, neons i cosmopolis a tebeos
de sushi i panasonic total, Tokio m'és igual"
La sangre gitana que llevo dentro
se mezcla en cóctel
de dulce sabor.
en la sangre gitana que llevo dentro
me arde fuego,
de mis manos, directa al corazón.
y de madrugada, alma de alhelí,
sobrevuela, trastornando marea,
cada madrugada, alma de alhelí,
y no lo siento por mí.
Tarde o temprano
me perderé en cadenas.
una vez en la vida
debo encontrar dentro de mí
una noche de agosto
mi alma perdida
que arrojé al mar.
Tierra prometida que nos pertenece
por obra, por arte,
y por gracia de dios.
tierra prometida que nos pertenece,
¿qué más nos da
ser moro o cristiano,
si hay para los dos?
En la sangre gitana que llevo dentro
me arde fuego,
de mis manos,
directa al corazón, al corazón...
Una vez en la vida
debo encontrar dentro de mí
una noche de agosto
mi alma perdida
que arrojé al mar.
-7 aviones:
Madrid-Moscú
Moscú-Shanghai Pudong
Shanghai-Guilin
Xian-Beijing
Beijing-Shanghai
Shanghai-Moscú
Moscú-Madrid
-3 trenes:
AVE Málaga-Madrid
26 horas de Guilin a Xian
AVE Madrid-Málaga
-Varios autobuses, entre destinos en China.
-Diversos alojamientos:
Casa de Patri en Shanghai
Hostel en Hangzhou
Hostel en Yangshuo (a 3 por cabeza y noche, en una zona idílica, buena habitación, mal servicio y aire acondicionado demasiado fuerte e incontrolable)
2 hostels distintos en Xian (uno que dejaba mucho que desear, en todos los sentidos, por mucho que lo recomendaran la Trotamundos y la Lonely; el otro bastante mejor, de hecho: perfecto)
Hostel en Beijing
-También 7 ciudades visitadas:
Shanghai
Suzhou
Hangzhou
Guilin
Yangshuo
Xian
Beijing
-Diversos museos
-Variedad de comidas internacionales:
China, de diferentes regiones
Nepalí
Japonesa
Brasileña
Tailandesa
Occidental
30 días de viaje, cientos de anécdotas, miles de fotos (bueno, más de mil), una decena de vídeos, otra decena más de Metros, miles de kilómetros recorridos, unos cuantos yuanes gastados, algunos euros también, muchas coca-colas con sabor a vainilla, dos guías de viaje, dos pares de playeras y una decena de camisetas compradas, otro par de playeras tirado a la basura, un constipado y una cistitis, ampollas en los dos pies, casi veinte granizados, tres nuevas amigas (la chinita del Honey Drink, Liu Feng y Rachel) y millones de chinos...
Son tantas cifras y tantas letras. Esto es sólo un pequeño resumen de lo que ha sido nuestro viaje a China. Espero que os haya gustado nuestra aventura narrada tanto como a nosotros vivirla y contarla.
Las lágrimas se escapan, y ni una presa podría dar abasto. No es justo que estas cosas pasen.
153 víctimas. 153 historias. 153 ilusiones.
Rotas, partidas por la mitad, carbonizadas.
Con sus consiguientes familias y amigos, destrozados, intentando aferrarse a la mínima esperanza.
Es precisamente la esperanza, lo que dicen que a veces nos mueve. Pero en ocasiones no existe ni eso...
He cogido demasiados aviones en el último mes para saber que es cuestión de suerte.
Consiste en estar en el lugar adecuado, o más bien en el inapropiado, en el momento más inoportuno.
La maldita mala suerte. La que tiñe de negro tantas vidas, la que nos rompe el corazón demasiadas veces.
Hoy estamos de luto por estas 153 víctimas, con nombre y apellido, con una historia, con una vida, con un pasado y sin ese futuro que un avión les ha robado. Descansen en paz.
A veces una tiene obligaciones que cumplir, más importantes que ninguna otra, y así pasó el 16 de agosto, que me ví obligada a cumplir... años.
32 añitos para el saco. Un día precioso, con las tres personas que le dan lustre a mi vida pasando el día entero conmigo. Y a ello se unió sorpresivamente R., la que siempre fue mi "muy mejor amiga", jaja.
No faltó nadie, si acaso los despistados de turno, pero aparte de eso, bueno, sí que faltó alguno, de los que duelen. Pero la cosa se repite y la vida cambia, no merece la pena preocuparse por ello.
Día de Feria en Málaga, de vino dulce y tintito, de tapas y paseos, de muchas Olimpiadas, de baloncesto y llamadas, acabando por una espectacular cena en Bellavista. Buen colofón para un gran día, adornado con tarta de merengue.
Ojalá todos los 16 de agosto fueran como este. Necesito a mi gente, y en días como ayer los tengo a todos, de una u otra forma. Gracias a todos.
... es el principio de todo lo demás.
Del jet-lag, que esta vez ya hemos empezado a sufrir, desde el primer momento, durmiendo sólo dos horas desde que llegamos anoche a España.
De los reencuentros con los amigos: con S. y D, amigos y taxistas, maravillosos y ofreciéndose siempre a hacernos la estancia en Madrid más fácil. Con J. y E., viniendo a recogernos a Málaga, con nuestras maletas hasta arriba y nuestros corazones llenos de historias.
De los nuevos planes.
De las visitas: de mi madre y mi hermano, de M., de quien quiera venir que será bien recibido.
De la vuelta al trabajo. Arj, lo peor, sin duda. Me alegra volver a ver a mis compis, pero sería mejor hacerlo fuera del trabajo, no creéis?
De la vida en euros, olvidando los yuanes, que tanto nos gustan, y que tantas alegrías nos han dado.
De la buena comida, como la que hemos probado hoy, debajo de casa de D., con su mami: tortillita y croquetas. Mmm, no saben los chinos lo que se pierden.
Un mes entero fuera de casa ha dado para mucho. Y ahora llega el momento de ir contando las pequeñas historias de China, los grandes paisajes, las enormes aventuras. Vivencias que se graban a fuego, que no olvidaré jamás. Un viaje casi perfecto. Y digo casi porque la perfección asusta, y ni siquiera creo que fuera buena. Pero si este viaje no ha sido perfecto poco ha faltado (si hasta hemos vuelto con todo nuestro equipaje!!!).
En fin, para despedirme, nada mejor que uno de los poemas más maravillosos del grandioso Mario Benedetti, su "Viceversa":
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Y aunque siga sin poder poner las dichosas tildes os lo queria contar.
Lo he conseguido, y he subido a la Gran Muralla, pese a las ampollas de los pies, pero era una vez en la vida.
Os contare la experiencia con mas tiempo. Ha sido una gran sensacion. Y ahora toca descansar.
Ya no nos queda nada, en breve estamos en casita (el dia 11 por la noche aterrizamos en Barajas, y el 12 llegamos a Malaga). Tenemos ya ganas, de verdad. Todo esto es un sueno, pero el cansancio acumulado ya es grande, jaja.
Por ultimo, y sabiendo que sera mi ultimo articulo antes de pisar tierra patria: gracias por cada uno de los comentarios. Todos ellos nos han hecho especial ilusion. Cuando uno esta tan lejos valora mas si cabe todo lo que tiene. Y yo tengo tanto... al menos grandes lectores, jaja (es broma).
Y ahora si, antes de despedirme: como os dije no llevo regalos. Espero que sepais comprenderme. No queria supeditar el viaje a buscar regalos para tal y cual, queria disfrutar a tope. Eso si, postalitas las que querais, vale?
Besitos grandes!!!
Hola!!
Os escribo desde un ciber en Xi'an, despues de haber visto a los famosos guerreros de Terracota y haber alucinado con esta maravillosa ciudad.
Manana nos vamos a Beijing, y alli se acabara nuestra aventura. Asi que hasta el dia 12 mas o menos no podre escribir nada de nada. Nos meteremos de pleno en la voragine de unos Juegos Olimpicos convulsos y una ciudad china, con todo lo que ello supone.
Siento la brevedad, la falta de acentos y de la maravillosa letra que marca nuestro pais, pero es que China es asi. Ya os contare grandes anecdotas a la vuelta, lo estamos deseando, con una tortilla de patatas y un tintito de verano.
Solo un breve apunte: estuvimos 26 horas en un tren, en asiento duro, con chinos por todos lados (imaginables y no imaginables), desde Guilin a Xi'an. Pero ese es otro capitulo. Tsai chien!!
Es nuestra última noche en Shanghai. Noche de despedidas de un lugar que nos ha dado muchas cosas buenas.
Y Shanghai debe estar triste, porque nos despide con una tromba de agua imponente. Nos moja de lluvia, y nos empapa de recuerdos.
El domingo y el lunes estuvimos en Suzhou y Hangzhou. Alucinaréis cuando veáis fotos, nosotros también lo hicimos viendo tantas maravillas. Y realmente inenarrable el episodio en el tren. Dios, por qué no escribirán los chinos las palabras normales, jaja, es broma. Es imposible hacerse entender con ellos, no hay manera.
En fin, que tendría mil cosas que contar, y tengo muchas ganas, pero también mucho sueño, y mañana a las 6 y media estaremos en pie para irnos a Guilin (mientras vosotros aún estaréis pensando si ir o no a dormir, grrrr, os odio).
Empieza la nueva etapa de nuestro viaje. El viaje aventura, intentando hacernos entender por los chinitos, mision imposible?
Patri ha sido la anfitriona perfecta. Me ha conquistado más de lo que ya había hecho. Siempre ayudando, incluso abroncando cuando lo merecíamos. Nuestra protectora y nuestra amiga. Jo, no quiero que salga de mi vida, la verdad, porque ya tiene un hueco importante en mi corazón ( y sé que también en el de D., el malaguita).
Nos vamos. Me voy. Adiós Shanghai. Enjuaga mis lágrimas de despedida. Nos vemos en once días, y entonces ya sí nos diremos adiós de forma definitiva. Me quedo con tu vida, con tu movimiento y con tu magia. Con tu Bund y tu Ciudad Antigua, con Yu Yuan y Nanjing, con la Perla, Jinmao y la nueva torre que supera a las dos. Con todo lo que nos has dado. Sólo espero que tú, Shanghai, también te quedes algo de nosotros. Aunque sólo sea porque nuestros pies han quemado tu asfalto.
Adiós Shanghai.
Rapidito, rapidito que me esperan y llego tarde.
Ya ha llegado el padre de Dani y hoy tenemos un día infernal, recorriendo todo lo que podamos de Shanghai. Vamos, que lo que D. y yo hemos visto en 11 días hay que enseñárselo en uno. Me canso sólo de pensarlo.
Mañana por fin nos vamos a Suzhou y Hangzhou, así que no volveremos a Shanghai hasta el lunes por la noche, y ya será para poco, porque si todo sale bien el miércoles por la mañana estamos camino de Guilin (y se acabaría lo del internet por unos días).
Miguelito, Dani se olvidó el sombrero en Málaga. Una verdadera pena, porque habría causado sensación con él. Pero lo aprovecharemos en Feria, vale?
A los demás, lo de siempre, que me encanta que me escribáis, me hace una ilusión tremenda. Y que siento no poder meter un granizado en el avión, porque sino os lo llevaba para que lo probaséis.
Por cierto, D. está acabando con las existencias de camisetas de fútbol. Si no se ha comprado ya 10 no se ha comprado ninguna, un friki, pero guapo, eso sí, jaja.
En fin, que en cuanto tenga tiempo volveré por aquí. Sed buenos, y acordáos de nosotros. Mua!!!
Hoy vengo a hablaros de una de las tres cosas que mejor hacen los chinos: la comida (china, claro), los jardines (son obras maestras del orden, del buen gusto y de la tranquilidad) y los granizados.
Mirad, podéis entrar en la web www.binzai.com, y será lo más cerca que estéis del paraíso, aunque no enténdais nada.
En una pequeña calle cerca de la tumultuosa Nanjing Lu, está Wuxiang Road. Una preciosa y pequeña calle peatonal qe encierra uno de los paraísos terrenales. Os pongo en situación: el calor es de 37º hoy, por ejemplo. La humedad puede oscilar entre 40 y 90%, una salvajada, vamos. Total, que aunque una persona no sude habitualmente -como es mi caso- aquí lo hará, no hay más remedio.
Y sin embargo, debes caminar, porque esta ciudad se conoce así. Y tras kilómetros y horas de paseo uno no tiene hambre, sólo tiene sed. El cuerpo sólo pide recuperar todo lo perdido, y ni el agua ni la coca-cola ni los zumos nos sirven. No, desde que conocimos los Shaved Ice de este idílico lugar. Un local pequeño, pequeño, para no más de 6 ó 7 personas. Shaved Ice de Blueberry, de Strawberry o de Honey Dew-Melon. Mmm, como granizados con trocitos de gelatina.
No parecen para tanto así dicho, lo sé. Pero tomarlos, oh, tomar un sorbo de eso y el mundo vuelve a tener sentido. Estamos pensando en exportar la idea a España, o mejor aún llevarnos a la chinita que regenta el local, que es una chica simpatiquísima que intenta aprender español y enseñarnos algo de chino, jaja.
Lo que yo quería con este post, aparte de dar un poco de envidia, es contaros una de las cosas que más echaré de menos cuando vuelva a España. Pensar que nunca más volveré a tomar un Shaved Ice Strawberry me entristece, porque es el remedio perfecto contra la sed y el calor, os lo prometo.
Ocho días, el número de la buena suerte para los chinos.
Ocho días llevamos en Shanghai. Y nosotros seguimos a lo nuestro, entre nihao! xie xie y tsai chien, que son las únicas palabras que controlamos. Y es que el chino es demasiado complejo. Dicen los que llevan un tiempo aquí que no es difícil comenzar a comprenderlo, incluso a hablarlo, pero vamos, que le vayan con ese cuento a Mao, que yo no me lo creo.
Tengo la tele china de fondo. No hay nada peor que esto. Son 65 canales, pues no hay nada, nada, que merezca la pena. Es horrible. Lo mejor por tanto es apagar la tele y leer, en esos pequeños momentos de asueto que nos debemos permitir si no queremos acabar con las piernas amputadas.
Y es que con la tontería llevamos un ritmo de 5 a 6 horas diarias caminando, con esas temperaturas de las que os hablaba, con lo cual no es de extrañar que empiece a notar que he perdido algo de peso. Bien! Adiós a esa barriguita incómoda, jaja.
Si algo tiene Shanghai es que es gigante. Entonces para cualquier cosa que vayas a hacer necesitas unas horas. Y luego está lo de ducharte (siempre con agua fría, porque el cuerpo te lo pide, de verdad), salir a la calle y en cinco minutos tener de nuevo la ropa completamente empapada. Ya vamos por la calle con una toallita en la mochila, para cuando nos detenemos ir secándonos el sudor (que yo no he sudado en mi vida!).
Ayer hicimos otro de nuestros gigantescos paseos. Nos fuimos a Pudong, a una estación de metro donde tienen otro mercado del fake, para pelearnos con los chinitos regateando, muy divertido. Y desde ahí la gran caminata del día hasta la Torre Jinmao y la Perla de Oriente. Es impresionante caminar entre esos rascacielos (el cuarto más grande del mundo es la torre Jinmao, que alberga en ella el Hotel Hilton). Pero claro, el paseíto fue como de 4 kilómetros o así, bajo el sol abrasador. Terminal.
Con lo que cuando cogimos el metro paramos en la que es nuestra calle favorita en Shanghai, una callejuela preciosa, peatonal, Wujiang Road, donde tienen un sitio excepcional, que estamos pensando en exportar a España. Nuestros granizados con trocitos de gelatina, mmm, deliciosos.
Desde allí fuimos a casita, a cenar más comida china (es de otro nivel, os lo aseguro) y a descansar. Sí, quizás nos llaméis matados, pero aquí os querría ver yo, a ver si soportáis esto, jaja.
Y ahora nos iremos a conocer una parte que nos queda de Shanghai, el templo de Longhua, al sur de la ciudad. Ya son destinos algo más apartados del centro, y que ir a visitar requiere justo lo que nosotros tenemos: tiempo en Shanghai.
Lo cierto es que ya tenemos una visión bastante global de la ciudad, como si de determinada forma, algo la conociéramos. Las calles ya no nos son extrañas, las palabras no impresionan, ya sólo aspiramos Shanghai, la absorbemos como los niños pequeños. Estamos disfrutando muchísimo de esta pequeña luna de miel, que en breve pasa a ser un viaje turístico, jaja, porque ya llega el padre de Dani. Antes de eso nos queda el viaje romántico por el Bund, por la noche, que ya os contaré en otro momento (básicamente, cuando lo haya hecho).
Ah, ni siquiera encuentro postales! Es increible, yo que quería llevar postales para todo el mundo, y que así la gente dejara de pedir regalos, y no hay forma. En ocho días no he visto ni una postal de Shanghai...
Seguiré con la búsqueda por el resto de China.
Os echo de menos mucho. Más aún a los que me dejáis comentarios, porque tengo la sensación de que sólo escribo para vosotros cuatro: Becquer, Lissi, Raquel y Miguelito. Debe ser que a nadie más le interesa esto. Me da igual, es más que suficiente. Me alegra que nos sigais, siempre que podamos intentaremos dejar una pequeña pincelada de todo esto.
Ya por último. Lo he dejado caer, pero quiero profundizar un poco más: la comida china es excepcional. Nada que ver con lo que solemos comer en España. Es algo sublime, un pollo picante con cacahuetes, un pato, mmm, maravilloso. Se me hace la boca agua.
Besitos, tsai chien!
Decían que venía un tifón, no muy grande, uno chiquitito. Y que el viernes por la noche y el sábado descargaría toda su rabia sobre los habitantes shanghainitas.
Otro fallo más del hombre del tiempo. Es increible. Llevamos aquí ya seis días (mañana será una semana), y antes de venir habíamos visitado varias webs para hacernos una idea del tiempo que tendríamos. Bueno, pues se presagiaba para toda la semana lluvia, lluvia y más lluvia.
Las únicas gotas que vimos caer fueron anoche, y si eso era un tifón entonces en España hemos vivido miles de tornados.
Eso sí, deben ser gotas radioactivas, porque ensucian la ropa y huelen fatal, debido a la polución de esta ciudad. No quiero ni imaginar lo que seré Beijing. Ya os contaré de primera mano lo dañina que puede ser la contaminación unida al sudor, lo veréis en fotos incluso.
Pero en fin, que Shanghai mola. Así de sencillo. Tienes restaurantes de todo el mundo para elegir (aparte de en chinos, hemos comido ya en un nepalí, un thailandés, un japonés y un brasileño). Centros comerciales en la esquina de una calle que son como el gran centro comercial de cualquiera de nuestras ciudades. Y los chinos son unos consumistas. Como ayer hablábamos con P., han debido descubrir que aquello del comunismo que les enseñaron es menos divertido que el capitalismo enfermizo que ahora les corroe. Si Mao levantara la cabeza fliparía en colores. Qué derroche.
No sé si ya os lo dije, pero los taxis son súper baratos, sale de media entre 1 y 2 euros (éste ya es un trayecto largo), así que merece la pena moverse con ellos, aunque siempre debes llevar todo escrito en su grafía, claro.
Nos manejamos ya bastante bien caminando. D. tiene un excepcional sentido de la orientación (mejor que en Málaga, donde se pierde a menudo, jaja), y acabamos siempre encontrando aquello que nos proponemos. Además, en cuanto la gente te ve con un mapa se acercan a preguntarte si pueden ayudarte (aunque hayas sacado el mapa para abanicarte).
Esa es otra: el calor. Yo nunca he vivido esto. Te levantas a las 8 de la mañana y tienes 35 grados. No te asustes, ya no subirá más, pero tampoco bajará. 35 grados todo el día, sin parar. A veces con sol, a veces con nubes, incluso con lluvia. Y una humedad increible. Pero eso ya lo sabíamos. Aunque nunca te puedes preparar lo suficiente. Claro, todos los sitios, desde taxis a la tienda más minúscula, tienen aire acondicionado, con los consiguientes problemas de salud que se generan. Sí, lo reconozco, la pasada noche estuve con fiebre. Una mini gripe que creo que he atajado y que me provocó horribles sueños en los que los chinos no hacían más que ofrecerme cosas para comprar. Así toda la noche, una pesadilla continua.
Así que tras descubrir Mercados del Fake (Paco, camisetas de fútbol con pantalón incluído a 5 euros), Mercados de Antigüedades (Lissi, fliparías con los carteles de Mao y compañía a 1 , seguro), Mercados de la Electrónica (Diossss, qué ganas de comprarme de todo!), nosotros seguimos explorando la ciudad. Hemos visto la parte más moderna de China, la del crecimiento, la que invadirá este país en pocos años, convirtiéndola en un oasis del capitalismo enfervorizado y del consumismo salvaje, la de los McDonalds, Burguer King, Starbucks y Kentucky Fried Chicken. Pero también hay pequeños momentos para la China de antes, para las casitas bajas y la gente sentada en sus sillas, comiendo por la calle, gritando, pelando patatas. Hemos visto sus mercados, imposibles para nuestra nariz, os lo prometo. Y rascacielos imponentes, tanto que la vista no alcanza a verlos del todo. Hemos visto yuppies y gente humilde escupiendo sin parar. Y paraguas para la lluvia, y paraguas para el sol.
Y aún nos quedan 3 semanas. Mañana quizás vayamos a Nanjing, un pueblo a unas cuatro horas de Shanghai, donde pasaremos un par de días, otal vez a Zhouzhuang, ida y vuelta el mismo día. Os seguiremos contando, aunque ya nos quedan pocos días con un acceso a internet tan fácil. Gracias P. por visitar nuestra casa y comprobar que todo está bien. Y gracias a los que me leéis e incluso os animáis a comentar. Así es más fácil también que yo me anime a escribir.
Por aquí otra vez, y muy brevemente.
Seguimos alucinando con todo, la cultura china, los edificios, la comida, los chinos en sí.
Todo, todo, es un contraste absoluto respecto a lo que conocíamos, y poco tiene que ver con la imagen que nos venden de China.
Al menos aquí, en Shanghai. La seguridad es máxima, hasta el punto de no tener sensación de miedo en ningún instante. Nos estamos matando a pasear y el jet-lag es un mito que no nos ha visitado. Dormimos y comemos en horario chino, sin recordar qué hacíamos en nuestro país. Son seis horas de diferencia que sólo se notan cuando escribes un email y no recibes respuesta hasta el día siguiente.
En un ratito nos vamos, y seguimos nuestro periplo shanghainita, a ver qué tal se da el día.
Siento este micro-relato falto de estilo, pero es que tengo aún miles de cosas que hacer y el tiempo es oro en China!
Sed buenos! Y gracias por comentar ;)
¡Ya estamos en Shanghai!
Sí, después de horas y horas interminables de vuelos y esperas en el aeropuerto de Moscú (razón por la cual si nadie me hace cambiar de opinión brindo mi odio eterno a los rusos) pisamos suelo chino.
Y ya hemos comido comida china (que aquí es sólo comida, claro), y hemos paseado, y estamos sufriendo este calor con humedad que os haria reiros del terral. ¡Pero estamos en China! Parece mentira, después de meses y meses de planes y sueños, que ahora estemos cumpliendo todo. Lo visto hasta ahora, que tampoco ha sido mucho, es fantástico, y el jet lag nos afecta un poquito, pero somos fuertes y queremos comernos la ciudad a bocados.
Al contrario que los rusos, los chinos son gente amable, simpática y con ganas de sonreir, y cuando estás tan lejos de casa sólo eso es suficiente. Intentaré contar poco a poco algunos cosas que visitemos, anécdotas y demás. Para empezar, un trayecto en taxi que en Madrid iría de 8 a 10 euros aquí te cuesta 1 euro. Y los yuanes* y nosotros ya somos amigos.
(*)Los Yuanes son la moneda oficial china.
En fin, que os dejo, que debo seguir descubriendo esto. De momento sólo quería contaros que estamos bien y que la locura de viaje ha merecido la pena. ¡Estamos en China!
Sólo necesitaba Denia.
Miento, y sus playas, su piscina, mi jardín y mi familia.
Y también a mis amigos.
Incluso ese partido inolvidable de Nadal, visto en total con diez personas diferentes (es lo que tiene que fuera interminable y que mientras jugaba quedara con unos amigos).
No voy a olvidar jamás el abrazo de mi madre al recibirme. Ni los besos de mi primita A., tan impresionante que sorprende que no sea ya presidenta del gobierno a sus casi 12 años. Ni las trastadas de la pequeña N., adornadas luego con un "lo siento" un poco fingido. Ni las palabras y los cigarros de mi tía y madrina. Ni el paseo precioso por las calles de mi segunda o tercera casa con mi hermano, de mi pueblo preferido, de Dènia (con acento "p'al otro lado"). Ni olvidaré jamás lo feliz que me hace D. cada mañana al despertarme a su lado. O la ilusión que me hizo ver a una E. embarazada, a punto de traer al mundo a Gabriel. La cara de J, su marido, mi amigo, una persona expepcional. Y el paseo accidentado en coche de M., acompañado de otra M, porque nosotros somos la Doble D y tú te has buscado con quien hacer una Doble M. :P
2 días en el paraíso. Visitando a los recuerdos y llenándome de paz y cariño.
Nunca he ido a Dènia y me he marchado de allí sin llorar. Nunca. Y esta vez también derramé la lagrimita de rigor. Porque allí estaría días y días, buscándome y sin duda, encontrándome.
Por cierto, no sé si me dará tiempo a escribir algo antes de marcharme. El sábado, casi cuando comienza el domingo, cogemos un avión, primero rumbo a Moscú y luego hacia Shanghai. Un viaje que me tiene de los nervios, pero no esos nervios ante un examen, sino los nervios cuando has quedado con alguien especial. ¿Me entendéis, no?
Esperadme a la vuelta. O a mitad de camino...