Tengo una pantalla nueva. Y eso es como si tuviera un ordenador nuevo.
Es curioso, hasta me parece que va más rápido, y porque no es una lavadora, sino también diría que limpia más y mejor.
A lo que iba: que hoy también tengo un cumpleaños pendiente. Y es de los más importantes.
Ni más ni menos que mi hermano, el chache, cumple hoy la friolera de 37 añazos! Toma ya! Y lo hace sin que lo parezca, que es lo mejor.
¡Feliz cumpleaños!
Y no te preocupes, que aunque sé que hoy piensas que no tienes mucho qué celebrar, que estás algo decaído y eso, pues nada, el fin de semana y la próxima semana entera (ya por tierras malagueñas), haremos todo lo que podamos para que la sonrisa se te quede fija en la cara.
Eres grande, y tengo la enorme suerte de tener en mi vida a los dos Danis más perfectos. Gracias por todo lo que me das, y por lo que no sabes. Me haces caminar cada día, con otra esperanza, porque sé que tengo que seguir haciendo que mi hermano se sienta orgulloso de mí. Cómo me llena de ilusión eso.
Llevo unos minutos delante de la pantalla. Siento la irrefrenable necesidad de escribir, pero las palabras se han encerrado en una cárcel de silencio.
No, no me siento bien. Y no sé bien cual es la razón. Busco, rebusco, encuentro ausencias, me pierdo entre personas "extrañas", me siento sola y necesito esa soledad. Mi incoherencia es brutal. Mi sensación de tristeza crece. Y no sé cual es la solución, porque desconozco el problema.
Es un recuerdo tan de mi adolescencia que me asusta. A veces llegas a un punto en el cual has estado tan bien, tan cómoda, tan feliz, que de repente sientes hasta miedo al vacío. ¿Vértigo? Quizás.
No hablo, digo palabras sin más.
No abro mi corazón, lo dejo entreabierto, pero nadie se asoma del todo.
Y nunca he sabido gritar para pedir ayuda, no sé hacerlo. No puedo hacerlo. Y no es orgullo, es desconocimiento.
La semana que viene me voy a Denia, a buscar mi paraíso. A ver a mi familia, con mi madre y mi hermano a la cabeza, mi madrina y mis dos primitas pequeñas, mis niñas preciosas. A compartir con D. una vez más sabores dulces, miradas de complicidad, y esa visita inevitable a Las Rotas, para observar ese mar nítido, esas rocas, para hablar con las olas y preguntarles por él.
Y en dos semanas, quince días exactamente estaré camino de China. Para pasar allí un mes. Y tengo miedo, y mucha ilusión, pero miedo eh.
Quiero gritar, quiero hablar, pero no encuentro con quien. Porque unos están ocupados, otros concentrados, otros tan lejos, otros perdidos, otros no están, y quizás vuelvan, pero eso ya me da igual (y esta idea me entristece aún más).
Nunca he sabido reconocer que no estoy bien. También es verdad que estas "crisis" me duran poco rato. Que luego me encuentro con alguien que me devuelve la fe. Porque eso es verdad, soy una afortunada con la gente que me rodea. ¿Por qué no seré capaz de decir la verdad?, como dice Conchita.
En fin, que sí, que España está en la final, pero para mi desgracia no soy capaz de sentirlo. No, porque nunca me gustó ese entrenador ni siquiera los propios jugadores. Y por primera vez puedo comprender a los no futboleros (Dios, esto es sacrílego), cuando ven pasar a su alrededor coches con banderas, personas con la cara pintada, y tú no sientes lo mismo.
Es una pena, pero aunque el domingo seré la primera delante de la pantalla no consigo emocionarme con ello. Me alegro inmensamente por todo lo que provoca, por esa felicidad extrema que ha hecho olvidar que no tenemos un duro para acabar el mes, que las hipotecas pueden subir hasta 300 en un año, que la gasolina está por las nubes y nuestros sueldos por los suelos.
Hasta aquí llega hoy mi silencio escrito... mi pequeño diario.
P.D.: como parece que es moda, yo también pongo una fotito mía de pequeña. :) Eso es felicidad, jaja.
Antes que nada, y haciendo un "intro-post" de los comentarios: Miguelito, eres genial. No me extraña que Becquer se quede tan prendado de tu sentido del humor. Será que yo desde que te ví aparecer por Jávea con ese increible gorro de Unicaja me espero cualquier cosa de ti (por cierto, del 4 al 6 de julio la doble D se desplaza a Denia, nos vemos?).
Y ahora a lo que voy, después de este breve inciso chatero...
Quiero aprovechar mi blog, que para eso es mío, para felicitar con todo mi corazón a Raquel (así, sin iniciales, que se vea). Una grande, una persona que me muestra su amistad siempre que puede, aunque yo no responda como debiera a sus halagos y abrazos. Pero una es más fría, R., lo siento.
Esta maravillosa persona cumple hoy 33 añitos, una cifra preciosa. Y le llega en un momento importante, en el cual vislumbro su felicidad.
No sabéis la rabia que me da no poder poner aquí su blog, no poder tenerlo en los enlaces, para que disfrutéis con él lo mismo que hago yo. Sé que os haríais fieles adeptos de sus escritos. Pero ella lo ha decidido así. De todos modos, si no sois de su entorno podéis mandarme un email y os doy la dirección, sé que no os arrepentiréis.
Raquel es alguien especial. Siempre con la palabra adecuada, los ánimos preparados y los abrazos entregados. Con los brazos abiertos a cualquier propuesta, con una fuerza inusitada, un carácter intenso. Me gustan las personas así. Con arrebatos, para bien y para mal.
Y a mí me ha dado mucho. Mala suerte la mía que empecé a conocerla bien y abandoné Madrid. Pero no descarto que cuando vuelva (que sigo sin saber cuando será) nuestra amistad crezca como merece.
Además, es amiga de mi adorada S., de una de las personas que más (por tiempo) y mejor (por calidad) me conoce. Y tiene al lado a un genio loco, como R. Impagable.
En fin, que quiero dejarte aquí esta maravilla de canción de tu Manolo García. No sabía si ponerte a Manolo o una canción de El Último. Supongo que eres más del grupo, pero me apetecía esta musiquita. Va por ti, va por nosotras...
Han pasado ocho días (hoy es el octavo), y las charlas vuelven al trabajo.
Y aparentamos normalidad para ocultar que ésta se fue el viernes pasado.
Hablamos del tiempo, de la tele, de la mierda de empresa en que trabajamos.
Pero no podemos hablar de ti.
No dudo que en cada uno de nosotros hay una imagen rondando. La última vez que hablamos, o te vimos, o reímos, o nos enfadamos.
Pero todos callamos, y no hablamos de ti.
Tu adiós es un tema tabú. Nadie se pregunta ya por qué sucedió, cual fue la causa que lo motivó, si esa meningitis o cualquier otra cosa.
Es insustancial. Tu vacío se llena con tus recuerdos. Y sin embargo no hablamos de ti. Esos recuerdos afloran para cada uno, y sí, en ocasiones algunos intentamos nombrarte para mitigar el dolor interior que sentimos.
Una semana sin ti. Luchando por la rutina, pero incapaces de mostrarnos.
Nunca te vamos a olvidar, tenlo claro. Pero comprende que, al menos de momento, no seamos capaces de hablar con naturalidad de ti.
Una baja al pequeño supermercado de barrio, justo en la esquina, a comprar leche para el desayuno, y recibe golpes de todo tipo de la viejecita de turno (y no tan viejecita ni mujer, que también hombres había peleándose) en busca de la patata perdida.
Nos hemos vuelto locos. Me saca de quicio este país, la desinformación, la cólera, la prisa que entra, los nervios y los ataques de mala educación y falta de respeto.
Si usted quiere llenar la nevera porque va a llegar la Tercera Guerra Mundial hágalo, pero no es necesario empujarme, colarse ni dar codazos, de verdad que no. Que hay alimentos para todos, que usted no podrá comerse, en el próximo mes, todo lo que está comprando.
Es la guerra, sí, pero la guerra de la mala educación.
Cada día me gusta menos España, o mejor dicho, cada día me gustan menos algunos españoles. Seres engreídos que han empezado a tener dinero y no saben cómo gastarlo. Más humildad hace falta, y más respeto, pero eso no se compra. Eso se tiene o no se tiene.
Pero bueno, sin matar a nadie, y con unos cuantos rasguños ya estoy en casa: con mi brick de leche y mi Nesquick preparado para tomar.
Ah! Y con medio depósito de gasoil!! Tendré que matar a alguien por una garrafa? Tengo miedo! (MODO IRÓNICO ON, por favor).
Loli se ha ido, y nosotros nos quedamos hundidos. Intentando asimilar lo imposible: que una niña de 22 años, toda alegría y sonrisa, ha perdido la vida.
Loli se va y nosotros nos refugiamos en los abrazos cálidos y reconfortantes, en palabras, en los recuerdos de los momentos que cada uno compartimos con ella. Y nos quedamos con todos sus sueños, sus ilusiones y sus planes de futuro.
Nuestra mascotita del departamento se va y nos deja su sonrisa grabada a fuego en los corazones.
Loli, no sé donde estarás, no sé nada, no entiendo nada, pero quiero agradecerte que me escucharas siempre, y que me hicieras reír tanto.
Vivimos ese mágico concierto de Héroes del Silencio en Sevilla, en lugares distintos pero en ese mismo estadio de La Cartuja. Y nunca jamás te olvidaré.
Da igual que sigamos en esta empresa o no, que cojamos llamadas o demos puntos. Lo que sé es que el 4408 se ha quedado cojo, manco, vacío. Tu silla se ocupará, pero tu recuerdo deja un hueco imborrable.
Injusta vida esta que no mira las edades ni los sentimientos, que no sabe de cariño ni amistad, que no distingue entre buenos y malos. ¿Qué hacemos ahora nosotros sin ti?
Siguen cayendo lágrimas por nuestras caras, nos despedimos de ti, pero ya nunca nos soltaremos la mano. Gracias a ti.
Una obra maestra. Del disco de Joan Manuel Serrat "A Miguel Hernández", de 1972.
Una maravilla de canción, un grandísimo poema de uno de los mejores poetas españoles,quizás menos reconocido de lo que debiera, el genio de Orihuela, Miguel Hernández.
Espero que os guste la canción, la música, la letra, la poesía, tanto como a mí.
Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol caudal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho; dan espuma mis venas y entro en los hospitales, y entro en los algodones como en las azucenas.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan ella pondrá dos piedras de futura mirada y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida Porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida.
Grand Theft Auto. ¿Quién me iba a decir a mí, a mi edad, que me iba a enganchar tanto a un juego de este tipo?
Pues sí, he caído en las garras de las armas poderosas, los coches robados a base de puñetazos y las partidas infinitas en el Live contra rivales de cualquier lugar del mundo.
Grandes mañanas de mayo las que compartimos D. y yo con este juego y nuestra Xbox360.
¿Quién dijo que las apuestas no podían ayudar a hacer mejor tu vida? Gracias Bwin por financiarnos la consola ;)
En fin, que os dejo. Tengo que seguir limpiando la ciudad. Si tengo tiempo volveré por el mundo real, mientras tanto buscadme en lo virtual.
Es lo que necesito, una tregua. O lo que es lo mismo, unas vacaciones. Y regresar con los míos, que hoy me necesitan. Y sentirme protegida por mi madre.
Cuidado, que ya me siento muy protegida y necesitada por D., pero quiero una tregua, y si es a su lado mejor que mejor.
Ánimo chache, ánimo a todos los que sufren y dan todo por no hacerlo.
15 de mayo de 2002. Entre aplausos, ovaciones, alegría y entusiasmo el Madrid se coronaba por novena vez en su historia Campeón de la Copa de Europa.
No podía ser de otra forma: el patrón de Madrid, San Isidro, empujaba con fuerza a Zidane para meter uno de esos goles que pasan a la historia, por su belleza pero sobre todo por su repercusión.
Fue quizás la victoria menos brillante de la Champions (después de ganar en otras ediciones en la final a Juventus y Valencia), ante el Bayer Leverkusen alemán, en Glasgow.
Recuerdo ese día sin especial felicidad. Al contrario que en las otras dos finales no la viví con mis amigos, sino con mi hermano y los suyos. Llegamos además tarde, perdiéndonos casi el primer gol blanco. Además, ese día fui especialmente injusta con mi padre, en el día precisamente de su santo. Y aunque yo no lo sabía, eso me va a acompañar toda la vida, porque me quedaba menos de un mes para compartir junto a él.
Por eso no puedo celebrar este día, aunque debería. Porque además de ser San Isidro, fiesta en mi ciudad natal, sexto aniversario de la Novena y bla, bla, bla, sobre todo también fue el día que ví por primera vez a D.
Fue en un concierto de Bersuit, en Gruta 77, en Carabanchel, y nada hacía presagiar que todos mis pasos posteriores estuvieran acompañados por su eterna sonrisa. También ese día conocí a la inolvidable S., maravillosa persona que ocupa un lugar preferencia en mi corazón. Y estaba mi querido "hermano" A. Aquel que desde mis 3 años sigue a mi lado, de una u otra forma, recordándome quien soy.
Porque noches como la de hoy estoy un poco perdida. Cuando pasan pocos minutos de las 12, el día se ha convertido en San Isidro y yo me siento tan sola.
Seis años después de la Novena. Mis preocupaciones son otras, mi trabajo también, mi ciudad, mis amigos, mi casa, mi coche, mi novio. Todo y nada. Todo nuevo, nada se mantiene. Porque ninguno de los que estábamos entonces somos iguales, ni de lejos, a los de ahora. Por supuesto más mayores, más maduros, más apagados.
¿Recuerdas M. aquello de que ya no sonreías igual? Yo tampoco, yo de hecho sonrío mucho para mí, o para él incluso, pero no sonrío como antes, como cuando R. me dijo que tenía una sonrisa muy característica. Ya no lo es, porque no aparece mucho. La vida pasa, y el tiempo nos hace perder alegría. Y aunque a grandes rasgos soy feliz cuesta mostrar esa felicidad como cuando éramos niños. Y es que es difícil decidir liarse la manta a la cabeza y reir a carcajadas, y saltar en los charcos, y correr por las calles sólo por correr, brincar, bailar, ser feliz. A cambio ofrecemos nuestra imagen más tópica, típica y seca. Somos mayores, y yo quería seguir siendo niña.
Como cuando saltaba los escalones de mi urbanización de cuatro en cuatro, o cantaba a cada instante una canción, y corría por los jardines sólo para llegar antes... antes a qué? antes que quien?
Sí, esta noche es una noche triste. Pero mañana cuando me despierte seguirá siendo San Isidro, y pensaré en la verbena de mi ciudad, en lo bien que lo pasé algún año paseando por esos lugares tan emblemáticos del paisaje de mi Madrid. Y recordaré cómo canté el gol del gran Zizou. Y que hace cinco años se cruzó en mi vida un malagueño con un pañuelo rojo en la cabeza y una sonrisa eterna. Y cómo me enamoré de él y hasta hoy eso no cambia. Y con eso deberá ser suficiente para alegrarme de que sea 15 de mayo, aunque esté a más de 500 kms del sitio donde debería estar hoy, al menos hoy. Sin embargo todo eso será por la mañana. Esta noche toca llorar, toca rememorar, y sufrir un poquito. Porque me siento algo sola, y encima escucho una canción en la que no había reparado. Su letra me sacude, demasiado para esta noche sin estrellas.
Que cuando me vaya... de aquí De mi tierra, de mi gente De mi tierra, la que me vió nacer La que me vió crecer, la que me vió ganar Y me enseñó a perder
Esperaba más éxito en el post de los presidentes del Gobierno y la letra "zeta", pero supongo que habrá muchos que habrán pasado de leerlo, porque creerán que tenía connotaciones políticas, y luego están los que directamente nunca responden. En fin, a otra cosa mariposa.
No está siendo el mejor fin de semana en cuanto a "resultados". Estos, como tal, bastante malos: derrota de Unicaja, enésima derrota de los malagueños; y derrota del Málaga, dolorosísima, porque nos entra un miedo importante.
Además, se suponía una gran jornada ayer, con aquello de la Noche en Blanco. Decepción total. Sí, porque habíamos tenido la inmensa suerte de vivirla en París (bueno, casi, porque mi maltrecho pie nos impidió disfrutarla, pero verla, lo que es verla, sí que lo hicimos) y encontrarnos con la nula publicidad del evento en la ciudad (no ví ni un sólo cartel), con la mala organización, con la poca iluminación de los edificios emblemáticos (lo de la noche en blanco digo yo que también irá por eso, no?), y la incesante aunque levísima lluvia, hicieron que la noche no fuera como esperábamos. A eso se une que ya teníamos prisa desde antes de salir porque D. tenía ciertas obligaciones laborales que cumplir. Total, que acabamos junto con unos amigos en una tetería. Bien, entretenido, ricos los crepes y los batidos :)
Y sigue este fin de semana triste. A las 6 y poco nos hemos despertado. He llevado a D. a la estación de trenes para que cogiera un AVE con destino a Madrid, para lo que os contaba de sus obligaciones laborales. Todo el día sin él. No pasaría nada sino fuera porque es domingo, y vamos, porque quiero pasar cada segundo con él, que es el que me consuela y me hace reir.
Así que hace un ratito llamo a mi madre, para ver cómo van las cosas por los Madriles, en mi casita, y me cuenta una historia rocambolesca de una prima mía. Y mi enfado ha ido en aumento, porque esa prima asquerosa es una mentirosa, y cuando a mí me meten en una mentira y no puedo defenderme se me ocurren millones de venganzas. Conclusión: estoy triste y tremendamente cabreada. Se me pasará pronto, claro que sí, pero me encantaría que la gente tan mentirosa pagara sus mentiras, de la forma que fuera, y si puede ser quedando en ridículo mejor. Pedazo de mentirosa...
Ays, qué desahogo. Esto de tener un blog cuando una está solita en casa es una delicia, eh.
Que el domingo acabe bien. Sed bueno... y comentad, que todavía es gratis.
Hoy ha muerto Leopoldo Calvo Sotelo. Descanse en paz. Sin duda un momento para reflexionar internamente, y agradecer a este personaje la labor efectuada para vivir una transición ejemplar
Si no me equivoco es el primer presidente de la democracia que fallece, no?
Pues voy a ser una oportunista increible.
Hace meses, cuando nos encontrábamos en pleno proceso electoral, una de esas tardes gloriosas de charlas con mis compis salió una pequeña anécdota. A fuerza de ser sincera no sé quien lo dijo antes, juraría que fue Ángela la que lo dejó caer...
¿Os habéis fijado que todos los presidentes del Gobierno, desde la democracia, tienen una "zeta" en su apellido?
Esta idea inicial descartaba al pobre Calvo Sotelo, cierto. Pero ahora podemos refrendarla: ¿Os habéis dado cuenta de que todos los presidentes del Gobierno, desde la democracia y aún vivos, tienen una "zeta" en su apellido?
Aquí lo tenéis: - Adolfo Suárez - Felipe González - José Mª Aznar - José Luis Zapatero
Curioso cuanto menos...
Pues otra vuelta de tuerca. ¿Os habéis fijado que todos los presidentes del Gobierno, desde la democracia y aún vivos, tienen una "zeta" en sus dos apellidos?
Ahí está la muestra: - Adolfo Suárez González - Felipe González Márquez - José Mª Aznar López - José Luis Rodríguez Zapatero
Mmm, da que pensar. Entonces, divaguemos sobre el futuro. ¿Sabéis otro ejemplo que podría cumplir esta premisa en el futuro? Lo dejo y me voy, los comentarios para vosotros: - Rosa Díez González
Bien, llego tres días tarde. Pero es que esos tres días han sido de tal ajetreo que no he tenido ni un respiro para ponerme enfrente del ordenador y situar mis pensamientos.
Suena "Pasaba por aquí" en una versión de Castillo Blanco (Mexicanto).
A lo que iba:
25 de abril de 2008. Esta era una fecha que para mi padre debía estar marcada en letras de oro. Toda una vida trabajando (desde los 11 años) para que ese día llegara la ansiada jubilación. Un momento de inmensa alegría, horas de ocio, más tiempo de descanso, libros, películas, fútbol, mucho deporte, paseos por la playa, estar sentado en el sillón al lado de mi madre, ir con ella a uno y otro lado.
Ese día debería haber estado marcado a fuego, vivido a tope, soñado como el mejor de nuestros días.
Y sin embargo el 25 de abril de 2008 conocí al hijo de mi prima M., el pequeño Marquitos, que ese día celebraba su santo. Fuimos a Calahonda, mi madre, mi hermano y yo. Luego estuvimos comiendo en Rocamar, con mi D. Compramos helado en "Inma", me mareé, pasé una tarde insufrible en el trabajo, cenamos de nuevo juntos los cuatro. Y no hubo ni un atisbo de felicidad.
Porque ese día, ese 25 de abril, mi padre habría cumplido 65 años. Pero no lo hizo, y no volverá a cumplirlos. Y nunca más un 25 de abril será un día que celebrar. Porque sin él, ¿qué sentido tienen los cumpleaños?, ¿la Navidad?, ¿su noche favorita, la de Reyes?, ¿una victoria del Madrid?
El vacío que él dejó es mayor que cualquier otra felicidad. Su ausencia me acompaña cada día. Intento hablar con él, pero ese simple intento me sirve sólo para derramar lágrimas. Como ahora mismo. Porque tenía que haber compartido aún tantas cosas con él, haberle escuchado más y más. Recuerdo su risa, sobre todo su sonrisa; recuerdo su olor, su cara de alegría. Le recuerdo cada segundo. Va conmigo donde voy, pero me falta. Y odio los 25 de abril. Y odio no poder llamarle y felicitarle.
Odio que ayer en el Bernabeu se me escaparan de nuevo unas furtivas lágrimas pensando en él.
Odio que mi madre se haya quedado sola.
Odio que no esté ahora al lado de mi hermano, ahora que lo necesita tanto.
Odio no poder contarle mi viaje, mi vida, mi todo...
Odio llorar como lo hago por su ausencia. Y es que papá, como ya dije alguna vez: en tu ausencia no existo. Te quiero, siempre.
Mi pantalla del ordenador se ha vuelto azul. Pero no me importa.
Hace unos meses ni siquiera tenía ya ordenador. Mi portátil pasó a mejor vida sin despedirse de mí, después de todos los buenos ratos que habíamos pasado juntos. Y sin mediar mucho tiempo le sustituí. Sí, sin pena, sin dolor. Si él se había ido sin avisar yo no me iba a quedar parada esperando que otro apareciese.
Sustituí mi viejo portátil por un nuevo y flamante ordenador de sobremesa, clónico, hecho a mi imagen y semejanza, con mis gustos y mis fobias.
La pantalla -esa misma que ahora está azul- me la prestaron (a fondo perdido, todo sea dicho, ya que no quieren recuperarla) desde la casa de mi príncipe D.
Y aquí estoy ahora, con una pantalla azul, que me permite de todos modos disfrutar de todo (excepto quizás de las fotografías, porque ya no distingo bien cual es el azul del mar y el del cielo). Pero no me importa.
Ha sido una semana intensa. Y esta que está empezando no lo es menos. Intensa por las visitas que han venido, se han ido y llegarán.
Intensa porque he visto series, películas, fútbol, baloncesto e incluso una obra de teatro ("Salir del armario", muy divertida, y tras la cual conocí a José Luis Gil, el famoso Señor Cuesta de "Aquí no hay quien viva").
Intensa porque he tenido momentos interesantes a nivel social, recalcando la magnífica partida de Tabú, con Flexicoco, D., P. y S.
Ha sido intensa porque mi cabeza nunca descansa, y me planteo mil cosas, las abandono y las retomo. Pienso, reflexiono, me como el coco, afirmo, niego. Y no llego a muchas conclusiones... o tal vez sí, pero son feas. Y las escondo en algún rincón para intentar olvidarlas, y vivir sin ellas. Sin embargo vuelven. Sea la pantalla azul o no. Los días no son grises ahora, pero tampoco son tan azules como mi pantalla. No es mi culpa, creo esta vez. Querría cambiar ciertas cosas, supongo que a ciertas personas. Ponerme enfrente suya y gritarles: "eh! Despierta, ¿somos amigos o es parte del pasado?". Pero no tengo valor, ni ganas ya. Supongo que me he cansado de tirar del carro de las llamadas, los emails y los sms. Es su tiempo, no el mío, y quizás entonces ya no sea ni siquiera nuestro tiempo.
Mi pantalla es azul, mi días no son grises. Mi vida es lo más parecido al color rosa.
"Y dame una risa como la de ayer, cuando los momentos eran siempre diferentes. Y abre tus ojos y me encontrarás con la misma entrega, con la misma voluntad"
Pero como ellos decían, Presuntos Implicados, nunca es para siempre.
Ahí lo dejo, ¿cuantas reflexiones posibles en estas frases, verdad?
¿Cuántos "adioses"?¿Cuántos "hasta pronto"?
Nunca es para siempre, o quizás sí.
Yo sigo creyendo, porque mi amor hacia algunas personas es para siempre, aunque ellos ya no me quieran a mí, ja ja.
Llegan días familiares, días de visitas y desenfreno.
No se para, no hay stop, sólo planes y más planes.
Me gusta y me estresa. Me gusta más que me estresa.
Mi casa se llena, deja de ser ese oasis de paz, ese sitio de mi recreo, y pasa a convertirse en un hogar, con calidez, charlas, discusiones y una niña pequeña, mi primita N.
Hacienda no me devuelve un duro, pero el mes de abril me trae cosas mejores.