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El fin de los días grises

La desbandá

Merece la pena leerlo. Siempre, y en ocasiones más aún: www.buscandounideal.com

Un regalo para las palabras...

Y de propina...

No salgas de casa y hagas algo que te puedan reprochar.

Si no era suficiente con ser famoso y que todo el mundo pudiera hablar de ti por cualquier actuación o presencia en un medio público, ahora también una camarera aprovechada y hábil se ha permitido el lujo de escribir una novela -seguramente insustancial- en la cual incluye fragmentos de sucesos reales, como el "interesantísimo hecho" de que Gwyneth Paltrow apenas deje propina. "Gwyneth Paltrow vino al bar. Quería decirle que yo había estado haciendo una lista donde ella aparecía, pero Gwyneth no era tacaña, sólo estúpida. Pensé que probablemente no podría calcular el 15% (porcentaje de propina que suele darse en Nueva York)". Carga contra Madonna, otra tacaña más, contra Paul McCartney, por estar demasiado borracho para dar propina, contra Barbra Streisand o Kelly Preston (la mujer de rojo, también esposa de John Travolta), por no ser demasiado estiradas.

Estoy aburrida de los aprovechados, y cansada de tener que dejar propina por un servicio. Coño, no me hacen ningún favor, simplemente me atienden. A mí en mi trabajo nunca nadie me ha dado una propina, y me parece lo normal. ¿Por qué hay que abonar un servicio extra, que no debería ser obligatorio, y si no se hace ya pueden hablar mal de ti?

Pues que hablen mal de mí, pero por mi parte se acabó lo de dar propinas. Es su trabajo, lo siento, no tengo que ser yo, o tú, o él -famoso o no- quien sufrague el sueldo que su jefe no le da.

Mala suerte.

Los defectos y excesos (I)

Me falta algo del orgullo que otros tienen.

Me falta amor propio y más mala leche de cara a los demás.

Me sobran las continuas protestas ante los de siempre, que se comen todos todos mis malos ratos.

Me faltan mis amigos.

Me sobran algunas compañeras de trabajo.

Me falta hacer ejercicio.

Me sobra comerme la cabeza por una cosa, y por otra, y por otra más, por todo.

Me sobra espacio en el ordenador para llenarlo de archivos.

Me faltan cosas que bajarme.

Me falta tanto... me sobran buenas intenciones.

Tuyo o mío

Como debe ser. Sonrío por estupideces, sin conocer el motivo, y me enfado con el mundo porque no estoy en el lugar que creo merecer.

Son paranoias y como tales me pertenecen. Y quien quiera entender... que se compre una moto.

Ni yo sé lo que digo, ni yo sé si debo decir algo.

Pero me apetecía escribir y teclear las letras aún tan nuevas.

Dame un abrazo y hazme olvidar las tristezas, comparte conmigo la alegría de no vivir en otro lugar, de ser quienes somos y de estar como estamos. Sigo sin entender, sigo sin explicarme.

¿Es el cielo? No, es el manicomioooo

Lo habréis visto ya seguramente, pero os ruego encarecidamente que volváis a verlo y os fijéis especialmente en ese momento del título.
Aún me estoy riendo... y además os escribo por fin desde mi ordenador y mi conexión a internet: EN MI CASA!!!

Ni libre ni ocupado

Ni libre ni ocupado (http://taxilibre.imagina-web.net/) es el blog ganador del concurso de 20 minutos, pero sobre todo es el blog de un antiguo amigo. Cambiado, pero en el fondo leyéndole sigo reconociendo a Dani Díaz, ese loco técnico de sonido de Radio Libertad, con el que tan grandes momentos he pasado.

Enhorabuena Dani, y sigue sin agregarme a tus enlaces, que te ha dado suerte. ;)

Os lo recomiendo, pero ahora ya no tiene mérito. Lo que sí lo tiene es haberle conocido en aquellos tiempos, irrepetibles e inolvidables, esas noches en Cartoon y alguna que otra "noche de las estrellas" en Denia, cuando ambos estábamos realmente perdidos en esta vida.

Hasta pronto!!!

Hace calor...

Hace calor...

Llega el calor, y olvido que he pasado frío, que las mantas fueron mis amigas íntimas y que la estufa adornaba mi salón, como un cuadro más.

Ha llegado el calor, y olvido la ropa que me tapaba, y me desnudo ante la vida, sin mostrar ni un ápice de mi cuerpo, porque el pudor es mayor que la sensación se sofoco.

Con el calor se va el frío, paradoja y perogrullada, a partes iguales. Y llegan más caras felices, porque pensamos en los largos paseos a la orilla de la playa, las maravillosas noches de verano, el ardor de las pasiones y el frío del hielo en los labios.

Hace calor, y yo voy al reencuentro de los míos, un fin de semana más. Para un bautizo, aunque cualquier excusa sería perfectamente válida.

Viajar en mi coche con D., hablar, cantar, discutir, en nuestro trayecto. Ver a mi madre, ver a mis amigos. Pasar la tarde-noche con ellos, entre carcajadas y recuerdos.

Ha llegado ya el calor, mi cuerpo lo siente, y los planes se agolpan. Las palabras también, aunque este blog parezca indicar lo contrario. Tengo tanto qué decir. Tantos adioses, tantas bienvenidas, tantas certezas... y tanta incertidumbre.

Hace calor...

25 de abril

Ayer le hubiera regalado unas cuantas películas, dvd's de todo tipo, piratas y originales, eso daba igual. Para que pasara las horas muertas delante de la televisión, riendo y llorando, emocionándose, alterándose, viviéndolas como si fuera él el protagonista.

Me hubiera encantado regalarle libros, de cualquier temática, preferiblemente novela histórica, para que luego me contara lo que había leído y cuanto le había gustado.

Hay tantas cosas que le habría regalado, pero no voy a hacerlo. Ni ayer, ni el próximo año. Sólo llenaré mi cabeza de ilusión por lo que habría regalado a mi padre por su cumpleaños, para de nuevo caer en la cuenta que ya no tengo ocasión de preocuparme por hacerle ningún regalo.

Qué de palabras querría haberle regalado...

Anarquía

Anarquía

Mi portátil ha muerto. Ha caído en acto de servicio, y puede que no haya forma de resucitarlo.

A veces pienso en lo increiblemente fascinante y feliz que sería el mundo si, quizás con un beso, pudiéramos resucitar a las cosas... y a las personas. Utoía, sueño, fantasía.

Lo que decía. Mi portátil ha muerto, y con él las pocas, pocas opciones de escribir.
El mundo cibernético ha desaparecido de mi vida a pasos agigantados. Y lo echo de menos, pero mi dinero es inferior a las ganas. Vosotros me comprendéis.

No sé cuando, dónde ni cómo podré hacerme con un nuevo ordenador, así que volvió la época de los libros, los dvd's, la soledad conmigo misma, conociéndome y queriéndome.

Empieza la Semana Santa, las procesiones, la fe, todo aquello que nunca formó parte de mi vida, quizás por vivir en una gran ciudad, o tal vez porque simplemente en mi familia no hay tal devoción por nada, nada, nada, más que por el núcleo fuerte de la familia.

Me sorprende todo lo que mueve en una ciudad como Málaga. Calles cortadas, planes cambiados, rutas alternativas, todo en torno a un trono, a una imagen, a una promesa en fin. Lo cierto es que lo respeto, pero casi sin empezar ya estoy harta de no poder llegar por el camino habitual a mi casita, o no tener sitio para aparcar, o aplazar tal o cual plan por no "deber" coger el coche.

Así que me voy. El viernes santo me marcho a Denia, que ahí aunque haya procesiones a mí no me impedirán hacer lo que quiera. Y me muero de ganas por eso: por hacer lo que quiera. ¡Anarquía!

Todo tiene su fin

Esta canción marca un momento importantísimo en mi vida. El final de un ciclo, de una historia preciosa, de una amistad en "triunvirato", de algo hechizante que acabó partido por la mitad.

Es un viaje final, una despedida sin saberlo, un coche nuevo, Asturias, la música alta, las ventanillas bajadas, el viento en nuestras caras.

Fue un último viaje juntos: D., R. y yo. Oviedo como centro de operaciones, la sidra como compañera, llamadas interminables de D. a su novia I., ver fugazmente a P. (para una vez que voy a su ciudad).

Recuerdos imborrables, discusiones muy feas. Al final de todo quedó una sonrisa, marcada por un atasco interminable en nuestro regreso a Madrid.

Sin saberlo, o quizás sí, ahí se acabó nuestra historia. Nuestros caminos se fueron separando, incluso hoy cada uno seguimos en otra ciudad de España. Echando la vista atrás me entra la añoranza, esa nostalgia que no sabe si hacerte sonreir o llorar. Fueron unos años preciosos y un viaje increible como colofón.

En Oviedo se selló el fin de una de las historias de amistad más bellas jamás escritas. Al menos para mí, y digan lo que digan.

Han sido dos de los mejores amigos que nunca he tenido, y al menos R. sigue siéndolo. D. está más perdido, o más bien fui yo la que me separé de su lado. No sé bien porqué. A veces huyo.

Fueron días muy bonitos, preciosos, y siempre que escucho esta canción de U2 recuerdo esa carretera, sus sonrisas, sus caras, sus abrazos. Nuestra amistad. Joder, qué bonito era aquello.

A media luz

No me acabo de leer ningún libro, no termino ninguna película, ni llego al final de casi ninguna serie.

Dejo algo de comida en los platos, la cama a medio hacer y la persiana a medio bajar (o subir).

Nunca termino de limpiar la casa, ni empiezo a limpiar el coche, jamás acabo de pintar la casa.

Incluso este blog se ha quedado a medias. También por eso nunca me separo del todo de los míos, de nadie, de todos...

Dos años en Málaga

Que el tiempo pasa rápido es un tema recurrente, de este blog y de la vida.

El tiempo a veces vuela, y en otras ocasiones ni siquiera somos conscientes de su paso, lo notamos rasear, pasar a nuestro lado sin apenas percibirlo.

Han pasado dos años desde que hice la maleta y me enfrasqué en una de las grandes aventuras de mi vida. Aunque la gran aventura de mi vida va ya para tres años.

Lo que decía: hice la maleta, con ilusiones, miedos, nocturnidad y alevosía. Sin despedidas, porque “nunca hay un adiós total entre dos ñeris”. Unas cenas para corroborar que había perdido la cabeza, pero que no debía dejar pasar la oportunidad, unos emails para contar a todo hijo de vecino que me iba, sin billete de regreso.

Ahora mismo no sé cómo me atreví. Me vine a ciegas, a un piso compartido con una compañera que me salió rana, pero a compartir mi tiempo con D., y ahí me salió príncipe.

Dos años que han dado para mucho. Para adaptarme, para llorar, para reir, para enloquecer, para emparanoiarme, para conocer algo de mí que no me gusta y que intento desterrar, para crecer, para envejecer, para encontrar trabajo donde no pensaba hacerlo, para que me guste y sueñe con seguir avanzando.

Han dado para tanto… que a veces parece que nunca estuve en otro sitio.

Y sin embargo extraño tanto. Es ley de vida. Eliges, y puedes acertar o equivocarte. Yo he acertado, soy plenamente feliz (hasta donde puedo serlo). Sabes que en las elecciones siempre puede haber damnificados. Pero yo confío en que ellos sepan valorar más mi alegría que la pena de no estar juntos.

He pasado unos días extremadamente felices. Me he sentido muy respaldada, y a la vez comprendiendo qué difícil es la distancia. Aunque bueno, nada que no se puede superar con ese maravilloso tren que en cuatro horas (sólo cuatro!!!) os trae hasta mi casa. ¿No tardamos en Madrid a veces más de una hora en llegar a alguna cita? Pues anda, ahorrad, madrileños y no madrileños, y animaos a visitarme. Que mi casa es la vuestra, que mi felicidad os espera y os necesita para ser más completa.

Dos años en Málaga. Dos años de una nueva vida.


La luna hasta tu cama...

Aparezco por aquí, poco y sin ideas, pero con ganas de mostrar algo que quizás esté muy visto, pero no tiene fecha de caducidad.

Me voy de nuevo, sin billete de regreso, y para la ausencia os dejo el mejor regalo posible.

Fue un 18 de noviembre, fue en Madrid, fue "Paloma", fue Andrés, fue un sueño y fue volando.

"Si me olvido de vivir colgado de sentimiento, voy a vivir para repetir otra vez este momento"

Que la vida me guíe

Me pongo el portátil sobre las piernas, de fondo un partido de la Liga Española televisado por un canal costarricense en directo. Abro el Word y me propongo escribir para mi blog.
Pero me cuesta demasiado. Los días se salpican de pequeñas anécdotas que adornan mi vida, pero que no son suficientemente literarias como para incluirlas en un blog. Porque quizás busco contar historias más originales, más divertidas, menos cotidianas.
A fin de cuentas lo cotidiano es lo que tiene, que no es suficientemente interesante para los “ajenos”.
Mi trabajo. Un nido de series variopintos, como corresponde a cualquier trabajo. Me encuentro con gente interesante, gente que ofrece una conversación que no gira exclusivamente en torno a sus movidas con el novio o las mechas que se han puesto. Aunque claro, esa gente interesante es la menos.
Extraño a mis amigos. Añoro esas tardes de vinos en el Bacchus con esas amigas que ya han desaparecido definitivamente de mi vida. Echo de menos las cenas, ya fueran en el Vips o en el Foster’s Hollywood que más veces estaba cerrado del mundo, con amigas auténticas, que siguen al lado, con una niña preciosa rodeándonos y muchos ánimos, porque no siempre las cosas vienen como querríamos.
Me encantaría volver más aún al pasado, sólo por un día, para poder sentir de nuevo la tonta emoción quinceañera de prepararme para salir a tomar unas copas (siempre sin alcohol para mí). Empaparme de música, llenarme de charlas en el metro, y paseos acompañada de pensamientos sobre lo que creíamos que sería nuestro futuro.
Y es curioso, pero me encanta la vida que llevo ahora. Me gusta compartir, compartirme, con esa persona que me hace sonreir a diario, que me cuida, que me mima, que me quiere, y no se cansa de decírmelo, y demostrármelo.
Tengo ganas de que llegue el fin de semana , y volver a Madrid, para estar con mis amigas, con mis amigos, con S., sorprendiéndome por lo increíblemente bonita que es la niña de nuestros ojos, para ver un nuevo Atleti-Madrid y reírnos sin parar, como siempre hago con este grupo que tengo la suerte de conocer desde hace décadas.
Y volveré a mi casa, volveré a mis orígenes, y me dejaré llevar por las emociones de sentir el calor familiar. Los olores, el tacto, el pasado. Y quizás las ganas de escribir.
Tal vez sea hora de empezar a plantear un cierre de los días grises. Y comenzar un nuevo proyecto. O tal vez no, puede ser… puede ser que la vida me guíe…

M.

Estoy agobiada, muy muy agobiada. Y no es por mí, ni por nada que me concierna directamente, o al menos nada en lo que yo pueda colaborar.

Estoy agobiada por haber sentido de viva voz el sufrimiento de M., un amigo como pocos, como ninguno más bien. A veces las palabras reflejan muchas cosas, pero juro que hasta que no le he oído no he comprendido el empaque del problema. Y es grande. Porque a mi M. se le ha borrado la sonrisa como nunca, se le apagan las palabras y se le borran los sueños. Y yo no voy a permitir que eso pase y le vea alejarse, hundirse, temerse.

Me ha desconcertado su voz tan tenebrosa, tan seca. M. no es así. M. es alegría, locura, esperanza, sueños utópicos, pero sobre todo M. siempre ha sido ilusión, al menos para mí. Y fuerza, la que te daba cada abrazo suyo.

Mi madre siempre recuerda a M. por sus abrazos, en un día tan duro como cuando estábamos en el tanatorio junto a mi padre. Y cómo olvidarlos? Yo tengo la suerte de haberlos recibido en multitud de ocasiones, riendo y llorando, aunque casi siempre riendo. Esos abrazos bárbaros (en la acepción más argentina posible), por los cuales casi todas sus amigas se quejan, y con los que yo tanto disfruto.

Porque me hacían sentirme protegida, querida, necesitada.

M. da todo, da demasiado, tanto que jamás encontrará recompensa. Si tuviera que elegir cinco personas para estar con ellas en una isla desierta el resto de mi vida no me cabe ninguna duda que él tendría su lugar.

Porque ahora me falta pero sé que le tengo. Pero sólo pensar en que me faltara de verdad, que M. no existiera o nunca más le pudiera ver esos ojos tan vivos... se me cae el mundo.

M. es imprescindible, como pocas personas lo han sido, son y serán. Porque me dio y me da todo, sin recibir nada a cambio, sin exigir, sólo aconsejando a que vaya por un camino más correcto. Porque siempre ha creído en mí, y me ha apoyado, aunque no me lo mereciera o mi elección pudiera hacerle daño.

Quiéreme M., no dejes de quererme, porque la felicidad que yo he podido sentir estos últimos tiempos se apaga como una cerilla si tú no tienes fuerzas ya siquiera para seguir queriendo.

Vuelve a sonreir, vuelve a soñar, vuelve a ser ilusión... porque sin eso yo también me rindo, te lo prometo: me rindo Marcos.

El redil


El niño tumbado en la cama, intentando descifrar a media voz unos apuntes, intentando al mismo tiempo que esas vagas ideas se graben en su cabeza.

La calefacción a mi lado, que aunque en Málaga el temporal ha sido benigno comparado con otros sitios, el frío está ahí.

Intentando ver un partido de baloncesto en Canal 2 Andalucía, pero la señal viene y va, imposible concentrarse.

Y descubro que internet me va, pero que tambièn y perdón por la redundancia: viene y va. Y así no se puede.

Será por esto último que apenas escribo ya. Por ello, y porque mi tiempo está muy definido y no está marcado en la agenda el dejar unas palabras en mi blog. Lo tengo abandonado, lo sé, va creciendo hierba y no me da el dinero para pagar al jardinero. Y mira que decían "no dejes crecer la hierba en el camino de la amistad".

Siempre he confiado en que los buenos amigos son aquellos capaces de perdonar, sin tener que decirlo, que te separes del "redil" durante un tiempo. Aquellos que pueden con el tiempo y la distancia, que no necesitan palabra de ninguna forma, pero que al final del día, de la semana, del mes, del año, te acuerdas de ellos para decir: son mis amigos.

Tú sabes por qué lo digo, TÚ lo sabes. Y sé que ambos entendemos y perdonamos, sin tener que decirlo, nuestro alejamiento del redil. Porque al fin y al cabo no tenemos obligaciones, sino sentimientos, y el nuestro, nuestra amistad es mayor que cualquier otra cosa.

Escondidos

¿Somos más de lo que imaginamos? ¿Creemos ser menos de lo que somos? ¿Somos tal y como pensamos? Incluso me planteo otras dudas: ¿pensamos?, ¿somos?, ¿nos dejamos llevar?

"Que no te vaya bonito, que te vaya de muerte".
La Fuga.

Nos sobran razones para sonreir. La principal de todas es que despertamos a diario. Pero preferimos ahogarnos en vasos de agua. Urdir mil motivos para poner un gesto sombrío y recibir la palmadita en el hombro. Maldita compasión.

He pensado mucho estos días en las personas que tienen lo que no se merecen, para bien y para mal. Aquellos que no se esfuerzan y que se achantan ante todo, y aquellos que luchan hasta la extenuación pero las cosas nunca salen.

La pobreza, la miseria, el hambre, el miedo.

"A veces llega un momento en que te haces viejo de repente,
sin arrugas en la frente pero con ganas de morir".
Celtas Cortos

Envejecemos, y no es sólo cuestión de años, de horas, de minutos. Envejecemos porque borramos las sonrisas de nuestra cara, y nos teñimos de pavor adulto. Dejamos de emocionarnos con lo que lo hacíamos antes. Cambiamos las conversaciones sobre la amistad por las charlas sobre pañales y compromisos, hipotecas y familia.

Olvidamos las canciones, dejamos de hablar de música y cine, del partido de Ronaldinho o Robinho, de la fiesta en tal o cual bar.

Convertimos nuestra vida en una masa más, sin sabor, sin olor. Una comida que alimenta pero no agrada.

"Prendido a tu botella vacía,
esa que antes siempre tuvo gusto a nada.
Apretando los dedos, agarrándome,
dándole mi vida a ese para-avalanchas"
Andrés Calamaro

Sí, dicen que hay un mundo de sensaciones, tentaciones o yo qué sé. Ese mundo se aleja, todos nosotros nos estamos alejando del verdadero sentido de la vida. Seguimos escribiendo, intentando mostrarnos ante quienes nos leen, pretendiendo cada día ser un poco más "cool" que el anterior. Pretendemos tener más elogios, más palabras bonitas, y nos olvidamos que sólo son eso, sólo son palabras, que se agradecen, por supuesto, pero que nos recuerdan lo lejanos que estamos los unos de los otros, que sólo somos capaces de escribir en un frío teclado, ante una insensible pantalla, sin rozar la mano del que nos lee, sin mirarle a los ojos.

Nos distanciamos, y es triste, pero es ley de vida. Nunca querría reconocerlo, pero estamos tan tan lejos. Estamos escondidos.

Pasaba por aquí

Pasaba por aquí. Estoy sin ordenador, espero recuperarlo este fin de semana, y así cumplir de nuevo con mis obligaciones (y las que no lo son tanto, sino más bien devociones, como lo que me dijo la Niña C.).

Echo de menos escribir, mucho, muchísimo. Es un vacío que me inunda y en cierto modo me entristece. Pero esta vez no hay más solución que esperar que se arregle mi portátil y las teclas vuelvan a su sitio. Con ellas las palabras, las tildes, los puntos suspensivos y los pensamientos.

Os extraño. Ya queda menos.

A la primera persona

Os dejo para acabar el año con la canción que más he escuchado este último mes.

Sé que no compartiréis muchos mi opinión, pero fascinada me encuentro por este tema. Y desconozco los motivos ocultos que hay, pero más me fascina aún el vídeo y la cara de Alejandro.

Feliz 2007. Muy feliz

Pre-Nochevieja

Pre-Nochevieja

Aún no sé si escribiré un post despedida de este magnífico año.

Pero como no confío mucho en que vaya hacerlo no quiero dejar pasar la oportunidad de acordarme de ciertas personas.

De tres en particular. Tres que han venido a iluminar nuestras vidas, sobre todo las de sus padres, y que me han hecho feliz.

Bienvenidos a Carla, Alejandro y Sofía, por orden de nacimiento. Bienvenidos a este mundo tan raro de treguas rotas, hambre, destrucción y pena de muerte, pero también de amor, calor, amistad, sensaciones, sentimientos y alegría. De risas y llantos, de luz y oscuridad.

Este mundo ofrece muchas variantes, pero vosotros habéis tenido la inmensa suerte de nacer en el lado dulce de la vida, el lado amable, y tenéis junto a vosotros a personas que os quieren desde antes de abrir los ojos.

Sólo puedo daros las gracias, por las ilusiones que nos habéis regalado. Y por haber hecho de este 2006 un año increible.

(Si finalmente no escribo quiere acordarme de mi nuevo piso, mi nuevo trabajo, mi consolidación en Málaga, mi niño que me tiene loca, mis amigos de siempre y mis nuevos amigos. De lo feliz que he sido, que soy y que quiero seguir siendo. Y de lo importante que es adornar todo esto con salud).

Ha sido un gran año, a nivel personal, este 2006. Lástima que se va... hasta nunca amigo.

P.D.: para los más rebuscados, este Alejandro de aquí es el mismo Héctor del primer post que escribí en el 2006. Cosas de sus padres.