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El fin de los días grises

Paranoias

Treinta años y un día

Todas las mañanas me despierten besos!!!

Vaya días que he pasado. Llenos de cariño a raudales, de risas sin parar, de música, de bailes, de carvajales, de felicidad.

Ya se han ido. Los viajeros cargados de ilusión han regresado a Madrid y nos han dejado a la doble D con la tristeza a cuestas.

Pero ha merecido mucho, muchísimo la pena.

Quizás es cierto que cuando convives durante las 24 horas del día con las mismas personas, bajo el mismo techo, algo más de cuatro días, empieza a crearse un pequeño vínculo. Como D. me comentaba hace unos minutos, sabes hasta donde puedes llegar, entiendes sus ideas, conoces cuales son sus gustos, sus chistes... todo.

Bueno, decir además que mi treinta cumpleaños fue increible, maravilloso, inolvidable.

No paré de recibir el cariño de estas fantásticas cuatro personas, y de muchas otras que desde la lejanía pensaron en mí y se hicieron notar.

Lo cierto es que ayer me sentí tremendamente afortunada. No sé lo que habré hecho o dejado de hacer, pero me parece alucinante que tenga la suerte de tener personas tan diferentes y tan necesarias a mi lado.

No es fácil llevar casi año y medio viviendo fuera de mi ciudad y seguir sintiendo el calor de ellos. Notar que te extrañan, que te necesitan, que aunque no estés en aquellas cenas que organizábamos sin embargo tu nombre suena siempre. Es importante, es increible, es precioso, y me encanta.

Porque los amigos es algo que no puede conseguirse fácilmente. Por mucho esfuerzo que se haga se deben unir tantos factores para sentirte amigo de alguien que la labor se complica. Y no me preocupa. Porque quizás me falta alguien con quien tomarme un café cuando D. no está, pero sé que los amigos, los que están de verdad cuando se cae el cielo encima, están conmigo cada minuto, cada segundo.

Estoy feliz, soy feliz, tengo tanto, tanto...


Carvajal, te quiero

Carvajal, te quiero

Paseo por el centro, la noche, cena en una calle desconocida y los pinchos del Pombo, las luces, la Malagueta, Ricky Martin, Shakira y Pink Floyd (o eran Enrique Iglesias, Paulina Rubio y Pignoise?), arena y gente, mucha gente. Parque que es el Parque, faro que es el Faro...

Minutos que son horas, horas que son segundos, y una compañía que rellena cada instante. Las risas y el Carvajal (así queda bautizado para nosotros en esta feria el Cartojal).

Dos visitantes más, un calor asfixiante, un árbol en la calle que es el Árbol en la Calle, un desayuno-merienda y casi cena en la playa (otra ronda, por favor). Gibralfaro, las vistas y el fin del aire acondicionado. Muchos pasos, muchísimos, mucho cansancio, tapas, más Carvajal, risas, historias, D. y sus mil anécdotas, una portada de la calle Larios horrible, cada vez más gente.

Chupitos, y otros chupitos más, alguno otro de sobra, más chupitos, por favor!!!

Vuelta al lugar al que nunca se llega y siesta para unos, Sexo en Nueva York para otros. Despedida, descanso, ducha, calor y más Feria.

El clavo en la cena, las atracciones, el cumpleaños feliz, el bolso de regalo, el agua de la mochila, el camino hacia el coche, y Chenoa para emocionarnos (Chenoa!!! te quiero!!!). Pensar en A., e imaginarnos la vida que vendrá con S., Sofía, nuestra nueva sobrina esperada para diciembre.

La noche más calurosa que recuerdo, el desayuno copioso en casa, la mañana de relax, la comida en los Montes, que son los Montes. Platos de los Montes, increible sabor, imposible de acabar. La triple siesta de S., los regalos para C., el doble paseo a casa de D., el dvd de Luis Miguel, botellas de agua que vienen y van, duchas constantes, "Los Managers" en el cine por 3€ en la sala Factory (y tenía aire acondicionado). El primer aire fresco de los últimos días, el paseo por Huelin, las pizzas para llevar, el helado de Don Mickey, la cena tardía sin hambre, las buenas noches y aquí estoy escribiendo.

Este es mi resumen desde la noche del viernes.

Poned música de carnaval y cantad conmigo: "Carvajal, carvajal, carvajal te quiero, nananananananana, en el mundo enterooooooooooo"

Volverán las palabras

Sí, volverán. Pero de momento se marchan unos días. Y es que llega la Feria, mis amigos, tiempo libre, noches de fiesta, cartojal de día, y pocos minutos para escribir.

En fin, que desaparezco, me escondo y ya me mostraré al resto del mundo cuando este maremagnum acabe.

Lo pasaré bien, todo por vosotros ;)

Canciones

Escucho "Labios compartidos" de Maná, pero no dejo de canturrear, con esa vocecita casi interior que usamos cuando una canción nos engancha, constantemente el estribillo de "Me voy", de Julieta Venegas, una canción con algo, con nada, quizás con todo. Una letra, una melodía, una idea, un vídeo musical, un enganche a ella.

"Porque no supiste entender a mi corazón,
lo que había en él, porque no tuviste el valor de ver quien soy,
porque no escuchas lo que está tan cerca de ti,
sólo el ruido de afuera y yo,
que estoy a un lado, desaparezco para ti

No voy a llorar y decir que no merezco esto,
porque es probable que lo merezco, pero no lo quiero
por eso me voy, qué lástima pero adiós,
me despido de ti y me voy,
que lástima pero adios me despedo de ti

Porque sé que me espera algo mejor,
alguien que sepa darme amor,
de ese que endulza la sal y hace que salga el sol.
Yo que pensé nunca me iría de ti,
que es amor del bueno de toda la vida,
pero hoy entendí que no hay suficiente para los dos.

No voy a llorar y decir que no merezco esto,
porque es probable que lo merezco, pero no lo quiero,
por eso me voy, qué lástima pero adiós,
me despido de ti y me voy,
que lástima pero adios me despedo de ti

Me voy, qué lastima pero adiós,
me despido de ti y me voy,
qué lástima pero adiós
me despido de ti y me voy"

Sofocos

Hoy el calor es sofocante.

Tengo todas las persianas bajadas, las cortinas echadas, la necesidad de aire fresco, pero éste sólo parece salir de la nevera, y no veo demasiado correcto estar con la cabeza dentro toda la mañana.

Hoy es día de cambio, también hay mucho calor en mi corazón. Mi soledad se acaba esta noche. D. está de regreso. Ya está en España, ya me he quedado afónica de tanto hablar con él (aunque sólo haya sido por teléfono), ya he recuperado la sonrisa.

La oscuridad de cada noche desde que se fue hoy se torna en preciosa noche de verano.

Puedo volver a hablar de lo maravillosas que son esas noches malagueñas, con una ligera brisa (que en días como hoy ni aparece, claro), con un cielo en ocasiones estrellado (la ausencia de estrellas no es sólo cosa de Madrid).

Me encanta cómo está mi nueva casa. Me siento tan bien que tengo un hambre feroz, y sigo teniendo necesidad de que me dejéis una simple receta de cocina, que nunca me hacéis caso. A ver, para que os resulte más fácil, el tema sobre el que puede girar la receta es: pasta. Sí, quiero nuevas recetas de pasta, para poder varias de las que ya me sé de memoria (y que me salen riquísimas, jaja).

Si se os ocurre otra receta de cualquier otra cosa, pues bienvenida será. Bueno, aviso que no soy mucho de ensaladas (mucho? No tomo una ensalada ni aunque me esté desmayando) ni platos fríos. Jo, encima me pongo exigente.

Quiero irme de viaje. Será que escuchar a Red Hot Chilli Peppers me inspira sensación de lejanía, de nuevos mundos, de conocer. Necesito, quiero, que mis ojos se llenen de imágenes nuevas que luego intentaré reflejar en palabras.

Otro juego: definid, si os apetece, vuestra ciudad o cualquiera en sólo una palabra, vale?

Gracias por hacer este post vuestro. Gracias de antemano.

Delirios

Despertar con la voz de D., a una hora temprana, después de una barbacoa con R., M., O., J., G. y su novia C.

Su voz me sirve de acicate para hacer del día algo mejor.

Salgo a la calle y encuentro a J. con nuestro pequeño A., cada día más bonito, más sonriente, más cercano.

Día de playa en el Cañuelo, bocadillos, agua, calor, y pequeñas conversaciones. Estamos más silenciosos que nunca, y sin embargo creo que nos decimos más cosas que nunca con los gestos y las miradas.

Me reconforta su presencia, la de mis amigos, la de los que siempre han estado a mi lado. En unos días en que los recuerdos no hacen más que volver, mientras desembalo cajas y abro cajones.

Escribir ahora desde mi pequeño, nuevo y deshabitado “despacho”. Cuando la casa es más grande que las necesidades surgen estos pequeños lujos. Ya sólo me falta decorar la casa con unos cuadros, un par de detalles y sentiré que estoy logrando lo que quería de estas paredes mal pintadas.

Me imagino la cara de D. cuando vea en qué he convertido nuestra casita en sus días de ausencia. Y me encanta pensar en ese momento.

Me acuerdo de la niña C., que estará también ahora mismo en algún país lejano.
Pienso en H., en sus pequeñas, en que me da pena no estar más cerca.
Pienso en mucha gente y me llena el alma saber que la vida me ha dado la oportunidad de conocer a grandes personas, con increíbles pensamientos y tremendas ideas.

Los paseos se vienen a mi mente, mi ciudad en obras, mi nueva ciudad también en obras, mi otra ciudad bañada por la luz, el agua y el viento.

Estoy feliz, poque él vuelve, ellas vendrán, ellos siguen, y nadie falta, y quien falta nunca se ha ido.

Denia es especial

Denia es especial. Es el lugar al que necesito volver de vez en cuando para encontrarme conmigo misma, y es el sitio al que siempre soñé venir con alguien que supiera ver con sus ojos lo que yo veía con los míos.

D. comprende bien, cuando mira al horizonte desde Las Rotas, que estamos viendo mucho más.

Yo veo mi pasado, una infancia donde mi padre correteaba entre las piedras y se escondía en las cuevas, jugando con mi hermano, en días nublados, que eran los que aprovechábamos para visitar ese enclave privilegiado.

También veo mi adolescencia, yendo con mis amigos en eternas excursiones de tarde, de un autobús a otro, para ver aquella imagen de postal que tan bien conocemos.

Y veo los momentos en que he ido yendo con grandes amigos, para que vieran e intentaran comprender esa parte tan extraña de mí.

No cambio Denia por ningún lugar del mundo. Como si fuera mi pequeño paraíso, el lugar al que volver después de una dura batalla.

En estos días he visto a M., a P. y a su novio P., a J.A. y E., a todos los asturianos, a los que no lo son…

Y ahora D. se ha ido, y Denia ya no me parece tan bonita, tan brillante, tan especial. Quizás es que los sitios son realmente bonitos si tienes a tu lado a la persona adecuada.

Tal vez entonces cuando vuelva a Málaga me dé cuenta de que lo que realmente me gusta de vivir ahí no es el mar… sino él. Te echo de menos.

Un grito ahogado

¿Qué es la necesidad?

Necesitamos el aire para respirar.

Y el agua para no deshidratarnos. Los alimentos. La luz del sol. El descanso diario.

En otro orden de cosas, necesitamos la familia, los amigos, las personas vaya, y el cariño que nos dan.

Necesitamos el roce, las caricias, los gestos, las palabras.

Y el movimiento, el pensamiento, los planes, el futuro.

Precisamos no olvidar el pasado, ni quienes fuimos, ni quienes somos.

Y dar pasos al futuro sujetando fuerte con nuestras manos a las personas que queremos que estén en ese viaje vital.

Necesitamos la superación, el trabajo, el dinero y el techo.

Necesitamos los pequeños caprichos, los vicios y los lujos.

Necesitamos tantas cosas materiales… y sólo en ocasiones comprendemos que conseguir todo eso de nada sirve si no puedes compartirlo.

¿Qué hago en Málaga si no está él? ¿Vine aquí como superación personal o vine aquí porque no sé vivir sin D.?

Es mi necesidad, él es la necesidad más fuerte que hoy tengo.

Si despierto con ilusión cada día es porque sé que tendré su mano pase lo que pase.

Si hago esto o aquello lo realizo porque sé que al final del día tendré su voz, para calmarme, criticarme, apoyarme, ayudarme, quererme.

Y estos días no tengo nada de eso. No tengo su mano, y sobre todo no tengo su voz. Y por más que intento retenerla en mi mente, recordarla, sentirla, no suena igual. Cuando él está a mi lado su voz suena suave, tierna e implacable. Ahora su recuerdo me llega lejano, tibio, y sin la fuerza suficiente para animarme como debería.

Porque le necesito. Porque también necesito a mis verdaderos amigos, ahora y siempre. No en estos días porque esté algo más sola, sino estos días de cambio, de avance, de cruzar puentes sin retorno.

Son necesidades, difíciles de compensar con otras cosas, imposible más bien.

Hoy necesitaba pegar este grito, un grito ahogado. Gracias por escuchar mis palabras calladas.

Brutus el magnífico

Ha venido por fin mi hermano a Málaga. Y lo hace en el mejor momento posible, justo cuando me he quedado solita.

He tenido el peor viaje de mi vida hoy. Desde Denia, un viaje que no debería llegar a cinco horas, y sin embargo ha superado las seis, ya que he tenido que parar como seis veces. Me encontraba fatal, estaba mareada, con nauseas, y finalmente he vomitado. ¿Sabéis lo difícil que es conducir mareada? No quiero recordarlo.

El caso es que he llegado a Málaga sin fuerza para respirar, y mucho menos para trabajar. Así que tarde libre y a esperar a mi hermano.

Me ha llenado su llegada, ha sido un soplo tremendo de aire fresco, y un inmenso trabajo el tener que subir mi viejo dormitorio de Madrid a mi nueva casa. Pero una vez finalizado nos hemos dado un enorme homenaje, y nunca la palabra "enorme" tuvo mejor significado.

Hemos ido a un lugar llamado Brutus, una franquicia donde la comida tiene medidas desproporcionadas. No os miento: medio kilo de patatas fritas y hamburguesas del tamaño de una pizza. Alucinante.

Eso sí, tardaré un tiempo en comer de nuevo hamburguesas, o al menos eso me parece ahora mismo.

D. está ya en Egipto, disfrutando como se merece. Le extraño tanto... pero me sirve saber que está bien. Es más que suficiente.

De Málaga a Valencia

Ya estoy en Valencia.

He llegado después de seis horas de viaje en coche. Tan pronto hemos despertado que ni siquiera recuerdo haberme dormido.

Ahora mismo estoy en casa de los novios, aunque ellos no están.

La hospitalidad de mi amiga N. es tal hacia nosotros que nos ha dejado preparada una casa preciosa con el aire acondicionado, comida en la nevera, un baño de hidromasaje y dos juegos de toallas comprados exclusivamente para nosotros. Vamos, que ni en los mejores hoteles.

Y encima nos ha buscado un chófer y todo (el hermano del novio), que pasará a recogernos para llevarnos a donde se celebre la boda, que no tengo ni idea de qué sitio es.

De Valencia no hemos visto nada. Cierto es que tanto D. como yo ya conocemos esta ciudad, y a eso se une el viaje ya comentado, largo y largo. Pero nos faltará tiempo para dar un pequeño paseo por esta ciudad, "avenida de gigantes", como un día dijo Revólver.

Y también nos escasea el preciado bien medido por los relojes para ver a nuestro amigo M. Nos ha llamado pero estábamos comiendo, y en breve debería llamarle para decirle que no falta mucho para que vengan a buscarnos. Me encantaría poder tener un ratito para tomarnos algo con él, tan callado, tan profundo, tan sincero, tan M., o P., depende de unos y otros.

En fin, que mañana proseguimos nuestro pequeño Tour, sin Pereiros, Sastres ni Landis, pero con bodas, playa y familia, amigos y reencuentros, cariño y añoranza, sonrisas y despedidas.

Será otra historia, y pronto quizás sea narrada... tiempo al tiempo

Se casa N.

Bueno, en realidad ya está casada, pero el viernes, es decir mañana, nos hace partícipes a todos los demás de ese evento.
Y cojo mi coche, cojo a D. y nos vamos a Valencia a pasar ese único día, porque al día siguiente me marcho corriendo a mi madre a Denia. Que ya son muchos días y ya no puedo más...

Estoy bien, espero en breve poder escribir más aún.

D. se marcha a Egipto y quiero intentar valorar y aprovechar esa soledad que tanto me asusta. Espero compartir esos días con vosotros.

Besos, cálidos y calurosos, con aroma a pescaíto y a paella.

Robo a mano armada

Se lo quita a mi querida y extrañada H.

Tu última/o

1- ¿...charla de "tú a tú" ¿con quién ha sido?
Mis charlas de tú a tú, viendo los ojos, sintiendo la respiración, las he tenido últimamente con D., y bueno, algo similar, pero muy breve con una compañera de trabajo, A.

2- ¿...llamada de teléfono fue?
A mi madre, para decirle que espero que haya pasado un gran día de cumpleaños, que 61 años no son nada si se llevan con la vitalidad que ella los lleva, y que la quiero. Hace unos minutos.

3- ¿...SMS?
A la Niña C., para contestar a un mensaje suyo que ma he hecho sonreir, y lo necesitaba. Gracias guapa, gracias mi niña.

4- ¿... email personal?
A la Niña C., también. Fue hace ya una semana, y es que no tengo internet y sólo los martes puedo escribir algo. Ella necesitaba hacerse oir y yo quise escucharla.

5- ¿... carta manuscrita, recuerdas a quién escribiste?
Sí, a H., una breve reseñita junto a unas fotos, o quizás a alguien más, pero eso por desgracia ya quedó en el olvido.

Bueno, y esto me recuerda que debo muchos sms, charlas cara a cara, llamadas, cartas. Y que además os echo de menos.

Sí, a ti te echo de menos, y a ti también, y tu sonrisa, y tus palabras, y tus ánimos, y tus llamadas, y tu presencia, y tu cariño.

No me dejes nunca.

La frase


"Ya va a llegar el día en que los mares se conviertan en Soda y las olas resuenen en Stereo, porque todo volverá a ser como fue"

Esta frase resume, en mi opinión, la belleza de las palabras.

No significa mucho, o al menos no parece significarlo, pero no tengo dudas de que para los fanáticos de un grupo magistral como es Soda Stereo esta conjunción de palabras es pura belleza.

Y para mí, que me encanta Soda Stereo, sin llegar a límites fanáticos, me parece que las palabras pueden ser una obra de arte en sí mismas.

Cómo hablar

Nos falta decisión propia. Escasea alarmantemente la autonomía de pensamiento. Da igual si la elección es a o b, blanco o negro, alto o bajo, gordo o flaco. Nos cuesta definirnos.

Abogamos por esa absurda diplomacia que envuelve de falsedad cada conversación que mantenemos (o al menos un 80% de estas).

Será por el miedo al rechazo, por la ingenua y adolescente necesidad de tener que caer bien a todo el mundo. El caso es que estamos consiguiendo vivir en un mundo de medias tintas.

Y no me gusta.

A mí no me gusta que se me reprochen cosas cuando desaparezco del mapa, pero menos aún me gusta que si pregunto me digan que todo está bien.

No me gusta que me escriban un “te echo de menos” y cuando nos veamos no nos hablemos ni cinco minutos.

No comprendo porqué juzgamos tan rápido la ausencia, la falta de llamadas, la escasez de noticias.

Últimamente no estoy para nadie, es cierto. Puedo justificarlo, justificarme, pero no tengo necesidad. Quien quiera me lo puede preguntar, puede interrogarme si se debe a una crisis antisocial o a cuestiones internas. Puede mostrar interés en decirme qué piensa sobre esa actitud, o no decirme nada, pero entonces no admitiré posteriores reproches.

Con todo esto pretendo explicar que tendríamos que saber antes porqué una persona ya no llama como antes, ya no queda como hace tiempo, ya no es igual. Antes intentar ponernos sus zapatos y después juzgar. Yo también lo hago mal, que conste que no quiero decir que yo analice cada actitud antes de decantarme por una u otra opinión. Me confundo mucho, tomo decisiones incorrectas y sobre todo injustas. Pero quizás me esté cansando de pedir perdón y que nadie me lo pida a mí. Quizás abogo por el silencio en vista de que las palabras no solucionan nada.

Es fácil preguntar a alguien si está bien. Lo difícil es poner el interés suficiente para saber si nos está diciendo la verdad. Me propongo intentarlo, y no es Nochevieja ni una fecha marcada para hacer promesas. Es el momento en que quiero coger el toro por los cuernos y decidir por mí misma. Elegir ver el telediario de Antena 3 o de Telecinco porque a mí me apetezca. Le guste a quien le guste.

¿Pepsi o Coca Cola? ¿Cola Cao o Nesquick? ¿Lost o Prison Break? ¿Beso, verdad o atrevimiento?

Niños indefensos

¿Hasta qué puntos somos conscientes de que no tenemos nada más valioso que nuestra propia vida?

¿De qué sirve todo el dinero ganado, los planes de futuro, los sueños, si no tenemos salud?

Castiga al ser más indeseable del mundo con la falta de salud y ese ser, antes impenetrable, grosero, cínico, se convertirá en un pobre niño indefenso.

Y es que eso es lo que somos ante la enfermedad: niños indefensos, temerosos, ávidos de una voz, una mano, una pastilla, que nos traiga la salud.

Desde aquí mi apoyo a todos aquellos que a diario tienen la lucha más importante: la lucha por la vida.

A por ello!

Ya voy consiguiendo contar a un cliente una historia de Movistar mientras tabulo la llamada.

Ahora sólo me queda ser capaz de escribir mientras veo la tele con D. al lado.

Me costará, mi blog se merece toda la atención del mundo.

Felices minutos, felices días, feliz vida a todos amigos.

Estando a tu lado...

... sin que me veas.

Son sólo unas palabras, plagadas de sentimientos, vacías de falsedad.

Lo siento H., siento ese adiós, ese vacío que quienes hemos pasado por esa situación sabemos lo que es.

Estoy a tu lado, aunque no me veas, aunque nos veamos menos de lo que me gustaría.

H., mi amiga en la distancia, el hombro en el que llorar a través de este blog o de un email.

Encontrarte me llenó de alegría, de esperanza, de confianza.

Y ahora debo devolverte parte de todo lo que me has ofrecido con unas palabras que quiero llenar de cariño, de apoyo.

Estoy contigo, estando a tu lado, sin que me veas.

Tiempo libre para nada

No me gustan los pusilánimes.

Me alineo mejor en el lado de las personas con carácter (no entro ahora en si yo soy o no de ese grupo, simplemente me atraen más).

Me frustran sobremanera aquellos que callan ante las dudas, que agachan la cabeza ante todo, que nunca responden a una palabra más alta que la otra.

Pero sobre todo desprecio a los cobardes. Y no me refiero a los cobardes por no atreverse a hacer puenting o subirse a una montaña rusa. Me refiero a aquellos cobardes que, teniendo un puesto de responsabilidad, no son capaces de decir las cosas mirando a la cara y mandan siempre a otra persona como “cartero real”. Bueno, sí, hablo de un caso en concreto, y no veáis cómo me enciendo cada vez que pienso en ello. Cobarde, más que cobarde, borra la sonrisa de tu cara y sé capaz de decir lo que tienes que decir tú mismo, mala persona.

Olé, qué a gusto me he quedado. Me ha dado por levantarme pronto últimamente, sin reloj ni obligaciones marcadas (aunque siempre con mil cosas que hacer), y me encanta lo bien que aprovecho el día. Será mi horario, será la rutina que tengo, qué será, será…

En fin que así es mi vida y así se la he contado. Ah, no os dije que estuve en Madrid con D. Apenas vimos a A. y a F. en su casa, estuvimos viendo el fiasco de Eurovisión, nos reímos, lo pasamos bien. Y vimos a Unicaja ganar a Estudiantes, sufriendo entre mucho mal educado y algunos que realmente merecen la pena como aficionados al baloncesto. Fue un fin de semana muy completo, que ya parece muy lejano, pero me apenó no ver a C. y S. S. estaba de boda, de C. no sé nada, así de seco.

Se me olvidaba ví también a mi “casi hermano”, A. y a su chica, S. Por fin pudimos tener una charla más larga de 5 minutos, sentados relajados en esa terraza del 4º piso, con el sol como compañía, y las vistas de mi barrio. Barrio, un barrio cada vez más desconocido, pero también extrañado.

Esto da de sí mi vida. No escribo porque no sé sobre qué hacerlo, pero hago muchas cosas. Tantas que lo que falta es tiempo libre… tiempo libre para nada.

No hago deporte

No hago deporte.

Así de escueto. No lo hago.

Apenas camino, apenas dos o tres veces al año cojo un balón de baloncesto para echar unas canastas, y quizás si la moneda cae de cara otra vez más en esos 365 días quizás juego una partida de ping-pong (o tenis de mesa, tanto da que da lo mismo).

Sin embargo si me transporto a mi infancia me veo siempre con un balón de fútbol o baloncesto, jugando al ping-pong y al tenis, nadando en la piscina, jugando al volley incluso.

Era mi leit motiv, el ocupar todo mi tiempo practicando deporte.

No echo de menos aquellos momentos, pero sí me hubiera gustado continuar haciendo algunos de ellos.

Porque las pocas veces que cojo un balón de baloncesto y juego unos minutos, me doy cuenta de lo bien que me siento. Odio los deportes individuales o que únicamente se practican para mantener la forma.

Los respeto, vaya, profundamente, pero me aburren sobremanera: gimnasios, bicicletas estáticas, me producen sopor.

Es como lo de la comida, como aquellas personas que no disfrutan comiendo y sólo lo hacen como una obligación diaria. No podría verlo así. Cada día tenemos la enorme suerte (nosotros que somos unos privilegiados) de poder comer hasta tres veces! Dios!!! Es un placer increíble al que nos obliga el cerpo humano!!! No es maravilloso?

En fin, que me voy por las ramas. No hago deporte, y debería intentarlo. Tendría que recuperar la forma física, para no verme en poco tiempo como una persona incapaz de levantar un dedo sin quejarse del dolor o el cansancio.

Vaya, que estaría bien volver a la infancia y adolescencia para disfrutar de las horas muertas jugando al fútbol y al baloncesto. Supongo que era feliz; ahora también lo soy, pero me falta forma física.

Culpa del fútbol

Y sin ser sevillista, ni mucho menos, cómo he podido emocionarme yo tanto?
Será culpa del Arrebato, será culpa del fútbol