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El fin de los días grises

Paranoias

Camarero, una de educación

Bueno, no lo he hecho hasta hoy, pero es que ha sido ya demasiado. Me ha encendido, una mal educada, una rastrera, una persona a la que -según su forma de pensar- tendría que desearle que tuviera un hijo teleoperador.

Os cuento:

Siete de la tarde. Realizo tareas de emisión de llamadas, es decir llamar a los clientes para informar de ofertas. No viene al caso si estas son mejores o peores, es lo de menos. Para mí es un trabajo, lo suficientemente importante, pero no tanto como para querer engañar a nadie.

El caso es que me contesta una niña, sí, una niña porque no tendría más de 30 años. Una tía que la educación se la dejó en el vientre materno.

En este trabajo una se ha acostumbrado ya a que le llamen hija de puta, gilipollas, que me manden a tomar por culo, y demás.

La susodicha lo primero que hace es riéndose, decirme que sólo quiere como oferta un teléfono gratis, a lo que le ofrezco teléfonos que lógicamente no son gratuitos, pero que intento disfrazar de buenas ofertas (algunas lo son efectivamente).

Bien, me empieza a interpelar que ella no es una buena cliente, y que sólo hace lo justo para que no le den de baja la línea (cosa que a mí me resbala), y sin venir a cuento empieza a decirme -siempre gritando, eh, que esa fue una constante en toda la llamada-:
- ¿Me vas a colgar, eh? ¿Me vas a colgar?
- No, en algún momento he dicho algo de colgarle, le estoy escuchando.

Ella ha seguido subiendo el tono:
- Sois unos mentirosos, vete a engañar a otro, no pierdas más el tiempo.
- No estoy perdiendo el tiempo, estoy atendiendo a un cliente y escuchándole.
- Escuchándome!!! Si no me dejas siquiera hablar (dice ella, ante mi sorpresa increible teniendo en cuenta que no me había dejado abrir la boca ni para decirle por qué le llamábamos).
- Disculpe, le ruego que me hable con el mismo respeto con que le estoy hablando yo (ya había dicho algunos improperios).
- Tú no me respetas porque me estás intentando engañar, como todos, bla, bla, bla. Y qué te crees? Qué vas a heredar la empresa? Sois unos muertos de hambre, teleoperadores niñatos, gilipollas de mierda que no servís para nada (entre nosotros, esto último la tía valiente sólo lo dijo cuando ya me había dejado "colgada").

Es un pequeño extracto, una recreación lo más fiel posible, de las cosas que tenemos que aguantar (como muchos otros en otros trabajos, lo sé) en un trabajo como este. Es fácil ampararse en el anonimato de un teléfono para insultar y vejar a una persona, a una profesión más.

No somos basura, nadie que intenta trabajar honradamente lo es. De hecho, soy bastante mejor que esa impresentable, por algo muy sencillo: jamás he tratado, trato ni trataré a ningún semejante como auténtica basura. Con ese desprecio y usando la patética frase de "como soy el cliente te callas y escuchas lo que te digo" (que me la ha dicho, la muy sinvergüenza).

La educación, eso que quedó en el olvido.

No puedo evitarlo: ojalá esa persona tenga un/a hijo/hija teleoperador/a, pero no por el trabajo que es lo de menos, sino para encontrarse con una ¿persona? como ella.

Gracias por hacerme sentir tan mal, gracias, buena persona.

Lo sencillo

Ya he dicho en bastantes ocasiones que no me gusta demasiado la Navidad.

Y sin embargo el vivirla junto a alguien a quien le brillan los ojos con el simple sonido de un villancico me hace intentar esforzarme por poner la mejor cara.Y lo logro.

Pero además, cuando te acostumbras a recibir de los clientes improperios e insultos, que alguien se digne a despedirse de ti con un amistoso "Feliz Navidad" hace que se me ponga una sonrisa de oreja a oreja.

Y es lo que yo digo: es más difícil ser antipático que amable, o no?

No me importa lo que digan...

No me importa lo que digan...

... me encanta mi ciudad.

Madrid me maravilla, y me da absolutamente igual lo que venga a decirme nadie sobre sus defectos.

He vivido aquí 28 años, ¿de verdad alguien piensa que no sé perfectamente sus problemas e inconvenientes?

Os aseguro que los conozco, y por supuesto muchísimo mejor que cualquiera que viene de paso, que se empeñan en intentar convencerme de lo horrible que es Madrid.

Pues mejor si no os gusta, yo no os voy a convencer, ni ganas. Me la quedo para mí, y para todos los que al pasear por ella nos quedamos asombrados... y encantados.

Me encanta Madrid, y me entra la risa cuando alguien que sólo ha estado aquí un fin de semana me relata uno a uno todos los errores y trampas de mi ciudad. Pues vale, pues me alegro.

Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid, tú sigue tu camino si quieres. A mí con esta pocilga -según algunos- me basta y me sobra (bueno, siempre que siga compartiéndola con la maravilla que es Málaga).

Olé por Madrid, y saludos a los que la odian. Y que sigan, jaja.

Que cada palo aguante su vela

Que cada palo aguante su vela

Algún amable vecino ha tenido a bien el prestarme su conexión para aprovechar esta grisácea mañana de viernes, cumpleaños además de mi amiga B.

Sentada en mi cama, con todos los periodista plumíferos de los programas del corazón atormentados con la visita de Isabel Pantoja a Julián Muñoz a la cárcel, aprovecho para dejar unas letras en mi querido blog.

Este espacio que durante años ya sirve para ir guardando cada pequeño detalle que por la vida pasa.

Sin embargo sigo sin tener muchas cosas que decir. Que estoy llena de ilusión y alegría, y que encuentro en mí unas ideas que se refrendan a cada segundo. Palabras sin respuesta. Yo sé lo que me digo. No hay mala conciencia, más bien al contrario, los hechos me dan la razón y los silencios me gritan que no me equivoco. Una vez más, estaba en lo cierto, por desgracia.

Un constante dolor de cuello se ha convertido en compañero de viaje. Empezó la semana siendo aquel amigo con el que viajas y no paras de discutir, y ahora ya me he acostumbrado a él.

No entiendo bien a la gente, ni tengo ya fuerzas para intentarlo. Que cada palo aguante su vela, que cada uno luche con sus males a solas. Ya lo decía mi madre: al final sólo te queda la familia. Qué gran verdad.

Los amigos son geniales, son algo que hay que cuidar, mimar, admirar. Pero sin pasarse, que luego descubres que llevas toda una vida sobrevalorando algo que no era para tanto. Qué bonita es la amistad, qué sentimiento tan puro y real. Qué engaño tan grande en ocasiones.

"Reproche" debería ser una palabra que no existiera en el diccionario de la amistad.

Así que repito de nuevo, que cada palo aguante su vela, que yo aguanto la mía, y no veas cómo pesa.

Mis Monografías III. Mi yaya

Qué felicidad me embarga, al lado de mi estufa nueva.

Y no porque sea nueva, sino por ese calor que emana y adormece.

Calor artificial que en nada se parece al que sentía cuando de pequeña me acercaba sigilosa a las estufas que mi yaya tenía en su casa. Esas donde veías el fuego, y como si de una chimenea se tratara, me hacían perder la noción del tiempo mirando sus llamas constantes.

Aquel fuego era distinto, era más peligroso, más natural y venía acompañado de la protección de la más grande entre las grandes: mi yaya Elisa. Sí, porque para mí no es mi abuela. Abuela era la otra, Manuela; esta en cambio era mi yaya, más cercana, más tierna, más sincera, más increíble que ninguna.

Pero se fue demasiado pronto para que yo comprendiera lo necesaria que era.

Como siempre un Mundial de Fútbol fue el acontecimiento lúdico que acompañó a lo trágico. Su adiós no fue nada repentino, pero mi cobardía me impidió siquiera despedirme. No la ví en los últimos tiempos. Ni siquiera en estos años he podido recordar cuando fue la última vez que estuve con ella. Quizás fue en Denia, quizás en Madrid, no lo sé.

Pasa el tiempo, pasan los años, y voy viendo la cantidad de cosas que aprendí de esa pequeña pero fuerte mujer. Veo en mi madre todo lo que fue mi yaya, y lo que serán mis primas, sobre todo L. y P. que tanto la adoraron y la recuerdan.

Hace ya más de 8 años del adiós, y su sonrisa siempre me viene a la mente. Sus enseñanzas están conmigo, y mi lucha ha de ser que permanezca en nuestro recuerdo, el de mi familia, toda la vida.

Como madre, como mujer sufrida más que ninguna, como abuela, y como mi yaya.

Toma ya!!!

Mañana trabajo, pues vale.

Pero desde el martes y haste el lunes siguiente estaré de vacaciones, de las buenas, de aquellas en las que no haces nada de nada.

Vacaciones para aburrirme cocinando, viendo películas, jugando a la XboX, perdiendo el tiempo, vamos.

¡Y qué feliz voy a intentar ser!

Mi post ególatra

Mi post ególatra

Con las fotos pasando ante mis ojos es inevitable que también pasen mil recuerdos.

Vuelven poco a poco, como todas las cosas importantes, a pequeños sorbos, saboreando cada instante, rememorando su sabor, su olor, sus voces.

Entre Málaga y Madrid se pasean mis fotos, mis pensamientos, mis nostalgias, mis añoranzas, mis ausencias y presencias, mi vida.

Recupero en un simple mensaje unos años en la radio. Y en un email sentimientos olvidados.

Veo en otros el futuro que me espera, y en las fotos mi pasado. Y esa es mi vida.

Siempre he adorado las fotografías. Viene muy a cuento el último post que en su blog escribió mi Niña C. acerca de esas imágenes artificiales. Porque no son nuestros ojos, no son nuestra mirada, pero son la mejor forma de mantener el recuerdo sobre cada cosa y persona que ha estado en nuestra existencia.

Somos luz, somos agua, somos simples. Somos un elemento compuesto de miles de partículas, un cuerpo con sentimientos y un corazón lleno. Y por eso a veces rebosamos, como aquellos pantanos de entonces, cuando la sequía no nos asolaba. Y al rebosar las lágrimas no son capaces de salir, irónicamente, porque forman un inmenso tapón de melancolía.

Y aflora la música, y se mezcla con las sintonías de hoy. Y se conforma una melodía hermosa, pero diferente.

Porque yo he cambiado, y mis ideas, y mis compañías, y mis calles. Pero supongo que en el fondo sigo siendo aquella niña que sonreía de pequeña y cogía un bolígrafo a modo de micrófono para cantar canciones sin letra y hacer las delicias de mis padres. También soy esa adolescente retraída que se sentía una incomprendia. Y esa rebelde sin causa en permanente lucha consigo misma. Soy todas ellas, y alguien más maduro, menos histriónica y más paranoica. Mäs feliz, o eso creo. Y más independiente también (aunque sobre ello ya he escrito y nunca sabré si soy una dependiente crónica, o una independiente que necesita depender de los míos). Soy Diana, soy Dini, soy Di, soy incluso Diniwini para ese "simpulso" que ha vuelto a mi vida y me ha hecho reir con fuerza. Soy D., soy yo, y los que me habéis ido leyendo me vais conociendo. Los que me habéis conocido me seguís reconociendo. Y los que me aguantáis es porque sois un poco como yo, supongo.

No somos tan distintos. Sigo siendo Diana, la que ponía detrás de las fotos los nombres, la fecha y el lugar. La que ponía la música a todo trapo. La que adora el fútbol y su ciudad. La que necesita escribir para desahogarse y encontrarse. La que encuentra en sus amigos el motivo para seguir mejorando.

Soy yo, sigo siéndolo, y no intento convencerme Simplemente lo repito mil y una veces porque quiero que nadie lo ponga en duda.

Sigo sin tomar ensaladas, y mueriéndome por una pizza o una tortilla de patatas, sigo siendo adicta a la coca-cola, y sigo soñando cada día con seguir buscando el camino de la felicidad.

Creo que estoy en el camino.

Yo sigo siendo como era, en esencia, y este post es mi post ególatra. ¡Cómo lo necesitaba!

Así son las cosas

Sólo vengo para decir que estoy, pero no estoy.

Que tengo ganas de escribir, pero no escribo.

Que me encanta que llueva porque es necesario, pero me gustaba de Málaga que era un sol eterno.

Que volveré, porque nunca me voy del todo.

Que os echo de menos, aunque os tenga más que nunca.

Los nervios previos

Me encanta que mi vida se reparta entre dos ciudades tan bellas, intensas y distintas como Málaga y Madrid.

Nada que ver las gentes de uno y otro lado, ni el tiempo, ni el estilo de vida.

Y me fascina la capacidad de adaptación tan grande de la persona. Cambiar el caos por la paciencia, la prisa por la lentitud, el viento por el sol constante.

Me siento orgullosa de esto que por un lado me vino dado y por otro forma parte de mi decisión.

Quizás desde ahora me tenga que definir como "madrigueña".

En fin, que sólo es una previa, que venía aquí a contar que espero con ansiedad que lleguen las nueve de la noche. Me da igual ganar o perder (este equipo no me contagia nada bueno desde hace mucho), pero el sólo hecho de tener la suerte de acudir un año más a ver el clásico me parece suficiente.

Los focos encendidos, la lluvia reflejada, el verde césped, la ilusión de quienes acuden por primera vez, los cientos de flashes disparados a la salida de los equipos, el himno estruendoso, y la esperanza de llevar en volandas a tu equipo al triunfo ante el eterno rival.

EDITO: 00:00. Llueve en Madrid, pero hay una ilusión retomada. Así de superficial es el fútbol... y yo feliz!!!
Con el 2-0 me vuelvo a Málaga con otra cara. De felicidad.

Con las maletas vacías

Por supuesto ya estoy de vuelta. De París a Madrid, de Madrid a Málaga, absorbiendo los últimos días de mis vacaciones.

Mañana empiezo de nuevo a trabajar. No es que tenga muchas ganas, pero como cualquiera tengo esa necesidad y de obligación.

El regreso a Málaga vino acompañado de la visita de unos buenos amigos, S., A. y F., que han llenado la casa de maletas y risas. Días de turismo de nuevo, días de Trivial y Party, días de diversión, aderezados por la inquietud que nos provoca la prominente barriga de A.

Ya queda poco para tener a Sofía entre nosotros y ponerle cara a la niña de nuestros ojos.

El viaje... el viaje por Amsterdam, Bruselas y París ha sido inolvidable. Repleto de belleza y amor, con un pie dolorido, y muchas ganas de repetir experiencia. Y de nuevo muchas ilusiones en la mochila, pensamientos para un futuro cercano, ideas para una aventura próxima.

Siento que os hayáis alarmado por el anterior post. No fue nada malo, fue simplemente una noche durísima en Amsterdam, entre sus mojadas calles, una estación de tren y finalmente su andén. Poco recomendable, pero será recordada siempre.

D. maravilloso, pero eso no me extraña. Es lo que esperaba de él, y siempre supera las expectativas. Será por eso que me lo pido para siempre. No te vayas nunca.

Desde Bruxelles

Llegué ayer aquí. Un nuevo paraíso habida cuenta del sufrimiento extremo pasado en Amsterdam la noche anterior.

Lo cierto es que el día en Amsterdam fue inolvidable. Por lo bueno, y por lo peor. Pero lo malo se borrará con el tiempo y sólo quedará en una anécdota de frío, oscuridad y tiempo que no corre. No sería justo ceñirnos a los malos momentos, porque ni por asomo son peores que los buenos... esos fueron maravillosos. Volveremos.

Pero los excesos se pagan, y ayer llegamos a Bruselas, a casa de mi querida T. Una casa acogedora al máximo, y que a nuestro cansancio le vino estupendamente para convertirla en cuartel general. Un único intento de salir a la calle abortado por un descomunal chaparrón, una cena perfecta, y una noche de descanso.

Y ahora corriendo a iniciar la ruta turística, ver todo lo posible de esta ciudad y seguir disfrutando de conocer cosas nuevas, recordar las viajes y seguir de la mano de mi amado D.

El sábado el destino es París. Hasta la vuelta

Tiempo para seguir…

Estaría bien que me gustara el café, para poder sentarme frente al ordenador, con la ventana abierta, el atardecer entrando por ella, la brisa rozándome el rostro. Dar pequeños sorbos, mirando al vacío, mientras doy caladas a un cigarro que no hace más que humear.

Para eso también estaría bien que me gustara fumar, esconderme tras ese gesto que evita que los tímidos miremos al suelo cuando tenemos enfrente unos ojos que nos imponen.

Estaría muy bien que supiera pintar o hacer música. Así mi tiempo libre lo ocuparía en la creación.

Pero no me gusta nada de eso. Soy muy simple.

Me gusta el deporte, me encanta emocionarme con las pequeñas victorias, con las grandes derrotas, con los medianos empates.

Me fascina la televisión, esa conjunción de imagen y sonido perfecta, esas historias malas, aburridas, somníferos para el insomne, diván para el preocupado.

Me moría por la música, por escuchar una y otra vez una canción que me pusiera el vello de punta.

Soy simple, y esa simplicidad me arrastra.

Me gusta la gente, me gusta mi gente, me gustan mis sentimientos y mis ideas. Me angustia que los demás esperen de mí más de lo que quiero y voy a dar. Me asusta el mañana sin ellos, el pasado errado, el presente sin futuro.

Me llena la melancolía, me invade la nostalgia y me maravilla mi vida, la vida en general.

Odio llorar por quien nunca ve tus lágrimas, por quien sólo te recuerda en una fecha.

Me entristece haber perdido la dirección y el teléfono de una de las personas que más me enseñaron a sentir. Quizás la vida nos dé una oportunidad en otro momento, y nos reencontremos. Pero de momento, iré a su ciudad por fin, 11 años después de prometerlo y no tendré dónde llamar ni buscarle.

Así soy yo. Incongruente, inconstante, indecisa, incoherente, inútil. Pero soy feliz, y quien tiene que saberlo lo sabe, quien tiene que perseguirme me persigue, y quien tiene que estar en mi vida estará siempre.

Quizás no escriba nada antes de irme, por si acaso aviso. Del 1 al 15 de octubre por fin estoy de vacaciones, y entre el 3 y el 9 Amsterdam, Bruselas y París nos esperan. Qué ganas de ver a T. por fin, y así cumplir otra promesa que ya duraba 7 años. Siete, qué número tan especial.

También volveré a mi ciudad. Madrid, cómo echo de menos ese caos que me enamora.

Estaría bien beber ahora un café y dar una calada a un cigarro, expulsar el humo, cerrar los ojos, sentir la música y saborear la bebida.

Pero no estoy bebiendo café, ni fumando un cigarro, ni entra el sol por mi ventana. Entra frío, la noche me acompaña, la sed me persigue y mi boca sabe bien.

Tiempo para seguir…

Chissssss, silencio, se piensa

Se piensa mucho, por eso necesito silencio, para plasmar en palabras todas las ideas, todas las vivencias, todos mis sueños, sobre todo mis sueños.

Porque no paro de soñar, imaginar, idealizar.

Quiero seguir, simplemente seguir. Compruebo a diario que lo que nos parece más sencillo es al final lo más difícil: seguir, continuar, no parar.

El descanso tras la batalla


La victoria nos ha traído silencio. Ausencia de historias que relatar, pocas emociones que narrar, falta de ideas que inventar.

Lo cierto es que no me apetece mucho escribir. Y no es por falta de vida o de tiempo, es simplemente que no se me ocurre de qué hablar en este pequeño espacio.

R., probé tu receta de macarrones al horno y salieron increíbles. Luego he ido renovando la receta, añadiendo bacon y pasas, creo que es un gran invento. Gracias de nuevo.

A veces hace sol, a veces llueve, hay días que hago mucho y otros que no hago nada en absoluto. Tengo ratos en los que recuerdo a ciertas personas y otros en los que no dedico ni un instante al pasado y la melancolía. Quizás porque no quiero meterme en esa fosa insondable, en ese agujero que pocas veces trae sonrisas, y sí mucha añoranza.

Necesito volver a Madrid. Pero estoy esperando a hacerlo cuando tenga una casa en condiciones a la que volver, y no una estructura sin conformar.

Necesito viajar, y eso llegará en octubre, para reencontrarme con viejos y especiales amigos.

Necesito coger mi coche para hacer un recorrido algo más largo que el cotidiano hasta Campanillas.

Tengo tantas cosas pendientes que se acumulan en el cajón de las obligaciones, sin solución, sin reparar los pequeños desperfectos.

Espero llamadas, escribo mensajes, doy señales de vida si no me las dan a mí, y en ocasiones sólo recibo un silencio que dice más que mil palabras.

No tengo ganas de escribir, eso lo resume todo.

Me siento bien, pero en cambio no tengo ganas de escribir. O precisamente por eso, nunca lo sé con exactitud.

Campeones del Mundo, con aroma a vainilla…

Ser campeones del mundo tiene olor a vainilla. Sí, y suena a Ana Torroja reversionando los grandes éxitos de Mecano.

Porque ese es el escenario de mi obra de teatro mientras escribo.

No habría sido posible escribir un guión mejor, con tintes trágicos, con momentos de rabia contenido, con euforia, con alegría, con posterior tristeza.

España es campeona del mundo. Y no lo es del “deporte rey”, aquel deporte que no da ni una alegría a este desmembrado país.

España es campeona del mundo, de ese deporte tan extraño que pocos entienden, con un equipo formado por tíos muy altos, muy grandes (y también en lo personal), que manejan un balón de manera encomiable.

Chavales, hombres, entregados de verdad a una causa: el triunfo.

Amigos que lloran cuando uno, el mejor de ellos, se queda fuera de la gran final por una desgraciada lesión.

Amigos que se entregan a la fiesta cuando llega el momento, ignorando – o queriendo hacerlo- que hay varias cámaras y millones de personas mirando cada gesto que hacen.

Amigos que se abrazan, sonríen, y nos hacen a nosotros (distantes telespectadores) emocionarnos con sus propias lágrimas.

El partido fue glorioso, perfecto en defensa durante la primera mitad, inolvidable.

Los jugadores se partieron el pecho para llegar a lo más alto, y gritar por encima del resto de naciones que se habían dado cita en ese estrambótico país, caótico y deseado, que es Japón.

Y bien que han gritado, bien que nos han hecho gritar, saltar, llorar, reir.

Sí, reconozco que yo he llorado, en silencio, a oscuras en esa sala de cine donde he tenido la suerte de ver ese espectáculo con D. y su padre.

Y sin embargo, de todos los gestos preciosos que he visto, me quedo con uno. El que más me ha llegado, el que más me ha sorprendido.

Pepu Hernández ha dirigido magistralmente a su equipo, a la selección española, justo pocas horas después de conocer que su padre había fallecido a miles de kilómetros de distancia.

Y se ha callado, pocas personas sabían este hecho durante el encuentro. Quiso que los jugadores no conocieran la noticia para que sólo pensaran en ganar, y no empañar un momento tan especial, único, histórico.

Es una de esas historias que te hacen admirar a las personas. Aunque seguro que habrá quien no lo comprenda y piense que es un enfermo.

Yo, que tuve la suerte de entrevistar a este gran hombre tantas veces, hoy me quito el imaginario sombrero para decir: “Chapeau, José Vicente, eres grande”. Y por supuesto para darle mi pésame y mi enhorabuena. Qué contradicción, qué irónica es la maldita vida.

Somos campeones… y huele a vainilla, vaya que sí huele.

(Para aquellos que seguro que no saben de qué va todo esto: España ha ganado el Mundobasket en Japón, en un partido memorable contra Grecia.
Pau Gasol, elegido posteriormente M.V.P. (jugador más valioso) del torneo, no pudo jugar debido a una inoportuna lesión producida en la semifinal contra Argentina. Y todos sus compañeros se han conjurado en ganar para poder dedicarle a él, gran estrella de un equipo magnífico, ese triunfo que nunca este país había conseguido.
Por último, Pepu Hernández es el entrenador. Un hombre sabio, sereno, que respira paz e infunda calma, o viceversa. Su padre murió el día antes del partido y esa noticia no se dio a conocer públicamente hasta algo después de la victoria y la celebración. Por ello mi homenaje, por ello y porque encima es un maestro en lo suyo. Queda dicho. Campeones del Mundo de Baloncesto).

Hoy hablo de baloncesto

Hoy hablo de baloncesto

Son poco más de las ocho de la mañana de un sábado.

D. dueme, mi madre duerme, y yo debería dormir.

Pero son tantas las cosas que quiero y debo hacer que me cuesta mucho "reconciliar" el sueño.

Quería pasarme por aquí para animar a todos aquellos que aun tengan dudas a que mañana, a las 12:30, en la Sexta, se den cita con la historia, con la emoción, con el saber hacer, con el talento, con la ilusión.

Sueño con una victoria, y por si esa no llegara, que nadie olvide las sensaciones de ayer cuando acabó el partido.

Gracias por darnos algo que creíamos olvidado. Sí, hoy hablo de baloncesto.

Que viva la música!!!

Que las casualidades a veces no son tales sino “otra cosa” es tan real como la vida misma.

La primera vez que leí algo acerca de Facto Delafe y el las flores azules fue a través de M., por su blog.

Sin embargo a esa lectura no le presté demasiada atención, ya que no había escuchado la música.

La siguiente vez fue en su mismo blog, en un artículo llamado “Después” en el que M. ponía imágenes a su vuelo en coche, y la música me hipnotizó, ese “este no se para” me conquistó para siempre.

Pero ahí quedó la historia. Me bajé la canción, un día se la puse a D., pero no la llegó a escuchar totalmente (el sonido tampoco era muy brillante).

El otro día otro paseo bloggero me llevó a mi Niña C., que colgaba el vídeo de esta canción en su espacio.

La historia me hizo gracia, y se lo quise comentar a D. De repente, entre risas, me reconoce que sin haber leído ninguno de los dos blogs había bajado por su cuenta esa canción.

Facto Delafe uniendo mundos dispares con un fino hilo. Al fin y al cabo tenemos tanto en común como que somos amigos, somos uno, somos nuestra vida, somos una casualidad, y le hemos puesto la misma música a nuestra banda sonora.

Que viva la música!!!

La voz de la alegría

Es la voz, sin duda, una de las cosas que más felicidad irradia.

Al menos es la voz de mi madre estos días el termómetro perfecto para valorar que su felicidad alcanza unos límites que parecían olvidados.

No escuchaba su voz tan feliz, tan plena, tan radiante, tan llena de cariño y emoción desde hace muchos años.

La vida truncó las esperanzas de esa mujer vital y alegre, y la convirtió en una persona que alguna vez me reconoció no tener ganas de vivir, con lo duro que para un hijo es escuchar eso de tu madre.

No quiero decir que ahora de golpe todo haya cambiado y de nuevo vea la vida de color de rosa. No es eso; es saber que tiene la posibilidad de llenarse el alma con pequeños frasquitos, poco a poco, sin plenitud, pero con realidad.

Sonríe, y lo hace desde dentro, como cuando nosotros éramos pequeños y sonreíamos ante algo sin pensar en nada más. Como aún hoy D. sonríe si sus artículos gustan, o M. lo hace cuando tiene una idea brillante, o como cuando R. ve despertar al pequeño Álex, o como H. sonríe con sus enanas, preciosas enanas, o como lo hará la Niña C. cuando dé en los morros a ese bicho malo que la ha convertido en una luchadora nata.

Sonríe así, con los pulmones hinchados, repletos de aire, soplando suavemente para que me alcance a mí también, para que esa fuerza en forma de soplido me roce y me provoque un sentimiento similar.

Yo también sonrío, con un incongruente nudo en mi garganta, porque sé que nos faltan más momentos así, y no es culpa de él, sino de su ausencia. Y le extraño, y cada día le lloro, y le recuerdo, y le siento cerca. Pero querría sentirle aún más cerca, y abrazarle, y que ese apoyo que me da desde sabe Dios donde me lo diera a unos centímetros de mí. Querría darle un beso y decirle que le quiero, y me frustro y pataleo. Y no es justo, no lo es, no es nada justo teñir mi alegría inicial de esta añoranza que me nubla la vista en forma de lágrimas.

Pero, ¿alguien habló de que la vida es justa?

Cuando un día te das cuenta de que hace tiempo que no lloras.

Cuando descubres que la sonrisa es un huesped habitual en tu casa.

Cuando las penas vienen con cuentagotas, y las gotas no caen en ningún lado, no aparecen.

Cuando juntas tantas anécdotas y tantas risas que no podrías enumerar una sola.

Cuando no necesitas apuntar un momento especial porque sabes que se repetirá a menudo.

Cuando sabes que eres feliz, y tu único temor es mantener ese instante detenido para siempre.

Siento que he logrado encontrar la paz interior. Que de mi vida han salido los malos momentos. Que no tengo más que agradecer cada minuto a quien se sienta aludido, por poner el color en un cuadro en blanco y negro.

No es sólo por una persona, es por todas.

Estoy orgullosa de los amigos que tengo, de la familia que me quiere, del novio que me mima.

Estoy feliz porque no existe la soledad, y si aparece es más que deseada.

Contenta porque oigo sonreir a mi madre como no lo hacía desde hace más de cuatro años, y ya era hora.

Satisfecha porque he encontrado mi lugar en un sitio, y no es Málaga ni Madrid, es aquel en el que la distancia no importe, para nada, para nadie.
Han sido días inolvidables, refuerzo de toda una vida.

Días que volverán, de una u otra manera, con ellos, con otra gente, con personas que están por nacer y cariños que están por volver.

Gracias a todos los que me queréis, porque en esta lucha constante por fin me siento ganadora.

Llega el baloncesto

Ha comenzado el Mundobasket, y con ello el tiempo para los frikis que se despiertan a las 6 de la mañana para ver partido tras partido.

Sí, conozco a alguno que asílo ha hecho y lo va a hacer mientras dure. Y encima disfruta como un enano. Hay gente para todo.

Y me contagia, me ha hecho tener unas ganas inmensas de ver baloncesto, un partido tras otro.

Tiempo de basket, tiempo de pasión. Y nada de decir que España es favorita (aunque casi lo pensemos), que luego nos estrellamos como siempre.