Pasear por Ikea para alguien que como yo odia las compras puede ser un ejercicio duro. Se lo decía a mi madre, hay que ver las cosas que llego a hacer por mis amigos.
M. viene a Madrid a hacer el examen para una oposición y en lugar de estudiar o estar nervioso decide que nos vayamos a Ikea, pues venga, vamos. Caminito a Alcorcón, a perdernos entre ese maremagnum de muebles y demás.
Paseos, más paseos, vueltas, más vueltas, esa mesa mola, aquella silla me encanta, puaj, qué cosa más fea...
Redecorando nuestras vidas, bueno, la suya :P
Bajamos a la planta baja (como su propio nombre indica). Mis pies no responden ya, mi cabeza sólo asimila términos suecos, M. y yo vagabundeamos buscando la silla Stefan verde... y entonces... entonces M. despierta, da un giro brusco y me dice, mirándome a los ojos y nervioso como nunca: "Di, ese es Médem!!". Y yo, aparentando tranquilidad (esa es una de mis pocas cualidades) le digo "pero estás seguro?". Le miro, es cierto que se parece, M. me lo confirma, y yo le empujo y le digo "dile algo!!!".
Retrospectiva: M. es el mayor fan de Julio Médem (sí C., junto contigo). No existe nadie que sienta tanta pasión por cada cosa que Médem ha hecho. Además, a eso se une que M. sigue intentando dedicarse al cine. Guiones maravillosos son los que salen de su cabeza y de sus manos, pura magia convertida en palabras y que deberían tomar forma en una pantalla, pero eso aún no ha llegado, aunque lo hará. Porque creemos en Médem y él nos ha hecho creer en las casualidades.
Recupero el aire, M. se dirige a Médem, con la lista de la compra de Ikea y el lapicero que todos los que hayáis ido alguna vez sabéis que es instrumento fundamental para pasar allí las horas muertas. Le ataca de frente, mientras en su cabeza hay miles de ideas, palabras, recuerdos, sueños, agolpados... así pasa, se trastabilla, se encasqueta, se lía y se frena. Médem reacciona asustado al grito de "Julio, Julio, puedes firmarme algo?". Mira entre sorprendido, tímido y miedoso. Sonríe, una sonrisa preciosa (es más guapo aún de lo que me pensaba), con la mano temblorosa, intercambian palabras, conversación absurda, el famoso más nervioso que nadie, bloqueado, como luego evidencia en el autógrafo que M. ha enmarcado, en un marco real y en su corazón (Para M., dos bloqueados, un saludo, Julio Médem". Nos han obligado a despedirnos, la pareja de Médem se lo ha llevado cuando él empezaba a soltarse y preguntar. Nos ha contado cosas de sus próximos proyectos, nos ha ofrecido su sonrisa y su mirada limpia, nos ha hecho creer de nuevo en las casualidades.
Porque las habrá, porque M. y Médem volverán a coincidir, y entonces no habrá nervios, o quizás sí, pero M. siempre será "el chico bloqueado que llegará a triunfar". Médem debe saberlo, y si no debería haberse dado cuenta, "Los amantes del Círculo Polar", las casualidades, hoy ha sido un instante perfecto, inolvidable, casual... nos volveremos a ver Julio ;)
Va por ti Marcos, te quiero.