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El fin de los días grises

No voy a olvidar

No voy a olvidar

"Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid"
Han pasado 12 días y para muchos, para aquellos que enseguida politizaron y llevaron el tema para su zona, las 202 víctimas están olvidadas.
Sabíamos que eso pasaría, por eso mismo yo no pienso olvidar, porque a mi ciudad, al lugar en el que siempre quise y querré estar, le cuesta respirar normalmente. Porque a todos nos arrancaron de cuajo mucha ilusión, tantos sueños.
No quiero olvidar, no voy a olvidar porque cada víctima era una historia, un pasado, una ilusión, una esperanza, cada víctima tenía una familia, amigos, alguien que cada día desde entonces no habrá parado de llorar y que jamás dejará de hacerlo por dentro. Porque si hay quien ha sacado tajada de esto no podrá dormir con la conciencia limpia, o quizás sí, eso es lo peor.
Pero yo no voy a olvidar, ni ahora ni nunca, yo recordaré cada día, porque la tragedia es mayor de lo que se piensa...

El regreso

El regreso

Un nuevo lunes, después del puente llega la vuelta a la normalidad, a la rutina.
Pasamos cuatro días en Denia, sol y viento, a partes iguales, calor y frío, y por fin la primavera que ha llegado, "qué bonito es el amor, más que nunca en primavera..." que cantaba aquel.
Hoy me ha dado tiempo a recibir un NO doloroso en el trabajo, a ver cómo se iba del curro la tercera persona en tres semanas, a perder 20 euros en mi trayecto a Sol, a comer con dos buenos amigos (D. e I.), a que me invitaran a la comida -obligados también por mi ausencia de dinero repentina-, a que me trajeran mi nuevo, flamante y gratuíto móvil, a hablar horas y horas con el más especial, a ver Madrid con otros ojos, a pasar por una Atocha que convulsiona, a regresar a casa y planear semanas y fines de semana... y sólo son las 18:52 de la tarde, aún queda tiempo para mucho más. Hay días que dan mucho de sí, y más que habría dado si no llego a perder mi dinero... que mi coche necesita ya un lavado. Mañana quizás, es una posibilidad.

Vamos a la playa, uoh, oh, oh...

Vamos a la playa, uoh, oh, oh...

Pues eso, que vuelvo a mi playa amada, a su arena cálida y su viento incesante.
Desde el 17 de agosto que me fui de allí para viajar a Estambul el camino ha sido largo, duro en ocasiones, decisiones implacables, mala suerte, falta de ganas, pero por fin hoy vuelvo a mi playa, y eso sirve para olvidar derrotas futboleras insulsas, desganas en otros aspectos, vacíos eternos y ausencias por la distancia.
Ah! Estoy feliz, será el amor, será la playa, serán los amigos... por fin M. y O. conocerán mi "pequeño paraíso", no es razón para sonreir?
Buen puente a todos, y si los pasáis con vuestros papis... pues que lo aprovechéis, de corazón.
Nos vemos el lunes!!!

Esa noche de julio...

Esa noche de julio...

Lo sé, soy consciente de que no tiene mucho sentido lo que voy a decir pero ME ENCANTAN LOS HOMBRES G!! Jaja, en serio, crecí con ellos, los primeros amores, las primeras canciones que te hacían llorar. Y esto a qué viene? A que estoy escuchando ese maravilloso concierto que pude vivir en directo el 1 de julio de 2003 en Las Ventas, un día glorioso, inolvidable, lleno de emoción, de diversión, de risas. Nunca he gritado, saltado y cantado tanto en un concierto. Cada una de las más de 30 canciones que tocaban me las sabía de principio a fin, 15.000 personas entregadas, una noche preciosa, "Temblando" por teléfono para M., tantos recuerdos... todo lo que estoy sintiendo ahora mientras escucho de nuevo ese concierto... ya, quizás esté loca, pero hoy me encanta estar loca por los Hombres G, jaja.

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Hombres G hicieron vibrar Las Ventas - 08/07/2003
UN CONCIERTO A LO RETRO
Dicen que el alcohol envejecido sabe mejor, coge más cuerpo y solera y encarece el producto. Esto es lo que ha pasado con Hombres G. Parece que los hayan metido en recipientes de roble y han salido rejuvenecidos, con más ganas que nunca de agradar. Sintiendo el paso de los años sobre sus cabezas se emocionan al ver la acogida que aún tienen sobre la gente que hace años corría a por sus discos. Su gente.

Y su gente llenó Las Ventas. Más de veinte mil personas (sin contar las que se quedaron sin entrada, que fueron muchas) abarrotaron el coliseo y las gradas de la plaza de toros para estar presentes en algo que seguramente perdurará en la mente de muchos.

Un concierto para rememorar tiempos pasados, quizá no mejores pero que han dejado un recuerdo imborrable en muchos. Y siempre hay tiempo para revivir los tiempos jóvenes, sobre todo para los que empiezan a sentir cómo el paso de los años va haciendo mella en los cuerpos serranos de cada uno.

Un desgaste que también se vio en el grupo de chicos que antes salían con vaqueros y camisetas y que quisieron comprobar si todavía tenían tirón y se quedaron boquiabiertos con el que tienen. La duda queda en si es por lo nuevo que quieren presentar o por lo antiguo que representan.


Todo empezó con un Mikel Erentxun también entregado aunque en el anonimato de las entradas y que comenzó a quitar telarañas de la cabeza de muchos con temas como Palabras sin nombre y En algún lugar. Luego subieron los G, más de dos horas de música, 30 temas de su década dorada y entre los que se escuchó alguno de los nuevos que componen Peligrosamente Juntos.

Dos horas que supieron a poco y que despidieron como antes, con Devuélveme a mi chica y Venecia, en un derroche de energía y de voz que ahora supone un doble esfuerzo pero que a ambos lados del escenario se vio recompensado por la euforia vivida en un concierto a lo retro.

Enemigos íntimos

Enemigos íntimos

Cuantas veces os ha pasado que justo cuando más necesitas el ordenador, el teléfono, la televisión, el coche, se ha estropeado?
Es algo tan habitual que no deberíamos ni enfadarnos, pero vaya, la rabia nos ataca en ese momento, y parece que justo ese instante, justo ese día necesitabas el teléfono como nunca, o necesitabas tener conexión a internet porque te iban a mandar aquel email que nunca llega. Justo ese día en la tele iban a echar la película que llevas años esperando, la final del concurso que llevas meses siguiendo o la final de la Champions que tu equipo nunca jugó...
La luz se va en el momento más inoportuno, aquel día que no tienes nada que leer, ni ganas de dormir, ni plan a la vista.
Sin duda son nuestros enemigos íntimos, elementos cotidianos que cuando nos fallan parecían más imprescindibles de lo que nunca creíste... en el fondo son como las personas, no?

Soltando lastre

Soltando lastre

He dormido bien, bueno, de esos sueños que te provoca una noche, tarde-noche mejor, en la que el vino circuló a demasiada velocidad en un momento dado.
Qué bien lo pasamos anoche! Estábamos de domingo, no empezamos con muchos ánimos, pero vaya, ZP y "es culpa tuya" empezaron a dar paso al habitual desfase al que estamos acostumbradas. Genial el Bacchvs, genial el vino, genial Gustavo y genial Marcos. Con todo ello y nuestras ganas de pasarlo bien sólo podía pasar lo que ocurrió, acabar en el coche de E. cantando sin música, inventando letras, dedicando canciones...
Y el peso que llevaba encima durante varios días me lo quité, y volví a sentir que en Madrid volveremos a reir pronto, porque eso es lo que se merecen las 200 víctimas, los heridos y todos sus familiares. Que no puedan con nosotros, que continuemos, que la rutina nos invada de nuevo.

Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid

Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid

A veces las personas nos desmoronamos en el momento más extraño. En ocasiones, como estas, desmoronarse es más fácil, incluso sirve de coartada por los hechos dantescos que hemos vivido. Y bueno, excusa no es, pero sirve para no tener que buscar una explicación a ese vacío que por dentro siento.
Me caigo, esta vez me caigo, y no logro sacar fuerzas de ningún lado parra remontar el vuelo. Porque las personas que sé que podrían hacerme levantar la cabeza no están precisamente por la labor.
Se confunden mis lágrimas, ya no sé si lloro por una cosa o por otra, no sé si sonrío por defecto o porque tengo ganas de hacerlo.
Me caigo, cada segundo que pasa me hundo más...
.
.
.
.
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Me he caído

Triste...

Por dentro, por fuera, por todo, por nada, por las palabras y por el silencio.
Triste, nada más...

Miedo, rabia, destrucción

Miedo, rabia, destrucción

No paro de escuchar sirenas de ambulancias, de imaginar los lugares en los que ha ocurrido, en pensar en quienes de las personas que conozco hacen diariamente ese recorrido.
No, no hay mejores muertos que otros, ni muertos más importantes ni nada de eso. Pero hay casos en los que duele más, quizás porque lo ves tan cercano, quizás porque imaginas que esa gente sólo va a clase, al trabajo...
Me cuesta pensar con claridad, no han parado de sonar ambulancias. Cómo explicar... Atocha, Santa Eugenia, Entrevías, justo los tres puntos que rodean mi casa. Nada ha pasado cerca, sí relativamente cerca, pero es que escucho la radio, voy oyendo: 5 muertos, 10, 15, sé que cuando leas esto la cifra será ya inmensa... (de hecho ahora acabo de escuchar 30 ó 40 muertos). Y creo que desde que era pequeña nunca había llorado por algo así, había sentido rabia, pero lo que siento ahora es mucho más que eso. Me acuerdo de todos los que son capaces de salir en una manifestación porque han detenido a un etarra, me acuerdo de todas las palabras vacías de todos los políticos. Pero sobre todo pienso en todas esas familias, en la gente que ahora mismo tiene que estar desesperada buscando a su hijo, a su marido, a su hermana, pensando en si habrán cogido alguno de esos malditos trenes.
Es todo tan caótico... no pienso en trabajar, en pensar, en nada, sólo me sale odio, rabia, miedo, no quiero imaginarme las cosas que cuentan, me duele imaginar el infierno que se ha vivido, que queda por vivir...
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Esto lo escribí antes de las 9 de la mañana... en fin, creo que quedan pocas palabras que decir. Demasiada muerte, demasiada tristeza, pocas lágrimas quedan ya por llorar y sí muchos ánimos hacia todos aquellos afectados directa o indirectamente.
Gracias a los que me han "acompañado". Dejo aquí el email de una amiga... creo que resume a las claras lo que hoy ha sido, es y será, el día más triste:

"Hace horas que no hago otra cosa que llorar, mientras la cifra de muertos crece y crece. ¿qué se puede decir en un día como hoy? ¿qué se puede hacer? quizá no mucho. Todos hemos visto hoy la muerte cerca, en algunos casos más que en otros, pero a todos nos ha tocado de una forma u otra. Son ya 184 muertos y todavía pueden ser más. Son las cifras de una masacre que nos ha sobrecogido a todos porque vivimos en un Estado de Derecho donde esto no tiene cabida, o al menos eso pensabamos.
Si hay algo que nos ha llamado la atención es la manera en la que se ha producido el atentado: varias explosiones y sin avisar. Estábamos acostumbrados a un modus operandi y esto nos ha dejado petrificados. Nos ha hecho ver hasta que punto somos vulnerables, hasta que punto el dia más rutinario puede convertirse en el ultimo de tu vida.

Me siento conmocionada y muy confusa, cuanta mas informacion recibo menos entiendo. He optado por apagar la tele, dejar de escuchar la radio y no leer mas; creo que me voy a ir a dormir, a soñar que este dia nunca existio".

R.

El trabajo bien hecho

El trabajo bien hecho

Lo conseguí. Después de carreras, de prisas, de agobios, de revisar y repasar textos mil veces, por fin hoy he acabado y ahora mismo me siento liberada!! Como si pesara 10 kilos menos, como si el día fuera soleado (que lo es, jaja), como si los pájaros cantasen (sirven los que suenan con los semáforos?), como si hoy fuese un día con un buen plan (que también lo es :P). En fin, que puede ser un gran día, que ya me siento tranquila, y eso es lo importante. Estoy como si hoy me hubiesen dado las vacaciones. En cierto modo es así, al menos hasta el lunes no pienso trabajar demasiado. Me merezco días de descanso, aunque sea descanso activo y tenga que venir a trabajar, pero prometo leerme todos los periódicos que vea, las revistas, navegar por internet y contestar a los emails que siempre se quedan en el tintero...
Se acerca la primavera... bueno, El Corte Inglés dice que ya es primavera :( Pero vaya, lo importante es que de verdad estamos cerca de que llegue una de mis estaciones favoritas. Me gustan las intermedias, me gusta poder salir a la calle con una camiseta y un jersey, aunque para poder hacer eso en Madrid aún nos quedan casi dos meses, supongo.
Al menos el sol brilla con fuerza y eso da vida, me gusta, estoy feliz, la verdad, estoy contenta.
Cómo pasa el tiempo, ya estamos a 10 de marzo, uf, hace nada comencé mi andadura en este blog, justo antes de que se acabara el año, lo hice de la mano de D. y ahora mira, cómo van cambiando las cosas, cómo van tomando forma aquellas que antes veíamos un poco distorsionadas. Y me gusta, me gusta el movimiento, la actividad, que las cosas sean dinámicas, pero no que haya cambios bruscos, quiero que vengan despacito, casi sin notarlos y que un día cuando mires a tu alrededor te des cuenta de que el paisaje ha cambiado, que ya no hay columpios, sino un banco, que ya no hay carretera, sino un jardín, que hemos madurado, que vamos aprendiendo, que seguimos mejorando.

Risoterapia

Risoterapia

Llevaba días sin escribir, no ha pasado nada muy especial que me animara a ponerme delante de la pantalla. O bueno, más bien al contrario, ha pasado algo, pero es triste, es malo, me cabrea y he preferido no pronunciarme.
Sin embargo hoy es un gran día, es el cumpleaños de E., gran amiga, persona que puede provocarte las mejores risas, de verdad. Cada día con ella es una terapia de risa y hoy en día: qué cosas hay mejores que reir y reir sin parar? Pocas, la verdad es que se me ocurren pocas cosas que merezcan más la pena. En fin, que por eso quería aprovechar este sitio para felicitarla, aunque ya lo he hecho de todas las maneras posibles, para pedirle que intente no cambiar nunca y para desearle que por fin consiga hacer realidad todo lo que sueña, que es poco, es sencillo, pero depende de otra persona por desgracia.
Y en menos de dos horas, el cumpleaños de otra de las grandes... vaya racha, estas Piscis, qué buena gente!

El pasado nunca debe morir

El pasado nunca debe morir

Una canción tiene esta preciosa cualidad, conducirte en un mundo de recuerdos a una etapa pasada, hacerlo con una risa o con el llanto incluso, recuerdos mentirosos que nos devuelven a veces una realidad que no fue tan bella, pero que ahora tenemos escondida en una caja fuerte como el momento más especial de nuestras vidas.
Hoy recuerdo una etapa intensa, no los días más bonitos, pero sí los más intensos. Mi etapa de la Universidad, mis días en la Facultad, mis horas de descubrimiento de una nueva persona, de alguien más auténtica de lo que nunca había sido.
Fueron días hermosos, por eso digo que ahora quizás los recuerdos me engañan, la mente me traiciona, los veo todos a través de un agujerito como días de sol, días de calor, sentados en el césped, bebiendo, riendo, cantando... y seguramente así sólo fue alguna vez, posiblemente hubo muchos días de lluvia, de frío, de lágrimas, porque 5 años enteros en un sitio son mucho tiempo, mucha vida.
Una canción, un grupo más bien, me ha recordado hoy todo ese submundo donde encontré a algunas de las personas más importantes de mi vida. Eso es innegable, no son muchos con los que sigo teniendo trato pero sí que es verdad que con los que sigo hablando son los "insustituibles". Pese a la distancia, pese al olvido, jamás podré olvidar a todos aquellos con los que compartí mis primeros sueños reales, los abrazos más sentidos, las sensaciones más grandes, mi primer trabajo, mi último aprobado, esas cosas que conforme pasa el tiempo recuerdas como un abuelo, jaja. No busco un reencuentro, ni mucho menos, me quedo con los que sigo viendo: R., E., D., T. Ellos siguen siendo fundamentales, pese a que el año 95 quede tan lejos que parece que nunca existió, pero lo hizo, vaya que si lo hizo.
Pronto quiero volver a ese sitio, antes lo hacía más a menudo. Cogía mi coche y con R. nos íbamos a "nuestro césped", a esa horrible cárcel a la que sin embargo quiero como si hubiera sido mi casa. Tengo ganas de volver, pero me asusta encontrar tantos sentimientos... pero sé que lo haré, y creo que sé con quien lo haré.

Nada

Nada

Hoy tampoco escribo yo, dejo que sean otros los que llenen este espacio en días en los que la inspiración o algo similar se ha ido de paseo. Me llama una amiga y me recomienda leer este artículo de opinión, escrito por el hijo de Carmen Laforet, la escritora que falleció la pasada semana, autora de "Nada", un libro que me marcó y que, en mi tremenda manía de tener una memoria selectiva, sin embargo no recuerdo. Lo he leído M.M., lo he leído y tenías razón, a la Lady esto le iba a gustar, jaja. Gracias.
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ALGO SOBRE MI MADRE por AGUSTÍN CEREZALES LAFORET. Escritor

Me piden, madre, que escriba algo sobre ti. Todavía no sé si debo hacerlo. Escribir ahora de ti es escribir sobre tu muerte, con el frío, todavía en los labios, del mármol fugitivo. No pensaba, no, escribir hoy de ti. Vagamente sentía el anhelo de, algún día, reunir en palabras lo que nos ha pasado. Esperaba poder esperar, dejar que el río de la tristeza fuera colmando el ancho vaso del vacío, hasta desbordarlo. Y sin embargo, aquí estoy, dispuesto a contar, a decir algo de lo que sé o creo saber de ti, a quien quiera oírlo. Has muerto, y tu muerte es la nieve. No duele. Es silencio. Es dulce y bella. Has muerto, y esa muerte tuya se me hace mía. Soy carne de tu carne. Muero contigo. Dejo yo también de ser, de estar aquí. Se desvanece el miedo, se apacigua el deseo. Tu mano ya no está en mi mano, el olor de tu piel ya no acaricia el aire, tus bromas tan sutiles ya no fruncen tu ceño tan severo, somos árbol y piedra escondidos en el bosque.

Queridos amigos: estaba hablando con mi madre, pero es a vosotros a quienes debo hablar. Ella se ha ido. Vosotros estáis aquí, algunos, y otros os fuisteis también. No voy a nombraros. Todos nos conocemos. Y si no nos conocemos aún, nos conoceremos algún día. Todos somos hijos de una madre, de un padre, los conozcamos o no. Mi madre tenía un nombre, Carmen, y una firma, Carmen Laforet, y un apellido más, Díaz, de origen toledano... Hablar de mi madre es hablar de la vuestra. No hay en la tierra cosa tan dulce, tan real, así sea imaginada. Pienso en los huérfanos niños, en la soledad de tantos como no han podido besar a su madre, estrecharla, reír y hasta reñir con ella. Sí, es en los huérfanos incesantes del mundo en quien pienso, ahora, desde mi recién estrenada orfandad. Llamo a vuestra puerta, pido vuestro abrazo, seáis quienes seáis. Y si queréis, dejad que mi madre sea también la vuestra. No la quiero para mí solo. No es sólo mía, mi madre, ni sólo de mis hermanos de cuna. Es cierto que ha muerto, que nos ha dicho adiós en la más estricta intimidad, como rezan las crónicas. Pero esto no es sino una forma de pertenecer a todos, de morir como todos -pienso- quisiéramos hacerlo.

Nuestra madre era escritora. Dejó de escribir hace años. Luego, paulatinamente, dejó también de hablar. De ningún modo, sin embargo, dejó por ello de ser escritora, de ser quien era, ni siquiera de decir. Al contrario: cuanto menos hablaba, más decía. Quizá deba pedir disculpas aquí. Parece que el silencio de Carmen Laforet tiene vocación de mito, de piedra miliar en torno a la cual especular distancias. Se ha hablado de Alzheimer, de demencia senil, de autismo. Estos términos médicos puede que no sean improcedentes, pero son sin duda insuficientes. No son improcedentes porque, cuando no hay términos propios, cualquiera sirve para salir del paso. Pero son insuficientes porque de ninguna manera rinden cuenta cabal de la situación que hemos vivido sus deudos -hijos, amigos, ángeles cuidadores- en estos años. Es mi deber tratar de expresar con palabras la realidad, por mucho que la realidad no admita fáciles parangones. De ahí el deseo de pedir disculpas, por no haber sabido satisfacer la curiosidad, el legítimo y afectuoso interés de tantos como han acudido a nosotros. Aunque siempre es mejor callar, pienso, que hablar en vano. En cualquier caso, la realidad es ésta: nadie ha visto en Carmen Laforet, en estos cinco, diez, quince años de su largo adiós, un solo gesto desacompasado, una sola respuesta incoherente, una fealdad, mezquindad, inconsecuencia cualquiera. Menos aún en estos días últimos, durante los cuales estar a su lado era estar muy cerca del paraíso. Dolores, llagas, extenuación; ni un solo ay, ni una sola queja. Pocos gestos, sí, pero todos plenamente suyos. A quienes han estado más cerca de ella no les ha cabido duda, en ningún momento, fueran cuales fueran sus facultades en ejercicio, de que era perfectamente consciente, de que percibía con total lucidez y tranquila simpatía, desde su establecida distancia, cuanto la rodeaba.

Sé muy bien que esto que digo parecerá inverosímil a más de uno. No importa. Yo abro un libro de mi madre, leo una frase cualquiera, y al instante me maravillo y emociono. Y como yo, otros muchos. Hay en su prosa algo intrínseco, limpio y poderoso, que no se desmiente nunca, que informa toda su obra, desde su primera novela hasta su último artículo, pasando por todos sus cuentos -a mí, sus cuentos, es de lo que más me gusta- y también por sus cartas, su escritura personal. En esto vida y obra, por mucho que hayan luchado, se funden en una sola continuidad, una misma y constante elegancia, pureza y poesía. Cuando los hermanos nos reunimos para decidir qué hacíamos con sus papeles inéditos, hoy póstumos, comprendimos que algún día habría que publicarlos, que ni eran sólo nuestros ni debían ser destruidos. Obtuvimos su aprobación, y decidimos no esperar más, entre otras razones porque queríamos que ella también disfrutara, en la medida de lo posible, de esa alegría. De ahí el anuncio, que ha venido a coincidir casi con su adiós, de la próxima aparición de «Al volver la esquina». En esa novela, por cierto, aparece la Sole, un personaje que con otro nombre y circunstancia está también en algún cuento, y que acaso sea el más entrañable de los suyos. La Sole es la niña huérfana. No es mi madre, ni su trasunto, aunque mamá también fue huérfana desde la niñez, pero sí es el vaso, el relicario donde puso toda la ternura, el amor y la solidaridad que le inspiraban, que le inspirábamos los desamparados.

Sí, a alguno le parecerá inverosímil que toda una vida, a despecho de las apariencias, obedezca a un solo anhelo: que toda una obra, dígase completa o incompleta, vuele a una misma altura. Menos mal: si nadie dudara, seríamos todos sospechosos. Pero yo no dudo: esta madre que se nos ha ido, esta señora tan respetuosa y tan bromista, tan desprendida y tan inexpugnable, tan encendida, serena, inalcanzablemente suya, fue dueña de sí desde el principio hasta el final. Por eso mismo quisiera dárosla, como si no fuera vuestra de antemano, como si no te hubieras dado toda tú ya, madre, como se da el sol, el esplendor radiante de los campos vírgenes y también el de las habitaciones humanas, con sus estropicios y desconchados, con su cúmulo de miserias incluso, que nunca será bastante para apagar el ascua encendida. Sé que es una idea un poco extravagante, ésta de dar una madre a los huérfanos. Quizá te haga sonreír. Pero tú misma enseñas, invitas a dar, y ahora mismo eres todo lo que tengo, y quiero darlo, para que nuestros amigos sepan también que morir no es siempre sólo eso, que morir, a veces, es haber vivido.

Paranoias en la calle

Paranoias en la calle

Te miro a los ojos y me pregunto de qué color serán tus sueños,
si son rojos, amarillos o azules como los míos.
Te miro a los ojos y me pregunto hasta dónde llegará esto,
si es locura lo que siento
o me siento loco dentro de ello.
dime, dime si está mal lo que haga...

Y si el miedo...

Y si el miedo...

"Sin miedo sientes que la suerte está contigo
jugando con los duendes abrigándote el camino
Haciendo a cada paso lo mejor de lo vivido,
mejor vivir sin miedo.
Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno,
las calles se confunden con el cielo
Y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo, así sin miedo,
si quieres las estrellas vuelco el cielo
No hay sueños imposibles ni tan lejos si somos como niños
sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir.
Sin miedo sientes que la suerte está contigo.
Sin miedo, las olas se acarician con el fuego
si alzamos bien las yemas de los dedos
Podemos de puntillas tocar el universo, sí, sin miedo,
las manos se nos llenan de deseos
Que no son imposibles ni están lejos si somos como niños
sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir.
Sin miedo sientes que la suerte está contigo.
Lo malo se nos va volviendo bueno
si quieres las estrellas vuelco el cielo
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir..."

Domingo... y a empezar de nuevo

Domingo... y a empezar de nuevo

Una noche más de domingo, me siento delante del ordenador, mientras suenan los últimos minutos de Carrusel Deportivo (ya no lo escucho, simplemente me acompaña su sonido, cosas extrañas, manías), no he cenado, tampoco tengo hambre. He estado en el fútbol y las pipas que he consumido ávidamente me quitan el hambre.
No tengo ganas de ver la tele, estoy a gusto en mi habitación, es un refugio perfecto. Cómo me gustaría algún día tener mi propia casa, vaya, ahora mismo me siento en mi propia casa, tengo una libertad y unas ventajas innegables, pero las ganas de tener MI SITIO están en mí desde hace tanto tiempo...
"Anima mundi" de Susanna Tamaro es el libro que tengo a medias, "Bananas" de Woody Allen la película que estoy viendo, mi trabajo prácticamente acabado, y un proyecto maravilloso detenido por mi poca dedicación. Tengo que proponérmelo, tengo que centrarme en ello y empezar a dar de sí lo que creo que puedo, que es mucho más de lo que hago, sin duda. Y es que aunque no fuera así si me resignara sería aún peor, no?
Comienza una nueva semana, un nuevo mes, en el que tengo puestas tantas tantas expectativas que casi me da miedo, ojalá sea mi mes, ojalá consiga ir cerrando puertas para abrir nuevas ventanas.

Death cab for cutie

Death cab for cutie

Acabo de llegar a casa. Hora y media de buena música, la puesta en escena de este grupo que descubrí gracias a E.
Me ha gustado, mucho, escuchar música en directo siempre me hace transportarme, viajar, soñar, pensar en muchas cosas, proyectos y gente.
Y además a eso se ha unido que el cantante en un inglés que yo he entendido a medias ha comentado una de esas frases que me hacen reflexionar: "nunca había estado en una ciudad donde en una parte nevara y en la otra estuviera soleado". Me ha gustado esa idea, porque así siempre he comprendido a Madrid: una ciudad de extremos opuestos. Un barrio como Vallecas y otro como Retiro... y mi casa en medio, en territorio de nadie. Cruzar un puente, el puente que va del paraíso a la miseria, de la riqueza a la pobreza, de la gente humilde a aquellos que ni siquiera te sujetan una puerta. He estudiado en Moratalaz, vivido en Aluche y Retiro, trabajado en Velázquez, ido a la facultad de Ciudad Universitaria, pateado Plaza España, recorrido mil veces Gran Vía. Ahora conozco poco a poco lugares a los que nunca pensé que iría, y me gusta, Madrid me gusta, aunque todos esos contrastes a veces me hagan también odiarla. Amor y odio, nieve y sol, los contrastes de las grandes ciudades, y de las pequeñas también, por supuesto.
La nieve de hoy ha sido un momento dulce, para recordar la infancia, para abstraerte, mirando la ventisca que arrastraba copos de nieve, ha sido una imagen bonita. Me he acordado de "American Beauty" y el episodio de la bolsa que gira y gira por el viento. Aquí el elemento era la nieve, el viento también tenía su importancia, y lo bonito era observar a la gente caminando, de un modo inusual, porque no sabemos movernos entre determinados elementos nuevos... contrastes, nieve y sol, música en directo, me gusta. Ha sido un buen día.

Serias dificultades de cualquiera que pasó la curva de los 18

Serias dificultades de cualquiera que pasó la curva de los 18

Las manos heladas, Calamaro y El Salmón sonando en mi discman, un móvil que no suena, una oficina con mucho movimiento, un calendario que marca fechas y pocas en rojo... y las que están en rojo no hacen más que provocar dudas en mi cabecita loca.
El trabajo ha dejado de ser un problema, por fin me he puesto al día y he conseguido solucionar poco a poco cada problema que surgía... escucho una canción que me trae demasiados recuerdos y no son agradables. A veces creemos tener superadas fases de nuestra vida, pero en el fondo lo único que hemos hecho ha sido echar arena encima, un día el viento soplará más fuerte de lo normal y el problema, esa vieja etapa volverá, y nos dolerá, pero vamos, que es ley de vida. Los recuerdos mentirosos son así, están ahí para atacarnos de vez en cuando.
Leo la contraportada de "El País", la crítica destroza "La pasión", película de Mel Gibson. Evidentemente no ha le visto, ni creo que lo haga a corto plazo, pero se me ocurre una canción que el otro día repetía con un amigo, por eso de la gracia que nos hacía: "Manolete, si no sabes torear para qué te metes", pues eso, cada uno a lo suyo. Yo sigo con lo mío, si es que consigo saber qué es lo mío.

"Dicen que sufrir es necesario, pero yo no veo la necesidad de sufrir.
Para parar hay que empezar algún día y yo no puedo dejar de empezar.
Me gusta cuando estás, me gusta si te vas, no sé de qué manera me gustas más.
Si pudiera elegir sabría qué decir, no quiero estar solo nunca más"

¿Nieve?

¿Nieve?

Dicen que ha nevado. Yo no lo he visto, pero vaya, que no creo que mientan, jaja. Simplemente que no he tenido la suerte de disfrutar de esa nieve, pero sí la desgracia de sufrir esa sensación gélida.
Llevo un par de días pensando demasiado, cuando eso ocurre las respuestas que hallo no me gustan mucho,suelen ser bastante negativas y especialmente desmedidas. Peco mucho de eso, de sacar los pies del tiesto, de montarme demasiadas películas. Creo que es una reacción que suele motivar el aburrimiento. Jo, recuerdo aquellos días en los que no tenía tiempo ni para respirar, no, no es que los eche en falta eh, que una es consciente de ser una privilegiada laboralmente hablando, pero sí es cierto que creó en mí un espíritu de actividad que he ido olvidando con los años. Me he acomodado, de mala manera lo he hecho, porque no es una cuestión simplemente física, es algo que va mucho más allá. Antes escribía, antes pensaba, antes hacía mil cosas y tenía mil planes, ahora tengo mil cosas que hacer, o dos mil porque se acumulan, pero sigo dejando los días pasar. Quizás necesito verme agobiada para reaccionar... cosas de mentes infantiles en ocasiones.
En fin, que tengo que superar esta barrera inactiva, pasiva, que debo recuperar el talante dinámico, y para ello necesito también con urgencia que la nieve desaparezca, que la lluvia sólo exista de noche y que el sol brille... me muevo por el sol, soy Leo y el sol me rige... o eso dicen los que entienden de esto.

Volviendo a casa

Volviendo a casa

Se acabó el fin de semana, magníficos días que he compartido de nuevo con personas que me duelen y me hacen feliz.
Granada estaba fría, como el resto de España, las habitaciones de la casa estaban gélidas, pero yo estaba feliz, y todos lo hemos pasado genial. Y ahora volvemos a la realidad de los lunes, a los lunes crudos, cocinados sin ninguna salsa, directos, francos, extremos. Sin ganas de trabajar y sí con ganas de planear, de soñar, de viajar.
De hecho lanzo la pregunta: me quiero ir en agosto de viaje, tengo dos semanas, quiero ir al extranjero. Si me hacéis una recomendación lo agradezco, yo busco la compañía.
Que la semana se pase de la mejor manera posible, yo creo que va a ser una buena semana, sí... el sol va a brillar más fuerte.