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El fin de los días grises

Paranoias

Somos levedad

Manolo García decía acertadamente en una de sus canciones que “somos levedad”. Y tanto que lo somos.

Acudo a mi blog consternada, sí. Consternada porque he visto la muerte de cerca, y sobre todo el dolor, la tristeza, la desesperanza… y el morbo.

Bajaba a mi coche, junto con D., poco más de las 10 de la noche, una noche calurosa. Íbamos felices, mañana celebramos un día especial. Y de golpe y plumazo esa alegría se ha borrado. Eso es lo de menos. Mi alegría, nuestra felicidad o no, es absurda, hasta superficial, en un momento como este.

Debajo de mi casa hay un gimnasio, y casualmente he aparcado enfrente de el. Al llegar al coche comprobamos que la calle está cortada, y nos es imposible salir, ni hacia delante ni hacia atrás. Coches y motos de policía, una ambulancia reculando y un coche funerario. El resto es hacer volar la imaginación. Quizás especular demasiado.

He visto tíos hechos y derechos llorando como niños, mujeres abrazadas llorando desconsoladas, personas con la mirada perdida, un cadáver de un joven, y decenas de morbosos asistiendo a este luctuoso hecho como si de la última película de Tarantino se tratara.

Hubiera pagado por no verlo. De hecho he pedido a un policía que me dejaran salir marcha atrás, pero mi coche estaba demasiado cerca del coche funerario, todo demasiado irreal, demasiado tétrico, demasiado dramático.

Somos levedad, demasiada levedad, y yo ahora soy sólo un muñeco sin alma.

P.D.: Carol, siempre estaré a tu lado, aunque me pierda, que sabes que lo hago, pero estoy, estamos, somos tus amigos, en lo bueno, y fundamentalmente en lo malo.

Por cierto, y para cambiar el tono del post: irónicamente hoy veía por primera vez una serie que me ha parecido maravillosa: “Tan muertos como yo”: Hay que ver, nos reímos con la muerte, jugamos con ella… ella nos da toda la vida de ventaja.

¿Y dónde...?

¿Y dónde estarás mañana al despertar?

¿Y dónde estoy hoy? Espacio y tiempo, variables que nos determinan la vida mucho más de lo que deberían hacerlo.

Hoy estoy aquí, y hasta ayer estaba bien. Pero ayer estaba en otro lugar y allí estaba mal.

¿Dónde estaré mañana? ¿Con quién? Y sobre todo, quizás lo más importante, ¿para qué estaré dónde y con quien?

Tranquilos, estoy bien, simplemente de vez en cuando me da por pensar estas cosas.

Me hago preguntas, pero creo tener claras las respuestas.

Con mil ideas por banda

He pasado de no tolerar a Mecano a escuchar sus canciones versionadas por una tal Fey, mexicana para más señas, si no me equivoco… que todo puede ser.

No tengo hijos, y a día de hoy tenerlos o no se me antoja como una decisión demasiado importante, el egoísmo me puede.

Sí tengo primos pequeños, amigos con hijos, primos con hijos, y amigos profesores.
A esto le uno el torrente de informaciones acerca de los niños que llegan cada día a mis oídos y mis ojos.

Mi amiga S., profesora luchadora como pocas, me cuenta sus batallitas cada vez que nos vemos. ¡¡¡Y cómo disfruto!!! Bueno, disfruto escuchándola, y porque luego surgen debates interesantísimos, pero no disfruto en sí con lo que me cuenta. De hecho es bastante triste. Niños completamente indisciplinados, maleducados, sin interés por nada, sin ganas de aprender y muchas menos ganas aun por escuchar.
No respetan al profesor, al director, ni mucho menos a sus compañeros, quizás porque desde pequeños no les enseñaron a respetar a sus padres.

Es posible, claro, que algunos casos se deban a la propia hiperactividad del niño, pero me cuesta creer que no sean los padres los primeros y principales culpables de su desidia y desprecio hacia el resto.

Yo jamás insulté a mis padres. Nunca se me ocurrió irme cuando me estaban echando una charla. Ni siquiera era capaz de mentir en cosas realmente importantes. Más de una bronca me he llevado por levantarme en restaurantes al querer irme a jugar con otros niños que por ahí pululaban. Mis padres me enseñaron que mientras se comía no debías levantarte, y mucho menos molestar a personas ajenas a nosotros, personas que pretendían comer tranquilamente. Ahora es ciertamente raro, muy raro, ver a un niño sentado en la mesa con sus padres. En cuanto el niño pone una mala cara los padres prefieren “librarse” del tormento que será oír sus llantos, así que mejor que se vayan a joder al de la mesa de al lado.

Bueno, como veis soy muy intolerante con ciertas cosas. Me encantan los niños, tengo muy buena mano con ellos. Los que me sacan de quicio son los padres, no soporto que no sean capaces de educar a sus hijos, repito: SUS hijos, no los míos.

Cuando llegue mi momento seguro que me equivocaré, y no sabré educarles como debería, pero hasta entonces creo que tengo derecho a quejarme de esos padres que piensan que tener un hijo es como comprarse un coche: un capricho que pagas año tras año. Si cuidas el coche, si prohibes fumar en él, ¿cómo dejas que tu hijo haga de todo?

Un año más, sin venir a cuento

En mi línea de ser una persona algo atípica (rara, según el idioma más habitual) me emociono una vez más al escuchar “Un año más”, de Mecano (sí, sigo escuchando Fey y sus versiones).

No falla, esta canción consigue meterme en el cuerpo un extraño mal rollo. Digamos que siempre, sin excepción, la Nochevieja me pone increíblemente nerviosa. Y oyendo por enésima vez esta canción vuelvo a recordar tantas y tantas Nocheviejas. Con la familia de mi padre, con la de mi madre, con R. y H. en un cortijo de Jaén, con S., Ch. y M. en el Penta, algunas insulsas, otras tristes, muchas divertidas.

Y puede que la mejor haya sido la de este año, por sencilla, por tranquila, por la compañía… y porque parece que voy aprendiendo a distinguir los días importantes de los que no lo son.

En fin, que siento mucho este post tan intempestivo, pero me ha venido la neura “nocheviejera”. ¿A vosotros os gusta o, como a mí, os produce una extraña desazón? ¿Una mezcla de alegría ficticia y tristeza encubierta?

Mi isla desierta

La mejor compañía, aquella que supiera compartir a partes iguales mis silencios y mis ansias de hablar, mis risas y mis desacompasadas lágrimas, mis gritos y mis susurros.

Un puñado de libros: algún best seller de literatura infumable, muchas páginas y algo de entretenimiento; un clásico, quizás el Quijote; la “Antología poética” de Benedetti; algún libro de relatos cortos, a ser posible dedicado por R., sí, me refiero a aquel libro de Quim Monzó que me fascinó.

Fotos, muchas fotos, guardadas en una cajita, con miles de recuerdos que saldrían volando al abrirla.

Y “Sin documentos” de Los Rodríguez, porque en mi pregunta absurda, lanzada al aire sólo se puede elegir una canción, se siente.

¿Qué os llevaríais a una isla desierta, pues? Ya sabéis, las respuestas deben ser así: persona, títulos de libros, objeto o fetiche, y una sola canción.

P.D.: Vale, no me engaño, la persona es D., ¿quién si no?

Si diez años después...

Este artículo salió publicado en la revista Ualä, de Alicante. Ya hablé de él hace meses, aquí lo tengo por fin.
Espero que os guste. Besitossssssssssss

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Si diez años después...

... te vuelvo a encontrar en algún lugar. Así cantaban Los Rodríguez, aunque detrás de esa frase se escondía una canción de amor, y en mi reflexión amor hay más bien poco.
El martes al mediodía salí feliz del trabajo, tocaba comer en casa y olvidar las obligaciones laborales durante el resto del día. Al llegar al buzón me sorprende una carta de la Asociación de Antiguos Alumnos de mi instituto, vaya, un lugar en el que tan sólo estuve un año, C.O.U., pero mi instituto al fin y al cabo. La abro, sin saber a las claras qué podría haber dentro, pero con la tensión propia de esos casos. Mil ideas cruzaron por mi cabeza, tengo la costumbre de pensar mucho y muy rápido, así que imaginé todo lo imaginable, bueno no, lo que no me imaginé es justo lo que encontré.
Un jarro de agua fría, un shock, un palo, un golpe seco en la boca del estómago, una noticia que me obligó a sentarme para no caerme al suelo.
Dicen que el tiempo pasa rápido, que en ocasiones olvidamos lo efímero de lo vivido, tachamos fechas en el calendario, sin darnos cuenta de que crecimos, que dejamos de ser esos adolescentes soñadores, utópicos e inconscientes, para pasar a ser esos adultos soñadores, utópicos e inconscientes que no han madurado ni quieren hacerlo.
Ese es mi caso, el mito de Peter Pan, las pocas ganas de poner seriedad a la vida, la necesidad de seguir jugando... así que cuando abrí el sobre y ví que ya hacía diez años, mejor dicho ¡diez años!, desde que dejé el instituto camino de la Universidad, se me cayó el alma a los pies. Qué razón había en esas palabras: “creíamos que nos íbamos a comer el mundo, ni siquiera conocíamos los móviles ni a Boris Izaguirre”. Han pasado diez años desde que estudié ahí, creyendo, confiando, en que mi elección universitaria sería la correcta. Sí, puede que eso no lo eligiera mal, porque hice lo que quería hacer desde que tenía uso de razón, pero la vida me ha dirigido a mí, no yo a ella. Y en diez años han pasado tantas cosas que podría hacerme pasar por una “abuela cebolleta” y empezar a contar anécdota tras anécdota, con el consiguiente bostezo de los más jóvenes, que ya me llaman incluso de usted. Me he hecho mayor y no me he dado cuenta. Madurar es otra cosa, pero crecer he crecido. Han pasado diez años, gobiernos distintos, escándalos, guerras, atentados, victorias y derrotas deportivas, miles de películas, series de televisión, televisión basura, conciertos de música, bodas, bautizos, comuniones, entierros, viajes, aventuras, amores, odios. Diez años son muchos años, porque pensándolo bien, ¿qué hacíamos un día como hoy de hace diez años? Ni móviles, ni DVD’s, ni internet, ni todos esos avances tecnológicos que son ahora como el pan nuestro de cada día.

En los brazos de la fiebre

Tres días me vengo a Madrid, tres y medio acaso, y de ellos dos enteros con fiebre.
Y encima ni al Atleti fuimos capaces de ganar.

Por suerte siempre supe valorar las cosas que sacaba para bien (aunque pocas personas me crean), y en este caso me quedo con esa cena del viernes con C., A. y S., llena de risas y buena charla, gran comida y mucha felicidad por los reencuentros, ya que S., desde la semana pasada, también se ha marchado de Madrid (ella por motivos de trabajo).

Además de la cena me quedo con el hecho de que ayer ví durante un ratito al loco de mi amigo-hermano A. y su novia. Risas, sencillez y miradas cómplices, y siempre acordándonos "del de la Biblia" y Bersuit.

Y por último, y más importante, pasar el tiempo con mi madre y mi hermano. Y la tortilla de patatas, jaja. Decidme, merece o no merece la pena el fin de semana? Bueno, a mí me lo merece.

Mañana autobús de vuelta a Málaga, espero que D. esté en la estación para recibirme, ahora que aúna en una sola persona la responsabilidad de ser novio, amigo y familia. Y mira que está cumpliendo con creces. Si es que algunos no confiais en la juventud...

El dolor, ese acompañante

El dolor es algo abstracto.
Difícil hablar de dolor, sí, pero sin embargo es más sencillo intentar explicar las causas de él.
Me duele, me duele muchísimo, que ella, que debería entenderme mejor que nadie mi situación, se envuelva de incomprensión y me machaque una vez tras otra. En fin, las relaciones de todo tipo tienen estas cosas: dar, recibir, sufrir, vivir. Son así, son necesarios todos los estadíos, todas las fases. Ahora no pasamos una buena fase, pero somos amigas, muy buenas amigas, y eso debe ser suficiente para tirar hacia delante.

Y la guitarra sonando

Y la guitarra sonando Ya conté una vez que me encantan los Gipsy Kings. No son mi estilo, no al menos de inicio, pero lo cierto es que los recuerdos y ese rasgueo de guitarra flamenca me envuelven.

Bueno, esto no es más que una entradilla como otra cualquiera para intentar escribir algo.
Porque no, no tengo nada predefinido sobre lo que escribir, simplemente me apetecía darle a las teclas.

He llegado hoy a Madrid. Viaje en bus esta vez. 6 horas dan para mucho, sí. Dan para escuchar la radio, a los contertulios hablar y hablar (bla, bla, bla) sobre el Parlamento vasco y demás. Dan para escuchar una grabación que traía de Milenio 3, sobre el Cortijo Jurado (me han entrado ganas de acercarme hasta allí, ya que está en Málaga, y ver qué tiene de cierto todo lo que he oído). Dan para hablar por teléfono y notar la voz triste de D. mientras me alejo. Dan para pegar una cabezadita, o dos incluso. Dan para pensar, para reflexionar, para recordar.

Llevo ya 5 meses sin trabajar. Al contrario de lo que muchos pudieran pensar en ningún momento me he aburrido o he sentido la necesidad de volver a encontrar un trabajo. El curro me dejó muy machacada psicológicamente, tanto que no tenía mucho sentido continuar con la vida que llevaba hasta entonces.

Hablando el otro día con M. -sentados en la tetería, ese sitio que ya hemos hecho nuestro en Málaga- le contaba que me sentí realmente mal, que decidí dejar de escribir porque me llegaron a convencer de que no sabía hacerlo, y mil cosas más que podrían considerarse acoso laboral. En fin, que mejor no hablar mucho de ello. Simplemente el otro día me sirvió para comprender un poco mejor si cabe que necesito aún mucho tiempo para recuperarme. Que tengo una ex-compañera de trabajo que vivió algo similar (en el mismo sitio de hecho) y ha estado más de 1 año en un psicólogo. Así que aún debo agradecer a alguien que tenga más fortaleza física que muchas personas.

Escucho "Mulder and Scully", la única canción salvable de un grupo que se llama Catatonia y su disco "International Velvet". Sí, quizás el mayor error en forma de disco que cometí en mi tierna adolescencia... qué tiempos aquellos.

Hoy es 20 de mayo y para los madridistas nostálgicos es un día que nunca olvidaremos. Gracias Pedja!

(Por cierto, no es curioso que casi todos los que me leéis sois antimadridistas o similares?)
Ya aprovecho para felicitar por aquí a Nastrud y al resto de culés, enhorabuena por la Liga (no reproduciré las palabras de Eto'o, aunque he estado tentada :P).
Besosssssssssssssssssss

Gracias a mis recuerdos

Vuelvo de estar con M.
Paseo por Málaga, entrecruzando mil pensamientos, dos mil malentendidos, mucha tristeza.
Pero me pongo el discman y la música que sale por los auriculares me otorga unos minutos de esperanza. Justo en ese arranque de melancolía paso por delante de un ciber. No puedo reprimir las ganas de escribir.
Ahora que me siento me lío más aún de lo que ya estaba.
Me siento indefensa ante los acontecimientos, ante los proyectos, los planes, las ideas. Se me escapa al control, y nunca me gustó no poder controlar mi vida.
Estoy un poco perdida. Necesito volver al sitio de mi recreo.
Ahí me voy.
Pese a todos mis errores, pese a mi silencio prolongado, pese a mis errores... yo os sigo necesitando, más que nunca ahora.

No te creo, pero gracias

22:31. Viernes 13.
Y yo esperando en mi coche, en una noche en la que refresca un poco más de lo normal (bueno, eso es lo que imagino, porque no sé si normalmente un 13 de mayo en Málaga refresca o no por la noche).

Me pasa H. un post curioso, sobre el interés o no de ciertas foreras por ser mediáticas. Me resulta curioso el tema. Creo que la lucha por ser o no alguien mejor en un foro no deja a nadie en buen lugar.

Cierto es que es agradable observar cómo alguien se acuerda de ti y te considera entre las "mejores" foreras, pero al margen de lo anecdótico, no es un poco absurdo todo esto?

Hasta dónde vamos a llegar si de verdad (y sí, me lo creo), hay gente cuyo afán es ser considerados mejor que otros en un espacio virtual.

Yo quiero, como casi todo el mundo, que me reconozcan los que me conocen... bueno, miento. Como periodista y Leo me encanta que me alaben, sí, sí. El halago, pero no gratuito, me da fuerza y vida, pero llevo tiempo sin buscarlo voluntariamente. Si llega, genial, pero no es mi objetivo, al menos hoy en día.

Dice mi madre que no me quiero nada, que nunca me valoro. Decía mi padre que debería creerme un poco más lo que soy, cómo soy. Dice mi novio que valgo más de lo que pienso. Y mis amigos siempre "me venden" ante el resto como alguien inteligente. Y digo yo... ¿dónde está mi valor cuando yo no soy capaz de verlo?

Las palabras de los amigos, de los que te quieren, de los que te conocen, reconfortan pero esconden un poso de inquietud. ¿Dónde está el límite de la realidad en esos casos?

Así que ahí va mi respuesta, y no es falsa modestia (lo puedo jurar), hacia aquellos que creen que soy mejor de lo que pienso: te equivocas, no te creo, pero gracias.

No por ello soy mejor... tampoco peor

Pero lo reconozco: no soporto a Fernando Alonso.
¿Razones? Pues es una fobia que se ha ido creando con los años.
Comenzó, haciendo cuentas, en el 2002 o así, tras una breve entrevista de menos de 2 minutos y más de una semana de llamadas para conseguirla.
Y ha ido creciendo poco a poco.
Nunca me gustó la prepotencia, y este caso me parece un poco excesivo.
¿Lo peor de todo? Que es demasiado bueno como para tener que ser tan chulo.
Es una opinión, algo personal, y quería escribirlo.
Que nadie se moleste... o sí, da igual.

Comida china

Comida china Me gusta la comida china.

Hubo una época de mi vida en la que odiaba ese tipo de comida. Más de una y más de dos discusiones tuve con mis amigos por ir a comer a un restaurante chino.

Y sin embargo, aún no sé cómo, un día decidí que estaba enganchada a la comida china.

Sí, no es sólo que me guste, es que cada cierto tiempo necesito pedir comida china, o ir a un restaurante chino, y probar esos extraños sabores, esas sustancias que prefiero no pensar de dónde pueden salir.

El caso es que en el fondo siempre hay cosas en nuestra vida que antes no nos gustaban y ahora nos encantan, o viceversa.

Las comidas, la música, el cine, los amigos, las parejas, las ciudades.

Ahora, ahora que ya no estoy en casa, me doy cuenta de que odiaba cosas que son absolutamente fundamentales para una buena vida.

Claro, "nunca digas de este agua no beberé", si es que el refranero popular sabe más que nadie.

Adoro la comida china, y no me gustan muchas de las personas que antes necesitaba en mi vida, llamadme rara.

Una foto de carnet

Escucho en "La Ventana" de la SER una entrevista con una tal Piedad, fotógrafa octogenaria de Palencia, que con sus palabras me ha ido conquistando, y convenciendo, un poco más aún de lo que ya estaba.
La fotografía es algo mágico.
No soy una buena fotógrafa. Ni he estudiado ni nunca he pretendido hacer fotografías más allá de mis viajes y paseos. Desde mi pequeña cámara regalada en mi primera comunión a mi última cámara, una digital que me regaló mi hermano y que ha sido uno de los mejores regalados nunca recibidos. Siempre ha sido el complemento perfecto para cualquier acontecimiento de mi vida, y a día de hoy me alegro de haber soportado estoicamente las quejas constantes de mis amigos/familiares fotografiados.
Puedo con esas pequeñas instantáneas recordar, repasar, casi cada momento desde que tengo uso de conciencia.
Mi vida está adornada por imágenes de todo tipo, por personas que se fueron para no volver, algunas de las que no recuerdo el nombre y otras que siguen como antaño.
Este fin de semana he seguido completando mi álbum. Un lugar conocido, otro nuevo, dos de las personas más necesarias, queridas/amadas, importantes de mi existencia... fotos, fotos, fotos.

Quizás nadie me vea correr…

Corro desde Madrid a Málaga para que allí no vean mis lágrimas.
Llego a Málaga y me oculto entre las sombras para que nadie distinga que lloro.

Hoy mi padre habría cumplido 62 años. Pero no los ha hecho. El destino o lo que sea decidió que no llegaría a cumplirlos, ni tampoco los 61.

Así es la vida, también así es la muerte. Y creo que por eso precisamente hoy tengo derecho a derrumbarme, a exigir un abrazo, a buscar tu voz, tu ánimo, tu mirada, la de todas y cada una de las personas que de un modo u otro comparte conmigo esta batalla diaria.

"Dime, si tú te vas...
¿Qué hago con mi vida?
Dime, si tú te vas,
cómo recompongo los pedazos
esparcidos por el suelo de mi amor.
Dime ahora qué hago yo.
Es que si tú te vas...
todo queda en nada.
Es que si tu te vas,
sola mi mirada despistada,
caminando en línea recta hacia...
no sé...
Quizás deba volver corriendo a mi niñez,
donde nada era tan importante
como importante me es ahora tu querer.
Volverme a refugiar cerca de mi mama,
que si tú te me marchas,
¿quién me cuida? ¿quién me abraza?
¿y quién me mima si te vas?
Porque si tú te vas...
mi mundo se hiela.
Porque si tú te vas...
mi alma se congela
y por mis venas
corre el frío viento
que hace enmudecer
a este pobre ser.
Es que si tú te vas...
Quizás deba volver corriendo a mi niñez,
donde nada era tan importante
como importante me es ahora tu querer.
Volverme a refugiar cerca de mi mamá,
que si tú te me marchas,
¿quién me cuida? ¿quién me abraza?
¿y quién me mima si te vas?"

Elefantes

La épica de la victoria

La épica de la victoria 00:41. Sábado noche. He llegado hace poco a casa. El día ha sido muy bueno, y el final mejor aún.
Es la épica del fútbol, en este caso la épica de la victoria, del deporte.
El ambiente lo hace todo, y esta noche las gargantas y los corazones se han unido para colorear una noche que siempre recordaré.
Qué tonta es la vida, qué tontos los corazones y los sentimientos, qué tonto quizás abrazar esta noche la felicidad por 90 minutos de épica.
El fútbol es así, que dijo el sabio. La épica es así, que digo yo.
Yo me bajo en Santiago Bernabéu...

Perdida en mi habitación

Perdida en mi habitación "Perdido en mi habitación
sin saber qué hacer
se me pasa el tiempo
Perdido en mi habitación
entre un montón
de discos revueltos"

Mi habitación es un lugar especial. Hablo de la de Madrid, y pronto lo haré de la de Málaga, pero de momento me quedo con la habitación en que más horas he pasado en los últimos 25 años.
Mi habitación fue en sus inicios la habitación de mi hermano, pero un día, no sé porqué, pasó a ser la mía. La cama cambiaba, cada semana en un lugar distinto, hasta que por fin hace unos años tomó un sitio y ahí se quedó.
Entra el sol durante todo el día, algo que me ha marcado y me ha hecho necesitar un espacio luminoso para vivir, para ser yo misma. Soy Leo, y dicen que el Sol es el astro que nos rige, supongo que este es un caso más.
La primera noche que dormí en mi habitación lo hice con la luz encendida. Serían miedos infantiles supongo, o el hecho de que por primera vez dormía sola. Hasta entonces (tendría 4 ó 5 años) dormía en la cama de al lado de mi hermano. Cuando no podía dormir me daba la mano y me decía que cerrara los ojos, pensara en algo bonito y me relajara. Así aprendí a dormirme sin temor a nada. Nunca lo he hablado con él, pero me enseñó a tener -hasta el día de hoy- una facilidad pasmosa para dormir (quizás no rápidamente, pero sí profundamente).
Mi habitación ha sido mi refugio, el sitio de mi recreo, el lugar donde he soñado, he vivido, he compartido. Gran parte de mis mejores momentos han sucedido en este pequeño cubículo, escasos metros cuadrados cuyas paredes están adornadas de fotos de quienes fueron, son y pudieron ser grandes episodios de mi vida: mis amigos.

Lo que fue para siempre que no caiga al olvido

La melancolía está siempre a la vuelta de la esquina.
Puede que no añores a las personas, pero los recuerdos de momentos bellos vuelven, sin duda, en algún u otro momento.

"Mejor buenos recuerdos que un pasado perdido".

Estos días, será la primavera, me siento más melancólica que nunca. También coincide con que he recibido noticias de mucha gente que andaba perdida, y que M. está en Málaga y puedo compartir con él esas charlas tan irreales, fantásticas, oníricas.

Echo de menos a R., muchísimo más de lo que ella sabe. Necesito como el comer un abrazo tímido suyo (porque R. siempre fue muy tímida en las distancias cortas), su mirada excrutando mis palabras, sus palabras analizando mis gestos, sus silencios valorando mis ideas.

Echo de menos a P. Y a E. Echo de menos las tardes de colegio sentada en las escaleras, echo de menos los paseos por el Retiro, ver la tele con mi padre, ir a casa de mi yaya a comer un sucedáneo de chocolate malísimo y salchichas ahumadas, jaja.

Se extrañan cosas livianas, quizás demasiado livianas, pero no son esas las que a fin de cuentas nos dan vida a diario?

Y aquella tarde tan gris se llenó de color...

“Desde aquí, desde mi casa veo la playa vacía.
Ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia”.

Iván Ferreiro –ya lo dije hace un tiempo- ha hecho una maravilla de trabajo. Un disco lleno de joyas incomparables las unas con las otras. Regalos para los oídos, y en general para los sentidos, porque así es la música, algo que vivir con todos los sentidos.
La música se oye, se siente, se palpa, se huele, se ve, la música es parte de mi cuerpo.

Nunca me gustó bailar, es algo que no va conmigo. No sé si es mi falta de coordinación, de ritmo, o mi insuperable miedo a hacer el ridículo, lo que me ha llevado a no haber bailado en mi vida quizás más de 20 segundos seguidos. No, ni siquiera bailaba en casa, a escondidas y enfrente de un espejo como muchos otros adolescentes. Lo máximo que he hecho ha sido saltar como una loca en un par de conciertos, pero saltar, saltar, nada de mover las caderas. No, no bailo, ni me gusta ni me interesa. Me parece algo completamente prescindible, aunque tenga una madre artista que baila como los ángeles.

De lo que no podría prescindir jamás es de la música. Sin ella pierdo parte de mi esencia.

Quizás vuelva en este blog a la costumbre que tenía siempre de escribir cartas empezándolas con la letra de una canción. Una canción puede decir mucho, da igual el idioma, da igual todo, sólo hay que leer, dejarse llevar y pensar que cada una de las canciones (aunque nos lo nieguen) han sido compuestas para nosotros.

Como todas las canciones de Iván Ferreiro, hechas para mí, para ti también, deberías escucharlas, no crees?

P.D.: H., anímate, que me gusta leerte feliz, irónica, brillante. Un abrazo, como el que te mandé el otro día por SMS, me alegro que sirviera para algo.

Y aquella tarde tan gris se llenó de color...

“Desde aquí, desde mi casa veo la playa vacía.
Ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia”.

Iván Ferreiro –ya lo dije hace un tiempo- ha hecho una maravilla de trabajo. Un disco lleno de joyas incomparables las unas con las otras. Regalos para los oídos, y en general para los sentidos, porque así es la música, algo que vivir con todos los sentidos.
La música se oye, se siente, se palpa, se huele, se ve, la música es parte de mi cuerpo.

Nunca me gustó bailar, es algo que no va conmigo. No sé si es mi falta de coordinación, de ritmo, o mi insuperable miedo a hacer el ridículo, lo que me ha llevado a no haber bailado en mi vida quizás más de 20 segundos seguidos. No, ni siquiera bailaba en casa, a escondidas y enfrente de un espejo como muchos otros adolescentes. Lo máximo que he hecho ha sido saltar como una loca en un par de conciertos, pero saltar, saltar, nada de mover las caderas. No, no bailo, ni me gusta ni me interesa. Me parece algo completamente prescindible, aunque tenga una madre artista que baila como los ángeles.

De lo que no podría prescindir jamás es de la música. Sin ella pierdo parte de mi esencia.

Quizás vuelva en este blog a la costumbre que tenía siempre de escribir cartas empezándolas con la letra de una canción. Una canción puede decir mucho, da igual el idioma, da igual todo, sólo hay que leer, dejarse llevar y pensar que cada una de las canciones (aunque nos lo nieguen) han sido compuestas para nosotros.

Como todas las canciones de Iván Ferreiro, hechas para mí, para ti también, deberías escucharlas, no crees?

P.D.: H., anímate, que me gusta leerte feliz, irónica, brillante. Un abrazo, como el que te mandé el otro día por SMS, me alegro que sirviera para algo.