Blogia

El fin de los días grises

Una noche sin ti

Os dejo la letra de una de las canciones que más me marcó en mi adolescencia.

Para mí son recuerdos del John Silver, uno de los pocos bares que jamás borraré de mi mente.

Estaba ahora escuchando esta canción mientras mi hermano trastea en la otra habitación, poniendo en ella mi viejo dormitorio de Madrid. Por un momento he tenido 19 años...

Por cierto, en 22 días abandono también el número dos de mi edad, cumplo treinta, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!

Bueno, esa historia vendrá en otro momento.

La de hoy es que intentéis escuchar esta maravilla. Espero que me digáis qué os parece.

Ah, M., tú siempre serás el único M. El otro es más P., ya dije que dependía de para quien. Si quieres a partir de ahora me dirijo a él como Mi. para evitar confusiones, ;)

UNA NOCHE SIN TI
Burning

Son las tres de la mañana
y yo sin poder dormir.
Doy mil vueltas en mi cama,
sólo pienso en ti.

Y que sé yo,
si estoy tan solo,
no puedo hablar con nadie
Y que sé yo,
si estoy tan solo,
necesito tu amor.

Dan las seis,
oigo cantar a los Stones,
recuerdos de pelo largo ...
Viejo blues,
queridísimo Eric Burdon
Ayer, ayer ...

Un sonido muy lejano
llega a mis oídos,
Es el ruido de un cerrojo
que abre una dulce llave

Y que sé yo,
si estoy tan solo,
no puedo hablar con nadie
Y que sé yo,
si estoy tan solo,
quizá sólo sea un sueño.

Brutus el magnífico

Ha venido por fin mi hermano a Málaga. Y lo hace en el mejor momento posible, justo cuando me he quedado solita.

He tenido el peor viaje de mi vida hoy. Desde Denia, un viaje que no debería llegar a cinco horas, y sin embargo ha superado las seis, ya que he tenido que parar como seis veces. Me encontraba fatal, estaba mareada, con nauseas, y finalmente he vomitado. ¿Sabéis lo difícil que es conducir mareada? No quiero recordarlo.

El caso es que he llegado a Málaga sin fuerza para respirar, y mucho menos para trabajar. Así que tarde libre y a esperar a mi hermano.

Me ha llenado su llegada, ha sido un soplo tremendo de aire fresco, y un inmenso trabajo el tener que subir mi viejo dormitorio de Madrid a mi nueva casa. Pero una vez finalizado nos hemos dado un enorme homenaje, y nunca la palabra "enorme" tuvo mejor significado.

Hemos ido a un lugar llamado Brutus, una franquicia donde la comida tiene medidas desproporcionadas. No os miento: medio kilo de patatas fritas y hamburguesas del tamaño de una pizza. Alucinante.

Eso sí, tardaré un tiempo en comer de nuevo hamburguesas, o al menos eso me parece ahora mismo.

D. está ya en Egipto, disfrutando como se merece. Le extraño tanto... pero me sirve saber que está bien. Es más que suficiente.

De Málaga a Valencia

Ya estoy en Valencia.

He llegado después de seis horas de viaje en coche. Tan pronto hemos despertado que ni siquiera recuerdo haberme dormido.

Ahora mismo estoy en casa de los novios, aunque ellos no están.

La hospitalidad de mi amiga N. es tal hacia nosotros que nos ha dejado preparada una casa preciosa con el aire acondicionado, comida en la nevera, un baño de hidromasaje y dos juegos de toallas comprados exclusivamente para nosotros. Vamos, que ni en los mejores hoteles.

Y encima nos ha buscado un chófer y todo (el hermano del novio), que pasará a recogernos para llevarnos a donde se celebre la boda, que no tengo ni idea de qué sitio es.

De Valencia no hemos visto nada. Cierto es que tanto D. como yo ya conocemos esta ciudad, y a eso se une el viaje ya comentado, largo y largo. Pero nos faltará tiempo para dar un pequeño paseo por esta ciudad, "avenida de gigantes", como un día dijo Revólver.

Y también nos escasea el preciado bien medido por los relojes para ver a nuestro amigo M. Nos ha llamado pero estábamos comiendo, y en breve debería llamarle para decirle que no falta mucho para que vengan a buscarnos. Me encantaría poder tener un ratito para tomarnos algo con él, tan callado, tan profundo, tan sincero, tan M., o P., depende de unos y otros.

En fin, que mañana proseguimos nuestro pequeño Tour, sin Pereiros, Sastres ni Landis, pero con bodas, playa y familia, amigos y reencuentros, cariño y añoranza, sonrisas y despedidas.

Será otra historia, y pronto quizás sea narrada... tiempo al tiempo

Se casa N.

Bueno, en realidad ya está casada, pero el viernes, es decir mañana, nos hace partícipes a todos los demás de ese evento.
Y cojo mi coche, cojo a D. y nos vamos a Valencia a pasar ese único día, porque al día siguiente me marcho corriendo a mi madre a Denia. Que ya son muchos días y ya no puedo más...

Estoy bien, espero en breve poder escribir más aún.

D. se marcha a Egipto y quiero intentar valorar y aprovechar esa soledad que tanto me asusta. Espero compartir esos días con vosotros.

Besos, cálidos y calurosos, con aroma a pescaíto y a paella.

Reencuentros

Reencuentros

Viene J. a Málaga, y lo hace con su novio-marido A.

Es un reencuentro físico, hacía tiempo que no nos veíamos, más de año y medio.

J. es un viejo amigo, de cuando yo trabajaba en la radio (hace más de 10 años). Un tio peculiar, una persona con la que –ayer me daba cuenta- he vivido muchísimos momentos importantes de mi vida, a nivel profesional por supuesto, pero sobre todo a nivel personal.

Ayer recordábamos a algunos de nuestros viejos compañeros. Se han casado, se separan, conocen parejas nuevas, prefieren estar solos…

Hicimos balance de los años compartidos, y casi convividos, habida cuenta del tiempo que pasábamos juntos.

Y recordé a tanta gente que ya parecía olvidada que se te remueve la conciencia, la mente, el corazón.

Vuelven los recuerdos.

Y recordé de nuevo a D., otro compañero de la radio que me marcó profundamente y cuyo deterioro nos llevó al olvido. Y ayer me armé de valor y le envié un sencillo mensaje al móvil. Y su respuesta me hizo sonreir (“he cambiado bastante, soy gordo, calvo y feliz”). Pero también me dí cuenta de las vueltas que da la vida.

J. me hablaba de una foto que tiene en su casa aún. Una foto hecha en Denia donde salimos este D., mi amiga R. y yo. Los tres vivíamos en Madrid. D. y R. tenían unas parejas que ahora ya no sabemos casi ni por donde andan. Y éramos jóvenes, insultantemente jóvenes… e inocentes en cierto modo.

Hoy D. es taxista, y está soltero, ni aquella novia ni la posterior lograron atarle, o soportarle.

R. vive entre Sevilla y Cádiz, y acaba de tener un niño precioso que es nuestro sol, A.

Y yo vivo en Málaga. Y soy inmensamente feliz al lado de D. Pudiendo contarle estas pequeñas batallitas de cuando yo era más inocente, cuando soñaba con triunfar en la radio y vivir para siempre en Madrid. Batallitas de cuando peleaba a diario con mi padre por ver una cosa u otra en la televisión.
Batallitas de cuando salíamos por la noche cada jueves, tras trabajar, para hacer siempre la misma ruta: caminando por Colón, subiendo por Génova, llegando a la cervecería Santa Bárbara (con sus míticos Metros de calimocho) y acabar borrachos y bailando las canciones más horteras del Cartoon, con nuestro himno de los viernes: “Vivir así es morir de amor”, del inolvidable Camilo Sesto.

Son cientos de batallitas que esta mente selectiva se encarga de guardar en el baúl de los recuerdos. Y que en ocasiones necesito rememorar. Así comprendo mejor que fui muy feliz en Madrid, en mis años de la radio especialmente (aunque si lo pienso bien las etapas posteriores también fueron preciosas). Que conocí gente que ya no está en mi vida (excepto dos o tres casos), pero que en cierto modo forjaron también mi forma de ser. Me sentí valorada, me sentí útil, me sentí muy querida. Y eso lo tengo que agradecer.

Luego es cierto que las cosas no siguieron por esa ruta imaginaria que queremos dibujar para nosotros. Pero al menos espero que todos aquellos que reíamos a carcajada limpia en el Cartoon (hoy ya cerrado) sigamos sonriendo en ocasiones, y guardemos esas noches eternas en un cajón sin cerradura.

Es hermoso el reencuentro, aunque sea con uno mismo.

Robo a mano armada

Se lo quita a mi querida y extrañada H.

Tu última/o

1- ¿...charla de "tú a tú" ¿con quién ha sido?
Mis charlas de tú a tú, viendo los ojos, sintiendo la respiración, las he tenido últimamente con D., y bueno, algo similar, pero muy breve con una compañera de trabajo, A.

2- ¿...llamada de teléfono fue?
A mi madre, para decirle que espero que haya pasado un gran día de cumpleaños, que 61 años no son nada si se llevan con la vitalidad que ella los lleva, y que la quiero. Hace unos minutos.

3- ¿...SMS?
A la Niña C., para contestar a un mensaje suyo que ma he hecho sonreir, y lo necesitaba. Gracias guapa, gracias mi niña.

4- ¿... email personal?
A la Niña C., también. Fue hace ya una semana, y es que no tengo internet y sólo los martes puedo escribir algo. Ella necesitaba hacerse oir y yo quise escucharla.

5- ¿... carta manuscrita, recuerdas a quién escribiste?
Sí, a H., una breve reseñita junto a unas fotos, o quizás a alguien más, pero eso por desgracia ya quedó en el olvido.

Bueno, y esto me recuerda que debo muchos sms, charlas cara a cara, llamadas, cartas. Y que además os echo de menos.

Sí, a ti te echo de menos, y a ti también, y tu sonrisa, y tus palabras, y tus ánimos, y tus llamadas, y tu presencia, y tu cariño.

No me dejes nunca.

La frase


"Ya va a llegar el día en que los mares se conviertan en Soda y las olas resuenen en Stereo, porque todo volverá a ser como fue"

Esta frase resume, en mi opinión, la belleza de las palabras.

No significa mucho, o al menos no parece significarlo, pero no tengo dudas de que para los fanáticos de un grupo magistral como es Soda Stereo esta conjunción de palabras es pura belleza.

Y para mí, que me encanta Soda Stereo, sin llegar a límites fanáticos, me parece que las palabras pueden ser una obra de arte en sí mismas.

Cómo hablar

Nos falta decisión propia. Escasea alarmantemente la autonomía de pensamiento. Da igual si la elección es a o b, blanco o negro, alto o bajo, gordo o flaco. Nos cuesta definirnos.

Abogamos por esa absurda diplomacia que envuelve de falsedad cada conversación que mantenemos (o al menos un 80% de estas).

Será por el miedo al rechazo, por la ingenua y adolescente necesidad de tener que caer bien a todo el mundo. El caso es que estamos consiguiendo vivir en un mundo de medias tintas.

Y no me gusta.

A mí no me gusta que se me reprochen cosas cuando desaparezco del mapa, pero menos aún me gusta que si pregunto me digan que todo está bien.

No me gusta que me escriban un “te echo de menos” y cuando nos veamos no nos hablemos ni cinco minutos.

No comprendo porqué juzgamos tan rápido la ausencia, la falta de llamadas, la escasez de noticias.

Últimamente no estoy para nadie, es cierto. Puedo justificarlo, justificarme, pero no tengo necesidad. Quien quiera me lo puede preguntar, puede interrogarme si se debe a una crisis antisocial o a cuestiones internas. Puede mostrar interés en decirme qué piensa sobre esa actitud, o no decirme nada, pero entonces no admitiré posteriores reproches.

Con todo esto pretendo explicar que tendríamos que saber antes porqué una persona ya no llama como antes, ya no queda como hace tiempo, ya no es igual. Antes intentar ponernos sus zapatos y después juzgar. Yo también lo hago mal, que conste que no quiero decir que yo analice cada actitud antes de decantarme por una u otra opinión. Me confundo mucho, tomo decisiones incorrectas y sobre todo injustas. Pero quizás me esté cansando de pedir perdón y que nadie me lo pida a mí. Quizás abogo por el silencio en vista de que las palabras no solucionan nada.

Es fácil preguntar a alguien si está bien. Lo difícil es poner el interés suficiente para saber si nos está diciendo la verdad. Me propongo intentarlo, y no es Nochevieja ni una fecha marcada para hacer promesas. Es el momento en que quiero coger el toro por los cuernos y decidir por mí misma. Elegir ver el telediario de Antena 3 o de Telecinco porque a mí me apetezca. Le guste a quien le guste.

¿Pepsi o Coca Cola? ¿Cola Cao o Nesquick? ¿Lost o Prison Break? ¿Beso, verdad o atrevimiento?

Niños indefensos

¿Hasta qué puntos somos conscientes de que no tenemos nada más valioso que nuestra propia vida?

¿De qué sirve todo el dinero ganado, los planes de futuro, los sueños, si no tenemos salud?

Castiga al ser más indeseable del mundo con la falta de salud y ese ser, antes impenetrable, grosero, cínico, se convertirá en un pobre niño indefenso.

Y es que eso es lo que somos ante la enfermedad: niños indefensos, temerosos, ávidos de una voz, una mano, una pastilla, que nos traiga la salud.

Desde aquí mi apoyo a todos aquellos que a diario tienen la lucha más importante: la lucha por la vida.

A por ello!

Ya voy consiguiendo contar a un cliente una historia de Movistar mientras tabulo la llamada.

Ahora sólo me queda ser capaz de escribir mientras veo la tele con D. al lado.

Me costará, mi blog se merece toda la atención del mundo.

Felices minutos, felices días, feliz vida a todos amigos.

Te echo tanto de menos

Cuatro años sin ti, papá, pero el resto de mi vida acompañándome para ser mejor persona, apoyándome para no sentirme sola, animándome para no llorar, creyendo en mí para triunfar.

Cuatro años sin ti, papá, pero el resto de mi vida para seguir admirándote.

Te quiero, te echo de menos... te echo tanto de menos.

Rey de Francia

Manchado de la tierra batida de Roland Garros, con los ojos llorosos y el semblante serio mientras suena el himno español. Rafa Nadal se ha proclamado por segunda vez consecutiva vencedor de uno de los cuatro Gran Slam de tenis. Un torneo con un sabor especial.

Tiene Nadal el récord de no haber perdido nunca en esa tierra batida francesa. Es decir, ha tenido tan sólo dos participaciones y las dos veces ha ganado. Y tan sólo tiene 20 años.

Hace poco batía el número de victorias consecutivas que ostentaba el argentino Guillermo Vilas, y ahora sigue acrecentando ese récord, mostrando su tremendo poderío en las pistas.

A mí Rafa me cae de maravilla. No tiene el ego absurdo de otros grandes ganadores. Le veo natural, le veo infantil en ocasiones, le veo modesto, le veo grande. Sabe de su virtud y la ejecuta en silencio.

No sé si será flor de un día, de dos o de una eternidad. No sé si Nadal podrá practicar ese tenis durante muchos años, pero lo que sí sé es que a mí me costará no recordar las proezas del manacorí como eventos para narrar en un futuro.

Enhorabuena Rafa, gracias Nadal, Rey de Francia.

Ser un ejemplo

Nosotros no somos luchadores. La inmensa mayoría nos dejamos llevar por la vida, por las circunstancias, por los que nos viene marcado. En pocas ocasiones nos enfrentamos a problemas de difícil solución, a dilemas que podrían señalar nuestra vida.

No, no digo que tengamos vidas fáciles… o sí?

Sí, entonces sí digo que tenemos vidas fáciles. Con nuestros altibajos, con nuestros pequeños problemas cotidianos y sufrimientos eventuales.

Pero leo, veo, escucho, ciertas historias y pienso si yo tendría el valor de sus protagonistas.

Por ejemplo, me centro en una historia, la de un tetrapléjico que tras siete años de lucha ha conseguido que le reconozcan como “adulto”. Sí, como persona que puede tomar sus propias decisiones. Este maravilloso hombre sufrió, con tan sólo 32 años, un ictus, un infarto cerebral que le dejó, no sólo postrado en una cama de por vida, sino incapaz de articular palabra alguna. Con lucha, con esfuerzo y sobre todo con valentía, ha logrado comunicarse con los que le rodean. Primero a través del movimiento de sus párpados y la expresión de sus ojos, y posteriormente con su dedo índice y la ayuda de un programa informático.

Admirable, colosal, sublime. Eso es luchar, eso es vivir. Desde aquí mi más profunda admiración a quienes, como el protagonista de esta historia, se sobreponen a las trampas que el destino les pone.

Gracias por ser un ejemplo

Estando a tu lado...

... sin que me veas.

Son sólo unas palabras, plagadas de sentimientos, vacías de falsedad.

Lo siento H., siento ese adiós, ese vacío que quienes hemos pasado por esa situación sabemos lo que es.

Estoy a tu lado, aunque no me veas, aunque nos veamos menos de lo que me gustaría.

H., mi amiga en la distancia, el hombro en el que llorar a través de este blog o de un email.

Encontrarte me llenó de alegría, de esperanza, de confianza.

Y ahora debo devolverte parte de todo lo que me has ofrecido con unas palabras que quiero llenar de cariño, de apoyo.

Estoy contigo, estando a tu lado, sin que me veas.

Como una promesa eres tú...

Como una promesa eres tú…

… como una mañana de verano.

Resulta que me siento bien, pero pensativa. Resulta que he estado reflexionando acerca de la importancia de las pequeñas casualidades, de las pequeñas anécdotas de la vida.

Si no hubiera conocido al impresentable y fácilmente olvidado A. en un foro de A.C. quizás nunca hubiera conocido a D. (fue Bersuit la excusa, y yo nunca habría mostrado interés en este grupo si alguien no me lo hubiera dicho).

Si no hubiese conocido a D. nunca habría vivido en Málaga ni habría pensado en trabajar como teleoperadora. (más sobre la casualidad en http://www.buscandounideal.com/?p=60)

Volviendo a otra época de mi vida. Si no hubiéramos ido a Aranjuez aquel lejano 9 de noviembre quizás R. y yo nunca habríamos hablado más de cinco minutos en clase, y entonces hoy en día no tendría un sobrino tan maravilloso, precioso y querido como Álex. Y jamás me habría encontrado en el camino con M.

O quizás ninguna de esas cosas habrían pasado pero de un modo u otro nos habríamos acabado encontrando. Porque quizás existe el destino, un destino oscuro, manipulador de marionetas, que nos mueve en este escenario que es la vida. No lo sé. Quiero pensar que mi destino está marcado en cuanto a compartir mi vida con quienes la comparto. Quiero creer que mi destino era coger un teléfono para solucionar un canje a un cliente. Prefiero pensar que ese destino también lo diseño yo con pequeños esbozos sobre un papel imaginario.

Cojo mi lapicero, el folio en blanco, y marco mis trazos. Hoy sé que dormiré sola, porque así toca, pero el destino ha querido que haya gente que piensa en mí, que me quiere, que son mi alimento diario, aunque estemos tan lejos que el abrazo no llega.


Temblé

Estoy cansada. Una no está acostumbrada a jugar un día al baloncesto y al día siguiente pasear un rato largo.

Pero Málaga está bonita, y ha merecido la pena caminar por sus calles, llenas de obras, sol, fantasía y turismo.

He vuelto del trabajo. Tengo labores nuevas. Además de recibir llamadas ahora también las hago, y lo peor es que me gusta. Estoy descubriendo en mí una faceta comercial que desconocía. De hecho pensé que no sería capaz jamás de vender ni agua en un desierto. Y bueno, mucho no vendo, me queda tantísimo por aprender…

Ya he cenado, he apagado las luces, he encendido la televisión. Tengo ganas de dormir. Anoche fue un día difícil, una noche angustiosa.

Por diversas razones que no vienen al caso por unas horas me sentí en la piel de los familiares de personas desaparecidas.

Coño, sé por experiencia muy directa lo durísimo que es perder a un ser querido. Es un dolor angustioso, una punzada en el centro del corazón, un ataque a nuestro centro vital.

Ayer, esta mañana, también he conocido un poco (sólo un poco y afortunadamente durante poco tiempo) la sensación de “la familia del desaparecido”. Y me ha entrado pánico. Debe ser durísimo vivir con esa incertidumbre total. Cuando alguien muere sabes que debes retomar tu vida, quizás cambiar algo para que la silla vacía no se haga tan patente. Pero si alguien desaparece: ¿empiezas de cero? ¿Intentas que nadie note la ausencia? ¿Disimulas? ¿Callas?

Imaginé ese instante, y temblé. La familia del desaparecido paraliza su vida en pos de una búsqueda que no sabes si tendrá resultado. Uf, es difícil expresar lo que se siente cuando se vive algo así. Yo, afortunadamente nunca lo he vivido, pero ayer y hoy me sentí cerca de ello… y temblé, sí, temblé.

A mí no me molestan

¿Quién me iba a decir a mí que viendo el capítulo 14 de Prison Break iba a abrir la caja de los truenos?

Es decir, una noche de viernes, muy agradable, después de cenar, con D. en el sillón, ponemos el susodicho capítulo de la serie y en un momento: plas!!! La hecatombe!!!

Una asociación de ideas y recuerdos que estaban ocultos en el hueco más recóndito de mi corazón, guardados bajo mil llaves de olvido, aparecen con total nitidez. Y con esos recuerdos las lágrimas, el dolor, la tristeza, el abatimiento.

Es increíblemente sorprendente la mente humana. Esa capacidad inconsciente que tenemos de borrar los recuerdos más dolorosos de nuestra vida, o al menos de no mostrarlos con detalle fotográfico.

Anoche aparecieron, y ya no se van de la misma manera. De hecho se han quedado marcados, han tomado asiento en mi sillón del salón y ven la tele junto a mí. Sé que es cuestión de tiempo, como vienen se van, o eso espero, pero me llama mucho la atención ese instinto humano.

Escribo poco antes de irme a trabajar, mientras por debajo de mi casa no paran de pasar carretas con destino al Rocío, o eso al menos me parece a mí, poco docta en estas lides.

Es un espectáculo curioso, al menos si – como es mi caso- es la primera vez que observas algo así.

Pues que lleven buen camino, que lleguen y bien y disfruten de su creencia, vida, estilo, o lo que sea. A mí no me molestan.

Tiempo libre para nada

No me gustan los pusilánimes.

Me alineo mejor en el lado de las personas con carácter (no entro ahora en si yo soy o no de ese grupo, simplemente me atraen más).

Me frustran sobremanera aquellos que callan ante las dudas, que agachan la cabeza ante todo, que nunca responden a una palabra más alta que la otra.

Pero sobre todo desprecio a los cobardes. Y no me refiero a los cobardes por no atreverse a hacer puenting o subirse a una montaña rusa. Me refiero a aquellos cobardes que, teniendo un puesto de responsabilidad, no son capaces de decir las cosas mirando a la cara y mandan siempre a otra persona como “cartero real”. Bueno, sí, hablo de un caso en concreto, y no veáis cómo me enciendo cada vez que pienso en ello. Cobarde, más que cobarde, borra la sonrisa de tu cara y sé capaz de decir lo que tienes que decir tú mismo, mala persona.

Olé, qué a gusto me he quedado. Me ha dado por levantarme pronto últimamente, sin reloj ni obligaciones marcadas (aunque siempre con mil cosas que hacer), y me encanta lo bien que aprovecho el día. Será mi horario, será la rutina que tengo, qué será, será…

En fin que así es mi vida y así se la he contado. Ah, no os dije que estuve en Madrid con D. Apenas vimos a A. y a F. en su casa, estuvimos viendo el fiasco de Eurovisión, nos reímos, lo pasamos bien. Y vimos a Unicaja ganar a Estudiantes, sufriendo entre mucho mal educado y algunos que realmente merecen la pena como aficionados al baloncesto. Fue un fin de semana muy completo, que ya parece muy lejano, pero me apenó no ver a C. y S. S. estaba de boda, de C. no sé nada, así de seco.

Se me olvidaba ví también a mi “casi hermano”, A. y a su chica, S. Por fin pudimos tener una charla más larga de 5 minutos, sentados relajados en esa terraza del 4º piso, con el sol como compañía, y las vistas de mi barrio. Barrio, un barrio cada vez más desconocido, pero también extrañado.

Esto da de sí mi vida. No escribo porque no sé sobre qué hacerlo, pero hago muchas cosas. Tantas que lo que falta es tiempo libre… tiempo libre para nada.

Ana en mi mente

He tardado muchísimo en acabar de leerlo. También tardé mucho en empezar a hacerlo.

Hablo de “El diario de Ana Frank”. Cuando estuve en Ámsterdam tuve la ¿“suerte”? de visitar su Casa-Museo y ya me tocó la fibra sensible como antes no lo había hecho.

Años después por fin cayó en mis manos un ejemplar de este libro. Y en pequeños ratos de espera, en el coche, en casa, al fin esta mañana, he terminado de leerlo.

Y se queda un poso amargo, muy amargo, nada nuevo para cualquiera que conozca su historia.

Es tremenda la evolución de Ana. Una niña que creció demasiado deprisa, que pensaba que era más madura de lo que era, y que cuando admite sus debilidades demuestra entonces de verdad su increíble crecimiento.

Pero la vida no es justa, no lo fue con el Holocausto, no lo fue con personas como Ana, con miles de personas a las que una actitud infrahumana de un loco horrible impidió disfrutar de la luz del sol. No por unos días, no por unos años, sino por toda una vida.

No hago deporte

No hago deporte.

Así de escueto. No lo hago.

Apenas camino, apenas dos o tres veces al año cojo un balón de baloncesto para echar unas canastas, y quizás si la moneda cae de cara otra vez más en esos 365 días quizás juego una partida de ping-pong (o tenis de mesa, tanto da que da lo mismo).

Sin embargo si me transporto a mi infancia me veo siempre con un balón de fútbol o baloncesto, jugando al ping-pong y al tenis, nadando en la piscina, jugando al volley incluso.

Era mi leit motiv, el ocupar todo mi tiempo practicando deporte.

No echo de menos aquellos momentos, pero sí me hubiera gustado continuar haciendo algunos de ellos.

Porque las pocas veces que cojo un balón de baloncesto y juego unos minutos, me doy cuenta de lo bien que me siento. Odio los deportes individuales o que únicamente se practican para mantener la forma.

Los respeto, vaya, profundamente, pero me aburren sobremanera: gimnasios, bicicletas estáticas, me producen sopor.

Es como lo de la comida, como aquellas personas que no disfrutan comiendo y sólo lo hacen como una obligación diaria. No podría verlo así. Cada día tenemos la enorme suerte (nosotros que somos unos privilegiados) de poder comer hasta tres veces! Dios!!! Es un placer increíble al que nos obliga el cerpo humano!!! No es maravilloso?

En fin, que me voy por las ramas. No hago deporte, y debería intentarlo. Tendría que recuperar la forma física, para no verme en poco tiempo como una persona incapaz de levantar un dedo sin quejarse del dolor o el cansancio.

Vaya, que estaría bien volver a la infancia y adolescencia para disfrutar de las horas muertas jugando al fútbol y al baloncesto. Supongo que era feliz; ahora también lo soy, pero me falta forma física.