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El fin de los días grises

Desde Bruxelles

Llegué ayer aquí. Un nuevo paraíso habida cuenta del sufrimiento extremo pasado en Amsterdam la noche anterior.

Lo cierto es que el día en Amsterdam fue inolvidable. Por lo bueno, y por lo peor. Pero lo malo se borrará con el tiempo y sólo quedará en una anécdota de frío, oscuridad y tiempo que no corre. No sería justo ceñirnos a los malos momentos, porque ni por asomo son peores que los buenos... esos fueron maravillosos. Volveremos.

Pero los excesos se pagan, y ayer llegamos a Bruselas, a casa de mi querida T. Una casa acogedora al máximo, y que a nuestro cansancio le vino estupendamente para convertirla en cuartel general. Un único intento de salir a la calle abortado por un descomunal chaparrón, una cena perfecta, y una noche de descanso.

Y ahora corriendo a iniciar la ruta turística, ver todo lo posible de esta ciudad y seguir disfrutando de conocer cosas nuevas, recordar las viajes y seguir de la mano de mi amado D.

El sábado el destino es París. Hasta la vuelta

Tiempo para seguir…

Estaría bien que me gustara el café, para poder sentarme frente al ordenador, con la ventana abierta, el atardecer entrando por ella, la brisa rozándome el rostro. Dar pequeños sorbos, mirando al vacío, mientras doy caladas a un cigarro que no hace más que humear.

Para eso también estaría bien que me gustara fumar, esconderme tras ese gesto que evita que los tímidos miremos al suelo cuando tenemos enfrente unos ojos que nos imponen.

Estaría muy bien que supiera pintar o hacer música. Así mi tiempo libre lo ocuparía en la creación.

Pero no me gusta nada de eso. Soy muy simple.

Me gusta el deporte, me encanta emocionarme con las pequeñas victorias, con las grandes derrotas, con los medianos empates.

Me fascina la televisión, esa conjunción de imagen y sonido perfecta, esas historias malas, aburridas, somníferos para el insomne, diván para el preocupado.

Me moría por la música, por escuchar una y otra vez una canción que me pusiera el vello de punta.

Soy simple, y esa simplicidad me arrastra.

Me gusta la gente, me gusta mi gente, me gustan mis sentimientos y mis ideas. Me angustia que los demás esperen de mí más de lo que quiero y voy a dar. Me asusta el mañana sin ellos, el pasado errado, el presente sin futuro.

Me llena la melancolía, me invade la nostalgia y me maravilla mi vida, la vida en general.

Odio llorar por quien nunca ve tus lágrimas, por quien sólo te recuerda en una fecha.

Me entristece haber perdido la dirección y el teléfono de una de las personas que más me enseñaron a sentir. Quizás la vida nos dé una oportunidad en otro momento, y nos reencontremos. Pero de momento, iré a su ciudad por fin, 11 años después de prometerlo y no tendré dónde llamar ni buscarle.

Así soy yo. Incongruente, inconstante, indecisa, incoherente, inútil. Pero soy feliz, y quien tiene que saberlo lo sabe, quien tiene que perseguirme me persigue, y quien tiene que estar en mi vida estará siempre.

Quizás no escriba nada antes de irme, por si acaso aviso. Del 1 al 15 de octubre por fin estoy de vacaciones, y entre el 3 y el 9 Amsterdam, Bruselas y París nos esperan. Qué ganas de ver a T. por fin, y así cumplir otra promesa que ya duraba 7 años. Siete, qué número tan especial.

También volveré a mi ciudad. Madrid, cómo echo de menos ese caos que me enamora.

Estaría bien beber ahora un café y dar una calada a un cigarro, expulsar el humo, cerrar los ojos, sentir la música y saborear la bebida.

Pero no estoy bebiendo café, ni fumando un cigarro, ni entra el sol por mi ventana. Entra frío, la noche me acompaña, la sed me persigue y mi boca sabe bien.

Tiempo para seguir…

Chissssss, silencio, se piensa

Se piensa mucho, por eso necesito silencio, para plasmar en palabras todas las ideas, todas las vivencias, todos mis sueños, sobre todo mis sueños.

Porque no paro de soñar, imaginar, idealizar.

Quiero seguir, simplemente seguir. Compruebo a diario que lo que nos parece más sencillo es al final lo más difícil: seguir, continuar, no parar.

El descanso tras la batalla


La victoria nos ha traído silencio. Ausencia de historias que relatar, pocas emociones que narrar, falta de ideas que inventar.

Lo cierto es que no me apetece mucho escribir. Y no es por falta de vida o de tiempo, es simplemente que no se me ocurre de qué hablar en este pequeño espacio.

R., probé tu receta de macarrones al horno y salieron increíbles. Luego he ido renovando la receta, añadiendo bacon y pasas, creo que es un gran invento. Gracias de nuevo.

A veces hace sol, a veces llueve, hay días que hago mucho y otros que no hago nada en absoluto. Tengo ratos en los que recuerdo a ciertas personas y otros en los que no dedico ni un instante al pasado y la melancolía. Quizás porque no quiero meterme en esa fosa insondable, en ese agujero que pocas veces trae sonrisas, y sí mucha añoranza.

Necesito volver a Madrid. Pero estoy esperando a hacerlo cuando tenga una casa en condiciones a la que volver, y no una estructura sin conformar.

Necesito viajar, y eso llegará en octubre, para reencontrarme con viejos y especiales amigos.

Necesito coger mi coche para hacer un recorrido algo más largo que el cotidiano hasta Campanillas.

Tengo tantas cosas pendientes que se acumulan en el cajón de las obligaciones, sin solución, sin reparar los pequeños desperfectos.

Espero llamadas, escribo mensajes, doy señales de vida si no me las dan a mí, y en ocasiones sólo recibo un silencio que dice más que mil palabras.

No tengo ganas de escribir, eso lo resume todo.

Me siento bien, pero en cambio no tengo ganas de escribir. O precisamente por eso, nunca lo sé con exactitud.

Campeones del Mundo, con aroma a vainilla…

Ser campeones del mundo tiene olor a vainilla. Sí, y suena a Ana Torroja reversionando los grandes éxitos de Mecano.

Porque ese es el escenario de mi obra de teatro mientras escribo.

No habría sido posible escribir un guión mejor, con tintes trágicos, con momentos de rabia contenido, con euforia, con alegría, con posterior tristeza.

España es campeona del mundo. Y no lo es del “deporte rey”, aquel deporte que no da ni una alegría a este desmembrado país.

España es campeona del mundo, de ese deporte tan extraño que pocos entienden, con un equipo formado por tíos muy altos, muy grandes (y también en lo personal), que manejan un balón de manera encomiable.

Chavales, hombres, entregados de verdad a una causa: el triunfo.

Amigos que lloran cuando uno, el mejor de ellos, se queda fuera de la gran final por una desgraciada lesión.

Amigos que se entregan a la fiesta cuando llega el momento, ignorando – o queriendo hacerlo- que hay varias cámaras y millones de personas mirando cada gesto que hacen.

Amigos que se abrazan, sonríen, y nos hacen a nosotros (distantes telespectadores) emocionarnos con sus propias lágrimas.

El partido fue glorioso, perfecto en defensa durante la primera mitad, inolvidable.

Los jugadores se partieron el pecho para llegar a lo más alto, y gritar por encima del resto de naciones que se habían dado cita en ese estrambótico país, caótico y deseado, que es Japón.

Y bien que han gritado, bien que nos han hecho gritar, saltar, llorar, reir.

Sí, reconozco que yo he llorado, en silencio, a oscuras en esa sala de cine donde he tenido la suerte de ver ese espectáculo con D. y su padre.

Y sin embargo, de todos los gestos preciosos que he visto, me quedo con uno. El que más me ha llegado, el que más me ha sorprendido.

Pepu Hernández ha dirigido magistralmente a su equipo, a la selección española, justo pocas horas después de conocer que su padre había fallecido a miles de kilómetros de distancia.

Y se ha callado, pocas personas sabían este hecho durante el encuentro. Quiso que los jugadores no conocieran la noticia para que sólo pensaran en ganar, y no empañar un momento tan especial, único, histórico.

Es una de esas historias que te hacen admirar a las personas. Aunque seguro que habrá quien no lo comprenda y piense que es un enfermo.

Yo, que tuve la suerte de entrevistar a este gran hombre tantas veces, hoy me quito el imaginario sombrero para decir: “Chapeau, José Vicente, eres grande”. Y por supuesto para darle mi pésame y mi enhorabuena. Qué contradicción, qué irónica es la maldita vida.

Somos campeones… y huele a vainilla, vaya que sí huele.

(Para aquellos que seguro que no saben de qué va todo esto: España ha ganado el Mundobasket en Japón, en un partido memorable contra Grecia.
Pau Gasol, elegido posteriormente M.V.P. (jugador más valioso) del torneo, no pudo jugar debido a una inoportuna lesión producida en la semifinal contra Argentina. Y todos sus compañeros se han conjurado en ganar para poder dedicarle a él, gran estrella de un equipo magnífico, ese triunfo que nunca este país había conseguido.
Por último, Pepu Hernández es el entrenador. Un hombre sabio, sereno, que respira paz e infunda calma, o viceversa. Su padre murió el día antes del partido y esa noticia no se dio a conocer públicamente hasta algo después de la victoria y la celebración. Por ello mi homenaje, por ello y porque encima es un maestro en lo suyo. Queda dicho. Campeones del Mundo de Baloncesto).

Hoy hablo de baloncesto

Hoy hablo de baloncesto

Son poco más de las ocho de la mañana de un sábado.

D. dueme, mi madre duerme, y yo debería dormir.

Pero son tantas las cosas que quiero y debo hacer que me cuesta mucho "reconciliar" el sueño.

Quería pasarme por aquí para animar a todos aquellos que aun tengan dudas a que mañana, a las 12:30, en la Sexta, se den cita con la historia, con la emoción, con el saber hacer, con el talento, con la ilusión.

Sueño con una victoria, y por si esa no llegara, que nadie olvide las sensaciones de ayer cuando acabó el partido.

Gracias por darnos algo que creíamos olvidado. Sí, hoy hablo de baloncesto.

Que viva la música!!!

Que las casualidades a veces no son tales sino “otra cosa” es tan real como la vida misma.

La primera vez que leí algo acerca de Facto Delafe y el las flores azules fue a través de M., por su blog.

Sin embargo a esa lectura no le presté demasiada atención, ya que no había escuchado la música.

La siguiente vez fue en su mismo blog, en un artículo llamado “Después” en el que M. ponía imágenes a su vuelo en coche, y la música me hipnotizó, ese “este no se para” me conquistó para siempre.

Pero ahí quedó la historia. Me bajé la canción, un día se la puse a D., pero no la llegó a escuchar totalmente (el sonido tampoco era muy brillante).

El otro día otro paseo bloggero me llevó a mi Niña C., que colgaba el vídeo de esta canción en su espacio.

La historia me hizo gracia, y se lo quise comentar a D. De repente, entre risas, me reconoce que sin haber leído ninguno de los dos blogs había bajado por su cuenta esa canción.

Facto Delafe uniendo mundos dispares con un fino hilo. Al fin y al cabo tenemos tanto en común como que somos amigos, somos uno, somos nuestra vida, somos una casualidad, y le hemos puesto la misma música a nuestra banda sonora.

Que viva la música!!!

La voz de la alegría

Es la voz, sin duda, una de las cosas que más felicidad irradia.

Al menos es la voz de mi madre estos días el termómetro perfecto para valorar que su felicidad alcanza unos límites que parecían olvidados.

No escuchaba su voz tan feliz, tan plena, tan radiante, tan llena de cariño y emoción desde hace muchos años.

La vida truncó las esperanzas de esa mujer vital y alegre, y la convirtió en una persona que alguna vez me reconoció no tener ganas de vivir, con lo duro que para un hijo es escuchar eso de tu madre.

No quiero decir que ahora de golpe todo haya cambiado y de nuevo vea la vida de color de rosa. No es eso; es saber que tiene la posibilidad de llenarse el alma con pequeños frasquitos, poco a poco, sin plenitud, pero con realidad.

Sonríe, y lo hace desde dentro, como cuando nosotros éramos pequeños y sonreíamos ante algo sin pensar en nada más. Como aún hoy D. sonríe si sus artículos gustan, o M. lo hace cuando tiene una idea brillante, o como cuando R. ve despertar al pequeño Álex, o como H. sonríe con sus enanas, preciosas enanas, o como lo hará la Niña C. cuando dé en los morros a ese bicho malo que la ha convertido en una luchadora nata.

Sonríe así, con los pulmones hinchados, repletos de aire, soplando suavemente para que me alcance a mí también, para que esa fuerza en forma de soplido me roce y me provoque un sentimiento similar.

Yo también sonrío, con un incongruente nudo en mi garganta, porque sé que nos faltan más momentos así, y no es culpa de él, sino de su ausencia. Y le extraño, y cada día le lloro, y le recuerdo, y le siento cerca. Pero querría sentirle aún más cerca, y abrazarle, y que ese apoyo que me da desde sabe Dios donde me lo diera a unos centímetros de mí. Querría darle un beso y decirle que le quiero, y me frustro y pataleo. Y no es justo, no lo es, no es nada justo teñir mi alegría inicial de esta añoranza que me nubla la vista en forma de lágrimas.

Pero, ¿alguien habló de que la vida es justa?

Cuando un día te das cuenta de que hace tiempo que no lloras.

Cuando descubres que la sonrisa es un huesped habitual en tu casa.

Cuando las penas vienen con cuentagotas, y las gotas no caen en ningún lado, no aparecen.

Cuando juntas tantas anécdotas y tantas risas que no podrías enumerar una sola.

Cuando no necesitas apuntar un momento especial porque sabes que se repetirá a menudo.

Cuando sabes que eres feliz, y tu único temor es mantener ese instante detenido para siempre.

Siento que he logrado encontrar la paz interior. Que de mi vida han salido los malos momentos. Que no tengo más que agradecer cada minuto a quien se sienta aludido, por poner el color en un cuadro en blanco y negro.

No es sólo por una persona, es por todas.

Estoy orgullosa de los amigos que tengo, de la familia que me quiere, del novio que me mima.

Estoy feliz porque no existe la soledad, y si aparece es más que deseada.

Contenta porque oigo sonreir a mi madre como no lo hacía desde hace más de cuatro años, y ya era hora.

Satisfecha porque he encontrado mi lugar en un sitio, y no es Málaga ni Madrid, es aquel en el que la distancia no importe, para nada, para nadie.
Han sido días inolvidables, refuerzo de toda una vida.

Días que volverán, de una u otra manera, con ellos, con otra gente, con personas que están por nacer y cariños que están por volver.

Gracias a todos los que me queréis, porque en esta lucha constante por fin me siento ganadora.

Llega el baloncesto

Ha comenzado el Mundobasket, y con ello el tiempo para los frikis que se despiertan a las 6 de la mañana para ver partido tras partido.

Sí, conozco a alguno que asílo ha hecho y lo va a hacer mientras dure. Y encima disfruta como un enano. Hay gente para todo.

Y me contagia, me ha hecho tener unas ganas inmensas de ver baloncesto, un partido tras otro.

Tiempo de basket, tiempo de pasión. Y nada de decir que España es favorita (aunque casi lo pensemos), que luego nos estrellamos como siempre.

Treinta años y un día

Todas las mañanas me despierten besos!!!

Vaya días que he pasado. Llenos de cariño a raudales, de risas sin parar, de música, de bailes, de carvajales, de felicidad.

Ya se han ido. Los viajeros cargados de ilusión han regresado a Madrid y nos han dejado a la doble D con la tristeza a cuestas.

Pero ha merecido mucho, muchísimo la pena.

Quizás es cierto que cuando convives durante las 24 horas del día con las mismas personas, bajo el mismo techo, algo más de cuatro días, empieza a crearse un pequeño vínculo. Como D. me comentaba hace unos minutos, sabes hasta donde puedes llegar, entiendes sus ideas, conoces cuales son sus gustos, sus chistes... todo.

Bueno, decir además que mi treinta cumpleaños fue increible, maravilloso, inolvidable.

No paré de recibir el cariño de estas fantásticas cuatro personas, y de muchas otras que desde la lejanía pensaron en mí y se hicieron notar.

Lo cierto es que ayer me sentí tremendamente afortunada. No sé lo que habré hecho o dejado de hacer, pero me parece alucinante que tenga la suerte de tener personas tan diferentes y tan necesarias a mi lado.

No es fácil llevar casi año y medio viviendo fuera de mi ciudad y seguir sintiendo el calor de ellos. Notar que te extrañan, que te necesitan, que aunque no estés en aquellas cenas que organizábamos sin embargo tu nombre suena siempre. Es importante, es increible, es precioso, y me encanta.

Porque los amigos es algo que no puede conseguirse fácilmente. Por mucho esfuerzo que se haga se deben unir tantos factores para sentirte amigo de alguien que la labor se complica. Y no me preocupa. Porque quizás me falta alguien con quien tomarme un café cuando D. no está, pero sé que los amigos, los que están de verdad cuando se cae el cielo encima, están conmigo cada minuto, cada segundo.

Estoy feliz, soy feliz, tengo tanto, tanto...


Carvajal, te quiero

Carvajal, te quiero

Paseo por el centro, la noche, cena en una calle desconocida y los pinchos del Pombo, las luces, la Malagueta, Ricky Martin, Shakira y Pink Floyd (o eran Enrique Iglesias, Paulina Rubio y Pignoise?), arena y gente, mucha gente. Parque que es el Parque, faro que es el Faro...

Minutos que son horas, horas que son segundos, y una compañía que rellena cada instante. Las risas y el Carvajal (así queda bautizado para nosotros en esta feria el Cartojal).

Dos visitantes más, un calor asfixiante, un árbol en la calle que es el Árbol en la Calle, un desayuno-merienda y casi cena en la playa (otra ronda, por favor). Gibralfaro, las vistas y el fin del aire acondicionado. Muchos pasos, muchísimos, mucho cansancio, tapas, más Carvajal, risas, historias, D. y sus mil anécdotas, una portada de la calle Larios horrible, cada vez más gente.

Chupitos, y otros chupitos más, alguno otro de sobra, más chupitos, por favor!!!

Vuelta al lugar al que nunca se llega y siesta para unos, Sexo en Nueva York para otros. Despedida, descanso, ducha, calor y más Feria.

El clavo en la cena, las atracciones, el cumpleaños feliz, el bolso de regalo, el agua de la mochila, el camino hacia el coche, y Chenoa para emocionarnos (Chenoa!!! te quiero!!!). Pensar en A., e imaginarnos la vida que vendrá con S., Sofía, nuestra nueva sobrina esperada para diciembre.

La noche más calurosa que recuerdo, el desayuno copioso en casa, la mañana de relax, la comida en los Montes, que son los Montes. Platos de los Montes, increible sabor, imposible de acabar. La triple siesta de S., los regalos para C., el doble paseo a casa de D., el dvd de Luis Miguel, botellas de agua que vienen y van, duchas constantes, "Los Managers" en el cine por 3€ en la sala Factory (y tenía aire acondicionado). El primer aire fresco de los últimos días, el paseo por Huelin, las pizzas para llevar, el helado de Don Mickey, la cena tardía sin hambre, las buenas noches y aquí estoy escribiendo.

Este es mi resumen desde la noche del viernes.

Poned música de carnaval y cantad conmigo: "Carvajal, carvajal, carvajal te quiero, nananananananana, en el mundo enterooooooooooo"

Volverán las palabras

Sí, volverán. Pero de momento se marchan unos días. Y es que llega la Feria, mis amigos, tiempo libre, noches de fiesta, cartojal de día, y pocos minutos para escribir.

En fin, que desaparezco, me escondo y ya me mostraré al resto del mundo cuando este maremagnum acabe.

Lo pasaré bien, todo por vosotros ;)

El auténtico héroe

Ayer tuve una breve regresión.

En el comodísimo sillón de mi salón, con D., después de una preciosa mañana de playa en Torre del Mar. Con la tele de fondo, acabando de ver la nueva temporada (brillante!!!) de “24”. Unas revistas sobre la mesa, cojo una de ellas y le empiezo a hacer a D. algunas preguntas del tipo:
- ¿Qué error te provoca mayor indulgencia? o
- ¿Qué virtud valoras más en la mujer? o
- ¿Tienes héroes de carne y hueso?

Estuvo muy muy divertido, y hasta instructivo, conocer una visión más de él, intentar que pusiera palabras a pensamientos.

Pero sobre todo me recordó a un fin de semana en Granada, con M., en el que hicimos unos cuantos de estos cuestionarios, de la revista Fotogramas si no me equivoco. Jo, qué nostalgia, y qué gracioso al mismo tiempo. Una forma más directa de conocernos, la que dio paso a las charlas interminables que en ocasiones pueblan nuestros recuerdos mútuos. Porque yo a M. siempre le recordaré por nuestras conversaciones, en torno a la vida, los amigos, los sentimientos y la sin razón de nuestra forma de ser.

Si contásemos la cantidad de minutos que hemos empleado en las palabras podríamos haber estudiado un par de carreras, pero sin duda me quedo con lo que hemos vivido, hablado, crecido y conocido.

Mi psicólogo particular, la opinión que siempre busco, aunque él quizás no lo sepa (ahora lo descubres), la voz que necesito cuando el mundo se viene abajo.

M. significa mucho más de lo que él piensa. Y sé que escribo esto y lo va a leer. Ya es hora de que lo sepa. Sí, no eres uno más, y nunca lo serás. Desde aquel día en que te ví por primera vez en mi facultad, pasando por la surrealista charla atravesando Colón la noche en que nos presentaron oficialmente, hasta estos días de Álex y silencio… siempre estarás M., porque una persona rara vez quiere cortarse un dedo o cualquier otra parte de su cuerpo. ¿Por qué iba a mutilar yo a mi corazón?

Me encantó ayer por la tarde, con D., descubriéndole más. Me encantó hace años con M., aprendiendo el uno del otro. Me gustaría repetir dentro de mucho tiempo con el hijo de M., que tiene que llegar y del que sé que no seré madrina, pero ya llevo aprendizaje en eso y no me dolerá, jaja.

Qué post más raro. Entended que mientras escribía también me peleaba con mi ordenador y sobre todo con el reproductor de música que ha decidido plantarme una dura batalla.

Ah! Este finde vienen C., J. y S. a verme. Milagro!!! Alguien se digna a visitarme en Málaga!!! Sólo ha tenido que pasar un año y medio para que mis amigos de Madrid me visiten. Gracias!!!

Además, coincide con la Feria de Málaga y con mi cumpleaños, mi treinta cumpleaños!!! (glup).
(Aviso para navegantes desorientados:la fecha de tan magnánimo aniversario será el miércoles 16, el mismo día que se cumple el 29º aniversario de la muerte de Elvis Presley).

Me marcho, con la música esta que suena fatal en mi PC, a otra parte. A ver cómo se da el día. Creo que hoy toca paseíto por el centro de Málaga, comida idílica en casa (filetes de pollo en tiritas, con especias, con tortitas de trigo, con alguna salsa, arroz o patatas fritas), tarde relajada, quizás playa… buen día al fin y al cabo, porque si algo he aprendido es que cualquier cosa que se hace en buena compañía es el mejor regalo posible.

Por cierto:
- ¿Tienes héroes de carne y hueso? Sí, es mi padre y ahora comprendo que fue un auténtico héroe.

Todo se verá, aunque sea sin fotografías...

Me dice M. que echa de menos las fotografías en mi blog.

Y tiene razón. Yo también las echo de menos.

Pero os explico cómo es mi manera de conectarme a internet en los últimos cuatro meses. O voy a casa de D. (generalmente un día a la semana) o me conecto a través del Wifi de su ordenador en un rinconcito de mi casa. Sí, ni mi ordenador –que también tiene Wifi- coge la señal, ni se puede una conectar desde cualquier lado.

Así que como veis es todo bastante limitado. Mis instantes con acceso a la red son mínimos, y he de aprovecharlos al máximo. Por eso intento escribir alguna cosa de forma eventual, pero no puedo pararme a seleccionar las fotos que me gustarían.

Me encantaría haber puesto alguna foto de mi “sobrino” Álex, cada día más bonito; o alguna foto increíblemente bella de Las Rotas hechas hace poco, o de la boda de N., o de mis amigos, de mi madre, de mi vida… pero no puedo, lo siento, no es falta de voluntad, es falta de posibilidad 

Estoy analizando y estudiando el poner internet en casa, con llamadas y demás, para poder hablar con más gente por menos dinero, pero tengo que valorar si podría llevar entonces un nivel de vida razonable o volver a lo de hace unos meses, que la verdad no me apetece demasiado.

También yo echo de menos algunas cosas en mi blog. Más historias y menos pensamientos. Más anécdotas, más profundidad, más alegría, más tristeza, más Diana y su gente… pero no estoy. Quizás como a M. también me ocurre, cada día soy menos “exterior”, olvido que vivo con más personas. Soy más oscura, menos comunicativa, y extrañamente más feliz.

Pero añoro en determinados momentos volver a aquello. Añoro mi blog de los inicios. Añoro cómo escribía entonces, cómo abría mi corazón a este pequeño diario en el aire.

No sé, quizás todo aquello vuelva. La melancolía, como todo, puede llamar a mi puerta y reclamar mi atención.

Todo se verá, aunque sea sin fotografías…

Canciones

Escucho "Labios compartidos" de Maná, pero no dejo de canturrear, con esa vocecita casi interior que usamos cuando una canción nos engancha, constantemente el estribillo de "Me voy", de Julieta Venegas, una canción con algo, con nada, quizás con todo. Una letra, una melodía, una idea, un vídeo musical, un enganche a ella.

"Porque no supiste entender a mi corazón,
lo que había en él, porque no tuviste el valor de ver quien soy,
porque no escuchas lo que está tan cerca de ti,
sólo el ruido de afuera y yo,
que estoy a un lado, desaparezco para ti

No voy a llorar y decir que no merezco esto,
porque es probable que lo merezco, pero no lo quiero
por eso me voy, qué lástima pero adiós,
me despido de ti y me voy,
que lástima pero adios me despedo de ti

Porque sé que me espera algo mejor,
alguien que sepa darme amor,
de ese que endulza la sal y hace que salga el sol.
Yo que pensé nunca me iría de ti,
que es amor del bueno de toda la vida,
pero hoy entendí que no hay suficiente para los dos.

No voy a llorar y decir que no merezco esto,
porque es probable que lo merezco, pero no lo quiero,
por eso me voy, qué lástima pero adiós,
me despido de ti y me voy,
que lástima pero adios me despedo de ti

Me voy, qué lastima pero adiós,
me despido de ti y me voy,
qué lástima pero adiós
me despido de ti y me voy"

Sofocos

Hoy el calor es sofocante.

Tengo todas las persianas bajadas, las cortinas echadas, la necesidad de aire fresco, pero éste sólo parece salir de la nevera, y no veo demasiado correcto estar con la cabeza dentro toda la mañana.

Hoy es día de cambio, también hay mucho calor en mi corazón. Mi soledad se acaba esta noche. D. está de regreso. Ya está en España, ya me he quedado afónica de tanto hablar con él (aunque sólo haya sido por teléfono), ya he recuperado la sonrisa.

La oscuridad de cada noche desde que se fue hoy se torna en preciosa noche de verano.

Puedo volver a hablar de lo maravillosas que son esas noches malagueñas, con una ligera brisa (que en días como hoy ni aparece, claro), con un cielo en ocasiones estrellado (la ausencia de estrellas no es sólo cosa de Madrid).

Me encanta cómo está mi nueva casa. Me siento tan bien que tengo un hambre feroz, y sigo teniendo necesidad de que me dejéis una simple receta de cocina, que nunca me hacéis caso. A ver, para que os resulte más fácil, el tema sobre el que puede girar la receta es: pasta. Sí, quiero nuevas recetas de pasta, para poder varias de las que ya me sé de memoria (y que me salen riquísimas, jaja).

Si se os ocurre otra receta de cualquier otra cosa, pues bienvenida será. Bueno, aviso que no soy mucho de ensaladas (mucho? No tomo una ensalada ni aunque me esté desmayando) ni platos fríos. Jo, encima me pongo exigente.

Quiero irme de viaje. Será que escuchar a Red Hot Chilli Peppers me inspira sensación de lejanía, de nuevos mundos, de conocer. Necesito, quiero, que mis ojos se llenen de imágenes nuevas que luego intentaré reflejar en palabras.

Otro juego: definid, si os apetece, vuestra ciudad o cualquiera en sólo una palabra, vale?

Gracias por hacer este post vuestro. Gracias de antemano.

Delirios

Despertar con la voz de D., a una hora temprana, después de una barbacoa con R., M., O., J., G. y su novia C.

Su voz me sirve de acicate para hacer del día algo mejor.

Salgo a la calle y encuentro a J. con nuestro pequeño A., cada día más bonito, más sonriente, más cercano.

Día de playa en el Cañuelo, bocadillos, agua, calor, y pequeñas conversaciones. Estamos más silenciosos que nunca, y sin embargo creo que nos decimos más cosas que nunca con los gestos y las miradas.

Me reconforta su presencia, la de mis amigos, la de los que siempre han estado a mi lado. En unos días en que los recuerdos no hacen más que volver, mientras desembalo cajas y abro cajones.

Escribir ahora desde mi pequeño, nuevo y deshabitado “despacho”. Cuando la casa es más grande que las necesidades surgen estos pequeños lujos. Ya sólo me falta decorar la casa con unos cuadros, un par de detalles y sentiré que estoy logrando lo que quería de estas paredes mal pintadas.

Me imagino la cara de D. cuando vea en qué he convertido nuestra casita en sus días de ausencia. Y me encanta pensar en ese momento.

Me acuerdo de la niña C., que estará también ahora mismo en algún país lejano.
Pienso en H., en sus pequeñas, en que me da pena no estar más cerca.
Pienso en mucha gente y me llena el alma saber que la vida me ha dado la oportunidad de conocer a grandes personas, con increíbles pensamientos y tremendas ideas.

Los paseos se vienen a mi mente, mi ciudad en obras, mi nueva ciudad también en obras, mi otra ciudad bañada por la luz, el agua y el viento.

Estoy feliz, poque él vuelve, ellas vendrán, ellos siguen, y nadie falta, y quien falta nunca se ha ido.

Denia es especial

Denia es especial. Es el lugar al que necesito volver de vez en cuando para encontrarme conmigo misma, y es el sitio al que siempre soñé venir con alguien que supiera ver con sus ojos lo que yo veía con los míos.

D. comprende bien, cuando mira al horizonte desde Las Rotas, que estamos viendo mucho más.

Yo veo mi pasado, una infancia donde mi padre correteaba entre las piedras y se escondía en las cuevas, jugando con mi hermano, en días nublados, que eran los que aprovechábamos para visitar ese enclave privilegiado.

También veo mi adolescencia, yendo con mis amigos en eternas excursiones de tarde, de un autobús a otro, para ver aquella imagen de postal que tan bien conocemos.

Y veo los momentos en que he ido yendo con grandes amigos, para que vieran e intentaran comprender esa parte tan extraña de mí.

No cambio Denia por ningún lugar del mundo. Como si fuera mi pequeño paraíso, el lugar al que volver después de una dura batalla.

En estos días he visto a M., a P. y a su novio P., a J.A. y E., a todos los asturianos, a los que no lo son…

Y ahora D. se ha ido, y Denia ya no me parece tan bonita, tan brillante, tan especial. Quizás es que los sitios son realmente bonitos si tienes a tu lado a la persona adecuada.

Tal vez entonces cuando vuelva a Málaga me dé cuenta de que lo que realmente me gusta de vivir ahí no es el mar… sino él. Te echo de menos.

Un grito ahogado

¿Qué es la necesidad?

Necesitamos el aire para respirar.

Y el agua para no deshidratarnos. Los alimentos. La luz del sol. El descanso diario.

En otro orden de cosas, necesitamos la familia, los amigos, las personas vaya, y el cariño que nos dan.

Necesitamos el roce, las caricias, los gestos, las palabras.

Y el movimiento, el pensamiento, los planes, el futuro.

Precisamos no olvidar el pasado, ni quienes fuimos, ni quienes somos.

Y dar pasos al futuro sujetando fuerte con nuestras manos a las personas que queremos que estén en ese viaje vital.

Necesitamos la superación, el trabajo, el dinero y el techo.

Necesitamos los pequeños caprichos, los vicios y los lujos.

Necesitamos tantas cosas materiales… y sólo en ocasiones comprendemos que conseguir todo eso de nada sirve si no puedes compartirlo.

¿Qué hago en Málaga si no está él? ¿Vine aquí como superación personal o vine aquí porque no sé vivir sin D.?

Es mi necesidad, él es la necesidad más fuerte que hoy tengo.

Si despierto con ilusión cada día es porque sé que tendré su mano pase lo que pase.

Si hago esto o aquello lo realizo porque sé que al final del día tendré su voz, para calmarme, criticarme, apoyarme, ayudarme, quererme.

Y estos días no tengo nada de eso. No tengo su mano, y sobre todo no tengo su voz. Y por más que intento retenerla en mi mente, recordarla, sentirla, no suena igual. Cuando él está a mi lado su voz suena suave, tierna e implacable. Ahora su recuerdo me llega lejano, tibio, y sin la fuerza suficiente para animarme como debería.

Porque le necesito. Porque también necesito a mis verdaderos amigos, ahora y siempre. No en estos días porque esté algo más sola, sino estos días de cambio, de avance, de cruzar puentes sin retorno.

Son necesidades, difíciles de compensar con otras cosas, imposible más bien.

Hoy necesitaba pegar este grito, un grito ahogado. Gracias por escuchar mis palabras calladas.