Culpa del fútbol
Y sin ser sevillista, ni mucho menos, cómo he podido emocionarme yo tanto?
Será culpa del Arrebato, será culpa del fútbol
Y sin ser sevillista, ni mucho menos, cómo he podido emocionarme yo tanto?
Será culpa del Arrebato, será culpa del fútbol
Es algo que ya he comentado en otras ocasiones: cuando la felicidad entra con fuerza en mi vida, y se instala incluso (nunca la felicidad eufórica, que de esa ya he hablado en otros artículos y es difícil de mantener más de dos días seguidos), me resulta harto complicado escribir asiduamente.
Es curioso, pero es la tristeza, la duda, el temor, mi musa.
No hay más excusa que esa.
Os cuento: tengo cada mañana libre. Mañanas primaverales que elevan el espíritu hasta altares inimaginables. Mañanas llenas de planes y cariño, de vida, de esa vida que no me canso de nombrar constantemente. Porque no es lo mismo vivir que estar vivo.
Como en mi casa, relajada, cocinando, disfrutando, aprendiendo. Y me marcho tranquilamente a mi trabajo. Entro a las cuatro de la tarde, y salgo a las nueve y media, con dos descansos de diez y veinte minutos. El trabajo hay días que es más estresante, cuando los clientes deciden que no eres un operador de una empresa de telefonía, sino un psicólogo que tiene todo el tiempo del mundo para escuchar sus súplicas, lloros, quejas y demás. Pero normalmente es bastante divertido, se pasa el tiempo volando. Y sin darme cuenta son las diez de la noche y ya estoy en casa. Me gusta el horario porque me permite disfrutar de las horas que más me gustan del día: la mañana y la noche. Y también me gusta porque es el que tengo, y en ese caso hay que saber adaptarse.
¿Los compañeros? Bueno, digamos que con el ritmo de trabajo que tenemos apenas se tiene relación con nadie. Tal vez al principio y en algún descanso, pero no confío en hacer amigos allí. Mis amigos están donde tienen que estar.
En fin, que entre ese trabajo y mi casa, mis ratos libres y vivir, no me queda mucho qué contar, y la verdad es que eso me apena un poco, porque echo en falta ponerme a escribir y contar cosas que nunca pensé que podrían salir de mí. Quizás con esa pequeña pena que ahora siento pueda escribir más, ¿no? Nunca se sabe, los misterios de las musas son insondables.
Pero yo estoy siempre por aquí, no olvidéis ese detalle.
Llegaba el final del encuentro, y cuando ya esperaba que Zidane aguantaría hasta el final, López Caro decidió que era el momento de decir adiós.
Con una timidez impropia de uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, Zinedine Zidane se dio su
último paseo hacia el banquillo del Madrid en el Bernabeu.
Para los amantes del fútbol éste es un momento histórico. No tengo ninguna duda de que Zidane es el mejor futbolista que he visto en directo en un campo de fútbol. El único futbolista que con una jugada suya casi me hizo llorar.
Magistral el francés, mágico su fútbol.
Nunca olvidaré las cinco temporadas en que he disfrutado de este artista del balón. Le echaremos de menos, pero podremos contar que nosotros vimos jugar a este crack con el 5 a su espalda.
Merci Zizou
Con todo el respeto hacia el resto de ciudades y pueblos que hay entre medias... ¿no pueden acercar un poco Madrid y Málaga?
Hoy duele, no sé si será porque ha sido un fin de semana de muchas emociones, pero el caso es que duele pensar que mañana estaré lejos de todo lo que hoy está en mis manos.
Y al lado de la otra parte de la cama, el que me hace caminar con fuerza.
Arj, me gusta la salsa agridulce, pero nunca pensé que mi vida sería una comida china rebosante de esa salsa.
Quiero estar con ellos, quiero estar con él. Necesito revivir a cada momento nuestros 25 meses de vida, y no olvidar del todo los otros 27 años a.D. (antes de Dani).
En fin, quizás algún gobierno haga una autopista personal Madrid-Málaga, con vías del AVE para mi coche, para que llegue apretando el acelerador sin tener que hacer nada más, en un breve espacio de tiempo, soñando con ellos, con él, con mi ciudad, con mis ciudades, con mi vida, con mi VIDA.
No llores, no llores, tienes suerte de sentir lo que sientes.
Son las 2;49 de la noche. He llegado hace algo más de una hora de Ambite... bueno, os pongo en precedentes.
A las 8 de la mañana he salido de Málaga. El cumpleaños de S. y la despedida de Zidane bien merecían el viaje.
Pero sobre todo el día de la Madre, no por nada, sino porque mi mamá parece demasiado triste últimamente, y yo, torpe como nunca, no logro sacarle una sonrisa.
Al grano: llego a Madrid antes de la una de la tarde, y F. y A. (enhorabuena por esa futura paternidad, qué orgullosa estoy de ser vuestra amiga) junto con C. me vienen a buscar para irnos a Ambite, rumbo a la fiesta campera-campestre-nocturna-extraña de mi querida S.
S. es especial, esa sería la única manera que tendría de definirla a estas horas.
Por ser tan especial merecía un día así de especial, lleno de preguntas, lleno de comida, lleno de risas, de miradas, de noticias, de regalos, y lleno, repleto, de amigos.
S. tiene que ser feliz. Merece ser feliz, de verdad os lo digo y quienes la conocéis opináis lo mismo.
Total, que ha sido un día precioso. He regresado a Madrid después de mucho tiempo. También regreso a mi blog después de otro tanto (R. lo siento, si por mí fuera...)-. Y sin embargo algo lo empaña. El saber que he fallado a mi Niña C. Al menos así lo siento yo, y creo que no sé qué hacer para que en ella aparezcan las ganas de creer en mí. Por eso lo hago aquí, porque no sé si quiere o no leerme, escucharme, verme. Pero yo me muero por saber qué le pasa, qué le hace estar perdida, y no gritarme. Coño C.: GRITA!!!
Me gusta llegar a casa a la una menos cinco de la mañana. Aunque sea martes, o precisamente porque es martes, porque he salido de trabajar, y porque me he ido directamente a casa de A.
Porque hemos tenido una gran charla D., su hermano A. y yo. Porque hemos acabado hablando de mi amiga T., de mi amigo F., de mi vida, de la suya, de la nuestra.
Me gusta salir del trabajo y que me den la noticia de que he superado el mes de prueba. Y que ya me quedo ahí, con un contrato de obra y servicio (es decir, hasta que les dé la gana largarme).
Me encanta coger el teléfono y decírselo a mi madre, justo el día en que mi padre haría 63 años. Y así darle mi pequeño regalo en forma de paz, aunque el regalo me lo hizo él cada día de su vida, de la mía, de la nuestra.
Me llena oir la voz feliz de mi hermano al otro lado de la línea, dándome la enhorabuena callada, la enhorabuena de quien no sabe mostrar sus sentimientos pero sonríe por dentro.
Me completa en este gran día recibir el abrazo de D., su sonrisa cómplice y eterna, su vida en su mirada, nuestra vida en la esperanza.
Me llena saber que leeréis esto y algunos os alegraréis profundamente por mí, porque de momento con esto gano la batalla a la vida. Mi tiempo se prorroga, y con ello mi ilusión y mi amor. Y Málaga es más mi casa que nunca, ahora que empiezo a sentir lo que es no tener miedo por no llegar a fin de mes.
Me gusta llegar a casa a la una menos cinco de la mañana, y acabar de escribir ocho minutos después. Sin el Villarreal en la final, pero es que hasta el mejor día tenía que tener un tachón.
Feliz cumpleaños papá, donde quiera que estés, a mi lado te siento. Te dejo mi regalo, gracias por no dejarme tú sola. Te querré siempre.
Desde la casa de D. observo el paso de la procesión del Cautivo, una de las más tradicionales y bonitas de la Semana Santa malagueña.
Ayer por fin conocí a A., el hijo de R., una personita que irradia felicidad y que nos va a hacer a todos mejores.
Pasé un bonito día en La Herradura, acompañada de dos de las personas más importantes de mi vida, y metiendo en ésta a alguien que va a ocupar indefectiblemente otro hueco que estaba vacío.
Veo en la tele anuncios de nuevos programas en los que Telecinco machaca la figura de la periodista Encarna Sánchez. No lo comprendo. Repudio mi profesión, y sobre todo a las personas, sin más, cuando veo cómo se ataca sin piedad, con acusaciones baratas, a una persona fallecida hace tiempo. Me da igual si fue una buena o mala persona, no soy quién para saberlo. Pero crecí escuchándola, mostrando su prepotencia, todo lo que queráis, pero ¿merece alguien, que no ha matado a nadie, un ataque tan feroz por parte de quienes colaboraban con ella? Hay que ser cobarde, tremendamente cobarde, para actuar de esa manera.
Yo, como cualquiera de vosotros, también he trabajado con gente indeseable, personas que merecen mi máximo desprecio, pero no me imagino hablando barbaridades de ellas una vez fallecidas, sin permitirles el derecho a la réplica, a la defensa.
Ni todos somos tan buenos, ni algunos son tan malos. Nuestros actos a veces no se acompañan de la bondad que creemos, y nosotros también hacemos daño a quienes nos rodean.
Por esa razón, y porque me molesta sobremanera este tipo de actos, me siento ofendida cuando veo que siguen atacando a muerte a quien no tiene ya voz para la defensa. Hay que ser muy inhumano, hay que ser muy malo, hay que ser un auténtico cabrón (con perdón), para atreverse a decir todo lo que dicen personajes de tal bajeza moral que merecen desaparecer de los medios de comunicación.
Lástima que la imagen de los periodistas se refleje en gentuza como esta. No, no me siento para nada identificada, ni ofendida siquiera si alguien decide criticar a toda la profesión. Me da igual, yo no caería en eso, pero no por ser mejor o peor periodista, sino porque mi educación me impide ser cruel.
En fin, que tenía que desahogarme, que me quema la rabia por ver este tipo de espectáculos barriobajeros. Y no sé qué pensaréis vosotros, pero vaya, aquí queda esta tribuna abierta. Admito críticas, admito halagos. Admito todo...
Suenan los tambores. Se aproxima una procesión. Ya estamos en Semana Santa. Y yo vivo en una ciudad donde esta celebración es algo más que una excusa para tomarse unos días de vacaciones (así siempre lo viví yo en Madrid).
En mi televisión resuena Bersuit, gracias a un DVD con la grabación de un directo. Gracias a D. y gracias a dos años intensos de cambios, felicidad y dudas que parecen disiparse.
Mi estancia en Málaga parece prorrogarse. La casa es la excusa para ello, la posibilidad de quedarme en el trabajo sería la confirmación.
Yo no tengo fechas para recordar. Mis días se gastan de par en par, buscando un sentido a todo esto
Echo de menos Madrid. Sé que aún me queda más de un mes para poder ir, y esa sola idea me entristece un poco. Por otro lado, ahora más que nunca necesito y quiero disfrutar de mi nuevo lugar.
No todo son luces, siempre existen sombras. En este caso las que provoca sentir que no eres demasiado importante para quien creías serlo. Confirmar, o reconfirmar, que para esa persona sólo eres alguien más, que no necesita de nadie más que de ella misma.
Siempre defiendo el egoísmo. Lo hago precisamente porque soy egoísta, y defenderlo es una forma de defenderme a mí. Pero no tolero ya los excesos. Egoísta sí, única persona en el mundo no.
Mi amigo-hermano A. ha vuelto ya de Argentina, tras más de tres meses, y me muero por verle y que me cuente todo lo que ha vivido, en cierto modo es como si yo hubiese estado allí.
Es curioso cómo pasa el tiempo, para bien y para mal. Supongo que de todos modos cuando pides que el tiempo se pare éste no hace más que volverse loco, las manecillas de los relojes pasan, vuelan, se disparan. Digamos que los últimos mil y pico días de mi vida han cogido velocidades próximas a las de la luz, porque no soy capaz de enumerar las vivencias, las personas conocidas, las personas perdidas, las cosas hechas y las cosas por hacer.
Siento mi vida llena. Sí. Me gustaría mucho estar más cerca de la gente, necesito de sus abrazos, de sus voces, pero supongo que aún así no me puedo quejar.
Como si de un puzzle se tratara alguien se ha encargado de colocar las piezas (hay una energía con nombre y apellidos que ha sido el mayor responsable, y yo me imagino ahora que está feliz). A mí me lo han puesto todo al lado, no tengo ningún mérito, si acaso el de la insistencia, el de luchar por mi vida, por hacer lo que quiero y con quien quiero.
Vos me estás mirando y yo voy a caer.
Me vuelvo a mi mundo de procesiones, caída de sol, Bersuit y esperanza. Me vuelvo pensando en Macaco y su nuevo disco, con las manos levantadas, en la N.C. escuchándolo, en H. leyendo mi email, en M. intentando comprenderme, en D. cantando a mi lado Mi caramelo.
Qué linda que estás, sos un caramelo, te veo en el recreo y me vuelvo loco, todas las cosas que me gustan tienen tu cara, y espero a los asaltos, así juego a la botellita con vos. Mi bomboncito. Qué excitante que estás, tendrías que saberlo. Esa cola es la manzana más buscada, y esos celos, el alimento de mi creación. Quisiera arrancarte un día y morirme en un telo con vos
o quizás en un auto.
Han pasado cinco años, asumiste las cosas, hace tiempo que estoy buscando mi verdadero yo. Hay una especie de simbiosis, lo dijo mi psicóloga, haría bien a la terapia alejarme un tiempo, unos setenta años. ¿Cómo estás querida? Tengo esposa, hijos. De vez en cuando hablo con ella y hasta hago el amor. No es que quiera molestarte, pero me es imprescindible sentarme en un café y soñar un poco
Y tal vez amarnos. Y ha pasado mi hora, quién robó mis años? Cambio a toda esta familia por un segundo con vos. Si te veo ahora, aunque termine en un hospicio, tomo la botella y juego a la botellita con vos
Me vuelvo por tanto a los tambores
Es hoy, domingo, el primer día que desde hace semanas me siento relajada frente a la televisión. Suena Ojos de Brujo, su último trabajo, mientras de fondo Canal 2 Andalucía se dispone a echar un Caja San Fernando-Leche Río Breogán que no me atrae demasiado.
Estoy en MI CASA. Sí, en mi nueva casa, en la que vivo desde el jueves. La sensación es estupenda. La luz me emborracha, y las sensaciones me impiden poner palabras que expresen mi realidad.
Todo ha venido de golpe, como muchos presagiabais. En este caso parece que mi sobrinito A. ha traído debajo del brazo no sólo un pan, sino también un trabajo y una casa para su tita.
Sí, de la casa al trabajo. Doy un salto inmenso para contaros que desde hace una semana soy teleoperadora de Movistar, sí, sí, del Programa de Puntos, de esas que os niegan los adelantos de puntos, y os ponen las cosas difíciles.
De momento estoy a prueba, y aunque creo que voy mejorando a pasos agigantados (además de que estoy disfrutando como una enana) las esperanzas de continuar no son muchas. Al menos esa es la sensación generalizada que se desprende de cada compañero con el que hablas.
Pero bueno, acabaré el mes, lo cobraré, y luego ya veré si debo continuar con mi búsqueda de trabajo desesperada o puedo empezar a estudiar unas oposiciones mientras trabajo atendiendo el teléfono. Seguiré contando cómo va esto.
De tener o no tener ese trabajo dependerá también que pueda o no tener internet en casa. Es algo que a día de hoy considero básico para no perder completamente el contacto con los míos. De todos modos como me dijo mi amiga C., la gente que quiere estar a tu lado va a estarlo aunque no des señales de vida durante meses. Es cierto, o al menos así lo espero.
Quería volver a mi blog. Lo echaba de menos, os echaba de menos. La tortilla se ha dado la vuelta y ahora tiño mis palabras de alegría. Sólo espero que aunque sea con cambios esa alegría se quede a mi lado un tiempo, al fin y al cabo creo que tan mala compañía no soy, ¿no?
Estáis invitados a mi casa, eso sí, no vengáis todos de golpe, que muy grande no es. Uy, pero qué grandes momentos espero pasar aquí dentro. Ha empezado otra nueva etapa. 1 año y casi un mes después de llegar a Málaga la Bella doy otro giro, acompañada del increíble D., de quien ni a sol ni sombra me permite que la tristeza llegue a mi corazón. No tengo dudas de que nada hubiera sido posible si él no me hubiese apoyado como lo ha hecho. Tengo a la sensatez como novio, tengo a la sonrisa perfecta como compañero, y espero tener a la eternidad como amiga.
No me he marchado.
Estoy, y más viva que nunca.
Con piso nuevo, y con un trabajo (a prueba durante un mes) que me han dado un enfoque nuevo a mi vida en Málaga.
La felicidad está de visita, y mientras ella está me mantiene tan ocupada que ni siquiera tengo tiempo para escribir en mi blog.
Pero pronto haré hueco, así que no os olvidéis de mí, que seguro que habrá nuevas historias que contar.
Me gusta cocinar.
Rectifico: me encantaría saber cocinar.
Soy capaz de quedarme pegada a la pantalla viendo programas de cocina de todo tipo.
Me atraen sobremanera los libros de cocina que pueblan por doquier las librerías del país.
Sin embargo, no dispongo del lugar adecuado para probar mis dotes de cocinera.
Sí, tengo una casa y una cocina, pero son compartidas, y necesito mi espacio. Libertad, saber que nadie vendrá a meterme prisa o decirme tal o cual tontería.
Pero eso sí: dadme recetas, dadme tiempo, dadme la cocina y los utensilios, dadme ingredientes, y comienza la cocina experimental de D.
Quiero cocinar, ¿algún cocinero (ya si puede ser tipo Darío Barrio) está dispuesto a enseñarme?
Hablar con R. y saber que al otro lado, además de la muy mejor habrá siempre un niño, es una sensación extraña.
Álex ha llegado para hacernos sentir cosas nuevas, para aumentar sentimientos y para recuperar algunos en cierto modo relegados al pasado.
Su sonrisa que sólo puedo imaginar, pues aún no la he visto, pone en R. un rictus de incredulidad. Ella, siempre con un instinto materno tan escondido, tiene en sus brazos a un niño: a su hijo.
Álex va a cambiar muchas cosas, sin duda. Entre ellas nuestro papel en esta historia. Creo que he dejado de ser la amiga rara, la amiga excéntrica e incluso la amiga desaparecida en los últimos tiempos, para pasar a ser la tita Di.
Acaba de tener una conversación con R. Su voz denota felicidad, absoluta felicidad. Un tono que hacía años que no sentía en ella, y que me hace reconciliarme con nuestra amistad.
R. no es una amiga más, por mucho que cuando me entra la rabia quiera creerlo así y decida entre mascullaciones ¿? que ya es forma del pasado. Me engaño, porque R. nunca podrá ser sólo parte del pasado.
Me he enfadado con ella, me enfadaré mil veces más, pero siempre viene a mi mente algún paseo por la calle Velázquez para borrar de mí esa duda.
Con R. he vivido lo mejor y lo peor de mi vida. Cuando vivíamos lo mejor no éramos muy conscientes, pero sí, sin duda y por desgracia, lo éramos cuando vivimos lo peor.
Por escasos minutos me quedé sin ver al pequeño Álex a punto de nacer. Creo que eso hace que se acrecienten mis ganas de abrazarle por fin. De tocar sus manos y mirarle mientras pienso en mil historias que en un futuro me gustaría que leyera.
No sé a dónde nos lleva ese futuro, no tengo ni la más remota idea. Sueño con mantener al menos lo que hoy tengo, y que en ese viaje serpenteante, que a veces es la vida, mantenga mis principios, y mis principios aunque lo haya negado por cabezonería- también contienen a R.
La eternidad nos espera. Tú, R., ya tienes quien te haga eterna.
El cielo de veras que no es éste de ahora
el cielo de cuando me jubile
durará todo el día
todo el día caerá
como lluvia de sol sobre mi calva
Mario Benedetti
Después. Poemas de la oficina (1953-1956)
Con un zumo de piña, Bunbury y la copiosa lluvia en el exterior, la lluvia que entorpece la celebración que merece el Festival de Cine de Málaga.
Esos son los ingredientes de mi receta, de mi pregunta: ¿Qué es exactamente el triunfo?
¿Cómo distinguimos a un triunfador de alguien que ha luchado al máximo pero no ha conseguido la recompensa? ¿De veras el triunfador es el que cuenta con dinero, trabajo, amor, éxito en fin?
¿O el triunfador es quien sin llegar a conseguirlo, pero esforzándose al máximo, ha seguido intentándolo hasta el fin de sus días?
Me enternecen los jubilados que buscan su nuevo lugar en el mundo tras haber dedicado toda a una vida a un empleo.
Me gusta verles ejercer labores que nunca antes habían tenido la oportunidad.
¿No son en ocasiones los hombres más mayores quienes más luchan por la igualdad en materia de género? Es decir, ¿no es cada vez más habitual ver al señor de la casa (nótense las comillas) realizar la compra en el supermercado? ¿Pedir la vez en el puesto del mercado?
¿Qué es el triunfo?
No sabría contestar con brevedad a dicha pregunta algo retórica tal vez-, pero me encantaría tirarme horas y horas analizando fríamente en qué consiste el triunfo, según mi modo de ver.
Para empezar, y quizás pueda explayarme en breve, una triunfadora ha sido mi madre, sí señor, y lo que aún le queda por demostrar. Gracias mami, cada día lo digo con más orgullo: gracias por convertirme en quien soy. Contigo estoy viendo el cielo de veras.
Y si en dos años no hemos podido olvidar el dolor, nosotros, que no somos víctimas directas, ni indirectas, sino víctimas pasivas ¿cómo olvidarán ellos el daño irreparable que han sufrido?
Dos años pasan volando para unos, algo más pausados para otros, y para ellos seguramente nunca pasan. Siempre vuelven sin remedio al 11-M, a ese jueves negro, al 11 de marzo de 2004, cuando sus vidas se segaron, cuando sus familias se rompieron, cuando sus sueños se arrancaron a golpe de bomba.
Y subir en un tren es hoy un reto imposible de superar, y caminar hacia la rutina de entonces no se ha vuelto a repetir.
Cada 11-M nosotros, las víctimas pasivas, volveremos a recordar aquello, mientras ellos, las verdaderas víctimas, luchan por olvidar.
Todos íbamos en esos trenes, todos fuimos madrileños, todos deberíamos recordar siempre aquello.
Porque no podemos olvidar, por ellos, se lo debemos.
La hermosa luz del día, el breve paseo por mi barrio con la música atronando en mis oídos-, las ideas, me hacen entender que me gusta la vida que llevo.
Pese a no encontrar un trabajo de ninguna de las maneras (y más no puedo bajar el listón, lo prometo), pese a tener una compañera de piso que decide dar una clase particular de 12:45 a 14:45 (¿y yo cuando cocino, so tonta???, ¿como cuando tú quieras?).
Pero la esperanza de pronto perderla de vista, la ilusión por haberme decidido a dar un nuevo paso valiente en mi vida, las ganas y la felicidad de seguir junto a D., hacen que se apaguen los miedos y se abra la luz a la ilusión.
Suena una música que desconozco, pero que me llena de vitalidad y alegría. Me imagino escribiendo estas mismas palabras en otra habitación, con la misma luz pero distinta orientación, distinto olor, ninguna compañera.
Y sólo ese pensamiento me dibuja una sonrisa.
De fondo una televisión sin sonido que abunda sobre ese hijo de puta cobarde que sólo sabe golpear a una niña de cinco años. Y eso entristece a cualquiera que no tenga el alma sucia. Y te llena de rabia comprender que de nada va a servir esta nueva barbarie. Que otras se sucederán, con menor publicidad, y las mujeres y los niños seguirán bajo la tutela de valientes hijos de puta. Cuidado, que no dejo de lado a todos aquellos hombres que también sufren de maltrato. Soy consciente de que aunque sean una minoría están incluídos, por supuesto, en ese grupo de víctimas que sufren sin consuelo.
A veces no nos damos cuenta de lo tonto de nuestros dolores. Pero nadie puede culparnos por ello. El egoísmo es quizás la única cosa que nos hace comunes a todos. Lo nuestro antes que lo de los demás.
Y no soy yo quien reprochará a nadie esto. Vaya, que solidaridad y yo no estamos muy unidas.
Una cosa más que cambiar, que mejorar, y me lo propongo hoy, 9 de marzo, que no es principio de año ni comienzo de curso, pero sí que es el día en que las cosas cambiarán en mi vida.
Además, hoy la Niña C. cumple años, y aunque no sea la mejor situación del mundo la que vive, bien merece una enorme felicitación y un recuerdo feliz. Niña, eres muy grande, muy especial, muy necesaria. Mejórate pronto, ¿vale? Que queremos que vengas a visitarnos a Málaga lo antes posible. Nos lo debemos, guapa.
Por cierto, para los que no conozcáis Málaga yo os recomendaría sin duda estas fechas. Sí, nada de Semana Santa ni Feria, no, no, la Málaga auténtica, la Málaga más pura, la diaria, la cotidiana, con un sol que debe estar costando millones a la Diputación mantener cada día en lo más alto, porque si no no es normal
Ya he cumplido un año en Málaga.
A. ya ha cumplido sus primeros días de vida.
Yo cumplo con mis objetivos planeados.
D. cumple con la vida.
Cada uno de nosotros cumple con sus obligaciones.
El día se cumplen dos años desde la primera vez que hablamos por teléfono.
Málaga cumple con su habitual cita con el sol.
Hay quien hoy cumple años, el día 8 también, y el día 9 una de las especiales cumple años y se reencuentra con la vida. Y yo me acuerdo de ella, como hago muy a menudo, y me sonrío por haberla conocido.
H., quizás no estabas en aquella lista, pero ten claro que para mí no eres una más, esa gente apenas ocupa espacio en mi vida, y sin embargo tú tienes un papel que cumplir, y lo haces con creces. Perdona por la omisión
El agua entra por la garganta, fría, clara, cristalina de hecho.
El contacto con el interior es agradable, y su sabor (o no) es una delicia.
No cambio una botella de agua por el mejor vino del mundo, en según qué circunstancias.
El día que me compararon con una botella no supe si tomármelo como un halago o un insulto. Lo primero era lo acertado. Como en un concurso en el que tienes dos opciones, la A era la correcta.
La A de agua.
A mi madre no le gusta el agua en absoluto. Es quizás el líquido menos apreciado por ella a la hora de beber. Y sin embargo parece que sí le ha gustado el piso que la enseñé, con lo cual se acerca la posibilidad de tener un domicilio propio, una casa donde dar rienda suelta a la libertad que emana de mí.
También le gusta Málaga, aunque aún ésta no le haya dado su mejor cara.
Y volviendo al agua. Me encanta cuando en momentos de necesidad acuciante, como los de ahora, el agua cae del cielo en grandes cantidades, limpiando mi coche, llenando pantanos, mojando mi ropa, inundando mi alma de sensaciones.
Estas son pequeñas historias reales, del agua y otros menesteres
Ha nacido. Esta tarde, cuando yo andaba perdida entre las carreteras de Cádiz.
H. ya es A. y yo me he quedado sin verle los ojitos.
Pero he oído a R., con una voz más madura, más tranquila, una voz de felicidad cansada.
Enhorabuena, sobre todo a A., porque tiene una madre que es especial hasta decir basta.
H. ya es A.
M. duerme en el salón, la misma habitación que esta noche de nervios hemos compartido.
Sobre ese sillón y con un saco de dormir encima (sí, debió pasar mucho calor y se ha salido de él).
M. duerme aún, porque es pronto y anoche nos acostamos tarde. Porque los nervios no pudieron calmar el cansancio y el sueño.
El "niño sin nombre" se resiste. Quiere impedir que seamos nosotros dos de los primeros en verle la carita.
Anoche conocí Cádiz. Una Cádiz cerrada por la oscuridad, vacía para mí que iba en el taxi con la cabeza absorbiendo pensamientos.
Me hubiera gustado que todo fuera de otra forma, que el "niño sin nombre" nos enseñará sus manitas, acariciarle y mirarle con la ternura de quien sabe que está viendo a alguien especial. Pero parece que, por más esfuerzos que haga la madre, ese nacimiento se retrasará hasta nuestra marcha.
M. duerme, soñando con que ya será padrino cuando se despierte. La luz entra por la ventana, y las teclas suenan atronadoras entre tanto silencio. Yo también he dormido, poco, menos de lo que debería, pero no tengo sueño, sino ganas de despertar a todos y que nos marchemos.
Ignoro si J. finalmente vino anoche. Si lo hizo yo no la escuché, pero estará inventando miradas de su nieto.
Empieza un nuevo día, quizás el día en el que el "niño sin nombre" al fin tenga uno.
Quizás el día en que H. por fin sea A., ya os escribiré entonces, desde Málaga, cuando H. sea A.
No pensaba escribir ya esta noche, pero entre D. y M. me han convencido.
En sus blogs han hablado ambos de esta canción, Hope Theres Someone, de Antony And The Johnsons.
Recuerdo que una de las primeras veces que D. y yo la escuchamos juntos él me preguntó de qué grupo se trataba (cuando había sido su hermano precisamente el que me lo había pasado), y esa misma noche escribió acerca de lo que le suponía escuchar esta canción. Una preciosa reflexión.
Hoy he encontrado la de M., también sobre esta canción, y con ella de fondo no he podido evitar ponerme a escribir.
¿A mí qué me inspira? No sé cómo lo hace, pero la voz, la música (no presto atención en este caso a la letra), ya de por sí me ponen un nudo en la garganta.
Es una canción intensa, grande, que marca, que no puede pasar desapercibida.
La música no ha de llegar antes o después. Es decir, a veces escuchamos una canción cientos de veces y no nos dice nada, y de repente un día, por la luz, por la ausencia de esta, por lo vivido en ese instante, te marca. Se queda grabada para siempre en tu mente, aprieta fuerte tu corazón y pide un momento de atención.
Yo cierro esta noche los ojos y sueño con esta música de fondo. Y a mi mente viene una tarde en la playa de Pedregalejo, con D. y M., con una cámara de fotos, y con muchas sonrisas. A partir de esta noche esta canción es esa tarde, es la tarde con dos hombres de mi vida, con dos insustituibles, con dos corazones entregados, con dos personas especiales. Os quiero tanto...
Antony And The Johnsons
Hope Theres Someone
Hope theres someone
Wholl take care of me
When I die, will I go
Hope theres someone
Wholl set my heart free
Nice to hold when Im tired
Theres a ghost on the horizon
When I go to bed
How can I fall asleep at night
How will I rest my head
Oh Im scared of the middle place
Between light and nowhere
I dont want to be the one
Left in there, left in there
Theres a man on the horizon
Wish that Id go to bed
If I fall to his feet tonight
Will allow rest my head
So heres hoping I will not drown
Or paralyze in light
And godsend I dont want to go
To the seals watershed
Hope theres someone
Wholl take care of me
When I die, Will I go
Hope theres someone
Wholl set my heart free
Nice to hold when Im tired