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El fin de los días grises

En los brazos de la fiebre

Tres días me vengo a Madrid, tres y medio acaso, y de ellos dos enteros con fiebre.
Y encima ni al Atleti fuimos capaces de ganar.

Por suerte siempre supe valorar las cosas que sacaba para bien (aunque pocas personas me crean), y en este caso me quedo con esa cena del viernes con C., A. y S., llena de risas y buena charla, gran comida y mucha felicidad por los reencuentros, ya que S., desde la semana pasada, también se ha marchado de Madrid (ella por motivos de trabajo).

Además de la cena me quedo con el hecho de que ayer ví durante un ratito al loco de mi amigo-hermano A. y su novia. Risas, sencillez y miradas cómplices, y siempre acordándonos "del de la Biblia" y Bersuit.

Y por último, y más importante, pasar el tiempo con mi madre y mi hermano. Y la tortilla de patatas, jaja. Decidme, merece o no merece la pena el fin de semana? Bueno, a mí me lo merece.

Mañana autobús de vuelta a Málaga, espero que D. esté en la estación para recibirme, ahora que aúna en una sola persona la responsabilidad de ser novio, amigo y familia. Y mira que está cumpliendo con creces. Si es que algunos no confiais en la juventud...

El dolor, ese acompañante

El dolor es algo abstracto.
Difícil hablar de dolor, sí, pero sin embargo es más sencillo intentar explicar las causas de él.
Me duele, me duele muchísimo, que ella, que debería entenderme mejor que nadie mi situación, se envuelva de incomprensión y me machaque una vez tras otra. En fin, las relaciones de todo tipo tienen estas cosas: dar, recibir, sufrir, vivir. Son así, son necesarios todos los estadíos, todas las fases. Ahora no pasamos una buena fase, pero somos amigas, muy buenas amigas, y eso debe ser suficiente para tirar hacia delante.

Y la guitarra sonando

Y la guitarra sonando

Ya conté una vez que me encantan los Gipsy Kings. No son mi estilo, no al menos de inicio, pero lo cierto es que los recuerdos y ese rasgueo de guitarra flamenca me envuelven.

Bueno, esto no es más que una entradilla como otra cualquiera para intentar escribir algo.
Porque no, no tengo nada predefinido sobre lo que escribir, simplemente me apetecía darle a las teclas.

He llegado hoy a Madrid. Viaje en bus esta vez. 6 horas dan para mucho, sí. Dan para escuchar la radio, a los contertulios hablar y hablar (bla, bla, bla) sobre el Parlamento vasco y demás. Dan para escuchar una grabación que traía de Milenio 3, sobre el Cortijo Jurado (me han entrado ganas de acercarme hasta allí, ya que está en Málaga, y ver qué tiene de cierto todo lo que he oído). Dan para hablar por teléfono y notar la voz triste de D. mientras me alejo. Dan para pegar una cabezadita, o dos incluso. Dan para pensar, para reflexionar, para recordar.

Llevo ya 5 meses sin trabajar. Al contrario de lo que muchos pudieran pensar en ningún momento me he aburrido o he sentido la necesidad de volver a encontrar un trabajo. El curro me dejó muy machacada psicológicamente, tanto que no tenía mucho sentido continuar con la vida que llevaba hasta entonces.

Hablando el otro día con M. -sentados en la tetería, ese sitio que ya hemos hecho nuestro en Málaga- le contaba que me sentí realmente mal, que decidí dejar de escribir porque me llegaron a convencer de que no sabía hacerlo, y mil cosas más que podrían considerarse acoso laboral. En fin, que mejor no hablar mucho de ello. Simplemente el otro día me sirvió para comprender un poco mejor si cabe que necesito aún mucho tiempo para recuperarme. Que tengo una ex-compañera de trabajo que vivió algo similar (en el mismo sitio de hecho) y ha estado más de 1 año en un psicólogo. Así que aún debo agradecer a alguien que tenga más fortaleza física que muchas personas.

Escucho "Mulder and Scully", la única canción salvable de un grupo que se llama Catatonia y su disco "International Velvet". Sí, quizás el mayor error en forma de disco que cometí en mi tierna adolescencia... qué tiempos aquellos.

Hoy es 20 de mayo y para los madridistas nostálgicos es un día que nunca olvidaremos. Gracias Pedja!

(Por cierto, no es curioso que casi todos los que me leéis sois antimadridistas o similares?)
Ya aprovecho para felicitar por aquí a Nastrud y al resto de culés, enhorabuena por la Liga (no reproduciré las palabras de Eto'o, aunque he estado tentada :P).
Besosssssssssssssssssss

Gracias a mis recuerdos

Vuelvo de estar con M.
Paseo por Málaga, entrecruzando mil pensamientos, dos mil malentendidos, mucha tristeza.
Pero me pongo el discman y la música que sale por los auriculares me otorga unos minutos de esperanza. Justo en ese arranque de melancolía paso por delante de un ciber. No puedo reprimir las ganas de escribir.
Ahora que me siento me lío más aún de lo que ya estaba.
Me siento indefensa ante los acontecimientos, ante los proyectos, los planes, las ideas. Se me escapa al control, y nunca me gustó no poder controlar mi vida.
Estoy un poco perdida. Necesito volver al sitio de mi recreo.
Ahí me voy.
Pese a todos mis errores, pese a mi silencio prolongado, pese a mis errores... yo os sigo necesitando, más que nunca ahora.

No te creo, pero gracias

22:31. Viernes 13.
Y yo esperando en mi coche, en una noche en la que refresca un poco más de lo normal (bueno, eso es lo que imagino, porque no sé si normalmente un 13 de mayo en Málaga refresca o no por la noche).

Me pasa H. un post curioso, sobre el interés o no de ciertas foreras por ser mediáticas. Me resulta curioso el tema. Creo que la lucha por ser o no alguien mejor en un foro no deja a nadie en buen lugar.

Cierto es que es agradable observar cómo alguien se acuerda de ti y te considera entre las "mejores" foreras, pero al margen de lo anecdótico, no es un poco absurdo todo esto?

Hasta dónde vamos a llegar si de verdad (y sí, me lo creo), hay gente cuyo afán es ser considerados mejor que otros en un espacio virtual.

Yo quiero, como casi todo el mundo, que me reconozcan los que me conocen... bueno, miento. Como periodista y Leo me encanta que me alaben, sí, sí. El halago, pero no gratuito, me da fuerza y vida, pero llevo tiempo sin buscarlo voluntariamente. Si llega, genial, pero no es mi objetivo, al menos hoy en día.

Dice mi madre que no me quiero nada, que nunca me valoro. Decía mi padre que debería creerme un poco más lo que soy, cómo soy. Dice mi novio que valgo más de lo que pienso. Y mis amigos siempre "me venden" ante el resto como alguien inteligente. Y digo yo... ¿dónde está mi valor cuando yo no soy capaz de verlo?

Las palabras de los amigos, de los que te quieren, de los que te conocen, reconfortan pero esconden un poso de inquietud. ¿Dónde está el límite de la realidad en esos casos?

Así que ahí va mi respuesta, y no es falsa modestia (lo puedo jurar), hacia aquellos que creen que soy mejor de lo que pienso: te equivocas, no te creo, pero gracias.

No por ello soy mejor... tampoco peor

Pero lo reconozco: no soporto a Fernando Alonso.
¿Razones? Pues es una fobia que se ha ido creando con los años.
Comenzó, haciendo cuentas, en el 2002 o así, tras una breve entrevista de menos de 2 minutos y más de una semana de llamadas para conseguirla.
Y ha ido creciendo poco a poco.
Nunca me gustó la prepotencia, y este caso me parece un poco excesivo.
¿Lo peor de todo? Que es demasiado bueno como para tener que ser tan chulo.
Es una opinión, algo personal, y quería escribirlo.
Que nadie se moleste... o sí, da igual.

Comida china

Comida china

Me gusta la comida china.

Hubo una época de mi vida en la que odiaba ese tipo de comida. Más de una y más de dos discusiones tuve con mis amigos por ir a comer a un restaurante chino.

Y sin embargo, aún no sé cómo, un día decidí que estaba enganchada a la comida china.

Sí, no es sólo que me guste, es que cada cierto tiempo necesito pedir comida china, o ir a un restaurante chino, y probar esos extraños sabores, esas sustancias que prefiero no pensar de dónde pueden salir.

El caso es que en el fondo siempre hay cosas en nuestra vida que antes no nos gustaban y ahora nos encantan, o viceversa.

Las comidas, la música, el cine, los amigos, las parejas, las ciudades.

Ahora, ahora que ya no estoy en casa, me doy cuenta de que odiaba cosas que son absolutamente fundamentales para una buena vida.

Claro, "nunca digas de este agua no beberé", si es que el refranero popular sabe más que nadie.

Adoro la comida china, y no me gustan muchas de las personas que antes necesitaba en mi vida, llamadme rara.

Una foto de carnet

Escucho en "La Ventana" de la SER una entrevista con una tal Piedad, fotógrafa octogenaria de Palencia, que con sus palabras me ha ido conquistando, y convenciendo, un poco más aún de lo que ya estaba.
La fotografía es algo mágico.
No soy una buena fotógrafa. Ni he estudiado ni nunca he pretendido hacer fotografías más allá de mis viajes y paseos. Desde mi pequeña cámara regalada en mi primera comunión a mi última cámara, una digital que me regaló mi hermano y que ha sido uno de los mejores regalados nunca recibidos. Siempre ha sido el complemento perfecto para cualquier acontecimiento de mi vida, y a día de hoy me alegro de haber soportado estoicamente las quejas constantes de mis amigos/familiares fotografiados.
Puedo con esas pequeñas instantáneas recordar, repasar, casi cada momento desde que tengo uso de conciencia.
Mi vida está adornada por imágenes de todo tipo, por personas que se fueron para no volver, algunas de las que no recuerdo el nombre y otras que siguen como antaño.
Este fin de semana he seguido completando mi álbum. Un lugar conocido, otro nuevo, dos de las personas más necesarias, queridas/amadas, importantes de mi existencia... fotos, fotos, fotos.

Quizás nadie me vea correr…

Corro desde Madrid a Málaga para que allí no vean mis lágrimas.
Llego a Málaga y me oculto entre las sombras para que nadie distinga que lloro.

Hoy mi padre habría cumplido 62 años. Pero no los ha hecho. El destino o lo que sea decidió que no llegaría a cumplirlos, ni tampoco los 61.

Así es la vida, también así es la muerte. Y creo que por eso precisamente hoy tengo derecho a derrumbarme, a exigir un abrazo, a buscar tu voz, tu ánimo, tu mirada, la de todas y cada una de las personas que de un modo u otro comparte conmigo esta batalla diaria.

"Dime, si tú te vas...
¿Qué hago con mi vida?
Dime, si tú te vas,
cómo recompongo los pedazos
esparcidos por el suelo de mi amor.
Dime ahora qué hago yo.
Es que si tú te vas...
todo queda en nada.
Es que si tu te vas,
sola mi mirada despistada,
caminando en línea recta hacia...
no sé...
Quizás deba volver corriendo a mi niñez,
donde nada era tan importante
como importante me es ahora tu querer.
Volverme a refugiar cerca de mi mama,
que si tú te me marchas,
¿quién me cuida? ¿quién me abraza?
¿y quién me mima si te vas?
Porque si tú te vas...
mi mundo se hiela.
Porque si tú te vas...
mi alma se congela
y por mis venas
corre el frío viento
que hace enmudecer
a este pobre ser.
Es que si tú te vas...
Quizás deba volver corriendo a mi niñez,
donde nada era tan importante
como importante me es ahora tu querer.
Volverme a refugiar cerca de mi mamá,
que si tú te me marchas,
¿quién me cuida? ¿quién me abraza?
¿y quién me mima si te vas?"

Elefantes

La épica de la victoria

La épica de la victoria

00:41. Sábado noche. He llegado hace poco a casa. El día ha sido muy bueno, y el final mejor aún.
Es la épica del fútbol, en este caso la épica de la victoria, del deporte.
El ambiente lo hace todo, y esta noche las gargantas y los corazones se han unido para colorear una noche que siempre recordaré.
Qué tonta es la vida, qué tontos los corazones y los sentimientos, qué tonto quizás abrazar esta noche la felicidad por 90 minutos de épica.
El fútbol es así, que dijo el sabio. La épica es así, que digo yo.
Yo me bajo en Santiago Bernabéu...

Perdida en mi habitación

Perdida en mi habitación

"Perdido en mi habitación
sin saber qué hacer
se me pasa el tiempo
Perdido en mi habitación
entre un montón
de discos revueltos"

Mi habitación es un lugar especial. Hablo de la de Madrid, y pronto lo haré de la de Málaga, pero de momento me quedo con la habitación en que más horas he pasado en los últimos 25 años.
Mi habitación fue en sus inicios la habitación de mi hermano, pero un día, no sé porqué, pasó a ser la mía. La cama cambiaba, cada semana en un lugar distinto, hasta que por fin hace unos años tomó un sitio y ahí se quedó.
Entra el sol durante todo el día, algo que me ha marcado y me ha hecho necesitar un espacio luminoso para vivir, para ser yo misma. Soy Leo, y dicen que el Sol es el astro que nos rige, supongo que este es un caso más.
La primera noche que dormí en mi habitación lo hice con la luz encendida. Serían miedos infantiles supongo, o el hecho de que por primera vez dormía sola. Hasta entonces (tendría 4 ó 5 años) dormía en la cama de al lado de mi hermano. Cuando no podía dormir me daba la mano y me decía que cerrara los ojos, pensara en algo bonito y me relajara. Así aprendí a dormirme sin temor a nada. Nunca lo he hablado con él, pero me enseñó a tener -hasta el día de hoy- una facilidad pasmosa para dormir (quizás no rápidamente, pero sí profundamente).
Mi habitación ha sido mi refugio, el sitio de mi recreo, el lugar donde he soñado, he vivido, he compartido. Gran parte de mis mejores momentos han sucedido en este pequeño cubículo, escasos metros cuadrados cuyas paredes están adornadas de fotos de quienes fueron, son y pudieron ser grandes episodios de mi vida: mis amigos.

Lo que fue para siempre que no caiga al olvido

La melancolía está siempre a la vuelta de la esquina.
Puede que no añores a las personas, pero los recuerdos de momentos bellos vuelven, sin duda, en algún u otro momento.

"Mejor buenos recuerdos que un pasado perdido".

Estos días, será la primavera, me siento más melancólica que nunca. También coincide con que he recibido noticias de mucha gente que andaba perdida, y que M. está en Málaga y puedo compartir con él esas charlas tan irreales, fantásticas, oníricas.

Echo de menos a R., muchísimo más de lo que ella sabe. Necesito como el comer un abrazo tímido suyo (porque R. siempre fue muy tímida en las distancias cortas), su mirada excrutando mis palabras, sus palabras analizando mis gestos, sus silencios valorando mis ideas.

Echo de menos a P. Y a E. Echo de menos las tardes de colegio sentada en las escaleras, echo de menos los paseos por el Retiro, ver la tele con mi padre, ir a casa de mi yaya a comer un sucedáneo de chocolate malísimo y salchichas ahumadas, jaja.

Se extrañan cosas livianas, quizás demasiado livianas, pero no son esas las que a fin de cuentas nos dan vida a diario?

Y aquella tarde tan gris se llenó de color...

“Desde aquí, desde mi casa veo la playa vacía.
Ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia”.

Iván Ferreiro –ya lo dije hace un tiempo- ha hecho una maravilla de trabajo. Un disco lleno de joyas incomparables las unas con las otras. Regalos para los oídos, y en general para los sentidos, porque así es la música, algo que vivir con todos los sentidos.
La música se oye, se siente, se palpa, se huele, se ve, la música es parte de mi cuerpo.

Nunca me gustó bailar, es algo que no va conmigo. No sé si es mi falta de coordinación, de ritmo, o mi insuperable miedo a hacer el ridículo, lo que me ha llevado a no haber bailado en mi vida quizás más de 20 segundos seguidos. No, ni siquiera bailaba en casa, a escondidas y enfrente de un espejo como muchos otros adolescentes. Lo máximo que he hecho ha sido saltar como una loca en un par de conciertos, pero saltar, saltar, nada de mover las caderas. No, no bailo, ni me gusta ni me interesa. Me parece algo completamente prescindible, aunque tenga una madre artista que baila como los ángeles.

De lo que no podría prescindir jamás es de la música. Sin ella pierdo parte de mi esencia.

Quizás vuelva en este blog a la costumbre que tenía siempre de escribir cartas empezándolas con la letra de una canción. Una canción puede decir mucho, da igual el idioma, da igual todo, sólo hay que leer, dejarse llevar y pensar que cada una de las canciones (aunque nos lo nieguen) han sido compuestas para nosotros.

Como todas las canciones de Iván Ferreiro, hechas para mí, para ti también, deberías escucharlas, no crees?

P.D.: H., anímate, que me gusta leerte feliz, irónica, brillante. Un abrazo, como el que te mandé el otro día por SMS, me alegro que sirviera para algo.

Y aquella tarde tan gris se llenó de color...

“Desde aquí, desde mi casa veo la playa vacía.
Ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia”.

Iván Ferreiro –ya lo dije hace un tiempo- ha hecho una maravilla de trabajo. Un disco lleno de joyas incomparables las unas con las otras. Regalos para los oídos, y en general para los sentidos, porque así es la música, algo que vivir con todos los sentidos.
La música se oye, se siente, se palpa, se huele, se ve, la música es parte de mi cuerpo.

Nunca me gustó bailar, es algo que no va conmigo. No sé si es mi falta de coordinación, de ritmo, o mi insuperable miedo a hacer el ridículo, lo que me ha llevado a no haber bailado en mi vida quizás más de 20 segundos seguidos. No, ni siquiera bailaba en casa, a escondidas y enfrente de un espejo como muchos otros adolescentes. Lo máximo que he hecho ha sido saltar como una loca en un par de conciertos, pero saltar, saltar, nada de mover las caderas. No, no bailo, ni me gusta ni me interesa. Me parece algo completamente prescindible, aunque tenga una madre artista que baila como los ángeles.

De lo que no podría prescindir jamás es de la música. Sin ella pierdo parte de mi esencia.

Quizás vuelva en este blog a la costumbre que tenía siempre de escribir cartas empezándolas con la letra de una canción. Una canción puede decir mucho, da igual el idioma, da igual todo, sólo hay que leer, dejarse llevar y pensar que cada una de las canciones (aunque nos lo nieguen) han sido compuestas para nosotros.

Como todas las canciones de Iván Ferreiro, hechas para mí, para ti también, deberías escucharlas, no crees?

P.D.: H., anímate, que me gusta leerte feliz, irónica, brillante. Un abrazo, como el que te mandé el otro día por SMS, me alegro que sirviera para algo.

Pasaba por aquí

Gran canción esa de Aute, que en voz de Pedro Guerra es aún más tierna, dulce, inolvidable... pasaba por aquí.
Siento mi desaparición, o más bien mis cada vez más largas desapariciones. El fin de semana pasado estuve en Madrid y esta semana he estado en Málaga con mi madre. Ahora debe estar a punto de llegar a casa, después de un eterno viaje en autobús, y de haberme dejado con lágrimas en los ojos.
Me ha gustado mucho que haya venido aquí, que me haya hecho compañía y se haya tumbado conmigo cada noche. Una madre es algo especial, insustituible, y tener a la mía tan cerca me ha hecho de nuevo sentirme como una niña.
Volver a ser un niño... esta vez cantan Los Secretos.

Para ti, para vosotros, para ellos

Para ti, para vosotros, para ellos

Pasa en ocasiones. Sí, pierdes el rumbo, la noción del tiempo, olvidas que eras alguien antes de él, y que debes seguir regando diariamente la planta de la amistad.
No creo que la distancia física haya acrecentado la distancia real, ni mucho menos, pero sí es cierto que he dejado de preocuparme por quien no merece la pena.
No lo he pasado bien, lo reconozco, no es bonito decir adiós sin ni siquiera despedirte, pero es necesario hacerlo cuando dejas de tener ganas de ver a alguien.
Hay casos muy distintos. Está el de una amiga a quien yo creía mejor de lo que ha resultado, que desde que me marché a Málaga no he vuelto a saber de ella... duele, pero menos de lo que pensaba. Una ya tiene el corazón endurecido ante ciertas cosas, y esta es una de ellas.
Luego está el caso de R., con la que el otro día tuve una charla que me abrió mucho los ojos. He podido cometer errores, pero como siempre ahí ha estado ella en el momento oportuno para llamar a mi puerta y advertirme: "Di, te estás perdiendo".
Así que me intento buscar, rebuscar, encontrarme, y veo que la perfección no existe, pero que yo estoy cerca de lograrla... jaja, bueno, no es para tanto.
Ah! Traigo el mal tiempo a todos lados, hoy en Madrid llueve, en Málaga brilla un sol de justicia... por qué siempre estoy en el lugar menos adecuado?

Conocer tus limitaciones

Conocer tus limitaciones

¿Hay algo más difícil y a la vez más simple que ser consciente de tus propias limitaciones?
No se puede ir de lo que no se es, no se debe presumir de lo que no se tiene, no se tiene que jugar a un juego del que no sabes las reglas.
Me conecto poco desde que estoy en Málaga, no tengo mucho tiempo, y si lo tengo prefiero emplearlo en otras cosas.
Ayer por ejemplo, lo pasé jugando al baloncesto, paseando por la playa y charlando con un montón de personas a las que había leído cientos de veces y nunca había visto. Junto a un té pakistaní, D. y el sol de mi ciudad, el que me quemó :S.
A lo que iba. Como me conecto tan poco leo todos los blogs de golpe, y me sorprendo viendo cómo proliferan los blogs que pretenden ir de algo. Blogs que pretenden ser una página informativa (para eso están los periódicos), que quieren ser un compendio de críticas musicales y cinematográficas...
Vale, es cierto que cada uno es libre de hacer lo que quiera, sí, sí, asumo esa premisa, pero ¿y si encima no lo hacen tan bien como piensan? Es decir, hay quien se piensa el rey/la reina de la narrativa, presume de ello y pretende tener un "blog maestro".
Bah, yo qué sé. Que cada uno haga lo que quiera, simplemente me hace gracia: no conocemos nuestras limitaciones.

(Ahora llega el momento de que me caigan palos, bienvenidos serán. No soy mejor que nadie, lo sé, vivo con ello, pero no pretendo hacer el mejor blog del siglo, simplemente un sitio en el que volcar mis pensamientos... y hoy pensaba esto).

Pasó la Semana Santa

El año pasado la Semana Santa fue muy muy especial... como esta, pero distinta.
Sí, digamos que el año pasado comenzó algo precioso, lo más bonito que hasta el momento he vivido.
A lo que voy, que me enrrollo. El listón estaba altísimo, casi imposible de alcanzar, pero creo que casi casi puede haberse superado. Y lo hace además con un día perfecto, el de hoy.
El viernes me marché a Madrid (hace más de una semana). Cené con unos amigos, el sábado tuve día de relax, el domingo ví y dormí con D., por cosas del destino, algo totalmente imprevisto. El lunes llegó mi madre, dos meses después. El martes lo pasé con ella, recogí a D. en Atocha, y el miércoles nos fuimos a Cáceres, con C. y C.
Estuvimos allí hasta el viernes, unos días llenos de buen rollo, amor, cariño, paz, alegría. Me encantó la ciudad extremeña, era una de mis cuentas pendientes, y ya la he saldado.
El viernes llegamos a Málaga y pasamos un fin de semana calmado, que se cerró ayer con el Unicaja-Madrid, que tuve la suerte de hacer para Onda Madrid (uno de los momentos gloriosos de mi breve carrera profesional).
Y como decía se ha cerrado todo con un día gracias al cual he rozado el cielo... así es mi vida, no está nada mal, al menos a mí me gusta.

Trasteando

Trasteando

Con retraso, algo a lo que deberíamos acostumbrarnos quienes en alguna ocasión hemos salido/llegado a Barajas.
Con retraso y una sonrisa franca llegó mi madre, dos maletas inmensas, y miles de regalos para todos.
La recibimos con sorpresa incluída: la presencia de su sobrina, su hermana y la hija de su sobrina (una hermosa niña por la que mi madre babea). Y lloró, cosa que yo no pensaba que haría. Y se abrazó con fuerza a mí, y cuando en la calle vio a su hijo casi se muere de felicidad. Sí, tenía en la cara el reflejo de la felicidad, hoy lo tengo claro.
Comimos todos juntos y por la tarde desembaló sin parar las maletas e historias de todo tipo.
No tiene acento argentino, pero sí se le escapan expresiones. Y me hizo gracia ver que tengo que contarle las cosas de la tele porque no sabe quien está peleado con quien.
Por fin llegó, y yo por la noche tragué lengua y empecé a desenterrar mil historias que en estos dos meses han pasado, historias con las que rió, con las que se enfadó, con las que se sintió feliz, básicamente eso, feliz.
Como feliz me siento yo. Con mi madre y mi hermano en casa, esperando que llegue D. y dispuesta a irme a Cáceres.
Y es que la primavera llegó (no, no voy a copiar eso tan manido ya de la primavera trompetera, aunque reconozco que también yo he caído bajo el influjo de los Delinqüentes), pero para mí lo importante es que ha llegado una época de bienestar prácticamente desconocida en los últimos años.
Ahora sólo falta una cosa: liarme la manta a la cabeza y disfrutarla.

El regreso a casa

El regreso a casa

Llegúe ayer por la tarde.

Las obras de la M-30 me recibieron con los brazos abiertos, sólo ellas, porque nadie más había en mi casa.

Mi hermano había huído de esta ciudad "invivible pero insustituible", que dijo en su día Sabina.
Y yo me encontré de nuevo con la casa en la que hasta hace dos semanas había vivido los últimos 25 años de mi vida. 25 años, se dice pronto.

Sin embargo, los días en Málaga han sido tan especiales que parece que he vivido allí siempre.

Curiosamente se echan de menos cosas a priori insustanciales, y en mi caso, al margen de a las personas (a las que extraño, y mucho), algo que añoro con fuerza es la ducha de mi casa.

Sí, así como lo leéis. No he encontrado en mi vida una ducha que salga con tanta fuerza y a una temperatura tan maravillosa.

Es la ducha perfecta, nada que ver con la de Málaga, en la que conseguir un chorro de agua mínimamente potente y la temperatura adecuada es una quimera.

Así que disfruté de la ducha como si fuera la primera que me daba en meses, y luego me fui a cenar con mis amigos. La noche estuvo plagada de risas, aunque el cansancio y mi dolor de cabeza impidieron que se prolongara demasiado.

Echo de menos a D., quizás más que nunca, y eso que sólo hace un día que no le veo. Pero las personas somos así de caprichosas, enseguida nos acostumbramos a lo bueno, aunque durante once meses apenas nos hayamos visto, de repente ahora 24 horas sin él son como una vida entera vacía.

Ahora tengo la tele de fondo, sin sonido, mientras en Onda 6 ponen el Pamesa-Caja San Fernando. Espero como agua de mayo una llamada. Mi regreso ha sido un poco solitario. Iba a quedar hoy con unos amigos pero en el último momento ha sido imposible vernos. Mañana será.

Hoy es un día de celebraciones para muchos: San José, Fallas y el Día del Padre. Día para recordar, día nostálgico, día triste, en fin. Pero la tristeza hay que borrarla del calendario, descartarla como opción. Mañana saldrá de nuevo el sol, y faltará un día menos para reencontrarme con todos los que quiero, con todos, esta vez sí. Bienvenida a casa, a tu segunda casa, ¿o es la primera?