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El fin de los días grises

¿Qué más da?

Escribo sin el mayor atisbo de tristeza. Incluso lo que siento es más parecido al alivio que a otra cosa.

Son ya muchos años observando las actitudes de las personas. Siempre he sido más de observar que de actuar. Me considero una buena psicóloga, alguien que ve más allá de las palabras (estas suelen ser fáciles).

Por ello me siento aliviada. Aliviada de ver que estoy fuera de los grupos formados sin más. Lejos del bullicio y las falsas amistades. Qué pocos amigos tengo, y qué alegría me da saber que son tan buenos.

Prefiero una llamada espaciada, con meses de intervalo incluso, -pero con una voz que muestra su interés de verdad-, que cientos de palabras regalando los oídos.

Necesito en mi vida a M., a R., a S., a A., a C., a la Niña C., incluso al olvidadizo Ch., el despistado I., el "en su mundo" J., las alejadas N. y P., la exiliada T., la mamá B. Ellos son quienes componen mi vida, quienes me conocen de verdad, quienes me han mirado en multitud de ocasiones a los ojos y los han visto llenos de lágrimas. Es ahí cuando encuentras a tu gente. Las lágrimas no se regalan a desconocidos, las risas en cambio sí, en multitud de ocasiones.

Por mi trabajo tuve la ocasión de conocer a un número increible de personas, y qué poquitas se quedan. Lo bonito es el recuerdo, y para nada me entristece que no estén ya. Los que quiero cerca los tengo, los tendré siempre. Me sobran saludos con "sonrisas tipo", no me faltan ánimos desde la nada. Pero yo me quedo con otras cosas, y cada día lo tengo más claro.

He hecho a lo largo de mi vida muy buenos amigos, ese es el mejor regalo que me ha dado mi carácter, que pese a ser difícil ha atraído a personas tan especiales que aún no sé cómo devolverles lo que me han enseñado.

"Si las palabras llegan solas o ayudadas, ¿qué más da?"

Y eso no es bueno

Me dice M. que debo retractarme del mensaje que escribí acerca de borrar de mi currículum mi licenciatura.

Bueno, una creía que no era orgullosa, pero los últimos meses he descubierto que sí lo soy.

Pese a ese absurdo defecto, y por respeto a la amistad que nos une, me retracto. Pero no sólo por eso, sino porque creo que es cierto que borrando algo de un CV lo único que haces es eso, borrar en un documento unas palabras, pero no borrar nada en mi vida.

Claro que esos cinco años de carrera, y unos cuantos más de profesión, han sido básicos en mi crecimiento personal, pero en ocasiones a una le cuesta creer que las cosas tengan que ser así.

No hay mucho más que decir. Más que nunca me encuentro en una situación de espera.

Espero encontrar un trabajo, espero que a mi madre le guste el piso que a mí me ha encantado, espero que "el niño sin nombre" nazca el miércoles y no me quede sin ver el Madrid-Arsenal. Espero que todo salga bien. Espero mucho, y eso no es bueno.

La verdad parece fantástica

“Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte,
pero el futuro aguarda. Es un abismo.
No me lo digan cuando me despierte”

Mario Benedetti, “Hasta mañana”. Próximo prójimo (1964-1965)

Si todo sucediera como en los sueños yo volaría.

Mi coche nunca frenaría.

Vería día tras otro a gente que se marchó.

Reiría como una niña pequeña.

Caería en picado por precipicios y me levantaría sin un rasguño.

Y nunca me despertaría con miedo, porque sabría que todo fue un sueño.

Pero no, la vida no es sueño, por mucho que dijera Calderón de la Barca.

Yo sueño con una vida en sueño, pero al despertarme prefiero aferrarme a la realidad, tampoco es tan mala comparada con otras.

Seguiré huyendo entre libros y películas, entre música y deporte, así al menos la verdad parece fantástica.

Me contagio de ello

Se desata la violencia verbal.

La gente tiene poco apego a la vida.

Coches conducidos por irresponsables que desconocen el peligro que tiene en sus manos dicha “arma”.

Peatones que cruzan sin más, olvidando una de las reglas básicas de la vida: puedes fiarte de ti, pero nunca de los demás.

Insultos gratuítos, miradas asesinas, odio escondido bajo el silencio.

Cada vez más la gente tiene ganas de pelea. Y lo malo es que yo me contagio de ello.

Pero hasta ayer no lo supe

A veces me da por revisar viejos emails y descubro a una persona distinta detrás de quien escribía.

Me explico. Leo emails escritos POR MÍ, hacia otras personas, y me cuesta reconocerme. Em el lenguaje, en las ideas, en los sueños.

Soy bastante variable. Es innegable. Sí, por supuesto tengo una serie de principios muy arraigados, los que me han dado forma como persona, como la persona que soy. Pero cambian las ideas sobre temas más banales, sobre lo que perseguía y persigo, sobre mis anhelos y mis miedos.

De todos modos, lo cierto es que lo que más me sorprende es la evolución en el lenguaje, en la escritura... aunque más que evolución es regresión, porque hay que ver las cosas tan bonitas que decía en los correos yo antes.

Quizás porque crecí en un ambiente en el que la carta tenía un gran poder y simbolismo, siempre me gustó sentarme a plasmar mis ideas en un folio. Ahora eso me cuesta, y aunque aquí me "desfogo", hace tiempo que np muestro mis sentimientos en una carta o un email dirigido a alguien en particular.

Será que no soy ya la Diana sensible que emanaba sentimientos por doquier. Será que los receptores han variado y me asusta que puedan pensar que soy una cursi recalcitrante.

Será que me quedo con el hecho de que Pepe ganó Gran Hermano 7, y ayer me sacó unas cuantas sonrisas. Soy del lado oscuro, siempre lo fui, pero hasta ayer no lo supe.

Dentro de unos años

Hoy ha salido el sol… como casi todos los días, vamos. Aunque quizás su brillo era distinto.

O quizás ha sido el desayuno exquisito en esa playa que enamoraría hasta al más incrédulo del mundo.

El caso es que hoy ha sido el día en que he recordado mis tardes primaverales adolescentes en Madrid.

He pensado en ellas y las he extrañado. Por su inocencia, por sus risas, por su intensidad.

Porque esas son características que cambian, para mejor o peor, pero cambian al fin y al cabo.

Los árboles del Retiro, los cuerpos tumbados en el césped, y un lugar que era más especial de lo que es ahora.

Entonces el Retiro era un lugar más calmado, donde se podía respirar ilusión, donde se sentía la magia de la amistad y del amor.

No pongo caras a quienes me acompañaban aquellas tardes, incluso dudo que fueran muchos momentos los allí vividos, pero el caso es que hoy, en la lejana Málaga, lo he extrañado, y he decidido inventarme otros momentos con D., mucho más bonitos, y que sin duda serán los que añoraré un día como hoy, cuando salga el sol y brille de un modo distinto, dentro de unos años…

Siento haberte fallado

Este artículo es una demonización de los títulos universitarios.

Un grito de angustia por haberme sacado la carrera en mis reglamentarios cinco años.

Por haber empezado a trabajar desde 2º.

Por haber tenido la suerte de trabajar en lo mío, y con ello encasillarme de cara al resto.

No hay manera, quiero un trabajo cualquiera, un trabajo para el que no exijan titulación, para el que sea suficiente tener ganas de trabajar.

Y para ello he decidido borrar de mi currículum mi licenciatura.

Adiós a cinco años de apuntes, exámenes y compañeros de clase.

Adiós a cinco años inolvidables de mi vida.

Para los lectores de mi currículum sólo seré Diana Ruiz, con estudios hasta COU.

Lo siento papá, fue un gasto inútil –parece ser- y un tiempo perdido. Lo siento, siento haberte fallado.

Carla

El día 1 de febrero llegó a nuestras vidas Carla. Una pequeña criatura de 3.300 gramos, hija de M. y M., una doble M que se entrelaza perfectamente, y que es muestra de que el amor es más fuerte que ninguna institución, sea esta del tipo que sea.

Carla llega, y yo desde la lejanía siento una inmensa felicidad por haber sido partícipe de la vida de su madre.

M. llega a mi vida cuando yo tengo 15 años, y lo hace como novia de mi “amigo-hermano” A.

Una relación adolescente, buscando ser madura cuando era algo que la edad negaba (y A. con sus actos también).

Cuando nos conocimos yo iba con recelo. M. no dejaba de ser una más que se cruzaba entre la amistad que A. y yo teníamos. Desde los 3 años juntos, y cada vez que una chica aparecía en su vida (y eran muchas) yo sentía temor de perderle. El tiempo ha demostrado que eso no iba a pasar.

M. se quedó para siempre a mi lado, sí. No como novia de A., sino como amiga mía. La amistad fue creciendo, y sin saber cómo se cimentó con fuerza. Y hoy me siento más orgullosa aún de haber tenido la posibilidad de compartir con ella los sinsabores de la vida, y los momentos más dulces, por supuesto.

Quizás la manera de enterarme no ha sido la más bonita, ni la justa, ni la soñada; ha sido bastante fea, pero la noticia en sí vale más que el resto.

Carla, bienvenida.

Carla, gracias por llegar y ponernos a todos una tierna sonrisa en la cara.

Carla: qué suerte tienes de tener una madre como la que tienes.

Te quiero mucho, M.

Bienvenidos Jóvenes Pordioseros

Por fin ha vuelto a ocurrir. Sí, me he vuelto a enamorar de una canción.

Causas que desconozco -aunque dependen de mí- me han hecho que en los últimos tiempos escuche menos música de la habitual.

Pero en uno de esos intervalos en los que las notas musicales se cuelan en mi vida, ha aparecido ella. Esa canción que no pasará a la historia, pero que me ha llegado como de vez en cuando lo hacen pocas canciones.

El grupo es argentino, si no me equivoco. Jóvenes Pordioseros se llaman. No conozco más de ellos, sólo su nombre y “Descontrolado”, una canción tonta, simple, pero con energía, con encanto… para mí.

“Y te quiero, no me preguntes porqué, puedo dejar muchas cosas para volverte a ver.
Descontrolado, yo no te quiero perder, no me conformo con verte sólo una vez al mes”.

Canciones así son las que me llenan de vida. Eso y que la lluvia haya dejado ingentes cantidades de agua en los pantanos necesitados… y poco después el sol haya reaparecido.

Bienvenido de nuevo sol, y bienvenidos Jóvenes Pordioseros…


Esa música de los noventa

Soy una cabezota, y los consejos del resto no suelen hacer mella en mí (al menos si son dados como tales. Si de un modo inteligente se me hace creer que la idea era mía, el objetivo está logrado).

Me decía M. que ni se me ocurriera ir a ver “Los 2 lados de la cama”. En cierto modo le he hecho caso, porque ir, lo que se dice ir al cine, no he ido.

“El otro lado de la cama” me conquistó. Por novedosa, porque me encanta el cine español, porque me encandilan los ojos de Ernesto Alterio, y porque en ella todo era frescura.

Adolecía aquella de canciones más acordes a mi época, que me dijeran más, que hayan formado parte también de mi vida. Y en eso gana esta segunda parte.

Las canciones elegidas son tan cercanas a mí que no podía evitar cantarlas con una sonrisa en la boca, y mil recuerdos en la cabeza.

Sin embargo, creo que es lo único que me ha gustado de la película. No, no voy a decir que es mala, primero porque no soy crítico de cine; segundo porque no tengo un título como para emitir constantes juicios de valor; y tercero porque no me lo parece.

Creo que es una buena comedia que tiene un inmenso problema en su haber: es la segunda parte de una película interesante, y en lugar de evolucionar es una constante repetición de frases, situaciones y gags.

Desperdiciadísimo el talento de María Esteve, actriz cuya carrera intento seguir porque nunca me defrauda (y aunque haga una versión equivocada de “Sin documentos”, mi santo y seña en esta vida, creo que no es tan horrible como me esperaba). Y exagerada la mención al “Niño Melón”, sin venir a cuento.

Pero vaya, que ni recomiendo ni dejo de recomendar. A mí me ha hecho pasar una tarde agradable, e incluso he sonreído en uno de esos días en los que el viento me va a volver loca y el silencio es mi banda sonora.

Quizás debiera haberla cambiado, y apostar por esa música de los noventa…

La bufanda

Jubilé mi vieja bufanda.

Más de una década esa bufanda morada de mi equipo me acompañó a cada partido, sin excepción.

Hemos vivido juntos victorias, grandes encuentros, y sonadas derrotas.

Y la mala racha de mi club hizo que hace unas semanas la jubilara. Ahora reposa limpita en un cajón de Málaga, lejos del bullicio futbolero.

Ayer me compré una nueva bufanda. Es más blanca, menos morada, y nada insigne de momento.

Pero se estrenó con victoria, con remontada y con diversión. Mi amiga S. pisaba por primera vez un campo de fútbol, justo el día que debutaba mi bufanda, justo contra el mismo equipo con el que yo me estrené en el Bernabeu.

Fue hace muchísimos años (quizás veinte, no recuerdo con exactitud). Tras una amenaza a mi padre de hacerme del equipo rival si no me llevaba a ver a mi equipo en directo, pude por fin cumplir con mi sueño de ir a mi estadio, al lugar que tan buenos momentos me ha hecho pasar desde entonces. Aquel espacio que intento visitar sin falta cada dos semanas, y que para mí ya es un santuario a mi estilo.

Fue contra el Cádiz, una eliminatoria de Copa del Rey, en tribuna de preferencia, que era el lugar en el que mi padre y sus socios tenían sus localidades.

No olvidaré lo que para mí supuso mirar ese verde césped, esa grada repleta de extraños personajes, oler sus puros, comer pipas, agitar mi vieja bufanda.

Ya se jubiló, mi bufanda, pero no la ilusión que me embarga cada vez que hay un partido de mi equipo.

Y ayer se fundieron varias sensaciones, el estreno y los recuerdos...

Bienvenida a casa, bienvenida bufanda ;)

La felicidad, por efímera que sea...

Es bonito despertar en tu casa de toda la vida.

Divertido compartir una noche de cine, pizzas y helado con los amigos de siempre.

Me gusta volver si el regreso implica esta calma chicha, este descanso para los sentidos.

Y sin embargo es efímero, quizás como cada cosa que nos hace felices.

Lo efímero de la felicidad, tema ya manido en este blog, que nunca pasa de moda (el tema, no el blog).

Rebusco entre la ingente cantidad de cd’s que se amontonan en mi viejo cuarto, y me decido por aquel que puso en la cumbre (efímera cumbre también) a La Cabra Mecánica. Me apetece escuchar esa maravillosa "La lista de la compra" con María Jiménez, una canción de otro tiempo, de otra vida, de otra gente.

Qué lejano queda todo, y sin embargo las similitudes entre una y otra época son grandes. Desde la música a la ausencia de sol, desde el silencio a la ropa. Todo sigue igual, la vida sigue igual, que diría el ínclito Julio Iglesias.

Sigo en mi batalla por la búsqueda de trabajo. Las opciones están ahí, los miedos aumentan, y mi creencia en que tengo que escribir un artículo sobre el tema se refrenda.

Todos escriben libros, todos escriben a fin de cuentas, y yo que me lo prometí como objetivo para esta vida me quedo sentada ante la pantalla, buscando las letras, la inspiración, la magia, las ganas, la alegría, la felicidad, por efímera que sea...

M... y sus oportunidades perdidas

Tiene M. un "nosequé" que le hace brillar con luz propia.

Y la pena es que se empeña en esconderse. Por eso hoy voy a hacerle un flaco favor y al mismo tiempo haceros un inmenso favor a vosotros: http://spaces.msn.com/members/marcosinoff/PersonalSpace.aspx?owner=1

Ese es su blog. Un espacio de esos del MSN que él sabe llenar como nadie.

Además de hacerle esta pequeña zancadilla (no te enfades M., es que quiero que todo el mundo disfrute como yo de tus escritos) me sirve su blog para recordar un episodio más de nuestras vidas.

Habla M. de una conversación ya lejana entre él y yo acerca de los sentimientos (no veáis cómo nos soltamos cuando nos ponemos a hablar de esto). La charla versaba sobre la diferencia y la facilidad/dificultad de decir "te quiero mucho" o "te quiero".

Qué diferencia estriba entre decir una cosa u otra? Supongo que es difícil de ver, y sin embargo es más sencillo decir "te quiero mucho" que "te quiero".

No voy a enrrollarme mucho, prefiero que le leáis a él, en uno de sus artículos, y descubráis lo genial que resulta meterse en esos mundos de granaíno incomprendido, genio y genial, mi amigo, MI AMIGO.

Y mañana seguiré

Lo haría cada día: sentarme en el sofá y ponerme a leer el dominical (pero eso sólo puede suceder los domingos).

Cada día escucharía un disco nuevo (pero no tengo la capacidad de tener discos nuevos a diario, sólo de Pascuas a Ramos).

Me sentaría a mirar el paisaje cada tarde, la gente paseando y los niños riendo (pero no tengo ventana a pie de calle, ni la gente pasea, sino que corre, y los niños ya no ríen igual, sólo cargan con pesadas mochilas y caminan arrastrados por una mano adulta).

Me subiría en un autobús y me perdería entre las llanuras que nunca parecen terminar (pero tengo que volver mañana con mi coche, que merece acompañarme, no quedarse tirado).

Me compraría cada cosa que me gustara (pero nunca fui una compradora compulsiva, ni una consumista).

Regalaría flores sin parar (pero luego mueren, y yo enseguida me encariño de todo).

Alcanzaría el cielo con la punta de los dedos (pero soy demasiado bajita e incluso no ando demasiado estirada).

Amaría cada instante, querría siempre con locura, y daría mi vida por todos (pero la gente no es merecedora de tanto esfuerzo, y a los que tengo que amar, querer y dar ya lo hago).

Seguiría soñando siempre... y aquí no hay "pero" que valga.

Soñé, sueño y soñaré. Me gusta mi mundo irreal, mi vida utópica y mis miedos volátiles.

Me gusta que todo, bueno y malo, se evapore al escribir, no releer y darle a publicar.

Me gusta imaginarme que pensará H. cuando lo lea, qué me dirá M. cuando diga que sigue vigilándome, o cómo se emocionará la Niña C. cuando vea que escribo de ella (para ella, por ella).

Me gusta soñar. Soñar es para el adulto como jugar es para el niño. Nos tiramos al suelo, no importa que el pijama se rompa o se ensucie. Nos olvidamos del tiempo, ni siquiera sabemos qué es el tiempo, e inventamos historias.

Yo dejé de jugar un día de 2002, pero ese día empecé a soñar... y hasta hoy que sigo, y mañana seguiré.

Madrid me mata, adoro Madrid...

Lo bonito de caer es levantarse por una misma... y porque te das cuenta de que en realidad eres una afortunada.

Afronto mis últimas horas en Madrid. De nuevo empieza a surgir en mí esa sensación irrefrenable e incontrolable: nostalgia tanguera diría alguno. Ganas de no separarme nunca de los míos, pero enorme necesidad de abrazarle.

Cuanto más tiempo paso en Madrid más me siento de Málaga. Y cuanto más estoy en la ciudad de la Costa del Sol más añoro la capital. Cosas que da el clima supongo. Cosas de convertirse en una madrileña con acento de Vallecas y deje malagueño.

De todos modos, tengo la sensación de haber aprovechado muy bien los días en casita. Para empezar el gasto ha sido mínimo, y eso en momentos de angustia financiera se agradece; he visto a aquellos que han hecho por verme; he tenido buenas conversaciones; y he visto de nuevo a T., la gran T., ya más de Bruselas que el Parlamento Europeo. Mi madre y mi hermano han sido mis grandes acompañantes y ahora quiero consumir cada segundo sabiendo que siempre van a estar a mi lado.

Qué largos han sido los días, y qué pronto en cambio llega el amanecer.

Voy y volveré. Madrid me mata, adoro Madrid...

Triste regalo de Reyes...

Ha llegado el Día de Reyes.

La Noche de Reyes (la pasada) siempre fue muy especial. Ayer también, regalos, cena familiar y la compañía de dos de las personas más necesarias para que mi corazón siga bombeando sangre.

Qué feo es el día de hoy. Es injusto. El Día de Reyes debería ser por decreto soleado, y un poco más cálido de lo habitual en estas fechas. Los niños tendrán que jugar en casa, encerrados en su habitación con la luz artificial de una bombilla, con esas sombras falsas que proyectan. Una pena, sin duda.

Estoy triste. Internet me ayuda a buscar piso y trabajo. Ambas cosas unidas de la mano. Una para dejar de lado a mi absurda y estúpida compañera de piso, y otra para tener dinero con el que pagar mi vida...

Joder, estoy atada, se acerca el tope y no aparece ni un mísero trabajo en el Burger King.

Apuntada en cuatro ETT's y no he recibido ni una sola llamada.

Harta de enviar currículums a medios de comunicación y no ha habido ni una sola respuesta.

Hoy tengo un mal día. Me han atrapado los fantasmas del futuro incierto.

¿Por qué no me sueltan y me dejan expresarme en paz? ¿Por qué la persona que más necesito en el mundo es de una ciudad distinta a la mía, con lo que eso conlleva? Quiero seguir en Málaga, voy a luchar hasta el último momento por conseguirlo, pero necesito alguna luz al final de túnel.

Tan pésima me ven para darme un trabajo?

En fin, siento que mi regalo de Reyes sea tan lúgubre.

Triste regalo de Reyes...

Amor se llama el juego...

En la oscuridad todos somos negros.

Y después de esta frase tan, tan, tan sin venir a cuento, os dejo la letra de una de mis canciones favoritas.

Se me olvida muchas veces que lo es, pero cada vez que llegan a mí las primeras notas pienso en mi amigo M., quien me la grabó en una cinta (la primera cinta intercambio de nuestra amistad), me imagino la ciudad de Granada, y me entristezco al pensar en las rutinas, en el desamor, o lo que es peor: en el amor llevado a la nada.

Gracias Sabina por poner palabras a un sentimiento:

Hace demasiados meses
que mis payasadas no provocan tus
ganas de reir
no es que ya no me intereses
pero el tiempo de los besos y el sudor
es la hora de dormir

Duele verte removiendo
la cajita de cenizas que el placer
tras de si dejó
mal y tarde estoy cumpliendo
la palabra que te di cuando juré
escribirte una canción

Un Dios triste y aburrido nos castigó
por trepar juntos al árbol
y atracarnos con la flor de la pasión
por probar aquel sabor.

El agua apaga el fuego
y al ardor los años
amor se llama el juego
en el que un par de ciegos
juegan a acerse daño
Y cada vez peor
y cada vez más rotos
y cada vez más tú
y cada vez más yo
sin rastro de nosotros.

Ni inocentes ni culpables
corazones que destroza el temporal
carnes de cañón
no soy yo ni tú ni nadie
son los dedos miserables que le dan
cuerda a mi reloj

Y no hay lágrimas que valgan para volver
a meternos en el coche
donde aquella noche en pleno carnaval
te empecé a desnudar.

El agua apaga el fuego
y al ardor los años
amor se llama el juego
en el que un par de ciegos
juegan a acerse daño
Y cada vez peor
y cada vez más rotos
y cada vez más tú
y cada vez más yo
sin rastro de nosotros.

¿Quién fuera Julio Verne?

Llevo tres días de este 2006 (tres días ya!!!) buscando palabras nuevas en otros blogs, pero parece que la pereza nos ha atacado fuerte en este nuevo año.

Ni una actualización entre mis blogs habituales, ni una palabra que me haga sentir envidia sana de ponerme yo a la labor.

Así que he tenido que tomar la determinación de ir por mi cuenta y escribir mi primer "artículo" del año.

Llegó el 2006 (aunque mis dedos buscan ansiosamente escribir el 5 del final de la cifra una y otra vez), y me recibió con amigos y fondue.

El despertar fue el descubrimiento de una semi-gripe cogida a tiempo.

Aún no he pisado la calle desde que regresé aquella noche, ya nueva pero a la vez tan vieja... miento, la he pisado, ayer salí, pero mi memoria es frágil.

Sin embargo estoy ansiosa por terminar el libro que tengo entre manos ("En el camino", de Kerouac, paradigma de la Beat Generation que siempre me fascinó, gracias a una profesora cuyo nombre y cara no recuerdo), terminarlo y empezar alguno de los que ayer me compré, mi autoregalo en época de miseria económica.

Propósitos del 2006? Los mismos que siempre tuve... y un trabajo, y encontrar un piso en Málaga, que parece que es el nuevo regalo que la vida me quiere dar: asentarme definitivamente en esa ciudad, hasta que la suerte o la mala suerte diga lo contrario.

Con música de Andrew Bird cierro por hoy la página.

La ausencia de aventuras es también en ocasiones la ausencia de historias que contar.

Y es que inventar nunca se me dio bien. ¿Quién fuera Julio Verne?

Adiós viejo, adiós 2005

Adiós viejo, adiós 2005

Ahora que parece que para siempre no dura tanto...

Con la voz de los hermanos Calamaro de fondo me dispongo a escribir el último artículo del año.

Es inevitable que este sea día de repaso. Supongo que todos, en nuestro fuero interno, e incluso de un modo más externo, hacemos balance, pensamos en las personas que hemos conocido, en las que hemos perdido de vista, en los lugares que hemos visitado, en los que han quedado por ver, en las noches de fiesta y en las de soledad, en los días grises (los menos) y los días de un sol brillante y alto.

La vida es un vaivén de sensaciones, una montaña rusa, y nosotros sólo somos aquellos que subimos y gritamos, reímos, lloramos o sufrimos.

Acabo de llegar a Madrid. Estos días pasados en Málaga han sido un colofón maravilloso a un año inolvidable.

Desde el 1 de enero estoy sin trabajo, y cierro el año de la misma forma, pero porque así me lo planteé, un año sabático.

He cambiado de ciudad, me he ido a vivir a la cálida Málaga, junto a D., mi medio todo.

He conocido a gente que no esperaría haberme cruzado nunca, y he puesto cara a otros que giraban en torno a mis días grises. He vuelto a abrazar a aquellos que se alejan de vez en cuando. He sabido que nacerá Héctor, y que con él vendrá la alegría de mi primer sobrino "no de sangre". He despedido a mi abuela, sin lágrimas y sin recuerdos. He escrito, mucho, para mí, para vosotros y para otros.

El 2005 ha sido un año muy feliz, un año que seguramente valore más aún dentro de un tiempo. Cuando eche la vista atrás y sienta que tengo razones para considerarme una persona afortunada.

Este blog cumple hoy dos años. Empecé en blogspot, donde apenas escribimos D. y yo dos mensajes, donde juntos empezamos a darnos cuenta de que nuestra relación tenía un nombre distinto al que habíamos puesto al principio.

Y desde esos días fríos me ha seguido acompañando, el blog y él ;)

No me imagino una vida sin escribir aquí de vez en cuando, ni una vida sin contarle a D. que he escrito de nuevo.

No quiero hacer mucho repaso exhaustivo. Tampoco tengo tiempo. Debo irme corriendo al encuentro de otros amigos con los que cerrar el año.

Desde aquí levanto mi imaginaria copa, llena de palabras y sentimientos, escucho en mi mente la canción "Un año más" de Mecano, y os deseo que tengamos un final de año increible, preludio de un 2006 que enmarcaremos.

Gracias a todos, por haber seguido a mi lado y por hacer que esta página no sea sólo un encuentro en un espejo, para mí y yo misma.

¡¡¡Feliz 2006!!!

Vuelve a casa, vuelve

Es la primera vez en mi vida que me he sentido como el chico del anuncio, volviendo a casa por Navidad.

Fue en marzo cuando me marché, y desde entonces he ido regresando a Madrid con bastante continuidad, por necesidad, por cariño, porque es mi casa, mi ciudad.

Aunque nunca he tenido la sensación de regreso tan fuerte que tuve el pasado sábado, cuando entré en casa de nuevo. Y es que volvía a casa por Navidad.

Abracé a mi madre, con todas mis fuerzas, sentí su sonrisa, noté el calor de mi casa, la confianza del suelo que he pisado durante 26 años.

Una sensación agridulce la de la vuelta a casa. No sonó la música del anuncio, y ni siquiera estaba el turrón, pero algo, alguien, me decía aquello de "vuelve a casa, vuelve, por Navidad".