Blogia

El fin de los días grises

Censored memories

Censored memories

Escucho la canción de Budapest con ese nombre, y no sé porqué, pero el mismo título ha sido lo único que me ha impulsado esta mañana a escribir. A veces una simple frase, una palabra quizás, nos aporta más que miles de pensamientos cruzados.
Cuando no tengo ganas de pensar, de discurrir, de reflexionar (es algo que me sucede en estos días, estoy de huelga o mejor aún de boicot a mi cabeza, que está más de moda), siento que me dejo llevar. Por la música, por una película, por un libro. Pero no hay nada que me enganche demasiado. No he encontrado en estas horas la excusa para ponerme delante del ordenador y sentirme útil.
Porque pasa una cosa. Hay quien se siente útil estando todo el día fuera de casa, haciendo cursos, estudiando, trabajando... pues yo me siento útil, incluso realizada, cuando mi cabeza y mis dedos se conectan a la vez, y si encima interviene también el corazón entonces ya sé que esa noche dormiré feliz.
Mi dentista, que es un tío inteligente, decía ayer que el gran error de los padres es pensar a veces que su hijo ha nacido con las mismas capacidades que ellos. Y lo pensaba y me imaginaba como cortadora en una peletería (maestro cortador que se llamaba a lo que hacía mi padre, y bien de problemas que eso traía :S) o bailando y enseñando sevillanas (que es una de las muchas cosas que hace mi madre).
Y sin embargo sé que no es mi camino, y ellos también lo tenían claro. Mi padre fue siempre un padre orgulloso de su niñita, porque estudié una carrera, porque me dediqué desde entonces a lo que siempre yo había soñado, porque tomé mi camino. Y mi madre más de lo mismo, aunque de una forma más callada. Por eso sé que si ahora decido cambiar el rumbo de mi vida, dejar el periodismo aparcado y escribir sólo como placer, ellos seguirán orgullosos, cada uno desde un sitio distinto, porque la vida nos va marcando nuestro rumbo.
Hay quien sabe hacer una cosa, la explota y logra vivir de ello.
Hay quien creer saber hacer algo, y ni sabe explotarlo ni logrará vivir jamás de ello, pero es importante que nunca deje de hacerlo, porque el triunfo no debe ser de cara a nadie sino de cara a uno mismo.
Y yo me siento en ese sentido una triunfadora, llamadme prepotente, pero lo soy.
Yo he ganado.

Mi amigo M.

Ha vuelto por fin.
Meses y meses en Londres y ahora de nuevo le tengo en Granada.
Vaya, que tampoco es que le vaya a ver mucho, pero sé que hablar con él será posible, mucho más barato sobre todo.
Y qué ganas tengo de abrazarle, de tener esas charlas que no han llegado desde hace demasiado tiempo, tanto que las cuentas se perdieron entre días grises, días luminosos y kilómetros.
Ya está en casa, no sé hasta cuando, pero lo cierto es que siento que poco a poco el puzzle se va completando, ya estamos todos más cerca.
Bienvenido a casa M., te quiero!!!

El miedo es libre

El miedo es libre

Sentí miedo. Puede resultar absurdo para muchos, pero sé que en mi situación esos mismos "valientes" que hoy se mofan de mis sentimientos habrían sentido el pánico que yo sentí.
Estar ahí, a tantos metros de altura, tan lejos de la calle, ver cómo todo el mundo empezaba a correr, escuchar en la radio que se estaba desalojando el campo, mirar la cara de incredulidad, duda, temor, de las personas que minutos antes veían un simple partido de fútbol... y pensar en lo lejos que estaba del suelo.
"La vida es eterna en cinco minutos". Yo pasé miedo, mucho miedo, en el transcurso desde la parte alta del estadio (arriba del todo) hasta el suelo firme de la calle Concha Espina. Tantas cosas pasaron por mi cabeza, ví a gente llorando, a madres agarrar fuertemente a sus hijos, a novios abrazando a sus novias, y a mi hermano tirando de mí.
El miedo es libre, y yo anoche pasé en esos cinco minutos más miedo que nunca en mi vida... podéis reiros, pero no se lo deseo a nadie.

Odio los sábados

Sí, odio los sábados porque me llenan de tristes recuerdos.
Y más odio los sábados si nada más despertar debo salir corriendo a Urgencias con mi madre.
Odio la indefensión constante a que te ves expuesta delante de un médico. Las dudas que te asaltan y los temores que te bloquean.
Odio ver sufrir a la persona que me dio la vida. Odio que tenga más miedo por vernos sufrir a mí y a mi hermano que por su propia salud.
Odio no tener a la persona que quiero para abrazar un día como hoy.
Odio que simplemente escribir me sirva como bálsamo.
Odio los sábados, sí, definitivamente los odio.

La Navidad y las ciudades

La Navidad y las ciudades

Parto de la base de que no me gusta la Navidad.
Pero entre el paseo el otro día por una Málaga preciosa engalanada de luces y adornos, la ilusión en los ojos de los niños (y los no tan niños), y la charla que acabo de tener ahora con un amigo, llego a la conclusión de que, estéticamente hablando, las ciudades son preciosas en Navidad.
No me gusta el ansia consumista que nos ataca, ni la falsa sonrisa eterna que se dibuja hasta el 7 u 8 de enero en ciertas caras, pero las luces, el frío, las caras de los niños, las bolsas llenas de regalos e ilusiones, la esperanza, todo eso le da un color distinto a cada ciudad.
Le decía a N. que tendríamos que visitar todas las ciudades en Navidad. Así seguro que el recuerdo sería imborrable, como los ojos de él, como su voz entrecortada, como tantos detalles.
Las ciudades en Navidad, y ciertas personas durante todo el año...

Un reloj

Un reloj

Desde muy pequeñita siempre me gustaron los relojes. Podía llegar a tener dos o tres nuevos cada año. Casi se puede decir que los coleccionaba. A mi padre le gustaba mucho regalarme libros y relojes, supongo que porque también para él era algo bonito.
El caso es que siempre usé reloj, y nunca comprendí a quien no lo hacía.
Pero en mayo de este año, en Málaga, se rompió el último reloj que me quedaba, un regalo que me había hecho mi amiga R. por mi cumpleaños hace tiempo. Me dio una enorme pena, y pensé que ya alguien me regalaría un reloj, a fin de cuentas en agosto llegaba mi cumpleaños, y seguro que alguien aprovecharía para comprarme el reloj, era un regalo fácil. Pero bueno, no hubo demasiados regalos, aunque tampoco me importa. Y pasaron los meses y me fui acostumbrando a tener mi muñeca vacía, en este caso la derecha (de pequeña oí que los grandes ejecutivos llevaban el reloj en la derecha para recordarse que tenían que cumplir una serie de objetivos, y eso mismo imité yo, desde mi inocencia infantil). A día de hoy, 6 meses después, sigo sin llevar reloj. Ya no me hace falta. Me he acostumbrado a mirar la hora en el móvil. Desterré esa maravillosa manía por los relojes, y es que bastante atada estoy ya al tiempo...
Con reloj o sin reloj, me siguen gustando y sigo esperando, supongo, a que alguien se acuerde de regalármelo.

Tom Ripley

Tom Ripley

Muchos de vosotros habréis visto “El talento de Mr Ripley”, y algunos otros habréis leído alguno de los muchos libros que Patricia Highsmith escribió con este personaje como protagonista.
Yo he hecho ambas cosas y debo reconocer que, por primera vez en mi vida, me hice “fan” (por llamarlo de alguna manera) de un personaje ficticio.
Tom Ripley me engancha. Siempre imaginado con la cara de Matt Damon (que es quien interpretó a este personaje la primera vez que yo le ví, lo que me sirvió para acomodarme y no tener que imaginar más), es un personaje que de vez en cuando busco, en los viejos libros de Highsmith o volviendo a ver alguna de las películas en las que sale (que si no me equivoco son tres, de distintas épocas).
Su aparente fragilidad, su manera de meterse en líos, manipular y salirse siempre con la suya pese a estar acorralado, han hecho que me guste y hasta me caiga bien un personaje que se dedica a matar sin escrúpulos por salir bien parado.
Tom Ripley es el único personaje ficticio que me encandila, y ojalá nunca se acabaran sus historias, ojalá siempre hubiera una nueva trama en la que Ripley pone sus armas en juego.
Y por último otro fenómeno, que precisamente ha sido el que me ha hecho recordarle hoy, al escuchar la canción “Tu Vuo' Fa L'Americano”, siempre, inevitablemente pienso en Tom Ripley y Dickie Greenleaf (asesino y víctima) cantando en un club italiano. Así es la música, así es la ficción, ¿a qué personaje de ficción admiráis vosotros?

Lucha contra la pereza

Lucha contra la pereza

Mañana lluviosa, creo que en casi toda España. Suena Radio Futura "A cara o cruz". Uno de los grandes grupos españoles de siempre, quizás menos valorado que otros, pero la calidad que tenían está ahí. Y yo los he recuperado para mi discoteca particular estos días.
Llevaba días sin escribir, poco que contar.
¿Qué cuento? ¿Que esta tarde vuelvo al dentista? Pues sí, ese es mi plan de hoy.
Bueno, también puedo contaros que ayer quería escribir sobre mi hermano, pero cuando llegué a casa ví que había empezado a grabarme el último episodio de "24" cuando ya llevaban 35 minutos... y se me quitaron las ganas, porque habría dejado de lado las grandes virtudes de ese desastre que tengo por hermano.
También pensé en escribir sobre la extraña coincidencia de que en mi vida los hombres más importantes siempre han sido "Danis". Es una curiosidad, pero tendría que remontarme al principio de los tiempos (y con mi edad eso es mucho, jaja).
Se me pasó por la cabeza escribir sobre cómo las personas te hacen cambiar de opinión. Cómo alguien que te caía de maravilla acaba cayéndote fatal o al contrario, los mejores casos, aquellas personas que no tragabas durante mucho tiempo y que de repente un día empiezas incluso a defender ante todos. Somos tan volubles...
Incluso pensé en escribir acerca de todos aquellos críticos de la tele-basura, o mejor aún, sobre todos aquellos que nos sentamos jueves sí y jueves también delante de la tele para destripar cada palabra que oímos de la Milá y sus secuaces... pero que cada palo aguante su vela (Helena, sí, soy de la secta GH, y a mucha honra!!).
Podría haber escrito de muchas cosas, pero como veis la pereza me ha podido, la vaguería es parte de mí, y la desmotivación me puede.
Sin embargo esta mañana me he decidido a sentarme frente a esta pantalla, escuchar Radio Futura y lo que se precie (ahora Un Pingüino en mi Ascensor, referente de mi adolescencia), y escribir... escribir sobre mí, sobre el tiempo, sobre mis pensamientos, sobre Nicky y Salva (no te soporto Salva, no puedo contigo!!!), sobre música, sobre las casualidades y las obligaciones, sobre la vida y la no-vida, sobre la inspiración y el misticismo. Hablo sobre lo que sea, escribo de cualquier cosa, hablar por hablar, escribir para disfrutar.
Ahora que los oigo: me encantan The Thrills, una recomendación que me hizo D. de ese álbum sublime: "Let's bottle Bohemia", no es genial también el título?
Soy una freaky, una friki, sí, me encantan los programas de marujeo y encierros voluntarios en una casa en Guadalix (o similar, hasta EL BUS me tragué), me encanta el deporte, me encantan Hombres G, el Pingüino y los poperos, me gusta estar en casa leyendo, jugar con el ordenador (incluso he llegado a jugar a la Play con mi niño, ¿y por qué no?), hablar de cotilleos, y no por ello soy peor que nadie, pero vaya si alguien opina eso me importa poco. Quienes me conocen saben bien que pueden hablar conmigo casi de cualquier cosa, aunque diciendo esto ya parece que me estoy justificando.
Lo dije el otro día: estoy loca, sí, pues a eso sumadle que también soy una freaky.
Y por hoy es suficiente, loca, freaky y feliz... y con ganas de que llegue el puente!!!

Sueño con serpientes

Sueño con serpientes

"Hay hombres que luchan un día y son buenos.Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida,esos son los imprescindibles".
Bertolt Brecht lo dijo, pero la primera vez que conocí esta frase fue gracias a Silvio Rodríguez y su "Sueño con serpientes".
Me gusta, y hay pocas cosas que ya me gusten.
Buen fin de semana.

Locos

Locos

¿Que por qué no hablo nunca de política o temas de actualidad?
Porque al llevarme las manos a la cabeza cada vez que leo, veo o escucho algo de estos temas no puedo "aporrear" el teclado mostrando mis reflexiones.
Tremendo, todo me parece tremendo, nos estamos volviendo locos... menos mal que yo ya lo estaba y no me pilla por sorpresa.
Locos todos, locos siempre, locos como forma de vida.

Andrés Calamaro, el Maestro

Andrés Calamaro, el Maestro

“Todas las canciones se borraron de mi mente. No puedo recordar ni una sola melodía de Los Beatles. Ni siquiera me acuerdo los acordes de mis propias canciones".

Y esas palabras me hicieron venirme abajo. Es posible que el arte tenga fin? Es posible que AC nos diga adiós? No, no morirá quizás pero su adiós a la música es para mí como la muerte de un familiar cercano. Yo sin su música no soy. Podré reescuchar una y mil veces sus cientos de canciones, pero no es eso lo que quiero, quiero volver a escuchar con nervios una nueva canción suya, oir, leer, vivir , sentir su música.
Calamaro es para mí una musa, forma parte de mi vida, y no me resigno a un adiós suyo.

“No tengo claro qué va a pasar con mi carrera".

Yo sólo espero que esto sea un simple hasta luego, Andrés, porque ya lo dijiste tú: “nunca hay un adiós total (...) Nos volveremos a ver”.
Y mientras tanto gracias por tantas joyas que has dejado en mi vida, y sobre todo por hacerme sonreir esta semana al saber que habías tocado con mis queridos Bersuit Vergarabat. Ese “Mi caramelo” en tu voz tuvo que ser algo único.
Lo dicho Andrés:
Nos volveremos a ver
porque siempre hay un regreso
por eso cuenta con eso
pongo mi mano en el fuego por vos

No me nombres. Javier Calamaro

"Ahora que parece que para
siempre no dura tanto
Que nunca... que toda la vida
de repente es un rato... digo

Ahora igual que antes
puedes para siempre
odiarme por un rato
No puedes para toda la vida
olvidar que también hubo alegrías

Pero si prefieres quedarte
con años que olvidaste
Entonces voy a pedirte no me nombres
para siempre no me nombres
para ese rato que es toda la vida

Lo mejor lo voy a seguir dando
te estoy cuidando
Para siempre de ti... de que no
no me nombres por favor

Puedes olvidarme para toda la vida
Olvidar que también hubo alegrías"

Miguel y Juan

Miguel y Juan

Nadie debería dormir a la intemperie, nadie debería reconocer abiertamente que cometió un error e su vida “darme a la bebida”, y al instante pedirte una lata de cerveza porque si no no podrá continuar el día. Nadie debería mirarte con esos ojos, llenos de tristeza, recuerdos, vivencias, hambre, frío y sueño. Nadie debería acabar así. Pero Miguel y Juan están ahí, sentados en una esquina de la calle, pidiendo sin palabras un poco de atención, que la gente no les rechace por haber bebido, por estar sucios y no tener donde dormir.
Nos pidieron un beso, y nos lo dimos. Nos pidieron unos oídos y se los prestamos. Nos pidieron una cerveza y nos negamos. Les dimos lo que pudimos, tiempo y algo de comida, y recibimos a cambio millones de besos sin tocarnos, lágrimas en ojos que no pueden ya llorar. Y escuchamos su historia, historias de juguetes rotos, historias de la vida, porque ellos antes fueron como nosotros, un día tuvieron una familia y hoy están tirados en la calle, dando las gracias por quince minutos de atención. Mucha suerte amigos.

Se nos apagó la luz

Se nos apagó la luz

Y volvimos a las rudimentarias velas, y sentimos un poco de miedo hasta que supimos que había sido un accidente, y nos enfadamos cuando pasaron ocho horas y aún no había luz, y me perdí Gran Hermano.
Pero sentí la paz, el silencio, me dormí y desperté feliz, con su voz de compañía y la promesa de una noche juntos.

Ya no es posible ser feliz

Ya no es posible ser feliz

¿Será cierto que la felicidad es un estado inventado?
De hecho, ¿qué diablos es ser feliz? ¿En qué consiste?
Hay muchas formas de alcanzarla, puede ser, pero quizás porque no sabemos a ciencia cierta lo que es nos perdemos en divagaciones.
¿Cómo pretender ser algo que no sabemos qué es?
Siempre he dicho que la felicidad es excesivamente efímera, al menos para mí. No soy capaz de mantener durante más de dos días un estado tan eufórico como el que en mí provoca esa felicidad. Cuando estoy feliz me salgo de mí, me siento capaz de comerme el mundo, la actividad me supera, las ganas me vuelven loca, los pensamientos no paran. Y eso cansa, vaya si cansa.
Ayer le decía a D. que si no fuera por el trabajo estaría en el momento más feliz de mi vida, sin duda alguna, e incluso, con lo del trabajo, puede que sea el momento más feliz. Y sin embargo, hay tantos claroscuros. Sobre todo la oscuridad viene del desapego que siento con ciertas personas. No concibo seguir sin ver a la gente que quiero, me gustan mucho mis amigos.
Pero sobre todo, es el momento más feliz con mi madre. Hemos llegado a un punto muy positivo para ambas, ella sigue respetando mi lugar, cosa que agradezco y necesito, pero a la vez está a mi lado. No sé, nuestra relación en los últimos dos años ha sido muy delicada, y ahora parece que empezamos a comprendernos mejor la una a la otra.
El título del artículo es la frase de una canción de La Costa Brava, no os creáis todo lo que leáis, sí es posible ser feliz, de hecho estoy convencida de ello, aunque sigamos sin saber qué es la felicidad.
Qué paranoia, qué desastre, qué ganas de irme a casa con mi dolor en la boca (cosas del dentista).
Me voy con mi música a otra parte...

"No conozco a quien se resista a su sonrisa de dentista. Te lo cambio por amor... el dinero"

Never let me down again…

Never let me down again…

¿Habéis jugado alguna vez a eso de “¿dónde y con quién te gustaría estar ahora mismo?”?
Mientras el Winamp salta de canción en canción, entre Depeche Mode, The Thrills, Serrat (suerte Nano en lo tuyo), La Costa Brava y alguna rareza más, yo fijo mi vista en la calle, a través de la cortina. Y entra el sol, veo los árboles quietos, como si estuvieran pintados en un cuadro, detenidas sus ramas, sus hojas, porque el viento hoy se ha olvidado de mecerlos para dormir.
Y pienso en dónde y con quién me gustaría estar ahora mismo… y me salen tantas posibilidades.
Me encantaría estar en una casa en la sierra, una casa enorme con chimenea, acurrucada junto a D., bajo una manta, viendo la tele, hablando, oyendo música, teniendo para nosotros ese tiempo que el reloj se empeña en robarnos.
Me gustaría compartir con él una tarde de pipas, coca-colas y charlas en la playa de Pedregalejo o en Gibralfaro, en cualquier rincón de Málaga, esa Málaga guapa que algún día será “mía”.
Me gustaría estar con R. en su nueva aventura en Sevilla, capear juntas las novedades que tanto nos asustan en ocasiones.
O con M. en Londres, compartiendo esa habitación que a su vez comparte en una casa extraña. Viendo de nuevo sus ojos, oyendo de nuevo su voz y agarrando de nuevo sus manos fuertes, sus manos llenas de energía.
Me gustaría estar en Oviedo con P., a la que ya hace demasiado que no veo, ir a Valencia, recoger a E. y juntas irnos a Denia a vivir un nuevo fin de semana como los que a diario inventábamos en verano (porque en verano cada día es un fin de semana).
Estaría bien estar en Cáceres con la niña C., conociendo su ciudad y sus cafés, acercarme a Lisboa si pudiera ser, pasearla y llenarme de la magia que todos dicen que tiene.
Me haría ilusión conocer a A., verle entrenar en Barcelona y compartir una conversación de esas metafísicas que parece que tanto nos gustan a los dos.
Podría estar en París, visitando al inefable B., al personaje más estrambótico que nunca conocí, al que hace muchos años que no veo, con el que apenas hablo, pero con el que sé que no se acabará nunca la complicidad que tuvimos desde el primer momento.
Me gustaría estar en Bruselas con T., a la que le debo esa visita, y hacerla mejor aún con “las locas”.
Me daría vida fumarme un poquito de Narguile en Estambul, en cualquiera de sus bares en medio de un cementerio, acercarme a la explanada entre Santa Sofía y la Mezquita Azul, mirar a ambos lados y sólo ver LA BELLEZA.
Y por supuesto siempre me gustaría estar en Buenos Aires, si puede ser con D., también con M. (aunque para eso tendríamos que estar solteros, no? Y ni tú ni yo queremos eso, jaja).
Hay tantos sitios en los que me gustaría estar ahora mismo. Pero no tantas las personas con las que querría compartir mi tiempo. Al final de todo me conformo con estar con ellos, el lugar es lo de menos, pero estar con ellos, no echarles de menos, no haberme acostumbrado a esta distancia, no vivir pendiente de un móvil, de un email, del MSN.
Suena “Nada más”, aquella canción de José Mª Granados que maravillosamente versionaron Los Secretos. Pues ahora la escucho versionada por La Costa Brava, no está mal, pero no me llena.
Ya sabéis a lo que me refiero. Una canción que sólo escuchar sus primeras notas te transporta a otro lugar. Podrías cerrar los ojos y olvidar que te rodea la gente. Podrías llorar, gritar, cantar alto, reirte como una loca. “Nada más” es una de esas canciones, pero no esta versión. A veces es la voz, a veces es la música, un simple punteo de guitarra, un algo que la hace diferente. Es algo que me sucede siempre con Calamaro. Ante Andrés no tengo objetividad, simplemente me rindo ante sus canciones. Un personaje capaz de crear y crear, de reconocer cual es su lugar en la música, un tío que me ha hecho emocionarme con su simple voz escuchando “Estadio Azteca” o la inigualable “Paloma”. Pues deberíais intentar escuchar su versión del “I will survive”. Habrá quien pensará que es horrible, pero yo creo que simplemente es tan genial como AC… un incomprendido.
Hace frío, pero me gusta. Estáis lejos, pero estoy bien.
Hoy sé que mi vida está cada vez más en mis manos. Lo noto, me siento más fuerte y eso es un síntoma de que los cambios están por llegar, no los espero, yo los provoco.
La música es algo maravilloso, con razón me gusta tanto esa joya de los blogs que es Buscando un ideal, un refugio de música y palabras, el sitio en el que mejor que en ningún sitio se funden esas dos herramientas de la comunicación.
Gracias a todos otra vez, gracias porque sé que nunca me dejaréis caer de nuevo…

Para Dani

Para Dani

and the reason is you...
Hago un breve inciso, no tengáis en cuenta las palabras del otro día, al menos hoy. Mañana volveré a mi descanso, pero hay una persona que se merece que vuelva hoy. Además, me lo ha pedido como regalo de cumpleaños, y a él no puedo decirle que no.
Escuchaba esta mañana “The reason”, de Hoobastank, una canción preciosa, un buen comienzo para esta mañana en la que me he levantado constipada, con la garganta fatal y con menos ganas que nunca de venir al trabajo.
Antes de nada, gracias por los comentarios que me habéis dejado en el último artículo. Repito, sigo pensando lo mismo, pero hoy tenía que venir a mi rincón a dedicarle un sueño a mi niño.
Gracias especialmente a M., al resto por supuesto también, pero gracias a él porque sus palabras actúan como bálsamo y a la vez como reconstituyente.
A lo que voy, y como decía Hoobastank, no soy una persona perfecta, pero continúo aprendiendo, y he encontrado una razón para cambiar lo que solía ser, una razón para empezar de nuevo, y la razón eres tú.
Elegí un mal día para dejar de escribir, porque ha coincidido con tu paso a una cifra mágica, o maldita, depende del cristal con que lo mires. Hoy es el día, 10 de noviembre, suena tan bien, ¿verdad?
Imagino un día soleado en Málaga, una familia feliz porque nacía el segundo de sus hijos, ya había llegado el magnífico A., y J. y A. estarían nerviosos y contentos porque con D. conformaban una familia como la que siempre soñaron. D. nace, y crece con esa sonrisa franca que nunca le abandona, al calor de sus padres, dos personas que no sólo le guían y le cuidan, sino que le intentan enseñar desde el diálogo y unos principios maravillosos. Su hermano, sus padres, su tita, son los referentes de su vida, son aquellos por los que marca cada paso, por los que se queda sin manos si alguien se lo pide, por los que entrega su alma y su corazón, y os aseguro que este es realmente grande. El fútbol, el baloncesto, los amigos, la música. Yo me perdí toda esa parte, es lógico, vivíamos mundos distintos, ciudades diferentes, y sin embargo, y como ayer me dijiste, parece que toda la vida hemos estado juntos.
Te admiro, no sólo te quiero como a nadie, sino que además te admiro. Admiro tu forma de pensar, tu forma de hablar, tu forma de tratar a las personas, tus ganas de vivir, de aprender, de divertirte. A veces un niño, a veces el hombre más maduro.
No tengo regalos para ti, ni esa tarta que se comió quien tu sabes, ni siquiera tengo la suerte de estar hoy contigo, por esa razón tengo que conformarme con escribirte esto, con haberte felicitado a las 00:00, con hablar contigo todo el día. Porque de la forma que yo pueda estoy a tu lado, porque desde anoche no hay nada en mi cabeza que no seas tú, pero vamos, eso no es ninguna novedad.
No me importa que esto lo puedan leer personas que no me conocen, o incluso que lo lea quien me conoce, yo esto lo escribo para ti. Escribo y me vuelvo a mi guarida del silencio. Sé lo que me has pedido como regalo, y yo te digo que te lo regalaré, que volveré cielo, pero lo haré cuando sea el momento. Tú y yo sabemos que no puedo abandonar este lugar, que no podré dejar de escribir. Quítale a un niño su bocata en la merienda, quítame a mí esta página, es un imposible.
¡Feliz cumpleaños Dani!
Pasa un día maravilloso, el fin de semana lo celebramos juntos, ¿vale?
Si te digo que te quiero miento, porque querer es una tontería al lado de lo que yo siento por ti, y lo mejor de todo es que lo sabes.
No cambies nunca sureñito, nunca cedas ante nadie, eres demasiado bueno para convertirte en un clon más en este mundo de imitadores.

Di

Sigo buscando

Sigo buscando

Escribir suele ser una válvula de escape.
Por este rincón, aunque aparezcan palabras vacías de sentido y de sentimiento, se expanden mis ideas, mis preocupaciones, mis alegrías.
Escribir suele servir para desahogarse, para sacar ese dolor que en ocasiones llevas dentro y no logras eliminar con una simple pastillita. Porque ojalá existiera una pastilla que hiciera olvidar el dolor o la pena, las ausencias y los miedos, las dudas y la cobardía.
No tengo pastillas para ello, sólo tengo mis manos, mis dedos que aporrean este teclado, y un caos de ideas dando vueltas por una cabecita loca. Quizás no estoy mal, quizás simplemente estoy desencantada porque no soy como creía ser. O quizás no sea ni una cosa ni la otra, sino que me falta la facilidad que en otro tiempo tuve.
Ya he descubierto que no existen las musas, que no hay excusas para cuando dejas de escribir, para cuando se agotan las ideas y el saber hacer. No, no existe la falta de inspiración, mejor afrontarlo de cara: el problema es la inconstancia, las pocas ganas de esforzarme por algo que antes me ilusionaba.
Cuando creé esta página, no hace aún ni un año (sí, soy pesada con las fechas, ¿qué le hago si estos meses son prolíficos en “días marcados”?), recuerdo que hablaba con mis amigos y les comentaba lo entusiasmada que me sentía con esto. Me daba la posibilidad de obligarme, de escribir lo que quisiera, soltar todas las ideas que día a día tenía. Pero pasa el tiempo y veo que las ideas se han evaporado, y descubro que quizás no tengo tantas como creía, y ya no sé sobre qué escribir.
Pero no, creo que eso no es verdad. La verdad es que no tengo ganas de escribir. Ni aquí ni un simple email a un amigo. Me cuesta tanto hacerlo, me cuesta tanto escribir las cosas que tengo que hacer para mi trabajo, que he descubierto esta mañana que estoy agotada.
No podré escribir ese libro que le prometí a mi padre.
No escribiré esos emails kilométricos que alguna amiga quiso guardar para publicar en un libro el día que, según ella, me hiciera famosa.
No podré escribir nunca la poesía que me debía.
Jamás escribiré la letra de la canción que soñé.
Ni siquiera pondré en un libro la dedicatoria que esa persona merece.
No haré nada de eso si sigo por este camino.
Por eso cuando algo no funciona lo mejor es aparcarlo.
Cuando he empezado a escribir este artículo no tenía pensado nada, ni mucho menos esta conclusión. Pero creo que es algo que necesito.
Escribir debe servir como desahogo, pero si no cumple su propósito, sino que me recuerda cada día que no es lo que debería ser, llega el momento de cerrar la puerta.
Y lo hago sabiendo, porque me conozco, que quizás mañana mismo la abra de nuevo, porque lo necesite y tenga que volver a mostrar en este rincón mi corazón.
Por eso, porque sé fehacientemente que esto no es un adiós, no voy a usar nigún recurso de despedida habitual. Digamos que me voy de “vacaciones escritoras”, que me tomo un respiro para verme de nuevo desde otro prisma. No es lo único que voy a cambiar, claro que no. Pero como dijo un gran amigo un día, y creo que Teresa de Jesús antes que él: “En épocas de crisis no hacer grandes mudanzas”. No habrá cambios brutales, no sabría hacerlos.
Sólo sé que necesito encontrar de nuevo mi sitio, sigo buscando.

Hoy

Hoy

Al fin he conseguido encontrar con quien ver hoy el fútbol. A veces frustra no poder compartir determinadas cosas con la gente que tienes cerca.
En Madrid me pasa eso, me cuesta encontrar a gente con quien ver un partido de fútbol, baloncesto o conciertos. No coincido en gustos con mis amigos, y la mitad de las veces me quedo sin hacer cosas porque no me gusta hacerlas sola.
Pero bueno, creo que si buscas y buscas con empeño a veces la suerte se pone de tu parte.
Me encantaría tener las mañanas de los domingos libres. Supongo que lo digo porque no las tengo, pero esa posibilidad de bajar a comprar el periódico, desayunarme unas tostadas con mermelada, mi nesquick, leer la prensa sentada en la terraza (acristalada, que ahora ya hace frío), con el sol dándome en la cara... esa sensación la envidio.
Es lo que tiene el ser humano, admiramos todo aquello que no somos ni tenemos, mientras que solemos ignorar, pasar por alto, aquellas cosas que hacemos con cierta continuidad. Pero, ¿sabéis que hay gente que envidia nuestras costumbres? Ya ves, lo que para mí es rutinario, aburrido o una obligación para otro sería un sueño. C'est la vie, mon amour.
En fin, que estoy de celebración hoy. Desde la distancia, pero cuando quieres de verdad, cuando confías en ese sentimiento, no hay distancia que te impida ver su sonrisa. Te estoy viendo, me gusta esa cara que tienes hoy. Gracias por todo esto, gracias.

Hace un año

Hace un año

Ayer intenté escribir un par de veces y este *$$"%·/"))" servidor me borró el mensaje :(
Pero soy tenaz, insistente y cabezota. Y vuelvo de nuevo al lugar del crimen.
Mañana es un día de celebraciones. Mañana hace 1 año exacto estaba camino de Amsterdam, con "las locas", E., A. y E., un viaje maravilloso que llegó hasta el 10 de noviembre (recuerdo ese mensaje mandado con el móvil de E. a las 12 y poco de la noche para felicitar a D., entonces amigo). 1 año ha pasado de esa White Widow en Amsterdam, un año del reencuentro con T. en la estación.
Y mañana también se cumplen los 7 meses más maravillosos de mi vida. Ya ves, quién me lo iba a decir hace un año, que a raíz de un mensaje a D. y muchas más circunstancias sucedidas, iba a celebrar algo tan bonito, junto a la persona más increible que he conocido.
Por eso mañana debe ser un gran día, por eso no puedo dejar que nada ni nadie empañe ese instante. Por eso seré yo misma, una vez más.
Paradójicamente, M. está hoy en Amsterdam y me ha mandado desde allí un mensaje que me ha hecho sonreir, diciendo que se ha acordado de mí y de mi viaje, sin saber de la fecha. Bueno, existe un blog nacido a partir de ese momento: www.blogia.com/laslocasdeamsterdam, se ha quedado huérfano, porque me aburrí de ser yo la única que escribía, pero algún día retomaré el proyecto.