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El fin de los días grises

Paranoias

La firma como adiós

La firma como adiós Firmar también se dice que es sellar. Sellar también es cerrar. Y en estos días en mi familia vamos a cerrar/firmar/sellar muchas cosas. Y espero que sea para bien, estoy segura que así será.
La veda la abrió ayer mi hermano que con una simple firma cerró 14 años de relación. Esta se había partido por la mitad en julio (si no antes), pero ayer se recortaron los últimos flecos que quedaban. A partir de ahora si hay o no contacto con la persona que ha sido su vida durante esos 14 años dependerá de ellos mismos, yo no le veo muy buena pinta.
La siguiente en la lista soy yo. Con otra simple firma certificaré mi adiós a esta empresa, al que durante casi 4 años ha sido mi lugar de trabajo, el sitio donde he venido cada día, y del que me voy mal, mal, mal. Sé que ese adiós será un alivio, que estoy ahogada, asfixiada, agobiada, que soy una sombra de lo que fui, y poner el punto y final será el mejor consuelo, el comienzo de una vida nueva, ilusionante, mágica, y sueño que feliz.
Y el día 4 se cerrará también de golpe una etapa de más de 40 años. Los que mi padre estuvo vinculado a un trabajo. Pensaba él que era como una familia, pero el día que murió nosotros nos dimos cuenta que sus socios/amigos/hermanos (como él decía) eran de todo menos eso, y que lo único que buscaban era sacar partido de lo que mi padre había trabajado, ahora que no podía defenderlo. Afortunadamente mi madre tiene más valor que todos ellos, más carácter que ninguno y se mantuvo en sus trece. Al final la oferta llegó, el negocio es redondo y el día 4 todo se acabará. Entonces llegará el momento de intentar acabar la carta que empecé para esas personas a las que mi padre consideró sus amigos y que han sido todo menos eso. Ese dolor, esa rabia, jamás la perdonaré, lo siento pero no.
En fin, que las firmas son a veces el símbolo de un final, en muchas ocasiones también el símbolo de un comienzo... pero no es el caso, o sí?
Fría mañana, gélida mañana más bien. Necesito descansar, necesito ver a mis amigos, a "los insustituibles". Besossssssssssssss

No lo haré

No lo haré Prometí no hacerlo, me lo prometí en silencio, a mí misma, a quién si no?
No pienso hacerlo, no pienso escribir por escribir.
Por eso no estoy, por eso no me leéis.
Pero estoy bien, simplemente: no lo haré.

Nochebuena

Nochebuena Cuando era pequeña la Nochebuena era quizás la noche más especial del año, la más bonita.
Con apenas 8 ó 9 años la diminuta casa de mi "yaya" se llenaba de niños de aproximadamente la misma edad, nerviosos, gritones, felices, con las sonrisas pegadas a la boca, corriendo entre los mayores, en un espacio tan reducido que hoy no entiendo cómo nos metíamos ahí casi 30 personas. Los mayores cenaban en el salón (por llamarlo de alguna manera), en una larga mesa, donde se mezclaban los cigarros, los vinos, las carnes, el pescado, el marisco, los turrones y los licores. Luego llegaban para ellos los juegos de cartas, los villancicos, con todos nosotros alrededor, las risas y las lágrimas, pero estas siempre de felicidad.
Para los niños era distinto. La cena era en la habitación de mi abuela, peleas por conseguir un buen sitio, por coger más comida, gritos a nuestras respectivas madres para pedir algo. Y antes de eso nos mandaban siempre a la calle a jugar un rato, para al subir descubrir que Papá Noel había llegado a casa! Y ver nuestros regalos, y mirar los del resto de primos, y estar deseando llegar a casa porque sabías que justo ahí estaba el mejor regalo de todos. Y al día siguiente vivir de nuevo el mismo espectáculo, pero en Navidad. Y seguir recordando por toda la vida nuestras sonrisas, nuestra ilusión, nuestros sueños.
Hoy la Nochebuena no tiene nada de eso. Y no porque no haya niños (que hoy por ejemplo sí los habrá) sino porque se tiñen más de ausencias y porque también esos pequeños ya están acostumbrados a tener regalos día sí y día también.
La Nochebuena para mí siempre tendrá ese recuerdo de mi yaya, de cómo se enfadaba y al mismo tiempo se reía con todos y cada uno de nosotros. Tendrá el recuerdo de mi padre, cuando al llegar a casa se hacía el tonto y nos llevaba al sitio donde "Papá Noel" había dejado nuestro regalo. Tendrá el recuerdo de todos aquellos que ya no están y de aquellos que, aún estando, ya no tienen ilusión alguna por estas fiestas, sino ganas de que pase todo y pronto sea 7 de enero.
Yo lo siento pero me encuentro en ese grupo.
Pero pese a ello, os deseo unas Felices Fiestas a todos!

La cuesta de diciembre

Escucho un cd que me ha traído una compañera de trabajo. He llegado tarde, me he dormido.
Ayer tardé en irme a la cama, vino M. desde Granada. Hacía seis meses que no nos veíamos, y cuando te falta durante tanto tiempo una parte tan importante de tu vida recuperarla combina aspectos paradójicos: los primeros minutos hacen olvidar toda la ausencia anterior, pero al mismo tiempo no hay horas suficientes para relatar dos vidas durante tantos días.
Londres ha sido su mundo, otra gente ha sido su amiga, y ahora volver es complicado.
Pero a mí me sirve verle para volver a sentirme protegida, recuperar la ilusión de ir a Granada a verle y pasar frío en la "Nevera". Saber que vendrá a Madrid a verme, a pasear por esas calles en las que nos conocimos.
Con M. aquí y con mi vida social completamente desbordada... el consuelo que me queda es que en breve tendré mucho tiempo para todas las personas que ahora apenas veo. Me ha invadido una ola de ilusión. El despido va a ser una gran cosa. La cuestión es no dramatizar, no mirar al futuro con los ojos de una niña asustada, sino con los de una persona con enormes ganas de hacer todas las cosas que la dictadura del trabajo me ha evitado estos años.
Se acabaron por un tiempo los "horarios esclavos" de los que hablaba el gran Calamaro.
Eso será el futuro, el presente es que tengo muchas cosas que hacer, mucha gente que ver, muchos regalos que comprar y una economía bajo cero, así que este año creo que Papá Noel dejará su sitio a los Reyes Magos...

Reflexiones

Con el partido de baloncesto que Telemadrid da en la tele de fondo, con las llaves de casa recuperadas (después de "dejar" que anoche se cayeran por el hueco del ascensor), a gusto, viviendo una soleada y no demasiada fría mañana de domingo, navideña y bonita.
Mi vida se ha llenado de hechos estos días. De todo tipo, feos, lindos, interesante, absurdos. El caso es que me he reencontrado con la vida social, con los juegos de mesa y con las ganas de salir. Eso sí, sobre todo se ha demostrado que puedo ganar al Monopoly y todo :P
Qué gran noche pasamos jugando en casa de A., fue divertida, sin preocupaciones, sin mucha historia, y es que a veces son las pequeñas cosas las que más te llegan.
Y ayer algo similar con "las locas". Me encanta pasar mis ratos con ellas, resultan casi siempre momentos agradables, ausentes de miedos, de nervios.
El viernes me comunicaron mi despido. A partir de enero no tendré trabajo. Por el momento me lo he tomado muy bien, todo será ver cómo me lo tomo cuando llegue el momento.
Eso sí, lo que no tendré es posibilidad de hacer regalos estas Navidades. La revisión del coche ha sido demasiado cruel, y creo que los 40 euritos que me quedan para acabar el mes no me dan muchas opciones para hacer regalos, vivir y salir. En fin, cosas peores se han visto. Al menos me siento feliz, el dinero hoy no me importa.
Me gustan estos domingos...

Censored memories

Censored memories Escucho la canción de Budapest con ese nombre, y no sé porqué, pero el mismo título ha sido lo único que me ha impulsado esta mañana a escribir. A veces una simple frase, una palabra quizás, nos aporta más que miles de pensamientos cruzados.
Cuando no tengo ganas de pensar, de discurrir, de reflexionar (es algo que me sucede en estos días, estoy de huelga o mejor aún de boicot a mi cabeza, que está más de moda), siento que me dejo llevar. Por la música, por una película, por un libro. Pero no hay nada que me enganche demasiado. No he encontrado en estas horas la excusa para ponerme delante del ordenador y sentirme útil.
Porque pasa una cosa. Hay quien se siente útil estando todo el día fuera de casa, haciendo cursos, estudiando, trabajando... pues yo me siento útil, incluso realizada, cuando mi cabeza y mis dedos se conectan a la vez, y si encima interviene también el corazón entonces ya sé que esa noche dormiré feliz.
Mi dentista, que es un tío inteligente, decía ayer que el gran error de los padres es pensar a veces que su hijo ha nacido con las mismas capacidades que ellos. Y lo pensaba y me imaginaba como cortadora en una peletería (maestro cortador que se llamaba a lo que hacía mi padre, y bien de problemas que eso traía :S) o bailando y enseñando sevillanas (que es una de las muchas cosas que hace mi madre).
Y sin embargo sé que no es mi camino, y ellos también lo tenían claro. Mi padre fue siempre un padre orgulloso de su niñita, porque estudié una carrera, porque me dediqué desde entonces a lo que siempre yo había soñado, porque tomé mi camino. Y mi madre más de lo mismo, aunque de una forma más callada. Por eso sé que si ahora decido cambiar el rumbo de mi vida, dejar el periodismo aparcado y escribir sólo como placer, ellos seguirán orgullosos, cada uno desde un sitio distinto, porque la vida nos va marcando nuestro rumbo.
Hay quien sabe hacer una cosa, la explota y logra vivir de ello.
Hay quien creer saber hacer algo, y ni sabe explotarlo ni logrará vivir jamás de ello, pero es importante que nunca deje de hacerlo, porque el triunfo no debe ser de cara a nadie sino de cara a uno mismo.
Y yo me siento en ese sentido una triunfadora, llamadme prepotente, pero lo soy.
Yo he ganado.

Mi amigo M.

Ha vuelto por fin.
Meses y meses en Londres y ahora de nuevo le tengo en Granada.
Vaya, que tampoco es que le vaya a ver mucho, pero sé que hablar con él será posible, mucho más barato sobre todo.
Y qué ganas tengo de abrazarle, de tener esas charlas que no han llegado desde hace demasiado tiempo, tanto que las cuentas se perdieron entre días grises, días luminosos y kilómetros.
Ya está en casa, no sé hasta cuando, pero lo cierto es que siento que poco a poco el puzzle se va completando, ya estamos todos más cerca.
Bienvenido a casa M., te quiero!!!

El miedo es libre

El miedo es libre Sentí miedo. Puede resultar absurdo para muchos, pero sé que en mi situación esos mismos "valientes" que hoy se mofan de mis sentimientos habrían sentido el pánico que yo sentí.
Estar ahí, a tantos metros de altura, tan lejos de la calle, ver cómo todo el mundo empezaba a correr, escuchar en la radio que se estaba desalojando el campo, mirar la cara de incredulidad, duda, temor, de las personas que minutos antes veían un simple partido de fútbol... y pensar en lo lejos que estaba del suelo.
"La vida es eterna en cinco minutos". Yo pasé miedo, mucho miedo, en el transcurso desde la parte alta del estadio (arriba del todo) hasta el suelo firme de la calle Concha Espina. Tantas cosas pasaron por mi cabeza, ví a gente llorando, a madres agarrar fuertemente a sus hijos, a novios abrazando a sus novias, y a mi hermano tirando de mí.
El miedo es libre, y yo anoche pasé en esos cinco minutos más miedo que nunca en mi vida... podéis reiros, pero no se lo deseo a nadie.

Odio los sábados

Sí, odio los sábados porque me llenan de tristes recuerdos.
Y más odio los sábados si nada más despertar debo salir corriendo a Urgencias con mi madre.
Odio la indefensión constante a que te ves expuesta delante de un médico. Las dudas que te asaltan y los temores que te bloquean.
Odio ver sufrir a la persona que me dio la vida. Odio que tenga más miedo por vernos sufrir a mí y a mi hermano que por su propia salud.
Odio no tener a la persona que quiero para abrazar un día como hoy.
Odio que simplemente escribir me sirva como bálsamo.
Odio los sábados, sí, definitivamente los odio.

La Navidad y las ciudades

La Navidad y las ciudades Parto de la base de que no me gusta la Navidad.
Pero entre el paseo el otro día por una Málaga preciosa engalanada de luces y adornos, la ilusión en los ojos de los niños (y los no tan niños), y la charla que acabo de tener ahora con un amigo, llego a la conclusión de que, estéticamente hablando, las ciudades son preciosas en Navidad.
No me gusta el ansia consumista que nos ataca, ni la falsa sonrisa eterna que se dibuja hasta el 7 u 8 de enero en ciertas caras, pero las luces, el frío, las caras de los niños, las bolsas llenas de regalos e ilusiones, la esperanza, todo eso le da un color distinto a cada ciudad.
Le decía a N. que tendríamos que visitar todas las ciudades en Navidad. Así seguro que el recuerdo sería imborrable, como los ojos de él, como su voz entrecortada, como tantos detalles.
Las ciudades en Navidad, y ciertas personas durante todo el año...

Un reloj

Un reloj Desde muy pequeñita siempre me gustaron los relojes. Podía llegar a tener dos o tres nuevos cada año. Casi se puede decir que los coleccionaba. A mi padre le gustaba mucho regalarme libros y relojes, supongo que porque también para él era algo bonito.
El caso es que siempre usé reloj, y nunca comprendí a quien no lo hacía.
Pero en mayo de este año, en Málaga, se rompió el último reloj que me quedaba, un regalo que me había hecho mi amiga R. por mi cumpleaños hace tiempo. Me dio una enorme pena, y pensé que ya alguien me regalaría un reloj, a fin de cuentas en agosto llegaba mi cumpleaños, y seguro que alguien aprovecharía para comprarme el reloj, era un regalo fácil. Pero bueno, no hubo demasiados regalos, aunque tampoco me importa. Y pasaron los meses y me fui acostumbrando a tener mi muñeca vacía, en este caso la derecha (de pequeña oí que los grandes ejecutivos llevaban el reloj en la derecha para recordarse que tenían que cumplir una serie de objetivos, y eso mismo imité yo, desde mi inocencia infantil). A día de hoy, 6 meses después, sigo sin llevar reloj. Ya no me hace falta. Me he acostumbrado a mirar la hora en el móvil. Desterré esa maravillosa manía por los relojes, y es que bastante atada estoy ya al tiempo...
Con reloj o sin reloj, me siguen gustando y sigo esperando, supongo, a que alguien se acuerde de regalármelo.

Tom Ripley

Tom Ripley Muchos de vosotros habréis visto “El talento de Mr Ripley”, y algunos otros habréis leído alguno de los muchos libros que Patricia Highsmith escribió con este personaje como protagonista.
Yo he hecho ambas cosas y debo reconocer que, por primera vez en mi vida, me hice “fan” (por llamarlo de alguna manera) de un personaje ficticio.
Tom Ripley me engancha. Siempre imaginado con la cara de Matt Damon (que es quien interpretó a este personaje la primera vez que yo le ví, lo que me sirvió para acomodarme y no tener que imaginar más), es un personaje que de vez en cuando busco, en los viejos libros de Highsmith o volviendo a ver alguna de las películas en las que sale (que si no me equivoco son tres, de distintas épocas).
Su aparente fragilidad, su manera de meterse en líos, manipular y salirse siempre con la suya pese a estar acorralado, han hecho que me guste y hasta me caiga bien un personaje que se dedica a matar sin escrúpulos por salir bien parado.
Tom Ripley es el único personaje ficticio que me encandila, y ojalá nunca se acabaran sus historias, ojalá siempre hubiera una nueva trama en la que Ripley pone sus armas en juego.
Y por último otro fenómeno, que precisamente ha sido el que me ha hecho recordarle hoy, al escuchar la canción “Tu Vuo' Fa L'Americano”, siempre, inevitablemente pienso en Tom Ripley y Dickie Greenleaf (asesino y víctima) cantando en un club italiano. Así es la música, así es la ficción, ¿a qué personaje de ficción admiráis vosotros?

Lucha contra la pereza

Lucha contra la pereza Mañana lluviosa, creo que en casi toda España. Suena Radio Futura "A cara o cruz". Uno de los grandes grupos españoles de siempre, quizás menos valorado que otros, pero la calidad que tenían está ahí. Y yo los he recuperado para mi discoteca particular estos días.
Llevaba días sin escribir, poco que contar.
¿Qué cuento? ¿Que esta tarde vuelvo al dentista? Pues sí, ese es mi plan de hoy.
Bueno, también puedo contaros que ayer quería escribir sobre mi hermano, pero cuando llegué a casa ví que había empezado a grabarme el último episodio de "24" cuando ya llevaban 35 minutos... y se me quitaron las ganas, porque habría dejado de lado las grandes virtudes de ese desastre que tengo por hermano.
También pensé en escribir sobre la extraña coincidencia de que en mi vida los hombres más importantes siempre han sido "Danis". Es una curiosidad, pero tendría que remontarme al principio de los tiempos (y con mi edad eso es mucho, jaja).
Se me pasó por la cabeza escribir sobre cómo las personas te hacen cambiar de opinión. Cómo alguien que te caía de maravilla acaba cayéndote fatal o al contrario, los mejores casos, aquellas personas que no tragabas durante mucho tiempo y que de repente un día empiezas incluso a defender ante todos. Somos tan volubles...
Incluso pensé en escribir acerca de todos aquellos críticos de la tele-basura, o mejor aún, sobre todos aquellos que nos sentamos jueves sí y jueves también delante de la tele para destripar cada palabra que oímos de la Milá y sus secuaces... pero que cada palo aguante su vela (Helena, sí, soy de la secta GH, y a mucha honra!!).
Podría haber escrito de muchas cosas, pero como veis la pereza me ha podido, la vaguería es parte de mí, y la desmotivación me puede.
Sin embargo esta mañana me he decidido a sentarme frente a esta pantalla, escuchar Radio Futura y lo que se precie (ahora Un Pingüino en mi Ascensor, referente de mi adolescencia), y escribir... escribir sobre mí, sobre el tiempo, sobre mis pensamientos, sobre Nicky y Salva (no te soporto Salva, no puedo contigo!!!), sobre música, sobre las casualidades y las obligaciones, sobre la vida y la no-vida, sobre la inspiración y el misticismo. Hablo sobre lo que sea, escribo de cualquier cosa, hablar por hablar, escribir para disfrutar.
Ahora que los oigo: me encantan The Thrills, una recomendación que me hizo D. de ese álbum sublime: "Let's bottle Bohemia", no es genial también el título?
Soy una freaky, una friki, sí, me encantan los programas de marujeo y encierros voluntarios en una casa en Guadalix (o similar, hasta EL BUS me tragué), me encanta el deporte, me encantan Hombres G, el Pingüino y los poperos, me gusta estar en casa leyendo, jugar con el ordenador (incluso he llegado a jugar a la Play con mi niño, ¿y por qué no?), hablar de cotilleos, y no por ello soy peor que nadie, pero vaya si alguien opina eso me importa poco. Quienes me conocen saben bien que pueden hablar conmigo casi de cualquier cosa, aunque diciendo esto ya parece que me estoy justificando.
Lo dije el otro día: estoy loca, sí, pues a eso sumadle que también soy una freaky.
Y por hoy es suficiente, loca, freaky y feliz... y con ganas de que llegue el puente!!!

Sueño con serpientes

Sueño con serpientes "Hay hombres que luchan un día y son buenos.Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida,esos son los imprescindibles".
Bertolt Brecht lo dijo, pero la primera vez que conocí esta frase fue gracias a Silvio Rodríguez y su "Sueño con serpientes".
Me gusta, y hay pocas cosas que ya me gusten.
Buen fin de semana.

Locos

Locos ¿Que por qué no hablo nunca de política o temas de actualidad?
Porque al llevarme las manos a la cabeza cada vez que leo, veo o escucho algo de estos temas no puedo "aporrear" el teclado mostrando mis reflexiones.
Tremendo, todo me parece tremendo, nos estamos volviendo locos... menos mal que yo ya lo estaba y no me pilla por sorpresa.
Locos todos, locos siempre, locos como forma de vida.

Andrés Calamaro, el Maestro

Andrés Calamaro, el Maestro “Todas las canciones se borraron de mi mente. No puedo recordar ni una sola melodía de Los Beatles. Ni siquiera me acuerdo los acordes de mis propias canciones".

Y esas palabras me hicieron venirme abajo. Es posible que el arte tenga fin? Es posible que AC nos diga adiós? No, no morirá quizás pero su adiós a la música es para mí como la muerte de un familiar cercano. Yo sin su música no soy. Podré reescuchar una y mil veces sus cientos de canciones, pero no es eso lo que quiero, quiero volver a escuchar con nervios una nueva canción suya, oir, leer, vivir , sentir su música.
Calamaro es para mí una musa, forma parte de mi vida, y no me resigno a un adiós suyo.

“No tengo claro qué va a pasar con mi carrera".

Yo sólo espero que esto sea un simple hasta luego, Andrés, porque ya lo dijiste tú: “nunca hay un adiós total (...) Nos volveremos a ver”.
Y mientras tanto gracias por tantas joyas que has dejado en mi vida, y sobre todo por hacerme sonreir esta semana al saber que habías tocado con mis queridos Bersuit Vergarabat. Ese “Mi caramelo” en tu voz tuvo que ser algo único.
Lo dicho Andrés:
Nos volveremos a ver
porque siempre hay un regreso
por eso cuenta con eso
pongo mi mano en el fuego por vos

Miguel y Juan

Miguel y Juan Nadie debería dormir a la intemperie, nadie debería reconocer abiertamente que cometió un error e su vida “darme a la bebida”, y al instante pedirte una lata de cerveza porque si no no podrá continuar el día. Nadie debería mirarte con esos ojos, llenos de tristeza, recuerdos, vivencias, hambre, frío y sueño. Nadie debería acabar así. Pero Miguel y Juan están ahí, sentados en una esquina de la calle, pidiendo sin palabras un poco de atención, que la gente no les rechace por haber bebido, por estar sucios y no tener donde dormir.
Nos pidieron un beso, y nos lo dimos. Nos pidieron unos oídos y se los prestamos. Nos pidieron una cerveza y nos negamos. Les dimos lo que pudimos, tiempo y algo de comida, y recibimos a cambio millones de besos sin tocarnos, lágrimas en ojos que no pueden ya llorar. Y escuchamos su historia, historias de juguetes rotos, historias de la vida, porque ellos antes fueron como nosotros, un día tuvieron una familia y hoy están tirados en la calle, dando las gracias por quince minutos de atención. Mucha suerte amigos.

Se nos apagó la luz

Se nos apagó la luz Y volvimos a las rudimentarias velas, y sentimos un poco de miedo hasta que supimos que había sido un accidente, y nos enfadamos cuando pasaron ocho horas y aún no había luz, y me perdí Gran Hermano.
Pero sentí la paz, el silencio, me dormí y desperté feliz, con su voz de compañía y la promesa de una noche juntos.

Ya no es posible ser feliz

Ya no es posible ser feliz ¿Será cierto que la felicidad es un estado inventado?
De hecho, ¿qué diablos es ser feliz? ¿En qué consiste?
Hay muchas formas de alcanzarla, puede ser, pero quizás porque no sabemos a ciencia cierta lo que es nos perdemos en divagaciones.
¿Cómo pretender ser algo que no sabemos qué es?
Siempre he dicho que la felicidad es excesivamente efímera, al menos para mí. No soy capaz de mantener durante más de dos días un estado tan eufórico como el que en mí provoca esa felicidad. Cuando estoy feliz me salgo de mí, me siento capaz de comerme el mundo, la actividad me supera, las ganas me vuelven loca, los pensamientos no paran. Y eso cansa, vaya si cansa.
Ayer le decía a D. que si no fuera por el trabajo estaría en el momento más feliz de mi vida, sin duda alguna, e incluso, con lo del trabajo, puede que sea el momento más feliz. Y sin embargo, hay tantos claroscuros. Sobre todo la oscuridad viene del desapego que siento con ciertas personas. No concibo seguir sin ver a la gente que quiero, me gustan mucho mis amigos.
Pero sobre todo, es el momento más feliz con mi madre. Hemos llegado a un punto muy positivo para ambas, ella sigue respetando mi lugar, cosa que agradezco y necesito, pero a la vez está a mi lado. No sé, nuestra relación en los últimos dos años ha sido muy delicada, y ahora parece que empezamos a comprendernos mejor la una a la otra.
El título del artículo es la frase de una canción de La Costa Brava, no os creáis todo lo que leáis, sí es posible ser feliz, de hecho estoy convencida de ello, aunque sigamos sin saber qué es la felicidad.
Qué paranoia, qué desastre, qué ganas de irme a casa con mi dolor en la boca (cosas del dentista).
Me voy con mi música a otra parte...

"No conozco a quien se resista a su sonrisa de dentista. Te lo cambio por amor... el dinero"

Never let me down again…

Never let me down again… ¿Habéis jugado alguna vez a eso de “¿dónde y con quién te gustaría estar ahora mismo?”?
Mientras el Winamp salta de canción en canción, entre Depeche Mode, The Thrills, Serrat (suerte Nano en lo tuyo), La Costa Brava y alguna rareza más, yo fijo mi vista en la calle, a través de la cortina. Y entra el sol, veo los árboles quietos, como si estuvieran pintados en un cuadro, detenidas sus ramas, sus hojas, porque el viento hoy se ha olvidado de mecerlos para dormir.
Y pienso en dónde y con quién me gustaría estar ahora mismo… y me salen tantas posibilidades.
Me encantaría estar en una casa en la sierra, una casa enorme con chimenea, acurrucada junto a D., bajo una manta, viendo la tele, hablando, oyendo música, teniendo para nosotros ese tiempo que el reloj se empeña en robarnos.
Me gustaría compartir con él una tarde de pipas, coca-colas y charlas en la playa de Pedregalejo o en Gibralfaro, en cualquier rincón de Málaga, esa Málaga guapa que algún día será “mía”.
Me gustaría estar con R. en su nueva aventura en Sevilla, capear juntas las novedades que tanto nos asustan en ocasiones.
O con M. en Londres, compartiendo esa habitación que a su vez comparte en una casa extraña. Viendo de nuevo sus ojos, oyendo de nuevo su voz y agarrando de nuevo sus manos fuertes, sus manos llenas de energía.
Me gustaría estar en Oviedo con P., a la que ya hace demasiado que no veo, ir a Valencia, recoger a E. y juntas irnos a Denia a vivir un nuevo fin de semana como los que a diario inventábamos en verano (porque en verano cada día es un fin de semana).
Estaría bien estar en Cáceres con la niña C., conociendo su ciudad y sus cafés, acercarme a Lisboa si pudiera ser, pasearla y llenarme de la magia que todos dicen que tiene.
Me haría ilusión conocer a A., verle entrenar en Barcelona y compartir una conversación de esas metafísicas que parece que tanto nos gustan a los dos.
Podría estar en París, visitando al inefable B., al personaje más estrambótico que nunca conocí, al que hace muchos años que no veo, con el que apenas hablo, pero con el que sé que no se acabará nunca la complicidad que tuvimos desde el primer momento.
Me gustaría estar en Bruselas con T., a la que le debo esa visita, y hacerla mejor aún con “las locas”.
Me daría vida fumarme un poquito de Narguile en Estambul, en cualquiera de sus bares en medio de un cementerio, acercarme a la explanada entre Santa Sofía y la Mezquita Azul, mirar a ambos lados y sólo ver LA BELLEZA.
Y por supuesto siempre me gustaría estar en Buenos Aires, si puede ser con D., también con M. (aunque para eso tendríamos que estar solteros, no? Y ni tú ni yo queremos eso, jaja).
Hay tantos sitios en los que me gustaría estar ahora mismo. Pero no tantas las personas con las que querría compartir mi tiempo. Al final de todo me conformo con estar con ellos, el lugar es lo de menos, pero estar con ellos, no echarles de menos, no haberme acostumbrado a esta distancia, no vivir pendiente de un móvil, de un email, del MSN.
Suena “Nada más”, aquella canción de José Mª Granados que maravillosamente versionaron Los Secretos. Pues ahora la escucho versionada por La Costa Brava, no está mal, pero no me llena.
Ya sabéis a lo que me refiero. Una canción que sólo escuchar sus primeras notas te transporta a otro lugar. Podrías cerrar los ojos y olvidar que te rodea la gente. Podrías llorar, gritar, cantar alto, reirte como una loca. “Nada más” es una de esas canciones, pero no esta versión. A veces es la voz, a veces es la música, un simple punteo de guitarra, un algo que la hace diferente. Es algo que me sucede siempre con Calamaro. Ante Andrés no tengo objetividad, simplemente me rindo ante sus canciones. Un personaje capaz de crear y crear, de reconocer cual es su lugar en la música, un tío que me ha hecho emocionarme con su simple voz escuchando “Estadio Azteca” o la inigualable “Paloma”. Pues deberíais intentar escuchar su versión del “I will survive”. Habrá quien pensará que es horrible, pero yo creo que simplemente es tan genial como AC… un incomprendido.
Hace frío, pero me gusta. Estáis lejos, pero estoy bien.
Hoy sé que mi vida está cada vez más en mis manos. Lo noto, me siento más fuerte y eso es un síntoma de que los cambios están por llegar, no los espero, yo los provoco.
La música es algo maravilloso, con razón me gusta tanto esa joya de los blogs que es Buscando un ideal, un refugio de música y palabras, el sitio en el que mejor que en ningún sitio se funden esas dos herramientas de la comunicación.
Gracias a todos otra vez, gracias porque sé que nunca me dejaréis caer de nuevo