Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2006.
Resumen
- 07/05/2006 02:55 - Grita
- 07/05/2006 15:08 - Sentir lo que sientes
- 07/05/2006 23:16 - Merci Zizou
- 17/05/2006 10:51 - Culpa del fútbol
- 17/05/2006 10:51 - No olvidéis ese detalle
- 20/05/2006 15:37 - No hago deporte
- 26/05/2006 10:54 - Ana en mi mente
- 26/05/2006 10:55 - Tiempo libre para nada
Grita
Son las 2;49 de la noche. He llegado hace algo más de una hora de Ambite... bueno, os pongo en precedentes.
A las 8 de la mañana he salido de Málaga. El cumpleaños de S. y la despedida de Zidane bien merecían el viaje.
Pero sobre todo el día de la Madre, no por nada, sino porque mi mamá parece demasiado triste últimamente, y yo, torpe como nunca, no logro sacarle una sonrisa.
Al grano: llego a Madrid antes de la una de la tarde, y F. y A. (enhorabuena por esa futura paternidad, qué orgullosa estoy de ser vuestra amiga) junto con C. me vienen a buscar para irnos a Ambite, rumbo a la fiesta campera-campestre-nocturna-extraña de mi querida S.
S. es especial, esa sería la única manera que tendría de definirla a estas horas.
Por ser tan especial merecía un día así de especial, lleno de preguntas, lleno de comida, lleno de risas, de miradas, de noticias, de regalos, y lleno, repleto, de amigos.
S. tiene que ser feliz. Merece ser feliz, de verdad os lo digo y quienes la conocéis opináis lo mismo.
Total, que ha sido un día precioso. He regresado a Madrid después de mucho tiempo. También regreso a mi blog después de otro tanto (R. lo siento, si por mí fuera...)-. Y sin embargo algo lo empaña. El saber que he fallado a mi Niña C. Al menos así lo siento yo, y creo que no sé qué hacer para que en ella aparezcan las ganas de creer en mí. Por eso lo hago aquí, porque no sé si quiere o no leerme, escucharme, verme. Pero yo me muero por saber qué le pasa, qué le hace estar perdida, y no gritarme. Coño C.: GRITA!!!
Sentir lo que sientes
Con todo el respeto hacia el resto de ciudades y pueblos que hay entre medias... ¿no pueden acercar un poco Madrid y Málaga?
Hoy duele, no sé si será porque ha sido un fin de semana de muchas emociones, pero el caso es que duele pensar que mañana estaré lejos de todo lo que hoy está en mis manos.
Y al lado de la otra parte de la cama, el que me hace caminar con fuerza.
Arj, me gusta la salsa agridulce, pero nunca pensé que mi vida sería una comida china rebosante de esa salsa.
Quiero estar con ellos, quiero estar con él. Necesito revivir a cada momento nuestros 25 meses de vida, y no olvidar del todo los otros 27 años a.D. (antes de Dani).
En fin, quizás algún gobierno haga una autopista personal Madrid-Málaga, con vías del AVE para mi coche, para que llegue apretando el acelerador sin tener que hacer nada más, en un breve espacio de tiempo, soñando con ellos, con él, con mi ciudad, con mis ciudades, con mi vida, con mi VIDA.
No llores, no llores, tienes suerte de sentir lo que sientes.
Merci Zizou

Llegaba el final del encuentro, y cuando ya esperaba que Zidane aguantaría hasta el final, López Caro decidió que era el momento de decir adiós.
Con una timidez impropia de uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, Zinedine Zidane se dio su
último paseo hacia el banquillo del Madrid en el Bernabeu.
Para los amantes del fútbol éste es un momento histórico. No tengo ninguna duda de que Zidane es el mejor futbolista que he visto en directo en un campo de fútbol. El único futbolista que con una jugada suya casi me hizo llorar.
Magistral el francés, mágico su fútbol.
Nunca olvidaré las cinco temporadas en que he disfrutado de este artista del balón. Le echaremos de menos, pero podremos contar que nosotros vimos jugar a este crack con el 5 a su espalda.
Merci Zizou
Culpa del fútbol
Y sin ser sevillista, ni mucho menos, cómo he podido emocionarme yo tanto?
Será culpa del Arrebato, será culpa del fútbol…
No olvidéis ese detalle
Es algo que ya he comentado en otras ocasiones: cuando la felicidad entra con fuerza en mi vida, y se instala incluso (nunca la felicidad eufórica, que de esa ya he hablado en otros artículos y es difícil de mantener más de dos días seguidos), me resulta harto complicado escribir asiduamente.
Es curioso, pero es la tristeza, la duda, el temor, mi musa.
No hay más excusa que esa.
Os cuento: tengo cada mañana libre. Mañanas primaverales que elevan el espíritu hasta altares inimaginables. Mañanas llenas de planes y cariño, de vida, de esa vida que no me canso de nombrar constantemente. Porque no es lo mismo vivir que estar vivo.
Como en mi casa, relajada, cocinando, disfrutando, aprendiendo. Y me marcho tranquilamente a mi trabajo. Entro a las cuatro de la tarde, y salgo a las nueve y media, con dos descansos de diez y veinte minutos. El trabajo hay días que es más estresante, cuando los clientes deciden que no eres un operador de una empresa de telefonía, sino un psicólogo que tiene todo el tiempo del mundo para escuchar sus súplicas, lloros, quejas y demás. Pero normalmente es bastante divertido, se pasa el tiempo volando. Y sin darme cuenta son las diez de la noche y ya estoy en casa. Me gusta el horario porque me permite disfrutar de las horas que más me gustan del día: la mañana y la noche. Y también me gusta porque es el que tengo, y en ese caso hay que saber adaptarse.
¿Los compañeros? Bueno, digamos que con el ritmo de trabajo que tenemos apenas se tiene relación con nadie. Tal vez al principio y en algún descanso, pero no confío en hacer amigos allí. Mis amigos están donde tienen que estar.
En fin, que entre ese trabajo y mi casa, mis ratos libres y vivir, no me queda mucho qué contar, y la verdad es que eso me apena un poco, porque echo en falta ponerme a escribir y contar cosas que nunca pensé que podrían salir de mí. Quizás con esa pequeña pena que ahora siento pueda escribir más, ¿no? Nunca se sabe, los misterios de las musas son insondables.
Pero yo estoy siempre por aquí, no olvidéis ese detalle.
No hago deporte
No hago deporte.
Así de escueto. No lo hago.
Apenas camino, apenas dos o tres veces al año cojo un balón de baloncesto para echar unas canastas, y quizás si la moneda cae de cara otra vez más en esos 365 días quizás juego una partida de ping-pong (o tenis de mesa, tanto da que da lo mismo).
Sin embargo si me transporto a mi infancia me veo siempre con un balón de fútbol o baloncesto, jugando al ping-pong y al tenis, nadando en la piscina, jugando al volley incluso.
Era mi leit motiv, el ocupar todo mi tiempo practicando deporte.
No echo de menos aquellos momentos, pero sí me hubiera gustado continuar haciendo algunos de ellos.
Porque las pocas veces que cojo un balón de baloncesto y juego unos minutos, me doy cuenta de lo bien que me siento. Odio los deportes individuales o que únicamente se practican para mantener la forma.
Los respeto, vaya, profundamente, pero me aburren sobremanera: gimnasios, bicicletas estáticas, me producen sopor.
Es como lo de la comida, como aquellas personas que no disfrutan comiendo y sólo lo hacen como una obligación diaria. No podría verlo así. Cada día tenemos la enorme suerte (nosotros que somos unos privilegiados) de poder comer hasta tres veces! Dios!!! Es un placer increíble al que nos obliga el cerpo humano!!! No es maravilloso?
En fin, que me voy por las ramas. No hago deporte, y debería intentarlo. Tendría que recuperar la forma física, para no verme en poco tiempo como una persona incapaz de levantar un dedo sin quejarse del dolor o el cansancio.
Vaya, que estaría bien volver a la infancia y adolescencia para disfrutar de las horas muertas jugando al fútbol y al baloncesto. Supongo que era feliz; ahora también lo soy, pero me falta forma física.
Ana en mi mente
He tardado muchísimo en acabar de leerlo. También tardé mucho en empezar a hacerlo.
Hablo de “El diario de Ana Frank”. Cuando estuve en Ámsterdam tuve la ¿“suerte”? de visitar su Casa-Museo y ya me tocó la fibra sensible como antes no lo había hecho.
Años después por fin cayó en mis manos un ejemplar de este libro. Y en pequeños ratos de espera, en el coche, en casa, al fin esta mañana, he terminado de leerlo.
Y se queda un poso amargo, muy amargo, nada nuevo para cualquiera que conozca su historia.
Es tremenda la evolución de Ana. Una niña que creció demasiado deprisa, que pensaba que era más madura de lo que era, y que cuando admite sus debilidades demuestra entonces de verdad su increíble crecimiento.
Pero la vida no es justa, no lo fue con el Holocausto, no lo fue con personas como Ana, con miles de personas a las que una actitud infrahumana de un loco horrible impidió disfrutar de la luz del sol. No por unos días, no por unos años, sino por toda una vida.
Tiempo libre para nada
No me gustan los pusilánimes.
Me alineo mejor en el lado de las personas con carácter (no entro ahora en si yo soy o no de ese grupo, simplemente me atraen más).
Me frustran sobremanera aquellos que callan ante las dudas, que agachan la cabeza ante todo, que nunca responden a una palabra más alta que la otra.
Pero sobre todo desprecio a los cobardes. Y no me refiero a los cobardes por no atreverse a hacer puenting o subirse a una montaña rusa. Me refiero a aquellos cobardes que, teniendo un puesto de responsabilidad, no son capaces de decir las cosas mirando a la cara y mandan siempre a otra persona como “cartero real”. Bueno, sí, hablo de un caso en concreto, y no veáis cómo me enciendo cada vez que pienso en ello. Cobarde, más que cobarde, borra la sonrisa de tu cara y sé capaz de decir lo que tienes que decir tú mismo, mala persona.
Olé, qué a gusto me he quedado. Me ha dado por levantarme pronto últimamente, sin reloj ni obligaciones marcadas (aunque siempre con mil cosas que hacer), y me encanta lo bien que aprovecho el día. Será mi horario, será la rutina que tengo, qué será, será…
En fin que así es mi vida y así se la he contado. Ah, no os dije que estuve en Madrid con D. Apenas vimos a A. y a F. en su casa, estuvimos viendo el fiasco de Eurovisión, nos reímos, lo pasamos bien. Y vimos a Unicaja ganar a Estudiantes, sufriendo entre mucho mal educado y algunos que realmente merecen la pena como aficionados al baloncesto. Fue un fin de semana muy completo, que ya parece muy lejano, pero me apenó no ver a C. y S. S. estaba de boda, de C. no sé nada, así de seco.
Se me olvidaba ví también a mi “casi hermano”, A. y a su chica, S. Por fin pudimos tener una charla más larga de 5 minutos, sentados relajados en esa terraza del 4º piso, con el sol como compañía, y las vistas de mi barrio. Barrio, un barrio cada vez más desconocido, pero también extrañado.
Esto da de sí mi vida. No escribo porque no sé sobre qué hacerlo, pero hago muchas cosas. Tantas que lo que falta es tiempo libre… tiempo libre para nada.

